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sábado, 11 de abril de 2026

Olivia Cervantes

 Recibí la llamada con la noticia de la muerte de mi madre el miércoles a las dos de la mañana. No me tomó por sorpresa, tenía pocos días de haberla visto y realmente se miraba muy deteriorada. En las últimas semanas había pasado por un par de operaciones por una fractura en el tobillo, y su cuerpo estaba haciendo todo lo posible por recuperarse, pero para mí era claro que era una batalla con pocas probabilidades de éxito. No quise saber detalles, pero entiendo que murió en paz, o al menos eso es lo que quiero creer. Su via crucis ya llevaba tiempo.

Mi madre hasta el último día fue la persona que ustedes conocieron, fiel a su carácter. Cuando iba a ser la primera de sus operaciones del tobillo, su principal preocupación era que le avisáramos a sus amigas de Guerrero Negro. Estoy seguro de que nunca fue tan feliz como esas mañanas en su tienda platicando con sus amigas: Toñita, Estela Patiño, Socorro Valencia, Lety Ríos, Tere Baiza, Chata de Meza y un largo etcétera. Salía de la casa con la jarra de café lista para compartir, el trabajo no era más que un pretexto para ver a sus amigas.
No solo sus amigas llegaban al café, tal vez ustedes recuerden a Don José un señor invidente ya mayor que solía andar por el pueblo, él también llegaba al café con cierta frecuencia. Una vez llegaron unos auditores de Hacienda a revisar las cuentas de la tienda, mi madre, que era buena para el asunto del protocolo mandó comprar unos choux para invitarles con un café a los auditores. Coincidió que llegó Don José a saludar, y mi mamá le invitó su choux y su café y lo atendió igual que a los auditores. Al final, cuando se iban los inspectores, le dijeron que habían encontrado un error en el pago de IVA, pero que no la iban a multar, porque atendió a don José igual que a ellos, sin hacer diferencia. Eso lo aprendimos de mi abuela.

Mi madre era una persona compleja, le gustaba mucho tener la razón, y en raras ocasiones admitía no saber algo, pero también podía ser una persona muy generosa, como dan cuenta los comentarios que he recibido estos días sobre ella. Permítanme contarles una breve historia. Estábamos de vacaciones en Chiapas, yo debo haber tenido unos doce años. Estábamos haciendo fila para comprar boletos de autobús para San Cristóbal de las Casas, y frente a nosotros estaba una señora indígena, se miraba ya mayor, y quería también un boleto para San Cristóbal y el tipo de la taquilla no le quería vender un asiento, si quería, se tenía que ir parada. La pobre mujer imploraba que se lo vendiera porque ya estaba mayor y ya no aguantaba a irse parada. A mi mamá le empezaron a cambiar las facciones del rostro, y el tipo tuvo la mala idea de dirigirse a ella y decirle “¿cómo ve estos indios? Antes se iban a pie y ahora hasta se quieren ir sentados” Mi madre nunca fue parca de palabras, explotó y le puso una maltratada de proporciones épicas, el tipo no hallaba dónde meterse. Mi mamá pagó nuestros boletos y el de la señora, con asiento los tres, eso sí. El tipo, espero, haya cambiado su actitud después de esto, aunque sea un poco.
Mi mamá era cien por ciento de Guerrero Negro, pero al mismo tiempo se sentía con linaje de realeza española, de esto estoy seguro de que muchos de ustedes se habrán dado cuenta. En una ocasión estábamos igual de vacaciones, pero ahora en La Paz, los más viejos recordarán el hotel Gran Baja. Yo debo haber tenido unos quince años entonces. Como era española se le ocurrió pedir un gazpacho andaluz, el problema es que mi mamá nunca aprendió a comer, y las verduras no eran lo suyo; y el gazpacho… pues es un gazpacho, es decir, un licuado de verduras frío. Obviamente no le gustó, y con un gesto altanero le habló al mesero, que era un jovencito no mucho mayor que yo
- Joven, venga para acá
- Sí, dígame, señora
- Por favor llévese esta porquería, mi abuela era de Andalucía y el gazpacho que preparaba no se parecía en nada a esto
El pobre muchacho se puso rojo de pena, y atropelladamente procedió a levantar el plato. A mí me caía muy gordo cuando mi mamá se ponía en ese plan, y le dije en voz alta para que el mesero me escuchara
- No, amá, mi nana no era de Andalucía, era de Cachanía
Mi mamá me echó tremenda mirada de odio, mientras el mesero hacía todo lo posible por aguantarse la risa. Les juro que valió la pena. Como solía decir ella: “espero que mis palabras no la jinetellen”, pero así somos los humanos, llenos de claroscuros.
 
Cuando era niño mi mamá me tenía muy consentido, y en la navidad siempre me llenaba de regalos, la tienda se lo permitía y yo me aprovechaba. Pero cuando iba en la universidad eso ya había cambiado. Trabajé un tiempo en el observatorio de San Pedro Mártir y el sueldo era bueno, así que me permitía ahorrar y yo quería comprarme un carro. Para acelerar un poco el proceso agarré un número de una cundina de mil dólares con Tere Baiza. Me tocó un buen número, creo que el cuatro o algo así. Con mis ahorros y lo de la cundina me compré mi primer carrito, un hondita Accord 88. Seguí pagando puntualmente los números de la cundina, que eran de 50 dólares quincenales. Cuando me faltaba el último mi mamá me dijo "Este lo pago yo, que sea mi cooperación para lo de tu carrito" Yo acepté sin pensarlo mucho. Meses después llegó a visitarme a Ensenada, llegamos en mi carrito al mercadito Delante, ese que era de 24 horas. Me estacioné justo enfrente, y al momento de pagar, la cajera, que era como de mi edad, y estaba bastante guapita, me dijo "qué bonito está tu carro" Obvio yo ya estaba listo para invitarla a dar una vuelta, cuando mi mamá me tomó del brazo y le dijo a la muchacha "se lo compró su mamá" Se me cayó la quijada como en chiste de Condorito, pensé "no chingues, de qué hablas, pusiste 50 dólares!" El daño ya estaba hecho, ni modo de invitar a salir a la muchacha después de eso. Amá, ¡esa me la debes!
 
Tal vez la mayoría de ustedes no sepan esto, pero los últimos años de su vida, mi mamá tuvo mucho sobrepeso, y cuando digo mucho, me refiero a muuuuucho. Durante todo este tiempo, mi tía Yochi intentó, sin mucho éxito, controlarle su dieta para que bajara de peso, pero era más su afición por los dulces y la coca cola que su deseo de estar bien. Finalmente, dejó de caminar y tuvo que moverse en silla de ruedas.
Una tarde, hace unos tres años, estábamos todos sentados a la mesa, disponiéndonos a comer, y me ordenó.
- Sírveme coca. - Del otro lado de la mesa, mi tía respondió.
- No puedes tomar eso, Olivia.
- ¿Por qué no? - preguntó como si esa conversación no la hubiéramos tenido decenas de veces.
- Porque estás muy gorda. – le respondió mi tía
- Mi cuerpo, mi decisión – respondió mi mamá, siempre tan afecta al drama
- No. – dijo mi tía – No es solo tu decisión, porque nosotros somos los que te andamos cargando, bañándote y cambiándote, y estás muy pesada y es muy difícil moverte
- ¡Si tanto les estorbo, tírenme en el arroyo! – Respondió mi mamá, que era la mismísima reencarnación de Libertad Lamarque cruzada con Marga López
- A ver, amá – le dije – Ahorita pasamos al Oxxo, te compro tu cocón de dos litros y te dejo en tu silla de ruedas ahí en el arroyo, ¿y luego? ¿qué sigue? ¿cuál es el plan?
- Sírveme tantita limonada, pues – respondió resignada. 

Sus últimos años los pasó en Ensenada con mi tía Yochi, su días pasaban entre hablar con sus amigas de Guerrero Negro, leer, y ver videos en You Tube. Se volvió muy fan de Rodrigo de la Cadena, un joven que se dedica a promover la musica de boleros. Si pueden, échenle un ojito a sus videos en You Tube. A mi madre le gustaría esto.

lunes, 3 de enero de 2022

El Onasis

El Onasis siempre fue mi amigo a pesar de la diferencia de edad; no sé si fue el beisbol o lo traviesos lo que nos unió, pero desde que vivíamos en Guerrero Negro jugábamos beis y hacíamos babosadas y nos reíamos muy a gusto. Aunque cuando convivimos más fue en nuestros días de universitarios. Aquí les dejo tres bonitas anécdotas de esos tiempos.

Tú, tú y tú 

Onasis Talamantes
Como ustedes bien saben, el Onasis era muy bueno para pichar y en Ensenada jugaba con el equipo de la UABC. En la ocasión que les voy a contar, andaba en un nacional de universidades e iba a ser el picher abridor de la final. Un día antes del juego estaba acostado en un catre a un lado de la piscina del hotel. Ya había varios botes vacíos a su lado. En eso pasó el rector, junto con el director del Dadyr (departamento de deportes de la UABC), y el Güero Martinez, que creo que en esos días era algo de bienestar estudiantil. Oye, ¿ese no es tu picher estrella, el que va a abrir mañana? le preguntó el rector al del Dadyr, y este respondió tartamudeando, Ahorita le voy a hablar a su entrenador. 

El Onasis había escuchado la conversación y les dijo, no, no, no, al Sibori ni lo molesten, y les voy a dar tres razones: una, no me está pichando las cheves, dos, no me está haciendo manita de cochi para que me las tome, y tres... después de batallar un poco, no pudo encontrar una tercera razón y finalizó,  además tú, tú y tú chinguen a su madre, les dijo al rector y compañía. El día siguiente pichó su último juego para la UABC

Los Choyeros

Resulta que una vez se nos ocurrió hacer equipos de softbol y basket para el torneo intramuros de la UABC con pura raza de Guerrero Negro. Tal vez se me pase alguno pero hasta donde recuerdo estábamos: El Gabino, la Foquita, el Tony, el Onasis, el Pepe Ibarra, el Nando, el Baiza, el Pizcuacho, el Cuak y yo.

El primer día nos tocó doble juego, primero de basket y luego de soft. El de basket lo perdimos apenitas, pero en el de soft nos pusieron una chinga unos batos de contabilidad y administración. El Onasis los conocía y nos dijo que eran puro bato de la selección. De cualquier modo no nos deprimimos y nos fuimos muy contentos a echarnos unas cervezas a la casa del Onasis por la Ruiz. No sé a quién se le ocurrió rentar una película, y con pizza y cerveza en mano nos dispusimos a ver Los pelotones de mi general. Ya saben, éramos pura gente fina y conocedora.

Y pues ahí nos tienen rumiando las derrotas de la mejor manera posible cuando oímos al Gabino hablando al radio

- Buenas tardes señorita, quisiera ver puede mandar un saludo
- Sí, cómo no, ¿a quién?
- Somos un equipo deportivo de Guerrero Negro, en Baja California Sur, vinimos a competir en softbol y basketbol y hoy quedamos campeones en ambas cosas
- ¿Y cómo se llama el equipo?
- Somos los Choyeros de Guerrero Negro
- Va pues un saludo para los Choyeros, un equipo que vino de lejanas tierras a competir, ¡y se va con primeros lugares!

 Y mientras tanto nosotros atacados de la risa y la Nina haciendo corajes con el Onasis quién sabe por qué

Incendio en el aeropuerto

Esa vez el Onasis había ido al oculista a que le hiciera quién sabe qué cosa y Zarina no lo dejaba salir y ya tenía días encerrado y estaba muy, pero muy enfadado. Total que me habló por teléfono al trabajo y urdimos un plan. Iba a pasar yo por él y le íbamos a decir a su mamá que me tenía que acompañar a la biblioteca a sacar un libro porque mi credencial de estudiante estaba vencida y no la había renovado todavía. 

Llegué por el Onasis con la cara más inocente que tenía, Zarina me echó una mirada de desconfianza pero finalmente accedió a darle permiso, sospecho que el hecho de que mi mamá fuera su comadre influyó en la decisión. Por supuesto que no fuimos a la biblioteca sino nos fuimos derechito al Hussong's. Nos sentamos en la barra y pedimos un par de bohemias. Era temprano, tal vez las cuatro de la tarde y el changarro estaba solo, así que el bar tender estaba con un ojo al gato y otro al garabato poniéndole atención a nuestra conversación, y es que nos estábamos riendo muy a gusto. La anécdota que me estaba contando era de cuando trabajó en Exportadora de ayudante de soldador o algo similar, y una tarde estaba chambeando en el hangar del aeropuerto del pueblo. Una chispa provocó un pequeño incendio y el jefe le pidió al Onasis que llevara agua para apagarlo, pero con los nervios por el incendio en vez de ir a buscar agua tomó una cubeta con un líquido transparente que se encontró a la mano. Para su fortuna algo lo hizo ser un poco precavido y en vez de aventar toda la cubeta de golpe, tomó un poco con la mano y lo aventó al fuego. El problema es que no era agua sino turbosina, y el incendio creció enormemente. Cuando el Onasis dijo esto y yo me carcajeaba de la risa, el bar tender preguntó riéndose ¿Quién fue ese pendejo? Yo, respondió el Onasis con una sonrisa incómoda. Ah dijo el bar tender y se fue para el otro lado de la barra después de haber metido la pata.

Total que finalmente pudieron apagar el incendio pero se quemó toda una pared del hangar. Llegó el ingeniero Bremer cuando todavía estaba echando humito. Preguntó qué había pasado y pues le dijeron la verdad cruda y dura. Se le quedó viendo al Onasis y le dijo Te me haces conocido. Soy hijo del Tita. Esto terminó por salvarlo y no lo corrieron.

Salimos del Hussong's como a las 9 y le di raite a su casa, con lo que no contaba es que se iba a hacer loco y no iba a entrar. Cuando me fui se esperó un momento y se regresó a la Primera y Ruíz. Al día siguiente me platicó que llegó a su casa como a la una. Por supuesto que nunca volví a pedirle permiso a Zarina de que lo dejara salir a jugar.

 

lunes, 5 de noviembre de 2018

Sonia

Anoche velamos a la Sonia.

Su muerte, terrible e inesperada nos golpea a todos. Somos ramas de un mismo árbol, amistades que empezaron hace 70 o más años y permanecen y se renuevan durante generaciones. Crecimos juntos, algunos en el colegio, otros en la primaria; fuimos al mismo catecismo y al cine Kugue. De niños jugamos los mismos juegos y más grandes fuimos a las mismas fiestas. Compartimos memorias muy felices, como las tardes de visita en casa de mi nana Chuy o de juegos en el Tic tac. Por eso la muerte de Sonia nos pega a todos. Porque al dolor personal se suma el de los amigos; algunos más, otros menos dependiendo de su cercanía, pero no solo es una rama; es todo el árbol el que siente el golpe y cruje.

Anoche, a pesar de que estábamos en Tijuana, fue una reunión de una gran familia. Desde los chicos como Fanny la hija de Edel, Mayté la hija de Juan Pablo y Paty, o el Marquitos, que me saludó sin saber quien soy, y que mi mamá era muy amiga de su abuelo. Hasta los mayores como Carmelita la mamá de Sonia o Elsa Bremer. Y dentro de toda la pesadumbre existe la alegría del reencuentro; las viejas anécdotas con el Rigo, la pena de no reconocer a gente tan querida como Santa, el gusto de platicar con la hija de Chabelita y el Rigo y verla convertida en toda una profesional. Saludar al Yogui, al profe Raúl Zúñiga, a la Eloy, al Gerardo, al Jorge Bremer, a Lupita y Lucy Beltrán, a Rosaura Allup. Y por supuesto a Lorena; quiero pensar que la presencia de tanta gente que la quiere le sirvió, aunque sea un poco, para ayudarla a pasar tan amargo momento.

Sonia, amiga. Te vamos a extrañar. Ve con Dios

lunes, 8 de octubre de 2018

La Venustiano Carranza

Crecer en la Venustiano Carranza fue extraordinario; con esto no pretendo decir que mi calle era mejor a las otras, lo más probable es que en todas las calles del pueblo la vida haya sido más o menos la misma. Lo que quiero decir, es que tuvimos una infancia muy feliz.

La Venustiano Carranza era una calle muy ancha, en esa época no había camellones y las casas no le habían robado terreno a la calle con sus bardas; así que teníamos mucho terreno para jugar. Además éramos muchos chamacos así que se armaban buenos equipos. Ustedes disculpen si me falta alguno pero no quiero dejar de mencionar a mis amigos de la cuadra: El Chema, Panchito y Memo Ruíz, El Rey, Cascarrabias, Quito y Chuchín Villavicencio, Nachito Salgado, El Quichuli y Baby Espinoza, El Neto Ávila, Arturo Tiburón, Paty, Toño y Raúl Gallitos, El Pulpo, El Nica. También a veces llegaban los compas de la rueda y la colonia a acoplarse a los juegos.
Con el Pedro, frente a mi casa

Había juegos que de alguna manera misteriosa se concentraban en temporadas. Así, había temporada de trompos, canicas, papalotes, futbol, wantitú, bicicletas, beisbol, y muy de vez en cuando shangai. En esos días las calles no estaban pavimentadas, así que podíamos jugar canicas y trompo en cualquier lado. De las canicas mis juegos favoritos eran el cuadrito y los hoyitos. Del trompo uno donde hacíamos un círculo como de un metro de diámetro, cada quién ponía un peso en el centro y nos íbamos turnando para tratar de sacar las monedas con el trompo. Obvio que moneda que sacabas te quedabas con ella, lo cual hacía el juego doblemente divertido.

Cuando había temporada de papalotes el juego era muy sencillo, se trataba de volarlo lo más alto que pudieras sin que se te fuera a la milpa, y lo comparábamos con la torre de comunicaciones que estaba frente a mi casa. Los papalotes los fabricábamos nosotros y era muy mal visto que alguien comprara uno. Eran muy básicos, hechos de papel periódico y con cola de trapos amarrados. De todos, los del Chale eran famosos, porque eran los más grandes.

El wantitú era un juego de escondidas con un bote y una base. Nos gustaba jugarlo de noche para que hubiera muchas equivocaciones; además, nos cambiábamos la ropa para confundir y aventábamos galones llenos de tierra y con la parte superior cortada para que el desastre aumentara la confusión y tratar de llegar a la base. Como verán, nos tomábamos el asunto muy en serio.
La Torre

Cuando jugábamos futbol, las porterías eran en un lado y otro de la calle, un par de piedras y listo. Ya saben ustedes las típicas reglas: Vale portero ambulante, mano sobre gol es gol, el gordito a la portería, etc.

Beisbol era lo que más jugábamos. Si eramos poquitos jugábamos al que cacha, batea. Si completábamos dos equipos, nos íbamos a jugar al baldío de atrás de mi casa, era un terrenote y la cerca de la Amado Nervo nos servía para marcar el jonrón.

Mención especial merece la casita en el árbol que hicimos atrás de la casa del Arturo Tiburón. Hechiza a como dios nos dio a entender, con tablas conseguidas de quién sabe dónde. Era una gran casa que hasta llegó a tener dos pisos. Le amarramos unos cables al árbol y teníamos una batería para darles corriente si se quería subir alguien no autorizado. A lo lejos me parece recordar que a mi compa Chema Ruíz le echaron corriente cuando se iba subiendo, por los toques se cayó y se dio un madrazote. Después nos dio por brincarnos la barda de la primaria a la hora del recreo para ir a la casita; esto provocó que el prefecto o algún maestro de la primaria nos tirara la casita a hachazos. No recuerdo a ciencia cierta quién fue y tan solo puedo decirle... pinche bato gacho.

Ahora la Venustiano Carranza está bien bonita; enconcretada, con palmeras en medio y todas las casas con sus bardas blancas como en la colonia, hasta parece San Diego. Pero es una calle para adultos; yo estoy agradecido que en mi niñez me haya tocado esa calle ancha de tierra, con mucho espacio para jugar,  hacer amigos y ser feliz.

domingo, 16 de septiembre de 2018

El canal, la pocita y la isla

Cuando era niño, todos aprendíamos a nadar en el Canal, y era casi tan natural como aprender a caminar, simplemente tenías que hacerlo, no había opción. A mí me agarró mi apá y me aventó al centro del canal. Cuando salí a como dios me dio a entender, me volvió a agarrar y ahí voy volando de nuevo al agua. Y así fue mi curso intensivo de natación.

El Canal
El canal se llenaba de chamacos en los días calurosos de verano, había un trampolín improvisado y los más valientes eran los que se aventaban clavados desde ahí. Otro de los grandes retos era atravesar de lado a lado la parte más ancha, pegada a la calle, a lo lejos me parece recordar que le decíamos el comal. Confieso que hasta donde me alcanza la memoria, nunca me atreví.

La Pocita
Ya cuando íbamos en la secundaria cambiamos el canal por la Pocita, ahí llegábamos en bicicleta y a
veces, muy de vez en cuando, conseguíamos un carro prestado para ir a nadar. En la pocita era más común ver familias completas disfrutando del agua fresca, con los niños correteando en las zonas más bajitas sin mayor peligro, excepto que una jaiba les agarrara un dedo.

La Isla
Ya en la prepa te graduabas a ir a nadar a la Isla. Ahí el reto era aventarte clavados de los gaviones o de la estructura metálica que unía los dos gaviones centrales. No era sencillo tirarte por primera vez, el agua se miraba oscura y fría, anunciando un fondo lejano. Pero de nuevo, si ya habías llegado hasta ahí, era algo que tenías que hacer; agarrabas aire y valor de donde se pudiera y te aventabas a como Dios te diera a entender.

Una vez pasado el susto inicial, salías del agua jubiloso por el choque de adrenalina y repetías el proceso tres o cuatro veces más, hasta que iba desapareciendo la emoción, señal de que era momento de descansar, y algunas veces, de tomarte una cerveza.


martes, 7 de agosto de 2018

Mi apá

Mi papá me enseñó a pescar, a cazar, a dormir en el monte, a limpiar pescado, a manejar, a nadar, a jugar y amar el beisbol, a disfrutar del té y las películas mudas. Nos emocionamos con Valenzuela y me pasó su sangre azul. Me enseñó que los tiburones son mansitos y que el botete si sabes cortarlo no hay problema para comerlo. Con él comí: machaca, venado, caguama, almejas, sandía, higos y pan de Cachanía. Él me sacó las espinas del talón  con su navaja cuando pisé un erizo, y me iba a ver jugar beisbol y basket sin importarle si ganaba o perdía.

Viajamos juntos y conocí sus amigos y sus historias. Llegamos a ranchitos de desconocidos a tomar café y compartir el pan de Cachanía. Subí y bajé su lancha del carro decenas de veces. Madrugamos para pescar y le cambié las llantas y el aceite a su carro. Le perdí sus herramientas y lo acompañé de madrugada a tomar café en el mercado de Cachanía.Visitamos a Doña Chuy y mi madrina China. Comimos pay de manzana y su receta secreta de carne en salsa verde que solo preparaba para los viajes.

Me gritó mucho y me quiso mucho.

Pedro Cervantes en La Isla

lunes, 23 de julio de 2018

El salón de actos

Si algún edificio merece la categoría de histórico en Guerrero Negro es el Salón de actos. ¿Qué lo tumbaron?, ¿Por qué?. Bueno, no me hagan caso, yo solo lo voy a extrañar.

Debe haber sido uno de los primeros edificios que se construyeron después de las carpas, mi mamá llegó al pueblo en el 59 y me cuenta que ya estaba. Originalmente su función era de comedor de los trabajadores; pero también tenía otros usos: juntas sindicales, iglesia, velatorio, cine y por supuesto los bailes. Tenía unas mesas largas donde se sentaban a comer y se retiraban cuando el salón se iba a utilizar para otros menesteres, cuando iba a haber baile las personas tenían que llevar sus mesas y sillas y solo pagaban por el espacio.

Día del estudiante secundaria
A mí ya me tocaron otros tiempos, sin embargo el salón de actos seguía siendo en muchos sentidos el corazón del pueblo. ¿año nuevo?, en el salón de actos, ¿día del estudiante?, en el salón de actos, ¿boda?, ¿quinceañera?, en el salón de actos por supuesto. Ahí aprendimos a bailar, nos enamoramos, nos peleamos, nos divertimos y dimos el paso de la adolescencia a la adultez al ritmo del tritriqui tritraca y la yaquecita, comiendo tacos de doña Mary Godinez al final de la noche.


Los bailes eran cosa frecuente los fines de semana; quién sabe cuántas veces habrá tocado el Gigio ahí pero supongo que lo habrá sentido como una segunda casa. Lo más común era que tocara algún grupo del pueblo o de algún ejido cercano. Ya era un poco más de caché cuando venían Las nubes de Cachanía. Por eso cuando apareció la cartulina anunciando Gran baile con el grupo La Cruz de Tijuana, TKT invita, este causó gran revuelo. Un grupo de Tijuana no era cosa de todos los días. No sé dónde empezó la confusión pero La Cruz (de fuego) era un grupo de heavy metal y a nadie se le ocurrió hacer la aclaración. Llegó el día del baile y el salón estaba lleno; empezó el show de luces, humo y un ruidajo de la chingada. Se terminó la primera canción y la gente no sabía muy bien qué hacer. El Mócori tomó la iniciativa, se levantó y caminó lentamente al centro del salón y poniendo los brazos en jarras les espetó
 
Día del estudiante durante la prepa

Hey tú, simple, ya déjate de echar humo y tócate una cumbia

Jajaja, la verdad es que no sé qué pasó después ni si esto sucedió así, pero así me lo contaron y hasta la fecha uso ese dicho.

También eran comunes los pleitos en los bailes, aunque yo no era peleonero, el rencor me lo había quitado el Cesar el hijo del Durango, de un solo chingadazo cuando estábamos en la primaria. Una sola vez medio me pelié en el salón de actos, resulta que el que empezó con el pleito fue mi compa Chema Ruiz y se le fueron encima dos o tres tipos a montonearlo; y pues agarré una mesa de esas de la carta blanca y les aventé con ella en la cabeza y vámonos!, fuga dijo el Chapo.

Otra vez hubo un pleito campal en la calle afuera del salón, quién sabe por qué empezó el pleito y quién contra quién era, pero en un momento hubo más de 20 cabrones dándose con gusto como en película de vikingos. Nosotros estábamos arriba de un pick-up viendo el pleito y tomándonos una cerveza cuando  llegó la policía. Analizaron la situación, vieron que el pleito estaba muy grande y sabiamente nos preguntaron
- Morros, ¿no traen una cerveza que nos regalen?
- Sí jefe, ahí le van dos, lléguele
 Y tranquilamente se sentaron a ver el pleito, a esperar a que se calmara y levantar a los caídos. Eran buenos tiempos.

martes, 29 de mayo de 2018

Historia y Matemáticas

Roberto Rojo

El profe Rojo era mi archienemigo en la prepa, teníamos grandes diferencias y no las ocultábamos, era mi maestro de matemáticas de la prepa y como todos los semestres me dio clases, nos aventamos un pleito que duró tres años. Pero antes de empezar con toda la historia creo que es justo que reconozca que el profe Rojo no era un mal maestro, mis compañeros llegaron bien preparados a la universidad gracias a él. Yo las matemáticas las aprendí por otro lado.

Como les decía el pleito empezó desde primer semestre, yo a Rojo lo conocía porque me dio una semana clases en la primaria y se acordaba de mí, lo cual no fue muy bueno porque le daba por hacer chistoretes en clase y yo siempre resultaba ser la víctima. Probablemente no haya sido gran cosa porque no recuerdo ninguno, pero en los años de adolescentes la verdad es que somos bien delicaditos y no me gustaba para nada ser el hazmerreír del salón. Total que para no hacer el cuento más largo empecé a faltar cada vez con mayor frecuencia. El primer semestre alcancé a pasar apenitas con 6 y el segundo ya no la alcancé a librar y me fui al extraordinario.

Mi abuela montó en cólera, una cosa es que reprobara lectura y redacción y otra muy diferente que reprobara matemáticas. Consiguió que el Jesús Ojeda, que en ese entonces estudiaba ingeniería química en Tijuana, me diera clases en verano para prepararme para el extraordinario. Y así todos los días le pegábamos un par de horas, después nos íbamos a jugar basket y de regreso mi abuela nos tenía un pastel recién horneado. No puedo decir que le agarré al amor a las matemáticas en ese momento pero pasé el extraordinario con 9 y eso, para mí que siempre fui bastante burro para las matemáticas fue un gran logro.

El siguiente semestre mejoró un poco la relación con Rojo, ambos nos guardábamos un poco la distancia y con lo que había aprendido en verano ya no me fue tan mal en el curso y alcancé a pasar con 8. Llegó el Jesús de vacaciones de navidad y me ofreció enseñarme cálculo y yo acepté y empezó la misma rutina. Un par de horas diarias de estudio, luego basket en el gym y por último un pastelito de mi abuela. Aquí terminé de agarrarle gusto a las matemáticas. Me compré un librote de cálculo y durante todo cuarto semestre estudié por mi cuenta diariamente y ya pude sacar 10 sin mayor problema. Lo único que tal vez valga la pena mencionar es que en esos días me invitaron a participar en el concurso regional de física y matemáticas que organizaba la UNISON, el Diablo y el Huichol estudiaban allá y fueron los que me conectaron. Me puse a estudiar con ayuda del profe Larrinaga, la verdad me lo tomé muy en serio y estudiaba diario. Cuando ya se acercaba el fin de semestre y no llegaba la fecha del concurso fui a preguntarle a Rojo qué había pasado y me respondió sin inmutarse Ah sí, llegó tu invitación pero se me olvidó avisarte, el concurso fue hace dos semanas. Ni le reclamé ni nada, ahora sí que ya pa' que, pero que conste que así nos llevamos pensé.
Roberto Rojo


En las vacaciones de verano otra vez le pegamos duro al estudio, ahora ecuaciones diferenciales, así que cuando entré a quinto semestre ya traía muchas horas de estudio en mi espalda y estaba indeciso entre estudiar física o matemáticas. Y aquí es donde las cosas empezaron a complicarse para el profe, porque ya sabía más matemáticas que él y me tocaba la revancha. Empecé a corregirlo cuando se equivocaba en clases y una vez que se me puso terco con una identidad trigonométrica le borré el pizarrón y le derivé no solo la identidad en cuestión, sino otras veinte para demostrarle quién tenía el poder en el salón. Sí, estoy de acuerdo con ustedes en que me pasé de irrespetuoso y no pienso justificarme, estuvo mal, y simple y sencillamente lo hice porque podía.

En sexto semestre la primera clase de cálculo integral para su mala suerte cometió un error muy feo y yo siempre tan amable procedí a explicarle por qué estaba mal y a darle una introducción a teoría de operadores. Cuando terminó la clase habló conmigo y me dijo
- Mira Paredes, la verdad es que no le ayuda a tus compañeros que entres a clases, solo sirves de distractor, te propongo lo siguiente: ya tienes diez, no necesitas entrar a clases, ni hacer tareas ni exámenes, lo único que necesito de ti es que cuando empiece mi clase estés lejos del salón, no me importa si te vas a jugar basket, te quedas dormido en tu casa o te vas de vago, solo no quiero verte en el salón. ¿Tenemos un trato?
- Sí claro profe, va que va, no me vuelve a ver en clases.

Y el profe cumplió su palabra, mes tras mes me puso mi diecezote y yo no me paré en el salón. Y visto en retrospectiva esta fue una gran decisión. Él pudo dar su clase tranquilo y yo me iba al gym a cascarear con mi ego satisfecho. Ambos contentos.

Rojo fue una de mis grandes motivaciones, él me hizo estudiar más que nadie para poderle demostrar que yo era mejor. Involuntariamente el profe fue una gran influencia positiva en mi vida, aunque nos la hayamos pasado de pleito en pleito. Profe, si por casualidad llega a leer esto quiero darle las gracias por todo y lamento los malos ratos que le hice pasar, espero no le haya tocado otro alumno así. Un abrazo

Federico Osorio

Federico Osorio
Una de las cualidades que más aprecio de un maestro es la pasión por su materia y el amor por transmitirla, y en eso era campeón el profesor Osorio. Para muchos esto era molesto porque exigía un grado de compromiso mayor pero para otros hacía su clase realmente apasionante.Yo pertenecía a este segundo grupo. Me hice muy aficionado a la historia de mesoamérica y por un tiempo hasta tuve la idea de ser arqueólogo. El profe me compartió mucha información más avanzada que la que venía en el plan de estudios y platicamos mucho sobre códices, jeroglíficos, dioses y pirámides.

Recuerdo una clase en que nos lanzó un reto, al que se atreviera a contestarle una pregunta le pondría 10, pero si no sabía la respuesta el resultado sería un espantoso 5. Nadie se atrevió, pero no nos quisimos quedar con la curiosidad y le preguntamos cuál era la pregunta que nos tenía preparada.
¿Cuál es el campo de estudio de la historia? nos preguntó muy serio, y luego respondió enfático
¡El hombre!

 El profe era comunista y esto era algo que discutíamos a veces en el salón y se armaban grandes polémicas. El profe es del sur del país y eso hace que tengamos una visión diferente del mundo. A pesar de que Cristina Zamora no iba en mi generación supe de las discusiones épicas que tenía con el profe sobre este asunto y que hasta la fecha siguen teniendo en Facebook. Porque de todas las cosas que le puedo reconocer al profe Osorio la principal es que a pesar de haber pasado poco tiempo en el pueblo, siempre nos ha recordado con gran cariño y se mantiene en contacto, una amistad que lleva ya más de 30 años.

Al final no estudié arqueología pero lo que aprendí del profe Osorio fue a entrarle a los temas con pasión y eso me ha servido toda la vida. ¡Gracias profe!




martes, 15 de mayo de 2018

Mr. Márquez y Rosalinda

Mr. Márquez
El profe Márquez era la mismísima esencia de lo cool. Era como una embajada andante de Nueva York, Manhattan aparecía un metro enfrente y desaparecía a un metro atrás de sus pasos. Con su sonrisa a flor de piel, el comentario certero a veces con un poco de sarcasmo y un ligera afición por las teorías de conspiración, lo hacían uno de mis maestros favoritos. 
Fue mi maestro de inglés en tercero y cuarto semestre de la prepa. Tenía un método muy particular de enseñar, nos obligó a esforzarnos al máximo, tuvimos que leer a Kafka en inglés, artículos del New Yorker, poemas de Walt Whitman, es decir, cosas complejas que nos obligaron a extender nuestras habilidades. No sé que tan correcto sea este método pero a mí me motivó a superarme y en cuarto semestre leí, diccionario en mano, mi primer libro en inglés; The sound and the fury de William Faulkner.
En la fiesta de graduación

Con Mr. Márquez aprendí de música y a apreciar la calidad de unas buenas bocinas. Escuché a OMD, Manhattan Transfer, The Cure y una larga lista de música que para mí era desconocida. Conocí el GQ y la pintura de Modigliani. El profe era sofisticado pero no un snob, podía tomarse una tecate roja con nosotros y reírse de nuestras babosadas.

Años después lo tuve de compañero en Samex en Tijuana y compartimos durante muchos meses oficina. Allí me enseñó a tener paciencia y no ponerme de mal humor cuando las cosas no salieran bien en el trabajo. El usaba un programa que escribí y que tenía un error que nunca pude resolver; a veces después de un rato de estar trabajando se cerraba sin previo aviso. Entonces el profe sonreía y me decía ya se cansó la hermana computadora, la apagaba e iba por un café y a platicar un rato en lo que la hermana computadora descansaba. Regresaba sonriente, prendía la computadora y seguía trabajando como si nada hubiera pasado.

En esos días platicábamos mucho de cine y nos recomendábamos películas y libros, platicábamos de Guerrero Negro y él pensaba que algún día volvería a trabajar a Exportadora. Algo que en esos días me parecía muy curioso es que no tuviera carro, pero su corazón Neoyorquino lo hacía caminar mucho y utilizar el transporte público. Esto no lo entendí hasta muchos años después.

Lamentablemente falleció hace algunos años mientras estaba de vacaciones. Le dio un ataque cuando se alistaba para ir al teatro. Sus amigos lo seguimos extrañando.

Rosalinda Flores

La profe Rosa era legendaria en la prepa, desde que entrabas ya sabías que tenías que estar preparado para lo peor. Ella daba Química y era dura como ella sola. No era mala, era justa pero la clase tenía un nivel mucho más alto que al que está uno acostumbrado y eso traía como consecuencia una gran cantidad de reprobados.

El primero que sintió de que tan fuerte venía el asunto fue mi compa Chema. Como la fama era que química era la materia más difícil, me compa asumió el reto y dijo fuerte y claro que él quería ser químico y durante el primer mes de clases se encerró por las tardes a estudiar química. Llegó el primer examen y con el un 3.5 para mi compa. Pero todavía no perdía la fe y el siguiente mes siguió estudiando como si no hubiera un mañana pero el resultado del segundo parcial no fue mucho mejor, a lo mejor alcanzó el 4, pero no estoy seguro. Ahí tiró la toalla y volvió a sus hábitos normales y terminó como tantos otros haciendo un Moulinex.

En aquellos días en que la tele mandaba en la publicidad masiva, transmitían un comercial muy frecuentemente; un picador de verduras eléctrico, el mentado pica-lica moulinex, es muy fácil, solo tienes que hacer uno, dos, tres y la cebolla está lista. Y así a los que reprobaban química I, II y III les decíamos que habían hecho un moulinex, ¡y no eran pocos!
Q.F.B. Rosalinda Flores

En primer semestre había que batallar con la nomenclatura inorgánica y aprenderse todas las valencias, no era fácil y requería muchas horas de estudio a las que no estábamos acostumbrados. En tercer semestre era química orgánica y aunque se me hizo más fácil tampoco pude sacarme un 100. Y es que Rosalinda calificaba del 0 al 100 y su cien era algo mítico, como un unicornio. La única vez que supe que alguien se sacó un 100 con ella en química fue el Machetes, e hicimos una carnita asada para festejar el suceso.

La profe se llevaba bien con nosotros, a pesar de ser dura la respetábamos por ser justa, si le chambeabas seguro tendrías resultados, su clase no era aburrida pero tampoco demasiado amena, era lo más parecido a un clase de universidad que se puedan ustedes imaginar. De cuando en cuando se aventaba alguna broma, de la que nos reíamos mucho porque pensábamos que nadie se iba a reír porque era terriblemente mala para contar chistes.


El Cruz y yo nos hicimos muy aficionados a la química y nos pasábamos largas horas en el laboratorio y la profe nos consentía prestándonos la llave para que experimentáramos libremente. Hasta que un día nos cachó mientras intentábamos hacer nitroglicerina y ahí se acabó el corrido, jamás nos dejó volver a poner un pie en el laboratorio, lo cual no estuvo tan mal, capaz que explotábamos toda la prepa y nosotros con ella.

El Cruz estudió Química y yo Física, en gran parte por la motivación que ella nos dio. Creo que el resto de mi generación estaría de acuerdo con que ella nos enseñó a estudiar fuerte y nos preparó para los retos de la universidad. Y por ello, le estoy muy agradecido.


martes, 27 de febrero de 2018

La Bella y La Ginebra

Mi mamá siempre fue muy perrera, desde chica y hasta la fecha. Cuando se vino a vivir a Guerrero Negro se trajo a la Ginebra, su perra, desde Jalisco. Para ella los perros son un miembro más de la familia, así que lo natural era mudarse con todo y perra sin importar la distancia.
La Ginebra era famosa por brava, no sé a cuantas personas mordería pero muchas personas le tenían miedo. Yo solo recuerdo cuando mordió a Doña Lucía Rocha, mamá de Lucy Beltrán, atrás de la casa de la Venustiano Carranza.
Pedro y la Ginebra
Dice mi mamá por defenderla, que era una perra muy protectora y que una vez cuando tenía como cuatro años me salí de la casa y me fui hacia el monte sin que mi abuela se diera cuenta. Cuando se dieron cuenta de mi ausencia y no me encontraban cerca de la casa se organizó una búsqueda con muchos hombres pero no podían dar conmigo. Finalmente después de mucho buscarme escucharon los ladridos de la Ginebra que se había quedado conmigo todo ese tiempo en el monte protegiéndome.

Cuando falleció la Ginebra llegó la Bella a la casa. Esa perra era todo un personaje, la pura vida social. Llegó a la casa como un regalo para mi tía Yochi, pero como era de muy buen diente no le tomó mucho rato darse cuenta que en realidad era con mi mamá con quien quería estar, pues mi amá siempre fue muy buena para consecuentar a sus perros.

La Bella siempre acompañaba a mi amá a la tienda, se la pasaba de tapete a un lado de la entrada y solo se movía para saludar a algún conocido o por las tardes que iba a la panadería vecina por su
La Bella
conchita y hojaldre. Tenía su cuenta abierta en la panadería por dos panes diarios, puntualmente a las 6 de la tarde rascaba la puerta y la empleada salía a entregarle sus panes. Tenía la panza tan puntual que decía la morra de la panadería que se podía ajustar el reloj con la llegada de la Bella a la panadería.

La mayoría del tiempo era de un carácter dulce, solo recuerdo una vez que le gruño a alguien y fue afuera de la panadería. Resulta que un tipo llegó a comprar mucho pero mucho birote, subió un par de bolsas a su carro y se regresó a la panadería por las bolsas faltantes y dejó la puerta abierta para no batallar al subir las bolsas restantes. Esta oportunidad la aprovechó la Bella para subirse al carro a atascarse con el birote del pobre hombre.
Cuando este regresó quiso bajar a la perra del carro antes de que empezara con la segunda bolsa y la jaló de la cola; grave error, la Bella enojada no sé si por el jalón o por la interrupción en su comida, se volteo y le rugió en la cara. El tipo retrocedió asustado y tuvo que ir mi mamá a bajarla y por supuesto pagar el pan siniestrado.

La Bella tenía un sentido social muy desarrollado, a ratos parecía señora de sociedad. Cuando Pancho Ibarra cayó en cama enfermo la Bella todas las tardes iba a visitarlo hasta que se alivió. Esto, seguro lo aprendió con mi mamá pues la acompañaba a todos lados, siempre caminando por enfrente asegurándose de estorbar. Así le gustaba caminar a la Bella.

martes, 2 de enero de 2018

Últimos Semestres

Sexto Semestre

Cuando entramos a sexto semestre de prepa sucedió la cosa más extraña. Como que todos los maestros se pusieron de acuerdo y querían que ya nos fuéramos. La verdad todas las materias estuvieron facilitas y casi ni tarea dejaban, hagan de cuenta que íbamos nadando de muertito, nomás nos movíamos poquito y listo ya con eso pasábamos. Hasta Rosalinda le bajó a sus exigencias.

La profe Rosalinda era dura. No era mala, no era injusta, pero para pasar sus materias le tenías que invertir un buen tiempo y usar el cerebro. Famoso era hacer el Moulinex, es decir, los que reprobaban química I, II y III. Muchos dejaron la prepa por no pasar sus materias y otros tantos se atoraron un año hasta que pudieron librarla. Pero con todo y esto en sexto la llevábamos tranquila en ecología con ella.

Todo era unicornios y arco iris hasta una tarde que estábamos haciendo un examen bimestral de ecología. El salón tenía varios restiradores de la clase de dibujo técnico y algunos compañeros los usaban para todas las clases. Estos tienen un espacio que queda muy a la mano para guardar los cuadernos a diferencia de los bancos normales y eso los hacía muy prácticos. Total que a la mitad del examen la maestra empieza a caminar por todo el salón vigilándonos y cuando pasó por atrás del J. que estaba precisamente sentado en un restirador, le preguntó
- ¿Cómo vas J.?
- Bien maestra pero me faltaron apuntes
- Y estos que tienes aquí ¿qué? le dijo mientras le sacaba del restirador el puño de notas de donde estaba copiando
La maestra Rosalinda Flores

El tiempo se detuvo, casi nos morimos del susto. Lo habían descubierto copiando y conociendo a Rosalinda seguramente lo iban a correr de la prepa faltando tan solo un par de meses para terminarla. Hasta el viento tuvo miedo y nadie se atrevió a pronunciar palabra. Hay momentos en la vida en que te la tienes que jugar fría y eso hizo el J. Como si no hubiera pasado nada hizo de tripas corazón y siguió haciendo su examen.

No sabíamos qué iba a pasar, al menos yo no. Tal vez sí habló con él en privado, no lo sé. Pero no lo acusó y no lo corrieron. Hasta donde mi memoria alcanza tan solo le bajó un punto en el examen. Les digo, ya era sexto semestre y querían que nos fuéramos



Noveno semestre

Cuando entré al noveno y último semestre de la carrera pensé que iba a ser lo mismo que en sexto de la prepa. No podía haber estado más equivocado, no había pasado una semana cuando ya nos traían en chinga. Y no es que las materias fueran algo particularmente difícil pero sí andaban muy activos los maestros.

El problema principal parecía que iba a ser Física Teórica V: Mecánica Estadística con la doctora Laura Viana. La señora era de un carácter fuerte y le gustaba mucho tener la razón; permítanme ejemplificar; una mañana se me ocurrió preguntarle la diferencia entre dos conceptos
--Oiga maestra, ¿qué diferencia hay entre tal y tal concepto?
-- Ninguna
-- Oiga maestra, pero la formulación matemática es diferente
-- De todos modos, no hay diferencia
-- Oiga maestra pero el Kittel (libro de texto) dice esto y esto otro
-- El Kittel está mal
Tomé aire y reflexioné un momento, ya era el último semestre de la carrera y mi espíritu combativo se había agotado y lo único que me quedaba eran las ganas de salir de la escuela lo antes posible así que respondí
-- Mire maestra, si usted me dice que el azul es verde, es verde el cabrón
-- ¡Esos son los alumnos que me gustan! 

Y así íbamos navegando por el último semestre viendo la luz al final del túnel cuando nos llegó el rumor de que la maestra había dicho que todos íbamos a reprobar por diferentes razones; yo, por supuesto, por llegar tarde a clases que creo que eran a las 7 de la mañana. Pero bien dicen que cuando Dios no tiene nada que hacer ayuda a los pendejos y la maestra se accidentó. Nada demasiado grave, solo lo justo para que se incapacitara y ya no fuera a dar clases. Diseño inteligente que le llaman.

Fui al instituto de física a buscarla a ver que iba a pasar con el curso y me la encontré con el collarín puesto y con ganas de irse a su casa
--Maestra qué bueno que la encuentro, ¿qué va a pasar con el curso?
-- Yo no sé, yo me voy a incapacitar y me voy para mi casa
-- ¿Me puede entregar mis exámenes y tareas para ver cómo voy?
-- Sí, claro, vamos a mi cubo

Ya en su cubo me entregó un folder con todas mis tareas y exámenes, tan solo unos pocos estaban calificados, todos con diez, eso sí.
-- Oiga maestra, faltan muchos por calificar
-- Ah sí, es que cuando alguien hace las cosas bien siempre las hace bien, entonces supongo que todo lo demás también está correcto.
-- Bueno maestra, muchas gracias y que se mejore

Como ya faltaban solo tres semanas para que se acabara el semestre nadie quiso tomar el toro por los cuernos y darnos las clases faltantes. Al final el profe Francisco Medina se aventó y nos puso un examen con el que calificaría todo el semestre. 10 problemas, para llevar, una semana para hacerlos. De las demás materias ya tenía calificación aprobatoria, solo faltaba esta. Terminé los problemas un par de días antes del deadline y como tenía la seguridad de que estaban correctos me fui a festejar con unos amigos que por fin había terminado la escuela. Y llegué amanecido con el profe a entregar mis soluciones.

Tres días después ya era oficial que había aprobado con nueve y había terminado la escuela. This moment of my life, is called happiness





jueves, 28 de diciembre de 2017

La navidad que conocí a mi apá

Cuando era adolescente me llevaba muy mal con mi apá. Él era muy autoritario y yo rebelde, el choque generacional era muy duro; a él de niño su mamá, mi nana Matilde, le decía, ve por el chicote y llévaselo a tu papá para que te pegue e iba muy obediente. Yo no, a mí también me pegaban pero primero me tenían que alcanzar. Así que esa tensión entre la obediencia esperada y mi rebeldía continua era demasiado para nuestra relación y la cuerda terminó por reventar. A los 15 años me enfadé, me salí de la casa y me fui a vivir con mi tía Yochi.

Pasaron meses sin hablarnos y casi sin vernos, si por casualidad nos encontrábamos en la calle ni siquiera nos saludábamos. A veces coincidíamos en la casa a la hora de la comida pero trataba de que no fuera frecuente, si podía evitar verlo lo hacía. No recuerdo cómo fue que regresé a la casa pero de todos modos nuestra relación seguía sin ser buena.

A la mamá de mi compa David Rondero la conocí cuando íbamos en la secundaria, por alguna razón que no recuerdo toda mi familia salió del pueblo y para que no faltara a la escuela me dejaron encargado en casa de la familia Davis. Ahí Doña Mercedes les ayudaba y me trató con mucho cariño los días que estuve ahí, me regañaba por traer el uniforme todo sucio cuando tenía taller de mecánica, pero luego se reía, al cabo solo lo voy a batallar unos días seguro pensaba.
Juan Pablo y David

El David era de mi bolita junto con el Juan Pablo, Chema, Ricardo Díaz, Felipe Bremer y las muchachas: Yaqui, Lily, Luz Emma, Adriana y Lulú. Una gran pandilla como las que verán ustedes ahora en películas y series nostálgicas ochenteras. Así que cuando íbamos a buscar al David a su casa su mamá siempre nos recibía con una sonrisa, así la recuerdo.
Adriana, Juan Pablo, Yaqui y Lily





Doña Mercedes era amiga de mi apá y él la estimaba bastante, así que a ambos nos cayó como balde de agua fría la noticia de su muerte en pleno 24 de diciembre. Lo recuerdo entrando muy serio a la casa Alístate, se murió la mamá de tu amigo David y vamos a ir a acompañarlos. Llegamos a casa del Ponchado, y nos quedamos afuera en el patio. Fue algo totalmente inesperado, había estado cocinando el pavo y se fue a acostar para descansar en lo que estaba listo y ya no despertó. Tremendo.

Y ahí estábamos mi apá y yo, sin otra opción más que hablar entre nosotros y empezamos a hacerlo, pero tal vez por lo intenso del momento la plática no fue normal. La conversación giró hacia temas importantes, íntimos, de esos de los que no sueles hablar con tus padres. Me dijo muchas cosas, de sus preocupaciones y temores. Por un momento se desnudó de esa armadura de hombre fuerte y fue sincero conmigo. Hablamos de nuestra relación y le dije todo lo que nunca le había podido decir sin que se enojara. Y no solo nos reconciliamos, sino que nos volvimos mejores amigos después de esa noche. Volvimos a ver el béisbol juntos, a salir a pescar, a contarnos y reírnos de nuestras aventuras, a viajar. Esa noche recuperé a mi padre.
Doña Mercedes y sus hijos.

Sé que para mi amigo debe de haber sido terrible perder a su madre, pero en su partida me dejó un gran regalo de amor; por ello le estaré siempre agradecido y cada nochebuena la recuerdo con cariño.

David, un fuerte abrazo.

domingo, 29 de octubre de 2017

Interprepas

El equipo de basketball en mis tiempos era parte fundamental de la identidad de la prepa. Cuando salí de la secundaria gran parte de la emoción de entrar a la prepa era estar en el equipo, para mi mala suerte todos los jugadores buenos eran de sexto semestre y cuando entré el equipo estaba prácticamente vacío. Así que el equipo estaba formado principalmente con jugadores de primer semestre y algunos más grandes que, con la excepción del Alberto Flores y el Machote, eran más bien jugadores de otros deportes. Como se podrán imaginar seguido nos ponían unas buenas friegas. ¿Quiénes?, todos los equipos de primera fuerza. Era tradición que la prepa tuviera equipo de primera fuerza así que aunque no tuviéramos nivel ahí íbamos envalentonados a hacer el ridículo una o dos veces por semana.

El primer entrenador que tuvimos era Daniel Piña. Daniel no era del pueblo, no llegué a conocerlo tan bien como para saber de dónde venía ni qué hacía además de entrenarnos. Lo que es cierto es que sabía mucho de basketball y muy probablemente es el mejor jugador que ha tenido el pueblo. Recuerdo el primer entrenamiento, estábamos todos a su alrededor y el solo nos miraba hasta que el Everardo le dijo De plano sí nos vemos muy madreados ¿verdad? y él respondió No, pero sí están muy chiquitos y sus entrenamientos se enfocaron en fortalecernos y en aprender a que no nos golpearan. Esto me sirvió mucho durante todos los años que jugué basket.

El Gordo Velarde, Everardo Gaxiola, Pepe Ibarra, el niño Lyle y yo.
Con este equipo fuimos a los interprepas a Ciudad Constitución. Para nuestra mala suerte el año anterior el equipo de mi prepa había quedado campeón, así que nos pasaron a la segunda ronda por default sin jugar. El primer y único juego que jugamos fue precisamente contra Constitución, en una cancha toda resbalosa que apenas se podía caminar, y correr era más bien una combinación de valentía con irresponsabilidad. Habíamos comprado un adherente en una refaccionaria y le pusimos a las suelas de los tenis pero no servía de gran cosa. Tiramos coca cola y la pisamos para que estuvieran un poquito pegajositos los tenis pero de todos modos estaba de la fregada jugar ahí. Nos pusieron una chinga y nos eliminaron rapidito. No por lo resbaloso de la cancha sino por malos. Nos divertimos, eso sí. A los de futbol no les fue tan mal, ni al Huichol y al Dina tampoco en ajedrez. Nos llevó el Raúl Lyle que era nuestro director, y a pesar del triste papel que hicimos no hizo nada que demostrara enojo o desilusión, lo cual le agradezco hasta esta fecha.

Benito nos empezó a entrenar por ahí de cuarto semestre. No estoy muy seguro porque por esas fechas también fue mi entrenador en la selección juvenil del pueblo y con los Crazy's, así que las fechas se me confunden.

El gimnasio 21 de octubre era nuestra casa. Como íbamos a la escuela por la tarde teníamos el gym para nosotros solos por la mañana. No llegábamos muy temprano pero a las 9 ya estábamos todos listos para salir a correr juntos hombres y mujeres. Salíamos del gimnasio y tomábamos el camino que va a las cruces, ahí doblábamos hacia el este y nos metíamos hacia los médanos. Avanzábamos tal vez un kilómetro y nos regresábamos por donde mismo, aunque algunas veces tomábamos línea recta a campo traviesa hacia el gym.

Cuando llegábamos de regreso el profe Benito ya estaba esperándonos. Como la corrida nos servía para calentar aprovechábamos bien el tiempo del entrenamiento. Muchos ejercicios para mejorar nuestra defensa, acondicionamiento y tiempo de reacción. También trabajábamos mucho en los fundamentos. Algunos ejercicios los hacíamos juntos hombres y mujeres, otros nos dividíamos media cancha para cada quien. ¡Deberían de habernos visto! volábamos cuando hacíamos 8s, tres pases y la pelota ya estaba en la canasta del lado contrario. En esos días no sabía el significado de la palabra cansancio, podíamos jugar personal toda la cancha todo el juego sin problemas.

El estilo de juego del profe Benito era simple pero efectivo: Trabajar duro los fundamentos, defensa férrea y hacer que el contrario se equivoque. Sin gritos ni presiones innecesarias íbamos todos los días a entrenar sin faltas ni pretextos. Después del entrenamiento muchos nos íbamos a la biblioteca de la prepa a jugar ajedrez y perder el tiempo.

Para entonces ya habían entrado a la prepa más morros basketboleros: el Pepe, el Tomate, el Güero Maldoso, Jorge Lyle; además ya habíamos crecido y le jugábamos de tú a tú a cualquier equipo, y si se descuidaban, los cansábamos y les ganábamos por treinta puntos.

Los Guerreros
Teníamos dos rivalidades legendarias: con el CET y los Guerreros. Eran rivalidades diferentes, jugar con los Guerreros era un poco más pausado, ya eran trabajadores y supongo no tendrían el mismo tiempo para entrenar, aunque tenían un par de postes fuertes y buenos para jugar: El Pulpo y el Liebre. Además el Murcia era un tirador muy peligroso desde cualquier lado de la cancha y no se cansaba. Lo tenías que corretear por todos lados durante todo el juego, si no, corrías el riesgo de que te metiera 30 puntos con la mano en la cintura.

Con el CET era diferente porque con excepción del Chiri, todos estaban morros como nosotros. Con el CET jugaban: el Pollo, Coco, Chore, Willy, el Calaca, Jaime Higuera, Chiri, Martín Romero, el Eddy y Tony Meza. El profe Graciano era su entrenador. Su mejor jugador, al menos como yo lo recuerdo era mi compa Tony, hasta decíamos en tono de broma que la estrategia de Graciano se resumía a Dénsela al Tony que tire y ustedes entran a rematar.
El CET


Las muchachas también tenían su rivalidad también con el CET y con el Colegio México. Bravas para jugar todas: Lucía Beltrán era bien aguerrida y Raquel Siqueiros era poderosa en los tableros. La Lupita Felix también controlaba bien la tabla y Sofía salía corriendo sin que nadie pudiera detenerla en los rompimientos.

No sé si el gimnasio todavía esté así pero en aquella época tenía gradas a lo largo de ambos lados de la cancha, y sin importar si el juego era contra Guerreros o el CET se llenaba a reventar, e incluso había gente que se quedaba a ver el juego parada porque no había lugar disponible. Calculo que de perdida irían unas 400 personas a vernos. Teníamos nuestros fans indiscutibles, como Paty la hermanita del Pepe, la Johana y el Felipito Omar que ahora entrena chicas. Nosotros y el CET llevábamos porras. De la prepa todo mundo se la pinteaba para ir a ver los juegos, ya era regla no escrita de que los compañeros irían a apoyarnos así que los maestros muchas veces nos acompañaban. Incluso el profe Rojo que nunca tuvo buena química con los alumnos, la primera vez que fue se emocionó tanto que no pudo aguantar la tensión de un juego contra el CET y se salió nervioso a fumarse un cigarro durante los últimos minutos y entró corriendo muy emocionado cuando escuchó que ganamos. Él era subdirector y jamás nos volvió a dar lata por ir a los juegos, todo lo contrario, se volvió fan.

Fueron juegos muy emocionantes y las rivalidades en la cancha se tornaban en amistad fuera de ella y solo hubo un par de incidentes violentos, uno contra Guerreros cuando el Tomate y el Liebre cayeron al piso peleando por un balón y el Liebre amagó con pegarle en la cara al Tomate, que se levantó de un salto, le dio una patada y terminaron expulsados los dos. Y el otro el Everardo iba en un rompimiento y al momento de tirar a la canasta el Pollo lo empujó por la espalda y se estrelló contra la pared. Se calentaron los ánimos, expulsaron al Pollo y el asunto no pasó a mayores. Por ahí luego supe que alguien le había ponchado las llantas al carro de Graciano por este incidente, pero no me consta que esto realmente haya sucedido.

Volvimos a los interprepas cuando ya iba en sexto semestre y el equipo funcionaba como relojito suizo. Entrenamos bien duro durante meses para esto, hasta nos desvelamos menos y los sábados íbamos a correr. Todo iba bien hasta que a Benito no le dieron permiso de acompañarnos y el Raúl que en ese momento estaba a cargo de dos departamentos de exportadora no pudo acompañarnos. Y ahí vamos a la buena de Dios, con un solo adulto en la comitiva, Jimenez Cobián que era parte del equipo de futbol. Así que íbamos el equipo varonil y femenil de basket y el varonil de futbol. De invitados iban el Fausto Murillo que es muy amigo de nosotros, el Josecín Ochoa y el Chuy el hijo de Nemesio que era muy amigo del Güero Maldoso.

Llegamos en la noche a La Paz y el chofer del camión nos dejó en el CREA y nos dijo aquí nos vemos dentro de cuatro días a las 8 de la mañana y se fue y que Dios nos bendiga. No recuerdo si alguien durmió en el CREA; no creo, la mayoría tenía familia o amigos en La Paz. Yo me fui con el Fausto a su departamento junto con el Juan Pablo, el niño Lyle y creo que el Pepe.
Un par de equipos de época

La mañana siguiente nos tocó el primer juego, pero antes nos tocó ver como Constitución destrozaba al CUM. La verdad sea dicha me impresionaron y no pensé que fuéramos capaces de ganarles. No me malentiendan, llevábamos muy buen equipo: El Güero maldoso era un monstruo abajo del aro y el niño Lyle y el Bombo hacían bien su parte. El Everardo era muy rápido y bueno para colarse, el Pepe tenía muy buen tiro de tres, defendíamos bien y traíamos mucha condición. Pero a estos tipos los vi de otro nivel. Jugamos el primer juego contra Loreto y les ganamos caminando. En la tarde nos tocó contra Constitución, curiosamente para cuando estábamos calentando ya se me había pasado la impresión y salimos con el cuchillo en la boca a darles pelea. Fue un juego a cara de perro, nos habían sacado 4 puntos de ventaja y faltando un par de minutos le dimos la vuelta al juego. Quedaban 20 segundos, teníamos el balón y dos puntos de ventaja y nos comimos el reloj sin que pudieran hacer nada. Como la rivalidad entre La Paz y Constitución es muy fuerte las porras estaban a nuestro favor y cuando el árbitro pitó el final la cancha se llenó de gente a abrazarnos y felicitarnos. Nosotros por supuesto estábamos extasiados hasta que el tipo de la mesa dijo.
--Disculpen, conté mal y gana Constitución por un punto
Y ahí empezó la alegata que empezó a subir de tono hasta que le agarré a patadas su mesa. El tipo salió corriendo con las hojas de anotación en la mano y en el calor del encabronamiento le tumbamos un aro a una cancha.

Por supuesto que reclamamos. Si bien es correcto que lo que diga en la hoja de anotaciones es el resultado oficial, por otra parte, si en el tablero pones un marcador incorrecto no permites tomar decisiones informadas; al final en vez de comernos el tiempo hubiéramos atacado. Lo que era muy claro es quién era el pendejo que había generado tal desmadre, el problema era el cómo reclamar y arreglarlo. Alegaban los organizadores que quien presentara la queja no podía ser un jugador de ningún deporte, y no llevábamos entrenadores, así que el encargado de meter la protesta fue el Josecín, que en esa época debe de haber tenido 15 años.

No nos dejaron acercarnos mientras el Josecín presentaba la protesta, a lo lejos solo mirábamos sus gestos de desesperación. Al final, supongo que viendo ya la causa perdida, les quitó sus papeles de la mesa, los tiró al piso y los empezó a pisotear mientras les gritaba en su cara ¡Maldita sea, son unos ladrones! y sí, sí lo eran. Tal vez el resultado de la negociación no fue el deseado, pero nunca me he sentido mejor representado. Josecín, tal vez con 30 años de retraso, muchas gracias.

En ese momento se acabó la ley seca que llevaba meses en vigor mientras nos preparábamos para este torneo. Nos fuimos a una discoteca y en la entrada nos encontramos a los de Constitución, momento tenso, pero se acercaron y nos dijeron que los disculpáramos no era culpa de ellos. Y ciertamente, no lo era. No hubo pleito pero cada quien agarró por su lado, no es como que nos íbamos a convertir en amigos en ese momento. La noche fue larga y tuvo muchas historias, la mía terminó en un pleito, amanecido en una fondita con unos tipos que ya habían puesto como cinco veces seguidas 'yo no nací para amar' y se molestaron porque les desconecté la rockola por enfadosos.

Llegamos a jugar contra el CUM como a las 11, algunos desvelados, otros crudos y otros todavía entonados. Les ganamos sin mucho problema y terminando fui por un par de caguamas. Por la dinámica del torneo ya a lo máximo que podíamos aspirar era al tercer lugar, el cual le ganamos al día siguiente a la prepa Gandhi. Cuando llegó el momento de recoger el trofeo el Everardo pasó por él y se le quedó viendo. Por un momento pensé que lo iba a tirar o a devolver, pero no, con una mirada de resignación se lo trajo.

Regresamos tristes y frustrados pero un par de días después ya estábamos en el gimnasio entrenando. El amor por el balón estaba intacto, ese no lo pudieron manchar.

*Dedicado con todo cariño al Profe Benito, mejor entrenador no pudimos tener. Y a mi compa Pulpo que no deja que la tradición del Basket muera en el pueblo.