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martes, 29 de mayo de 2018

Historia y Matemáticas

Roberto Rojo

El profe Rojo era mi archienemigo en la prepa, teníamos grandes diferencias y no las ocultábamos, era mi maestro de matemáticas de la prepa y como todos los semestres me dio clases, nos aventamos un pleito que duró tres años. Pero antes de empezar con toda la historia creo que es justo que reconozca que el profe Rojo no era un mal maestro, mis compañeros llegaron bien preparados a la universidad gracias a él. Yo las matemáticas las aprendí por otro lado.

Como les decía el pleito empezó desde primer semestre, yo a Rojo lo conocía porque me dio una semana clases en la primaria y se acordaba de mí, lo cual no fue muy bueno porque le daba por hacer chistoretes en clase y yo siempre resultaba ser la víctima. Probablemente no haya sido gran cosa porque no recuerdo ninguno, pero en los años de adolescentes la verdad es que somos bien delicaditos y no me gustaba para nada ser el hazmerreír del salón. Total que para no hacer el cuento más largo empecé a faltar cada vez con mayor frecuencia. El primer semestre alcancé a pasar apenitas con 6 y el segundo ya no la alcancé a librar y me fui al extraordinario.

Mi abuela montó en cólera, una cosa es que reprobara lectura y redacción y otra muy diferente que reprobara matemáticas. Consiguió que el Jesús Ojeda, que en ese entonces estudiaba ingeniería química en Tijuana, me diera clases en verano para prepararme para el extraordinario. Y así todos los días le pegábamos un par de horas, después nos íbamos a jugar basket y de regreso mi abuela nos tenía un pastel recién horneado. No puedo decir que le agarré al amor a las matemáticas en ese momento pero pasé el extraordinario con 9 y eso, para mí que siempre fui bastante burro para las matemáticas fue un gran logro.

El siguiente semestre mejoró un poco la relación con Rojo, ambos nos guardábamos un poco la distancia y con lo que había aprendido en verano ya no me fue tan mal en el curso y alcancé a pasar con 8. Llegó el Jesús de vacaciones de navidad y me ofreció enseñarme cálculo y yo acepté y empezó la misma rutina. Un par de horas diarias de estudio, luego basket en el gym y por último un pastelito de mi abuela. Aquí terminé de agarrarle gusto a las matemáticas. Me compré un librote de cálculo y durante todo cuarto semestre estudié por mi cuenta diariamente y ya pude sacar 10 sin mayor problema. Lo único que tal vez valga la pena mencionar es que en esos días me invitaron a participar en el concurso regional de física y matemáticas que organizaba la UNISON, el Diablo y el Huichol estudiaban allá y fueron los que me conectaron. Me puse a estudiar con ayuda del profe Larrinaga, la verdad me lo tomé muy en serio y estudiaba diario. Cuando ya se acercaba el fin de semestre y no llegaba la fecha del concurso fui a preguntarle a Rojo qué había pasado y me respondió sin inmutarse Ah sí, llegó tu invitación pero se me olvidó avisarte, el concurso fue hace dos semanas. Ni le reclamé ni nada, ahora sí que ya pa' que, pero que conste que así nos llevamos pensé.
Roberto Rojo


En las vacaciones de verano otra vez le pegamos duro al estudio, ahora ecuaciones diferenciales, así que cuando entré a quinto semestre ya traía muchas horas de estudio en mi espalda y estaba indeciso entre estudiar física o matemáticas. Y aquí es donde las cosas empezaron a complicarse para el profe, porque ya sabía más matemáticas que él y me tocaba la revancha. Empecé a corregirlo cuando se equivocaba en clases y una vez que se me puso terco con una identidad trigonométrica le borré el pizarrón y le derivé no solo la identidad en cuestión, sino otras veinte para demostrarle quién tenía el poder en el salón. Sí, estoy de acuerdo con ustedes en que me pasé de irrespetuoso y no pienso justificarme, estuvo mal, y simple y sencillamente lo hice porque podía.

En sexto semestre la primera clase de cálculo integral para su mala suerte cometió un error muy feo y yo siempre tan amable procedí a explicarle por qué estaba mal y a darle una introducción a teoría de operadores. Cuando terminó la clase habló conmigo y me dijo
- Mira Paredes, la verdad es que no le ayuda a tus compañeros que entres a clases, solo sirves de distractor, te propongo lo siguiente: ya tienes diez, no necesitas entrar a clases, ni hacer tareas ni exámenes, lo único que necesito de ti es que cuando empiece mi clase estés lejos del salón, no me importa si te vas a jugar basket, te quedas dormido en tu casa o te vas de vago, solo no quiero verte en el salón. ¿Tenemos un trato?
- Sí claro profe, va que va, no me vuelve a ver en clases.

Y el profe cumplió su palabra, mes tras mes me puso mi diecezote y yo no me paré en el salón. Y visto en retrospectiva esta fue una gran decisión. Él pudo dar su clase tranquilo y yo me iba al gym a cascarear con mi ego satisfecho. Ambos contentos.

Rojo fue una de mis grandes motivaciones, él me hizo estudiar más que nadie para poderle demostrar que yo era mejor. Involuntariamente el profe fue una gran influencia positiva en mi vida, aunque nos la hayamos pasado de pleito en pleito. Profe, si por casualidad llega a leer esto quiero darle las gracias por todo y lamento los malos ratos que le hice pasar, espero no le haya tocado otro alumno así. Un abrazo

Federico Osorio

Federico Osorio
Una de las cualidades que más aprecio de un maestro es la pasión por su materia y el amor por transmitirla, y en eso era campeón el profesor Osorio. Para muchos esto era molesto porque exigía un grado de compromiso mayor pero para otros hacía su clase realmente apasionante.Yo pertenecía a este segundo grupo. Me hice muy aficionado a la historia de mesoamérica y por un tiempo hasta tuve la idea de ser arqueólogo. El profe me compartió mucha información más avanzada que la que venía en el plan de estudios y platicamos mucho sobre códices, jeroglíficos, dioses y pirámides.

Recuerdo una clase en que nos lanzó un reto, al que se atreviera a contestarle una pregunta le pondría 10, pero si no sabía la respuesta el resultado sería un espantoso 5. Nadie se atrevió, pero no nos quisimos quedar con la curiosidad y le preguntamos cuál era la pregunta que nos tenía preparada.
¿Cuál es el campo de estudio de la historia? nos preguntó muy serio, y luego respondió enfático
¡El hombre!

 El profe era comunista y esto era algo que discutíamos a veces en el salón y se armaban grandes polémicas. El profe es del sur del país y eso hace que tengamos una visión diferente del mundo. A pesar de que Cristina Zamora no iba en mi generación supe de las discusiones épicas que tenía con el profe sobre este asunto y que hasta la fecha siguen teniendo en Facebook. Porque de todas las cosas que le puedo reconocer al profe Osorio la principal es que a pesar de haber pasado poco tiempo en el pueblo, siempre nos ha recordado con gran cariño y se mantiene en contacto, una amistad que lleva ya más de 30 años.

Al final no estudié arqueología pero lo que aprendí del profe Osorio fue a entrarle a los temas con pasión y eso me ha servido toda la vida. ¡Gracias profe!




sábado, 8 de octubre de 2016

El Gigio

El Gigio me dio clases de música en la secundaria y sin lugar a dudas fue el maestro que me dejó una huella más profunda de aquellos tiempos en los que estábamos más ocupados en reírnos, vagar y hacer desmadres que otra cosa. Tal vez porque estaba chavo resultaba más o menos fácil verlo un poco menos intimidante que el resto de los maestros; sin embargo, a pesar de la confianza que nos teníamos el trato siempre fue el de maestro y alumno, algunas veces bromeábamos pero siempre manteniendo el debido respeto.

El Gigio de maestro en la secundaria (1982)
 En primer año nos enseñó a leer una partitura y por supuesto a tocar la flauta dulce, esa de la que tantas bromas acerca de su utilidad se hacen ahora. No sé cómo pero me volví un apasionado de tocar la flauta. A mi familia no le debe de haber hecho gracia porque la tocaba a todas horas y no les daba un momento de descanso. Y así, después de mucho ensayar entré a la estudiantina.

A la estudiantina íbamos a ensayar por las tardes, hombres y mujeres de los tres grados. Teníamos un tololoche, un acordeón, unas mandolinas, muchas guitarras y flautas y por supuesto el coro. El ambiente en los ensayos era muy bonito; bromeábamos pero practicábamos duro y con seriedad y supongo que esto se notaría a la hora de tocar. Con la estudiantina nos invitaban a tocar a cuanto evento había en el pueblo: el grito, 20 de noviembre en el estadio, día de las madres, visitas de alguna autoridad y seguido en la asamblea de los lunes. Una vez fuimos al Vizcaíno creo que a un concurso de interpretación del himno nacional, pero no me crean mucho, no me acuerdo tan bien.

Cuando iba en primer año hubo un concurso de grupos musicales de escuelas secundarias a nivel nacional. La primera fase consistía de ir a La Paz y el ganador ahí iría al Distrito Federal a una presentación. Allá para nuestra fortuna ya no sería concurso, como pudimos atestiguar después.

Ir a competir a La Paz se nos hacía complicado porque en esa época tenían fama de localistas y sinceramente no pensábamos en ganar, pero de todos modos ensayamos con mucho entusiasmo. Nuestro prestigio no lo íbamos a devaluar por culpa de los jueces. Para nuestra sorpresa ganamos, de hecho del viaje a La Paz lo único que recuerdo es el momento en que Eva Luz me abraza y me dice que éramos ganadores y entramos corriendo emocionados al teatro. ¡Vámonos al DF!

No sé qué tanto habrán tenido que hacer el Gigio y el resto del personal de la secundaria para costear el viaje, supongo que exportadora habrá puesto una buena lana, porque éramos muchos y nos fuimos en avión, pero por mucho que haya puesto exportadora, estoy seguro que debe de haber sido muy grande el esfuerzo y a más de 35 años del evento creo que se siguen mereciendo un aplauso.

En el DF primero llegamos a un hotel que mis recuerdos me dicen que era la casa del estudiante sudcaliforniano, aunque parecía más hotel que otra cosa. Estábamos bastante cómodos pero la comida era muy mala y nos hartó muy rápido. Se me ocurrió subirnos al techo para desde ahí buscar otro lugar dónde comer. Como a 3 o 4 cuadras se miraba un parquecito y le dije al Everardo que seguro a un lado del parque habría dónde comer y un grupito como de 6 o 7 chamacos nos dimos a la tarea de ir en una expedición al parque en busca de comida menos mala. Encontramos un burguer king y devoramos lo que nos sirvieron, en la mesa de al lado estaban sentadas unas chilanguitas también de secundaria fumando bien tranquilas y quitadas de la pena. Esto nos impresionó mucho porque para nosotros fumar tenía el aire de travesura y era algo que se tenía que hacer a escondidas.

El evento duró tres días y a nosotros nos tocó presentarnos el segundo día. Como la entrada era gratis fuimos a ver a las otras secundarias el primer día. Realmente había grupos muy buenos, del DF había más de una secundaria y me parece justo porque realmente traían muy buen nivel, algunos de plano casi casi eran orquestas, con violines, tubas, clarinetes y cuanta cosa se puedan imaginar. Les digo, ¡qué bueno que no era concurso!

Al día siguiente nos tocó nuestro turno, el Gigio estaba super nervioso, creo que el resto de nosotros no tanto, tocar en la sala principal de Bellas Artes en nuestra ignorancia no era tan impresionante. Después del concurso en La Paz a una de las canciones que tocamos le añadimos un corito para que sonara más alegre, pero justo antes de salir a escena el Gigio nos pidió que lo canceláramos, creo que se le hizo muy solemne el escenario y nosotros muy poquitos como para que hiciera diferencia.
Yo en el pasillo de Bellas Artes

Cuando salimos a escena nos presentaron como la secundaria que venía del rincón más alejado del país y creo que no estaba muy equivocado el presentador. Y ahí nos ven, a unos 20 chamaquitos de Guerrero Negro parados en el escenario de la sala Benito Juárez del palacio de Bellas Artes. Me gustaría poder nombrar a todos los que fuimos, pero la verdad es que estaba muy chavo y mi memoria me traiciona.

El Gigio agarró aire y con cara de ¡ayúdanos Dios mío! empezó a mover la batuta y nosotros a tocar. Todo salió bien, nadie se equivocó y nos aplaudieron mucho y el Gigio pudo relajarse. Hasta ahí todo bien, lo malo vino después que tuvimos que cambiarnos de hotel y fuimos a dar a un hotelito de mala muerte pero eso ya era lo de menos.

De regreso a Guerrero Negro nos invitaron a tocar en muchos lados, es más, ¡hasta en el canal 8 salimos! Por supuesto que el siguiente año estábamos todos emocionados de ir a competir, incluso empezamos a ensayar para esto pero algo sucedió que de un día para otro el Gigio nos dijo que no íbamos a ir ni siquiera a La Paz porque estaba muy complicado. Apenas los que vivieron la organización de estos viajes saben el tamaño del problema. Obvio que nos dolió pero no nos deprimimos, ni dejamos de tocar. Junto con el Porfi Duarte y Rogelio el Guto Beltrán formamos el trío Galaxia y tocábamos música latinoamericana cada que había oportunidad. El Gigio solo nos supervisaba y nos daba consejos de cuando en cuando pero ya éramos más bien independientes.

Ahora bien, el Gigio antes que maestro era músico, esa era su pasión y siempre anduvo correteando el éxito, a veces con grupos y a veces como solista. No sé cuántos discos grabaría, será cuestión de revisar los cassetes de mi amá porque en casa siempre compramos su material. Qué ganas de escuchar de nuevo la canción de Hey doc Lagarde. Sus temas eran los míos.

No puedo decir que después de la secundaria nos frecuentábamos, pero cuando nos veíamos nos daba mucho gusto y platicábamos un buen rato. Yo siempre le tuve gran aprecio y admiración y estoy seguro que él se sentía orgulloso de que hubiera sido su alumno.

Me dicen que antes de su fallecimiento había sido seleccionado para participar en La Voz México. No sé los detalles y me duele mucho que su gran oportunidad se le haya escapado de esta manera. Sin embargo nos dejó su ejemplo, su alegría, su amor por la música y nuestro pueblo y por eso querido amigo, te doy las gracias.




jueves, 16 de octubre de 2014

20 de Noviembre ¡no se olvida!

Tal vez ustedes no lo recuerdan o no lo hayan vivido pero a principios de los 80 la economía del país empezó a irse al carajo vertiginosamente. Estaba en tercero de secundaria cuando el peso repentinamente se devaluó a cerca de 100 pesos por dolar y las cuentas en dólares de pronto se convirtieron en pesos, al tipo de cambio que al gobierno le dio la gana.

Durante estos días no se hablaba de otra cosa en nuestras casas que de lo difícil que se iba a poner la situación. Nosotros no éramos particularmente activos políticamente e incluso la sociedad de alumnos no era otra cosa que unos voceros al servicio de la dirección, tal y como lo requieren las buenas conciencias.

En medio de todo este ambiente llegaron los preparativos del desfile del 20 de noviembre, no solo con los ensayos sino también con los requerimientos de siempre: Tenis nuevos, pantalón y sudadera blancos y las pendejaditas adicionales para hacer el show.
No sé de quién fue la idea pero empezamos a discutir de lo innecesario de todos estos gastos y que el desfile muy bien se podía llevar a cabo con nuestro uniforme de la secundaria y así nuestros padres no tendrían que hacer esos gastos.

Poco a poco la idea fue tomando forma y decimos recabar firmas y presentar la propuesta en la dirección. Recuerdo que nos la pinteamos Guillermo y Loreto Talamantes, Homero Navarro y Yo y nos fuimos al parque y con una maquinita de escribir hicimos nuestra propuesta.

Los siguientes días fueron de mucha actividad convenciendo a los compañeros de que firmaran. No recuerdo cuantas firmas recabamos pero sí que la gran mayoría de a los que le pedimos firmaron.
Entregamos nuestra propuesta junto con todas las firmas creyendo sinceramente que era algo lógico y que no tendría mayor problema en que lo aceptaran. ¡Oh bendita inocencia!

Al día siguiente nos citaron en la dirección y nos reclamaron que por qué nos estábamos metiendo en cosas de política y que se notaba claramente que el escrito lo había hecho algún adulto que nos estaba manipulando. No sé si realmente estaba muy bien escrito o simplemente es el cliché con el que se pretende descalificar a cualquier movimiento estudiantil y que me ha tocado ver tantas veces repetido a lo largo de mi vida.

La discusión subió de tono y empezaron las amenazas. De nuestro lado que no íbamos a desfilar y del de ellos que si no desfilábamos nos bajarían calificación en matemáticas. Sin más que discutir salimos más bien confundidos. No entendíamos como la vanidad del desfile les impedía escuchar razones.

Años después entendí que la cuestión no era que les importara un carajo el dichoso desfile, sino que se sentían ultrajados por habernos atrevido a cuestionar su autoridad. Esto explica muchas cosas que estamos viviendo estos días.

De los maestros no recibimos mayor muestra de apoyo, solo la del Sergio Buelna, maestro de  mecánica, que nos reclamó que no le hubiéramos consultado cómo hacer las cosas.
Ahora tienen que aguantarse como los hombres y no desfilar fue lo último que nos dijo.
No hicimos mayor trabajo de convencimiento con los compañeros para que no desfilaran, pero eso sí, nosotros cuatro no lo hicimos. Y tal y como nos lo habían advertido llegó David el prefecto al salón con un tono amenazador a preguntar quién no había desfilado y el porqué. El Guillermo y el Loreto muy valientes y retadores simplemente respondieron Porque no. El Homero no me acuerdo y a mí se me abrió un poquito la cajuela y dije que había estado enfermo.

Nos aplicaron el dichoso descuento en matemáticas pero no nos importó gran cosa. Ambas partes ahora sabíamos de qué estábamos hechos

lunes, 7 de abril de 2014

Lupito



Los eventos que voy a relatar son tal cual mi memoria los registra y no sería honesto si no admitiera la posibilidad de que todo esto fuese tan solo una fantasía juvenil que con el paso de los años mi cerebro convirtió en memoria. Habiendo hecho la aclaración prosigo con mi relato.

Estábamos en segundo de secundaria y en esos días era bastante popular un juego que le llamábamos "el chícharo". La mecánica era muy simple, cuando alguien decía una grosería los demás lo agarraban a golpes hasta que gritara chícharo! Y entonces como por arte de magia los golpes cesaban hasta la siguiente majadería. Solo había un detalle, para que alguien pudiera pegarte tenía que haber establecido primeramente contigo un acuerdo de estar en el juego, al que le llamábamos "estar validos" así, sin acento.
Por supuesto entre los estudiantes casi todos estábamos valido con todos y solamente un maestro estaba valido con nosotros. Lupito

Lupito era nuestro maestro de español, un tipo muy bajito y delgado que ahora a la distancia me recuerda un poco al Gollum de la película. Tenía la siguiente pecularidad, era un pervertido y no disimulaba su preferencia por los muchachitos, en particular un compañero tenía que soportar que le dijera "mi periquito" con insistencia y por supuesto intentara tocarlo a cada oportunidad que se le presentara. Así en realidad el hecho de estar valido al chícharo con nosotros no era sino un pretexto para tocarnos aunque fuera brevemente. Como todo pedófilo trataba de convencernos de visitarlo en su casa con un ofrecimiento bastante patético, mazapanes del INPI, que tal vez algunos de ustedes recordaran que eran duros y malos. Me pregunto si alguna vez esto le habrá funcionado.

Una mañana estábamos el Pulpo, el Toño bilingue Flores, el Roby y yo pinteándonoslas atrás del taller de costura cuando llegó Lupito muy enojado, no con nosotros por habernos encontrado fuera del salón de clases, sino por alguna otra razón.
¿Qué traes Lupito? Le preguntó el Pulpo
Chingado alcanzó a responder sin disimular su coraje. Ahora bien, Lupito jamás decía una grosería y nunca nadie le había pegado en el chícharo, así que se nos presentaba una oportunidad inmejorable. Al Roby se le hizo el brazo como tornillo de las caricaturas de popeye y le dió un derechazo sólido en el pecho y Lupito cayó como Paquiao.
Inmediatamente me agaché a tomarle el pulso y no sentí nada
Roby lo mataste, ¿y ahora qué hacemos?
Rápidamente analizamos nuestras opciones, entre las cuales no se encontraba ir a la dirección a confesar lo sucedido. Decidimos que lo mejor sería deshacernos del cuerpo y como había una pila subterránea de agua a unos cuantos metros y además esta no tenía tapa, y nunca la tuvo durante los tres años que pasé ahí a pesar del peligro que esto implicaba, por ejemplo de que unos alumnos tiraran ahí el cadáver del maestro que acababan de asesinar.

Cada uno lo tomó de una extremidad y a mí me tocó el brazo derecho. Como además yo iba por enfrente fui el primero en notar que podrían vernos desde la dirección.

Aguanten, si lo tiramos en la pilita nos pueden ver desde la dirección.


¿Y entonces qué hacemos?

Hay que tirarlo atrás del cuartito de herramientas, ahí no nos ven y van a tardar en encontrarlo

Y ahí vamos cargando el cuerpo inerte de Lupito, lo tiramos donde lo planeamos sin que nadie nos viera y aprovechando que había varios pinos salados lo cubrimos con ramas y empezamos a echarle tierra para ocultar mejor el cadáver.
En eso estábamos cuando sonó el timbre del receso y pues había que irnos de ahí lo más rápido posible pero sin levantar sospechas. El Roby iba al frente caminando con paso decidido y de pronto nos increpó.

No vayan a decir nada cabrones, que ya maté una vez... ¡y puedo volver a matar!

Nos metimos a clases de matemáticas con el profesor Arturo y en eso estábamos cuando de pronto se abre la puerta y afuera estaba Lupito todo enterregado como si acabara de levantarse de su tumba, lo cual, técnicamente era correcto.

Maestro puedo hablar con Arce, Warner, Flores y Paredes.  Dijo temblando del coraje
El prof. Arturo apenas atinó a asentir asombrado por la pinta de Lupito
Salimos los cuatro apresuradamente y ya afuera del salón el Pulpo le soltó riéndose

No mames Lupito, pensamos que te habíamos matado!

Y Lupito empezó con amenazas de una venganza de la cual no íbamos a poder librarnos a menos que hiciéramos algo para compensarlo, pero el Toño que siempre tuvo una inteligencia muy aguda lo tomó del brazo, le hizo manita de cochi mientras le decía

Mira pinche puto, tú que dices algo y nosotros vamos a decir que te madreamos porque nos querías agarrar los huevos!
Con eso dimos por terminado el episodio y Lupito no volvió a jugar al chícharo y al menos a nosotros cuatro no volvió a molestarnos.

viernes, 18 de octubre de 2013

Lentes de rayos x




En tiempos anteriores cuando la gente todavía leía revistas, eran comunes los anuncios de cosas que se vendían por correo: cursos de inglés, de carpintería, electrónica y muchos más. Además anunciaban artículos novedosos, entre los que destacaban y que es lo que ocupa nuestra historia, los lentes de rayos x. El anuncio era muy curioso porque no ocultaba hacia qué tipo de gente iba dirigido. Pervertidos. Y no digo que nosotros, alumnos de secundaria al fin y al cabo, no lo fuéramos, pero eso de que con unos lentes pudieras ver desnudas a las morras la verdad se nos hacía muy inocente. 

Total que estando en segundo año, un día el Toño bilingüe Flores llevó unos lentes oscuros a la escuela y como no era algo común, muchos plebes se le quedaban viendo. Nos llamó la atención esto y las mentes tan creativas del Toño, el Pulpo y su servidor empezamos a urdir cómo sacarle provecho a esto. Al Toño fue al que se le ocurrió decir que eran lentes de rayos x y que estábamos viendo bichis a las morras. Yo, como mi mamá vendía revistas, lo cual me convertía automáticamente en un experto del tema, fui el encargado de iniciar el rumor, así como de certificar la autenticidad de estos como reales y verdaderos lentes de rayos x diseñados para ver morras bichis. 

No me costó trabajo iniciar el rumor, simplemente le dije a un par de amigas en confianza que los lentes del Toño eran de los que anunciaban en las revistas y que no pasaran enfrente de él porque las iba a ver desnudas. Con eso bastó, en cuanto vi que ellas empezaban a decirles a otras morras que tuvieran cuidado con los lentes mágicos me regresé con el Toño y el Pulpo y nos dispusimos a disfrutar del espectáculo. 

Sentados en la esquina del salón que está enfrente de la dirección rolándonos los lentes y atacados de la risa, mirábamos correr a las morritas como si fueran gacelas en el Serengueti. En eso pasa por enfrente de nosotros la Santa, caminando normalmente y echándonos una mirada desafiante como diciendo no les creo nada. Pero el Pulpo acabó rápidamente con esa pequeña rebelión. 

Oye Santa, que peludo lo tienes! 

Ayyy hijos de la chingada, los voy a acusar dijo mientras salía corriendo y nosotros soltábamos la carcajada. 

Dos minutos después llegó el profesor Arturo súper encabronado. Sin decirnos nada le quitó los lentes al Toño y se los puso, como para revisar si realmente eran lentes de rayos x. Nos dio tanta risa que un maestro pudiera pensar que los lentes eran reales que no podíamos parar de reir. Por supuesto que el profe Arturo se dió la encabronada de su vida. Temblando de coraje nos agarró como pudo del brazo y nos llevó a la dirección. Ahí entre el profe del Real y el profe Arturo, director y subdirector respectivamente, se dedicaron por cerca de una hora a darnos una buena regañada. Pero no, no era posible que paráramos de reír.

Por supuesto que nos prohibieron que volviéramos a llevar lentes oscuros a la escuela, pero salimos de la dirección victoriosos sin siquiera un reporte.