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lunes, 4 de junio de 2018

Las libretas universitarias son senpai

Entrar a la prepa fue un gran evento para mí; en muchos sentidos era dar el brinco y dejar de ser niño para convertirme en un adolescente hecho y derecho. Para empezar el hecho de tomar clases por la tarde y salir ya pasadas las diez de la noche me hacía sentirme como un adulto chiquito. También el poder pertenecer al equipo de basket de la prepa era otra de mis grandes ilusiones, era fan del equipo ese del Jesús, Ruso, Tony Rocha, el Machote etc., dirigidos por Daniel Piña y se me cocían las habas por usar ese uniforme. Por supuesto el tomar las clases que me prepararían para la universidad era parte del paquete que me tenía tan emocionado y que me tuvo tan nervioso durante los días en que parecía que la prepa se iba a cerrar y todos terminaríamos en el cet mar.

Por fin se confirmó que la prepa seguiría abierta y era momento de prepararme. Para empezar, fui con Lety y Rodolfo Ríos a comprarme unos Levi's porque solo tenía pantalones del uniforme de la secundaria, ni uno solo de otro color. Después me compré 4 libretas universitarias de esas de 200 hojas, era lo menos que podía hacer para materias tan importantes.

Las 4 libretas
Las libretas universitarias son cuadernos de gran calidad, muy bien encuadernados y con una tapa dura y muy resistente. Están hechas para resistir el paso del tiempo y por lo mismo sentía una necesidad imperiosa de que lo que escribiera en esas libretas tenía que ser importante. Compré también una libreta scribe para hacer las anotaciones de las clases en ella y luego pasar en limpio las notas a su libreta universitaria correspondiente. Pero pasaron un par de semanas y la verdad tan solo había encontrado un par de cosas dignas de escribirse en las libretas. Así que abandoné el plan y me compré más cuadernos scribe para todas las materias. No pensarán ustedes que pensaba mancillar las libretas a lo loco. Pensé que más adelante las cosas se pondrían más interesantes y valdría la pena usarlas. Pero no, con la excepción de algunas notas de cuando estudié para el concurso de física y matemáticas de la Unison las libretas terminaron la prepa casi en blanco.

Se alcanzan a ver recuerdos de Lucy, Bombo, Niño Lyle, Pepe y Paty Ibarra
Me las llevé a la universidad porque ahora sí las cosas serían importantes y les podría dar buen uso a mis libretas, las forré para que se mantuvieran mejor y estaba seguro que ahora sí tendría cosas que valiera la pena anotarlas. Pero por si las dudas también me compré un cuaderno scribe... y luego otros cuatro.

Me tomó hasta el sexto semestre llegar a materias que sintiera dignas de tener anotaciones en las libretas. No las llevaba de diario, sino las usaba para pasar en limpio las cosas más importantes que me sirvieran para estudiar y así las libretas tienen anotaciones de todas mis materias de física teórica, de variable compleja, funciones especiales y transformadas integrales y del curso con Pratab de ecuaciones diferenciales parciales. Y paren ustedes de contar, tal vez he usado el 40% de las hojas, algunas libretas tienen más uso que otras, pero en general tienen todavía mucho espacio libre.

Ya en Tijuana, un semestre entré a una maestría en computación, usé 6 hojas de una libreta para esto. También hay algunas notas de mis clases de italiano y algunos diseños del trabajo, pero no gran cosa. Guardé las libretas por si algún día regresaba a la escuela y hubiera cosas realmente interesantes que anotar.

Y así pasaron muchos años sin usarse, hasta que las encontró mi hijo de 13 años y tomó una para sus clases de japonés. Horrorizado vi mi cuaderno lleno de notas y rayones y solo atiné a decirle Hijo, es que las libretas universitarias... ¡son senpai!

martes, 29 de mayo de 2018

Historia y Matemáticas

Roberto Rojo

El profe Rojo era mi archienemigo en la prepa, teníamos grandes diferencias y no las ocultábamos, era mi maestro de matemáticas de la prepa y como todos los semestres me dio clases, nos aventamos un pleito que duró tres años. Pero antes de empezar con toda la historia creo que es justo que reconozca que el profe Rojo no era un mal maestro, mis compañeros llegaron bien preparados a la universidad gracias a él. Yo las matemáticas las aprendí por otro lado.

Como les decía el pleito empezó desde primer semestre, yo a Rojo lo conocía porque me dio una semana clases en la primaria y se acordaba de mí, lo cual no fue muy bueno porque le daba por hacer chistoretes en clase y yo siempre resultaba ser la víctima. Probablemente no haya sido gran cosa porque no recuerdo ninguno, pero en los años de adolescentes la verdad es que somos bien delicaditos y no me gustaba para nada ser el hazmerreír del salón. Total que para no hacer el cuento más largo empecé a faltar cada vez con mayor frecuencia. El primer semestre alcancé a pasar apenitas con 6 y el segundo ya no la alcancé a librar y me fui al extraordinario.

Mi abuela montó en cólera, una cosa es que reprobara lectura y redacción y otra muy diferente que reprobara matemáticas. Consiguió que el Jesús Ojeda, que en ese entonces estudiaba ingeniería química en Tijuana, me diera clases en verano para prepararme para el extraordinario. Y así todos los días le pegábamos un par de horas, después nos íbamos a jugar basket y de regreso mi abuela nos tenía un pastel recién horneado. No puedo decir que le agarré al amor a las matemáticas en ese momento pero pasé el extraordinario con 9 y eso, para mí que siempre fui bastante burro para las matemáticas fue un gran logro.

El siguiente semestre mejoró un poco la relación con Rojo, ambos nos guardábamos un poco la distancia y con lo que había aprendido en verano ya no me fue tan mal en el curso y alcancé a pasar con 8. Llegó el Jesús de vacaciones de navidad y me ofreció enseñarme cálculo y yo acepté y empezó la misma rutina. Un par de horas diarias de estudio, luego basket en el gym y por último un pastelito de mi abuela. Aquí terminé de agarrarle gusto a las matemáticas. Me compré un librote de cálculo y durante todo cuarto semestre estudié por mi cuenta diariamente y ya pude sacar 10 sin mayor problema. Lo único que tal vez valga la pena mencionar es que en esos días me invitaron a participar en el concurso regional de física y matemáticas que organizaba la UNISON, el Diablo y el Huichol estudiaban allá y fueron los que me conectaron. Me puse a estudiar con ayuda del profe Larrinaga, la verdad me lo tomé muy en serio y estudiaba diario. Cuando ya se acercaba el fin de semestre y no llegaba la fecha del concurso fui a preguntarle a Rojo qué había pasado y me respondió sin inmutarse Ah sí, llegó tu invitación pero se me olvidó avisarte, el concurso fue hace dos semanas. Ni le reclamé ni nada, ahora sí que ya pa' que, pero que conste que así nos llevamos pensé.
Roberto Rojo


En las vacaciones de verano otra vez le pegamos duro al estudio, ahora ecuaciones diferenciales, así que cuando entré a quinto semestre ya traía muchas horas de estudio en mi espalda y estaba indeciso entre estudiar física o matemáticas. Y aquí es donde las cosas empezaron a complicarse para el profe, porque ya sabía más matemáticas que él y me tocaba la revancha. Empecé a corregirlo cuando se equivocaba en clases y una vez que se me puso terco con una identidad trigonométrica le borré el pizarrón y le derivé no solo la identidad en cuestión, sino otras veinte para demostrarle quién tenía el poder en el salón. Sí, estoy de acuerdo con ustedes en que me pasé de irrespetuoso y no pienso justificarme, estuvo mal, y simple y sencillamente lo hice porque podía.

En sexto semestre la primera clase de cálculo integral para su mala suerte cometió un error muy feo y yo siempre tan amable procedí a explicarle por qué estaba mal y a darle una introducción a teoría de operadores. Cuando terminó la clase habló conmigo y me dijo
- Mira Paredes, la verdad es que no le ayuda a tus compañeros que entres a clases, solo sirves de distractor, te propongo lo siguiente: ya tienes diez, no necesitas entrar a clases, ni hacer tareas ni exámenes, lo único que necesito de ti es que cuando empiece mi clase estés lejos del salón, no me importa si te vas a jugar basket, te quedas dormido en tu casa o te vas de vago, solo no quiero verte en el salón. ¿Tenemos un trato?
- Sí claro profe, va que va, no me vuelve a ver en clases.

Y el profe cumplió su palabra, mes tras mes me puso mi diecezote y yo no me paré en el salón. Y visto en retrospectiva esta fue una gran decisión. Él pudo dar su clase tranquilo y yo me iba al gym a cascarear con mi ego satisfecho. Ambos contentos.

Rojo fue una de mis grandes motivaciones, él me hizo estudiar más que nadie para poderle demostrar que yo era mejor. Involuntariamente el profe fue una gran influencia positiva en mi vida, aunque nos la hayamos pasado de pleito en pleito. Profe, si por casualidad llega a leer esto quiero darle las gracias por todo y lamento los malos ratos que le hice pasar, espero no le haya tocado otro alumno así. Un abrazo

Federico Osorio

Federico Osorio
Una de las cualidades que más aprecio de un maestro es la pasión por su materia y el amor por transmitirla, y en eso era campeón el profesor Osorio. Para muchos esto era molesto porque exigía un grado de compromiso mayor pero para otros hacía su clase realmente apasionante.Yo pertenecía a este segundo grupo. Me hice muy aficionado a la historia de mesoamérica y por un tiempo hasta tuve la idea de ser arqueólogo. El profe me compartió mucha información más avanzada que la que venía en el plan de estudios y platicamos mucho sobre códices, jeroglíficos, dioses y pirámides.

Recuerdo una clase en que nos lanzó un reto, al que se atreviera a contestarle una pregunta le pondría 10, pero si no sabía la respuesta el resultado sería un espantoso 5. Nadie se atrevió, pero no nos quisimos quedar con la curiosidad y le preguntamos cuál era la pregunta que nos tenía preparada.
¿Cuál es el campo de estudio de la historia? nos preguntó muy serio, y luego respondió enfático
¡El hombre!

 El profe era comunista y esto era algo que discutíamos a veces en el salón y se armaban grandes polémicas. El profe es del sur del país y eso hace que tengamos una visión diferente del mundo. A pesar de que Cristina Zamora no iba en mi generación supe de las discusiones épicas que tenía con el profe sobre este asunto y que hasta la fecha siguen teniendo en Facebook. Porque de todas las cosas que le puedo reconocer al profe Osorio la principal es que a pesar de haber pasado poco tiempo en el pueblo, siempre nos ha recordado con gran cariño y se mantiene en contacto, una amistad que lleva ya más de 30 años.

Al final no estudié arqueología pero lo que aprendí del profe Osorio fue a entrarle a los temas con pasión y eso me ha servido toda la vida. ¡Gracias profe!




martes, 15 de mayo de 2018

Mr. Márquez y Rosalinda

Mr. Márquez
El profe Márquez era la mismísima esencia de lo cool. Era como una embajada andante de Nueva York, Manhattan aparecía un metro enfrente y desaparecía a un metro atrás de sus pasos. Con su sonrisa a flor de piel, el comentario certero a veces con un poco de sarcasmo y un ligera afición por las teorías de conspiración, lo hacían uno de mis maestros favoritos. 
Fue mi maestro de inglés en tercero y cuarto semestre de la prepa. Tenía un método muy particular de enseñar, nos obligó a esforzarnos al máximo, tuvimos que leer a Kafka en inglés, artículos del New Yorker, poemas de Walt Whitman, es decir, cosas complejas que nos obligaron a extender nuestras habilidades. No sé que tan correcto sea este método pero a mí me motivó a superarme y en cuarto semestre leí, diccionario en mano, mi primer libro en inglés; The sound and the fury de William Faulkner.
En la fiesta de graduación

Con Mr. Márquez aprendí de música y a apreciar la calidad de unas buenas bocinas. Escuché a OMD, Manhattan Transfer, The Cure y una larga lista de música que para mí era desconocida. Conocí el GQ y la pintura de Modigliani. El profe era sofisticado pero no un snob, podía tomarse una tecate roja con nosotros y reírse de nuestras babosadas.

Años después lo tuve de compañero en Samex en Tijuana y compartimos durante muchos meses oficina. Allí me enseñó a tener paciencia y no ponerme de mal humor cuando las cosas no salieran bien en el trabajo. El usaba un programa que escribí y que tenía un error que nunca pude resolver; a veces después de un rato de estar trabajando se cerraba sin previo aviso. Entonces el profe sonreía y me decía ya se cansó la hermana computadora, la apagaba e iba por un café y a platicar un rato en lo que la hermana computadora descansaba. Regresaba sonriente, prendía la computadora y seguía trabajando como si nada hubiera pasado.

En esos días platicábamos mucho de cine y nos recomendábamos películas y libros, platicábamos de Guerrero Negro y él pensaba que algún día volvería a trabajar a Exportadora. Algo que en esos días me parecía muy curioso es que no tuviera carro, pero su corazón Neoyorquino lo hacía caminar mucho y utilizar el transporte público. Esto no lo entendí hasta muchos años después.

Lamentablemente falleció hace algunos años mientras estaba de vacaciones. Le dio un ataque cuando se alistaba para ir al teatro. Sus amigos lo seguimos extrañando.

Rosalinda Flores

La profe Rosa era legendaria en la prepa, desde que entrabas ya sabías que tenías que estar preparado para lo peor. Ella daba Química y era dura como ella sola. No era mala, era justa, pero la clase tenía un nivel mucho más alto que al que está uno acostumbrado y eso traía como consecuencia una gran cantidad de reprobados.

El primero que sintió de que tan fuerte venía el asunto fue mi compa Chema. Como la fama era que química era la materia más difícil, mi compa asumió el reto y dijo fuerte y claro que él quería ser químico y, durante el primer mes de clases se encerró por las tardes a estudiar química. Llegó el primer examen y con él un 3.5 para mi compa. Pero todavía no perdía la fe y el siguiente mes siguió estudiando como si no hubiera un mañana, pero el resultado del segundo parcial no fue mucho mejor, a lo mejor alcanzó el 4, aunque no estoy seguro. Ahí tiró la toalla y volvió a sus hábitos normales y terminó como tantos otros haciendo un Moulinex.

En aquellos días en que la tele mandaba en la publicidad masiva, transmitían un comercial muy frecuentemente; un picador de verduras eléctrico, el mentado pica-lica moulinex, es muy fácil, solo tienes que hacer uno, dos, tres y la cebolla está lista. Y así a los que reprobaban química I, II y III les decíamos que habían hecho un moulinex, ¡y no eran pocos!
Q.F.B. Rosalinda Flores

En primer semestre había que batallar con la nomenclatura inorgánica y aprenderse todas las valencias, no era fácil y requería muchas horas de estudio a las que no estábamos acostumbrados. En tercer semestre era química orgánica y aunque se me hizo más fácil tampoco pude sacarme un 100. Y es que Rosalinda calificaba del 0 al 100 y su cien era algo mítico, como un unicornio. La única vez que supe que alguien se sacó un 100 con ella en química fue el Machetes, e hicimos una carnita asada para festejar el suceso.

La profe se llevaba bien con nosotros, a pesar de ser dura la respetábamos por ser justa, si le chambeabas seguro tendrías resultados, su clase no era aburrida pero tampoco demasiado amena, era lo más parecido a un clase de universidad que se puedan ustedes imaginar. De cuando en cuando se aventaba alguna broma, de la que nos reíamos mucho porque pensábamos que nadie se iba a reír porque era terriblemente mala para contar chistes.


El Cruz y yo nos hicimos muy aficionados a la química y nos pasábamos largas horas en el laboratorio y la profe nos consentía prestándonos la llave para que experimentáramos libremente. Hasta que un día nos cachó mientras intentábamos hacer nitroglicerina y ahí se acabó el corrido, jamás nos dejó volver a poner un pie en el laboratorio, lo cual no estuvo tan mal, capaz que explotábamos toda la prepa y nosotros con ella.

El Cruz estudió Química y yo Física, en gran parte por la motivación que ella nos dio. Creo que el resto de mi generación estaría de acuerdo con que ella nos enseñó a estudiar fuerte y nos preparó para los retos de la universidad. Y por ello, le estoy muy agradecido.


martes, 2 de enero de 2018

Últimos Semestres

Sexto Semestre

Cuando entramos a sexto semestre de prepa sucedió la cosa más extraña. Como que todos los maestros se pusieron de acuerdo y querían que ya nos fuéramos. La verdad todas las materias estuvieron facilitas y casi ni tarea dejaban, hagan de cuenta que íbamos nadando de muertito, nomás nos movíamos poquito y listo ya con eso pasábamos. Hasta Rosalinda le bajó a sus exigencias.

La profe Rosalinda era dura. No era mala, no era injusta, pero para pasar sus materias le tenías que invertir un buen tiempo y usar el cerebro. Famoso era hacer el Moulinex, es decir, los que reprobaban química I, II y III. Muchos dejaron la prepa por no pasar sus materias y otros tantos se atoraron un año hasta que pudieron librarla. Pero con todo y esto en sexto la llevábamos tranquila en ecología con ella.

Todo era unicornios y arco iris hasta una tarde que estábamos haciendo un examen bimestral de ecología. El salón tenía varios restiradores de la clase de dibujo técnico y algunos compañeros los usaban para todas las clases. Estos tienen un espacio que queda muy a la mano para guardar los cuadernos a diferencia de los bancos normales y eso los hacía muy prácticos. Total que a la mitad del examen la maestra empieza a caminar por todo el salón vigilándonos y cuando pasó por atrás del J. que estaba precisamente sentado en un restirador, le preguntó
- ¿Cómo vas J.?
- Bien maestra pero me faltaron apuntes
- Y estos que tienes aquí ¿qué? le dijo mientras le sacaba del restirador el puño de notas de donde estaba copiando
La maestra Rosalinda Flores

El tiempo se detuvo, casi nos morimos del susto. Lo habían descubierto copiando y conociendo a Rosalinda seguramente lo iban a correr de la prepa faltando tan solo un par de meses para terminarla. Hasta el viento tuvo miedo y nadie se atrevió a pronunciar palabra. Hay momentos en la vida en que te la tienes que jugar fría y eso hizo el J. Como si no hubiera pasado nada hizo de tripas corazón y siguió haciendo su examen.

No sabíamos qué iba a pasar, al menos yo no. Tal vez sí habló con él en privado, no lo sé. Pero no lo acusó y no lo corrieron. Hasta donde mi memoria alcanza tan solo le bajó un punto en el examen. Les digo, ya era sexto semestre y querían que nos fuéramos



Noveno semestre

Cuando entré al noveno y último semestre de la carrera pensé que iba a ser lo mismo que en sexto de la prepa. No podía haber estado más equivocado, no había pasado una semana cuando ya nos traían en chinga. Y no es que las materias fueran algo particularmente difícil pero sí andaban muy activos los maestros.

El problema principal parecía que iba a ser Física Teórica V: Mecánica Estadística con la doctora Laura Viana. La señora era de un carácter fuerte y le gustaba mucho tener la razón; permítanme ejemplificar; una mañana se me ocurrió preguntarle la diferencia entre dos conceptos
--Oiga maestra, ¿qué diferencia hay entre tal y tal concepto?
-- Ninguna
-- Oiga maestra, pero la formulación matemática es diferente
-- De todos modos, no hay diferencia
-- Oiga maestra pero el Kittel (libro de texto) dice esto y esto otro
-- El Kittel está mal
Tomé aire y reflexioné un momento, ya era el último semestre de la carrera y mi espíritu combativo se había agotado y lo único que me quedaba eran las ganas de salir de la escuela lo antes posible así que respondí
-- Mire maestra, si usted me dice que el azul es verde, es verde el cabrón
-- ¡Esos son los alumnos que me gustan! 

Y así íbamos navegando por el último semestre viendo la luz al final del túnel cuando nos llegó el rumor de que la maestra había dicho que todos íbamos a reprobar por diferentes razones; yo, por supuesto, por llegar tarde a clases que creo que eran a las 7 de la mañana. Pero bien dicen que cuando Dios no tiene nada que hacer ayuda a los pendejos y la maestra se accidentó. Nada demasiado grave, solo lo justo para que se incapacitara y ya no fuera a dar clases. Diseño inteligente que le llaman.

Fui al instituto de física a buscarla a ver que iba a pasar con el curso y me la encontré con el collarín puesto y con ganas de irse a su casa
--Maestra qué bueno que la encuentro, ¿qué va a pasar con el curso?
-- Yo no sé, yo me voy a incapacitar y me voy para mi casa
-- ¿Me puede entregar mis exámenes y tareas para ver cómo voy?
-- Sí, claro, vamos a mi cubo

Ya en su cubo me entregó un folder con todas mis tareas y exámenes, tan solo unos pocos estaban calificados, todos con diez, eso sí.
-- Oiga maestra, faltan muchos por calificar
-- Ah sí, es que cuando alguien hace las cosas bien siempre las hace bien, entonces supongo que todo lo demás también está correcto.
-- Bueno maestra, muchas gracias y que se mejore

Como ya faltaban solo tres semanas para que se acabara el semestre nadie quiso tomar el toro por los cuernos y darnos las clases faltantes. Al final el profe Francisco Medina se aventó y nos puso un examen con el que calificaría todo el semestre. 10 problemas, para llevar, una semana para hacerlos. De las demás materias ya tenía calificación aprobatoria, solo faltaba esta. Terminé los problemas un par de días antes del deadline y como tenía la seguridad de que estaban correctos me fui a festejar con unos amigos que por fin había terminado la escuela. Y llegué amanecido con el profe a entregar mis soluciones.

Tres días después ya era oficial que había aprobado con nueve y había terminado la escuela. This moment of my life, is called happiness





domingo, 29 de octubre de 2017

Interprepas

El equipo de basketball en mis tiempos era parte fundamental de la identidad de la prepa. Cuando salí de la secundaria gran parte de la emoción de entrar a la prepa era estar en el equipo, para mi mala suerte todos los jugadores buenos eran de sexto semestre y cuando entré el equipo estaba prácticamente vacío. Así que el equipo estaba formado principalmente con jugadores de primer semestre y algunos más grandes que, con la excepción del Alberto Flores y el Machote, eran más bien jugadores de otros deportes. Como se podrán imaginar seguido nos ponían unas buenas friegas. ¿Quiénes?, todos los equipos de primera fuerza. Era tradición que la prepa tuviera equipo de primera fuerza así que aunque no tuviéramos nivel ahí íbamos envalentonados a hacer el ridículo una o dos veces por semana.

El primer entrenador que tuvimos era Daniel Piña. Daniel no era del pueblo, no llegué a conocerlo tan bien como para saber de dónde venía ni qué hacía además de entrenarnos. Lo que es cierto es que sabía mucho de basketball y muy probablemente es el mejor jugador que ha tenido el pueblo. Recuerdo el primer entrenamiento, estábamos todos a su alrededor y el solo nos miraba hasta que el Everardo le dijo De plano sí nos vemos muy madreados ¿verdad? y él respondió No, pero sí están muy chiquitos y sus entrenamientos se enfocaron en fortalecernos y en aprender a que no nos golpearan. Esto me sirvió mucho durante todos los años que jugué basket.

El Gordo Velarde, Everardo Gaxiola, Pepe Ibarra, el niño Lyle y yo.
Con este equipo fuimos a los interprepas a Ciudad Constitución. Para nuestra mala suerte el año anterior el equipo de mi prepa había quedado campeón, así que nos pasaron a la segunda ronda por default sin jugar. El primer y único juego que jugamos fue precisamente contra Constitución, en una cancha toda resbalosa que apenas se podía caminar, y correr era más bien una combinación de valentía con irresponsabilidad. Habíamos comprado un adherente en una refaccionaria y le pusimos a las suelas de los tenis pero no servía de gran cosa. Tiramos coca cola y la pisamos para que estuvieran un poquito pegajositos los tenis pero de todos modos estaba de la fregada jugar ahí. Nos pusieron una chinga y nos eliminaron rapidito. No por lo resbaloso de la cancha sino por malos. Nos divertimos, eso sí. A los de futbol no les fue tan mal, ni al Huichol y al Dina tampoco en ajedrez. Nos llevó el Raúl Lyle que era nuestro director, y a pesar del triste papel que hicimos no hizo nada que demostrara enojo o desilusión, lo cual le agradezco hasta esta fecha.

Benito nos empezó a entrenar por ahí de cuarto semestre. No estoy muy seguro porque por esas fechas también fue mi entrenador en la selección juvenil del pueblo y con los Crazy's, así que las fechas se me confunden.

El gimnasio 21 de octubre era nuestra casa. Como íbamos a la escuela por la tarde teníamos el gym para nosotros solos por la mañana. No llegábamos muy temprano pero a las 9 ya estábamos todos listos para salir a correr juntos hombres y mujeres. Salíamos del gimnasio y tomábamos el camino que va a las cruces, ahí doblábamos hacia el este y nos metíamos hacia los médanos. Avanzábamos tal vez un kilómetro y nos regresábamos por donde mismo, aunque algunas veces tomábamos línea recta a campo traviesa hacia el gym.

Cuando llegábamos de regreso el profe Benito ya estaba esperándonos. Como la corrida nos servía para calentar aprovechábamos bien el tiempo del entrenamiento. Muchos ejercicios para mejorar nuestra defensa, acondicionamiento y tiempo de reacción. También trabajábamos mucho en los fundamentos. Algunos ejercicios los hacíamos juntos hombres y mujeres, otros nos dividíamos media cancha para cada quien. ¡Deberían de habernos visto! volábamos cuando hacíamos 8s, tres pases y la pelota ya estaba en la canasta del lado contrario. En esos días no sabía el significado de la palabra cansancio, podíamos jugar personal toda la cancha todo el juego sin problemas.

El estilo de juego del profe Benito era simple pero efectivo: Trabajar duro los fundamentos, defensa férrea y hacer que el contrario se equivoque. Sin gritos ni presiones innecesarias íbamos todos los días a entrenar sin faltas ni pretextos. Después del entrenamiento muchos nos íbamos a la biblioteca de la prepa a jugar ajedrez y perder el tiempo.

Para entonces ya habían entrado a la prepa más morros basketboleros: el Pepe, el Tomate, el Güero Maldoso, Jorge Lyle; además ya habíamos crecido y le jugábamos de tú a tú a cualquier equipo, y si se descuidaban, los cansábamos y les ganábamos por treinta puntos.

Los Guerreros
Teníamos dos rivalidades legendarias: con el CET y los Guerreros. Eran rivalidades diferentes, jugar con los Guerreros era un poco más pausado, ya eran trabajadores y supongo no tendrían el mismo tiempo para entrenar, aunque tenían un par de postes fuertes y buenos para jugar: El Pulpo y el Liebre. Además el Murcia era un tirador muy peligroso desde cualquier lado de la cancha y no se cansaba. Lo tenías que corretear por todos lados durante todo el juego, si no, corrías el riesgo de que te metiera 30 puntos con la mano en la cintura.

Con el CET era diferente porque con excepción del Chiri, todos estaban morros como nosotros. Con el CET jugaban: el Pollo, Coco, Chore, Willy, el Calaca, Jaime Higuera, Chiri, Martín Romero, el Eddy y Tony Meza. El profe Graciano era su entrenador. Su mejor jugador, al menos como yo lo recuerdo era mi compa Tony, hasta decíamos en tono de broma que la estrategia de Graciano se resumía a Dénsela al Tony que tire y ustedes entran a rematar.
El CET


Las muchachas también tenían su rivalidad también con el CET y con el Colegio México. Bravas para jugar todas: Lucía Beltrán era bien aguerrida y Raquel Siqueiros era poderosa en los tableros. La Lupita Felix también controlaba bien la tabla y Sofía salía corriendo sin que nadie pudiera detenerla en los rompimientos.

No sé si el gimnasio todavía esté así pero en aquella época tenía gradas a lo largo de ambos lados de la cancha, y sin importar si el juego era contra Guerreros o el CET se llenaba a reventar, e incluso había gente que se quedaba a ver el juego parada porque no había lugar disponible. Calculo que de perdida irían unas 400 personas a vernos. Teníamos nuestros fans indiscutibles, como Paty la hermanita del Pepe, la Johana y el Felipito Omar que ahora entrena chicas. Nosotros y el CET llevábamos porras. De la prepa todo mundo se la pinteaba para ir a ver los juegos, ya era regla no escrita de que los compañeros irían a apoyarnos así que los maestros muchas veces nos acompañaban. Incluso el profe Rojo que nunca tuvo buena química con los alumnos, la primera vez que fue se emocionó tanto que no pudo aguantar la tensión de un juego contra el CET y se salió nervioso a fumarse un cigarro durante los últimos minutos y entró corriendo muy emocionado cuando escuchó que ganamos. Él era subdirector y jamás nos volvió a dar lata por ir a los juegos, todo lo contrario, se volvió fan.

Fueron juegos muy emocionantes y las rivalidades en la cancha se tornaban en amistad fuera de ella y solo hubo un par de incidentes violentos, uno contra Guerreros cuando el Tomate y el Liebre cayeron al piso peleando por un balón y el Liebre amagó con pegarle en la cara al Tomate, que se levantó de un salto, le dio una patada y terminaron expulsados los dos. Y el otro el Everardo iba en un rompimiento y al momento de tirar a la canasta el Pollo lo empujó por la espalda y se estrelló contra la pared. Se calentaron los ánimos, expulsaron al Pollo y el asunto no pasó a mayores. Por ahí luego supe que alguien le había ponchado las llantas al carro de Graciano por este incidente, pero no me consta que esto realmente haya sucedido.

Volvimos a los interprepas cuando ya iba en sexto semestre y el equipo funcionaba como relojito suizo. Entrenamos bien duro durante meses para esto, hasta nos desvelamos menos y los sábados íbamos a correr. Todo iba bien hasta que a Benito no le dieron permiso de acompañarnos y el Raúl que en ese momento estaba a cargo de dos departamentos de exportadora no pudo acompañarnos. Y ahí vamos a la buena de Dios, con un solo adulto en la comitiva, Jimenez Cobián que era parte del equipo de futbol. Así que íbamos el equipo varonil y femenil de basket y el varonil de futbol. De invitados iban el Fausto Murillo que es muy amigo de nosotros, el Josecín Ochoa y el Chuy el hijo de Nemesio que era muy amigo del Güero Maldoso.

Llegamos en la noche a La Paz y el chofer del camión nos dejó en el CREA y nos dijo aquí nos vemos dentro de cuatro días a las 8 de la mañana y se fue y que Dios nos bendiga. No recuerdo si alguien durmió en el CREA; no creo, la mayoría tenía familia o amigos en La Paz. Yo me fui con el Fausto a su departamento junto con el Juan Pablo, el niño Lyle y creo que el Pepe.
Un par de equipos de época

La mañana siguiente nos tocó el primer juego, pero antes nos tocó ver como Constitución destrozaba al CUM. La verdad sea dicha me impresionaron y no pensé que fuéramos capaces de ganarles. No me malentiendan, llevábamos muy buen equipo: El Güero maldoso era un monstruo abajo del aro y el niño Lyle y el Bombo hacían bien su parte. El Everardo era muy rápido y bueno para colarse, el Pepe tenía muy buen tiro de tres, defendíamos bien y traíamos mucha condición. Pero a estos tipos los vi de otro nivel. Jugamos el primer juego contra Loreto y les ganamos caminando. En la tarde nos tocó contra Constitución, curiosamente para cuando estábamos calentando ya se me había pasado la impresión y salimos con el cuchillo en la boca a darles pelea. Fue un juego a cara de perro, nos habían sacado 4 puntos de ventaja y faltando un par de minutos le dimos la vuelta al juego. Quedaban 20 segundos, teníamos el balón y dos puntos de ventaja y nos comimos el reloj sin que pudieran hacer nada. Como la rivalidad entre La Paz y Constitución es muy fuerte las porras estaban a nuestro favor y cuando el árbitro pitó el final la cancha se llenó de gente a abrazarnos y felicitarnos. Nosotros por supuesto estábamos extasiados hasta que el tipo de la mesa dijo.
--Disculpen, conté mal y gana Constitución por un punto
Y ahí empezó la alegata que empezó a subir de tono hasta que le agarré a patadas su mesa. El tipo salió corriendo con las hojas de anotación en la mano y en el calor del encabronamiento le tumbamos un aro a una cancha.

Por supuesto que reclamamos. Si bien es correcto que lo que diga en la hoja de anotaciones es el resultado oficial, por otra parte, si en el tablero pones un marcador incorrecto no permites tomar decisiones informadas; al final en vez de comernos el tiempo hubiéramos atacado. Lo que era muy claro es quién era el pendejo que había generado tal desmadre, el problema era el cómo reclamar y arreglarlo. Alegaban los organizadores que quien presentara la queja no podía ser un jugador de ningún deporte, y no llevábamos entrenadores, así que el encargado de meter la protesta fue el Josecín, que en esa época debe de haber tenido 15 años.

No nos dejaron acercarnos mientras el Josecín presentaba la protesta, a lo lejos solo mirábamos sus gestos de desesperación. Al final, supongo que viendo ya la causa perdida, les quitó sus papeles de la mesa, los tiró al piso y los empezó a pisotear mientras les gritaba en su cara ¡Maldita sea, son unos ladrones! y sí, sí lo eran. Tal vez el resultado de la negociación no fue el deseado, pero nunca me he sentido mejor representado. Josecín, tal vez con 30 años de retraso, muchas gracias.

En ese momento se acabó la ley seca que llevaba meses en vigor mientras nos preparábamos para este torneo. Nos fuimos a una discoteca y en la entrada nos encontramos a los de Constitución, momento tenso, pero se acercaron y nos dijeron que los disculpáramos no era culpa de ellos. Y ciertamente, no lo era. No hubo pleito pero cada quien agarró por su lado, no es como que nos íbamos a convertir en amigos en ese momento. La noche fue larga y tuvo muchas historias, la mía terminó en un pleito, amanecido en una fondita con unos tipos que ya habían puesto como cinco veces seguidas 'yo no nací para amar' y se molestaron porque les desconecté la rockola por enfadosos.

Llegamos a jugar contra el CUM como a las 11, algunos desvelados, otros crudos y otros todavía entonados. Les ganamos sin mucho problema y terminando fui por un par de caguamas. Por la dinámica del torneo ya a lo máximo que podíamos aspirar era al tercer lugar, el cual le ganamos al día siguiente a la prepa Gandhi. Cuando llegó el momento de recoger el trofeo el Everardo pasó por él y se le quedó viendo. Por un momento pensé que lo iba a tirar o a devolver, pero no, con una mirada de resignación se lo trajo.

Regresamos tristes y frustrados pero un par de días después ya estábamos en el gimnasio entrenando. El amor por el balón estaba intacto, ese no lo pudieron manchar.

*Dedicado con todo cariño al Profe Benito, mejor entrenador no pudimos tener. Y a mi compa Pulpo que no deja que la tradición del Basket muera en el pueblo.



martes, 14 de marzo de 2017

Tercia de ases

El Chema y el Juan Pablo han sido mis amigos toda la vida y tenemos muchísimas anécdotas que recordar, sin embargo muchas de ellas no estoy tan seguro que sea conveniente que se enteren nuestros hijos; pero rascándole un poco encontré unas que les puedo compartir sin problemas (espero).

La palabra de Dios.

En aquellos tiempos ochenteros se empezaron a popularizar los cassetes y los cartuchos de 8 tracks estaban por desaparecer rápidamente. El problema es que no había manera de pasar la música de tus 8 tracks a los nuevos cassetes y esto no era un inconveniente menor.

Al Prieto Ruiz, papá del Chema, el Panchito su hijo le compró una grabadora y se dispuso a hacer lo que todos hacíamos en esos tiempos, poner las bocinas del estereo cerquita de la grabadora nueva para poder grabar en un cassete la música de los 8 tracks. El problema con este método es que todo ruido exterior también se quedaba grabado, así que había que hacerlo con mucho cuidado y de preferencia cuando la casa estuviera sola. Ese día el Prieto estaba grabando y nos tuvimos que salir espichaditos de la casa del Chema pues si bien el Prieto no era demasiado corajudo cuando se enojaba  se ponía intenso el asunto. Así que el no hacer ruido estaba el mejor de nuestros intereses.

Total que al salir de la casa rumbo al gimnasio nos encontramos a un muchachito testigo de Jehová y por supuesto que nos quería predicar pero el Chema le dijo

Mira, nosotros tenemos un compromiso muy importante pero ahí adentro de la casa está un señor que le interesa mucho la palabra de Dios pero tócale fuerte porque es medio sordo y no te va a oír

Y ahí va el pobre muchachito y nosotros nos quedamos escondidos atrás de un carro para ver la regañada que seguro se avecinaba

Señor, señor! Le traigo la palabra de Dios!

Se oyeron los gritos y diez segundos más tarde el Prieto lo llevaba de las orejas para afuera bien encabronado y nosotros atacados de la risa sin salir de nuestro escondite.


Corte de pelo a traición

Cuando salimos de la secundaria por fin teníamos la libertad de dejarnos crecer el pelo tan largo como quisiéramos y por supuesto decidí dejármelo largo como el Buki. A mi abuela esto no le hizo gracia y diario me presionaba para que me lo cortara, sin mucho éxito pues yo era bastante terco.

Por allá por noviembre le empezó a subir de tono y los reclamos se fueron convirtiendo en amenazas de cortarme el pelo mientras dormía. Una noche sentí que ya era muy en serio el asunto y me puse un sleeping bag como forro para protegerme antes de dormir y el Chema me puso una cobija encima para que no se me notara. Más tarde escuché los pasos de mi abuela que entró espichadita para no despertarme, me empezó a buscar la cabeza pero se topó con el sleeping. No me dijo nada y se salió tal y como había entrado.

Al día siguiente sospeché que iba a regresar con ganas de venganza, así que no solo me puse el sleeping bag, sino que le pedí al Chema que no solo me echara la cobija encima sino que además me amarrara a la cama. Y sí, tal y como lo predije, en medio de la noche llegó mi abuela con las tijeras en la mano, de nuevo me buscó el cabello pero esta vez sí se enojó de a deveras cuando no encontró forma de trasquilarme. Prendió la luz y descubrió el sleeping y me dice
¡Como eres simple, ni que te fuera a hacer algo!
¿Ah sí? ¿y esas tijerotas entonces para que las quieres?  le dije asomándome por un huequito que le había descosido a la orilla del sleeping para poder respirar. Y que se enoja más y me empieza a dar de cintarazos pero con la cobija y el sleeping obvio que no me dolía y nomás me estaba riendo. Y entonces me quiso jalar de los pies, pero el Chema había hecho un buen amarre y no me pudo sacar de mi protección. Así que al día siguiente no le quedó de otra más que llegar a una negociación y a cambio de unos pasteles accedí a cortarme el pelo antes de los quince años de la Adriana.


La última travesura

Con el paso de los años uno deja de hacer diabluras y nosotros ya no estábamos tan chamaquitos, tal vez tendríamos unos 21 o 22 años o quizá un poco más. Los tres estábamos estudiando en el norte y en esas vacaciones de diciembre coincidimos en el pueblo y andábamos de vagos como en los viejos tiempos; caminando, platicando, riéndonos. Felices, como es la vida de estudiantes.

Si bien seguíamos siendo muy amigos la verdad es que en ese tiempo Chema y Juan Pablo se habían distanciado un poco pero esa noche se sentía como los antiguos tiempos en la prepa. Tal vez por eso a alguien, no recuerdo a quién, se le ocurrió que sería buena idea hacer una travesura como las de antes. No hallábamos que hacer, nuestra mente que antes se desbordaba de ideas, ahora estaba más bien atrofiada. Despues de un rato de cavilar sin éxito nos encontramos a un velador dormido en su camioneta y ahí se nos iluminó el cerebro. Rodeamos la camioneta mientras el velador roncaba bien a gusto. Ya se miraba un poco grande el señor pero eso no nos importó, es una travesura inocente pensamos. Contamos hasta tres y al mismo tiempo le empezamos a pegar en las ventanas gritando incoherencias. Imediatamente después salimos corriendo cada quien en diferente dirección para que no se le ocurriera seguirnos, lo cual por supuesto no sucedió, bastante asustado debe de haber quedado el pobre señor.

Nos reunimos afuera del kinder y nos fuimos a dormir riéndonos, felices aunque un poco apenados, eso sí.

domingo, 12 de febrero de 2017

La Prepa y el Rulo

Cuando iba a entrar a la prepa corría el rumor que la iban a cerrar, esto por supuesto que no me hacía ninguna gracia, mis mejores amigos iban a entrar ahí y además quedaba a una cuadra de mi casa. Hubo juntas, presión y afortunadamente la prepa se quedó en el mismo lugar y eso fue lo mejor que me pudo haber pasado.

Para empezar la prepa solo tenía turno vespertino y lo mío nunca han sido las levantadas temprano, entrábamos a las cinco de la tarde y salíamos a las diez quince y eso era formidable. Además las clases eran otro rollo muy diferente a la secundaria y esto me hacía sentirme grande. En primer semestre tuve puros buenos maestros. Recuerdo con especial cariño a la maestra Alicia Romero aunque reprobé realmente disfruté su clase. El Raúl Lyle era el director, después me daría clases en segundo semestre pero de eso hablaré más adelante.

El Rulo estaba muy joven para ser director aunque supongo que no debe de haber sido un puesto muy competido; el sueldo no debe de haber sido atractivo y batallar con una escuela cuya existencia estaba en la cuerda floja me parece que era más un apostolado que un trabajo. Pero así se ha ido construyendo nuestro pueblo, a base de terquedad y sudor de voluntarios.
El Rulo circa 1985


El Rulo era buen director, era raro que hubiera problemas o que los maestros faltaran. Todo estaba limpio y sin grafitti, y aunque parezca un detalle menor, en el baño siempre había papel, algo que rara vez sucedería en mi facultad en la UABC.

En segundo semestre me dio clases, no recuerdo de qué pero debe de haber sido alguna materia de ciencias sociales. Como maestro era regular, ni muy bueno ni muy malo. Lo más memorable era la costumbre que tenía de pararse en la orilla del templete y estarse balanceando durante toda la clase. Pensábamos que tarde o temprano terminaría por darse un chingadazo pero esto por alguna extraña razón nunca sucedió.

Ese semestre me dio por no asistir a clases de matemáticas con el profesor Rojo, esto es tema de otra historia pero por hoy vamos a dejarlo en que después de tres meses sin asistir el Rulo decidió que era momento de notificar en mi casa. Ese día antes de salir me llamó a su oficina y no me sermoneó, simplemente me entregó un sobre y me dijo que no regresara hasta que no viniera mi mamá a hablar con él.

Cuando llegué a la casa leí la nota y pues sí, me había suspendido de la prepa. Por supuesto que no le di la carta a mi mamá, si me iban a correr no iba a ser así de fácil. A la tarde siguiente llegué a la prepa como si no hubiera pasado nada. Para mi mala suerte solo habría dado un par de pasos dentro del edificio cuando me encontré de frente con el Raúl.
Carta de suspensión

- ¿No te había corrido yo a ti? me reclamó serio pero no enojado.
- No seas simple Rulo, ya voy a entrar a clases con Rojo, no la hagas de tos. Le respondí y seguí caminando hacia mi salón sin voltear ni detenerme, en la esperanza de que no me hablara para correrme ahora sí en serio. Entré a mi salón y no volvimos a tocar el tema

Como ya les dije el Rulo era buen director, siempre nos apoyó en cuanto mitote anduviéramos metidos: ajedrez, atletismo, club de teatro, fiestas, grupo musical, futbol y por supuesto al equipo de basket. Sí había que rogarle y negociar pero siempre fue razonable, no lo mareaba estar en una posición de poder como les sucede tan comúnmente a los maestros. Cuando algo se podía nos apoyaba sin mayor trámite; cuando no se podía nos lo decía sin mayores ceremonias. Tal vez por esto le teníamos mucho más respeto a su persona que a su posición.

De las actividades de compartía con nosotros creo que sus favoritas eran el ajedrez y el atletismo. El ajedrez obvio le venía de sangre pues Don Ricardo, su papá, era el mero capo del ajedrez en el pueblo. El Raul no era tan bueno pero si lo suficiente para ganarnos la mayoría de las partidas. Pero creo que correr le gustaba más. Un tiempo nos dio por correr diez kilómetros y nos pusimos medio serios con respecto a esto. Nos íbamos el fin de semana a acampar a la laguna Manuela, corríamos un poco antes de que anocheciera, acampábamos y a la mañana siguiente nos levantábamos muy temprano, en el carro el Rulo nos dejaba cerca del entronque y nos íbamos corriendo hasta el campamento en la playa. Subíamos los cerros de dunas, llegábamos al faro y después regresábamos al campamento. Todo iba bien hasta que nos llevamos un tequila para la noche y el Rulo nos descubrió y se acabaron los entrenamientos de fin de semana.

En mi ultimo año de la prepa ya le teníamos mucha confianza al Rulo y en general a la mayoría de los maestros, así que ir a la escuela era un poco como ver a tu familia extendida. Ya habíamos pasado las químicas con Rosalinda, y para mi fortuna ya no llevaba dibujo técnico sino mecanografía con Rosalva Meza, así que no recuerdo alguna materia particularmente difícil sino más bien las noches de trova después de clases, las mañanas de basketball con el gimnasio para nosotros, la rivalidad con el Cet del Mar y los Guerreros, fiestas, y por supuesto los nervios y las discusiones acerca de lo que estudiaríamos. Fueron días hermosos.

Cuando salí de la prepa el Juan Pablo y el Chema se quedaron todavía otro año, habían caído víctimas de las clases de química y se convirtieron en los consentidos del Raúl, de esto podrían salir otras historias pero vamos a dejarlas para una mejor ocasión.



lunes, 4 de noviembre de 2013

Lucía Beltrán ven para aca!

El profe Burgoin nos dió clases desde primer semestre: Etica, Filosofía y otras más. Pero la clase de Relaciones Humanas sin duda se cocinaba aparte. Esta no fue una clase normal, fue por mucho la más divertida de toda la prepa. La mecánica era muy diferente de otras, en lugar del maestro darnos clases lo que hacíamos era algo que llamábamos sociodramas, unas pequeñas obras de teatro en las que mostrábamos algún aspecto positivo o negativo de la sociedad. Nos juntábamos en equipos de 4~6 personas y hacíamos de todo. Escribir, conseguir el vestuario, la escenografía y por supuesto, actuar. Después de cada representación discutíamos acerca de la situación que se había presentado, no si nuestros compañeros lo habían hecho bien o mal. Esta no era una clase de teatro.

El resultado eran unas mini-obras de teatro muy divertidas. Me gustaría ser dueño de mejor memoria y poder contarles con mayor detalle sin embargo solamente tengo algunos flashbacks. Como por ejemplo la vez que Paty Ventura salió de muerta, acostada con una sábana blanca encima y como no podía parar de reír la sábana se movía toda y por supuesto nosotros atacados de la risa, lo cual hacía que la Paty se riera aún más. O en aquella ocasión que yo salí de borracho violento, quebré una botella en un arranque de furia y el profe Burgoin se subió al mesabanco, se hizo bolita y gritó ayy Dios, un hombre!. Everardo y Juan Pablo un día salieron maquillados de transvestis. El Eve se miraba bien bonita y el JP que además llegó todo sudado porque venía de jugar basket parecía piruja muy maltratada por la vida.

Eran frecuentes las historias que tenían que ver con alcoholismo, embarazos no deseados, padres autoritarios y homosexualidad, que supongo deben de ser los temas que más preocupan a los adolescentes de todos lados. No sé cómo haya sido esta materia en otras prepas que hayan tenido maestros más tradicionalistas, pero en nuestro caso nos sirvió mucho para conocernos, aunque tal vez en ese momento no nos hayamos dado cuenta.

El siguiente semestre ya no llevábamos esta materia pero de alguna manera había transcendido fuera de las paredes de la prepa y nos invitaron a participar en la clausura del PINMUDE, unos talleres de capacitación para mujeres que hasta donde recuerdo eran de cocina y costura. Esto era totalmente diferente a lo que habíamos hecho antes porque aquí ya había una línea temática sobre la que teníamos que trabajar, la cual era, como ustedes probablemente ya se han imaginado, que el PINMUDE era bueno. El profe lanzó la convocatoria a quien quisiera participar voluntariamente, ni puntos extras nos ofreció. Formamos tres equipos el primero eran Chema y Lorena, en el segundo Eve y Mimí eran pareja y el JP un amigo sonsacador, y el último éramos Lucía y Yo. Cada equipo escribió y ensayó por su lado y nos contábamos un poco de lo que estábamos haciendo pero hasta ahí. Nunca hubo ensayo general ni nada por el estilo.
Mimí

La presentación fue en el salón de actos. Lucía llegó muy señora con un blazer muy bonito y el Everardo que salía de borracho decidió que era buena idea llegar ídem para darle más realismo. Debe de haber habido tal vez unas 80 o 100 personas principalmente señoras. Como fue en horas de clase tan solo unos pocos compañeros se la pintearon para acompañarnos. Empezaron Chema y Lorena y solo recuerdo que todos nos reímos mucho con los regaños de la Lorena y el Chema que se quería poner fuerte nada más no lo lograba, los que conozcan a mi negro saben que es un pan de dios y el resultado fue una comedia de lo más divertida. Después siguieron Mimí, Eve y Juan Pablo, aquí la trama era que el Eve llegaba borracho y la Mimí lo empezaba a regañar mientras el Juan Pablo servía de amigo sonsacador que decía No te dejes que para eso eres el hombre de la casa y cosas por el estilo. Eve y Mimí habían sido novios y acababan de tronar, así que entre la borrachera y el papel el Eve aprovechó para decirle algunos reclamos que hasta la fecha no sé si eran parte de la obra o eran puramente personales. Lo que sí es que a todo mundo le dio mucha risa el pleito y los reclamos.
Lorena


Al final nos tocó a mí y a Lucía. El público esperaba otra comedia y hasta hubo algunas risas al principio, pero nosotros habíamos preparado un drama. Recuerdo que antes de empezar Lucy me dijo solamente te pido una cosa, no me vayas a decir por mi nombre. Creo que nuestros personajes no tenían nombre y por eso esta petición tan rara. La trama era la siguiente: Yo era un obrero pobre que estaba casado con una mujer muy guapa. Entre lo mísero de mi salario y la belleza de Lucía mi personaje estaba enfermo de celos. Y aquí es donde todo se complica, pues ella cada vez traía ropa más bonita y yo no estaba en condiciones de comprársela, lo que envenenaba mi corazón de sospechas. Y ese día le reclamé! oohhh Dios si le reclamé. Empecé con mis quejas y ella intentó darse la vuelta y dejarme hablando solo.

Lucía Beltrán ven para acá!

Le grité dando un manotazo a la mesa y el micrófono que estaba encima salió volando. Lucy volteó con una cara de susto pues no lo habíamos ensayado así de fuerte. Fue algo que se me ocurrió en el momento y ni siquiera lo pensé cuando le grité por su nombre, simplemente sucedió. En ese momento el público se dio cuenta que esto era algo diferente y no volvieron a reírse. La historia se desenvolvía de tal suerte que ella  me daba explicaciones de que toda esa ropa la hacía en los cursos que le daban en el PINMUDE y que cuando aprendiera a hacer ropa de hombre me iba a hacer mi ropa y que yo era un perro maldito por andar desconfiando de ella. Y yo, avergonzado de mis celos le pedía perdón y la obra terminaba con nosotros saliendo abrazados totalmente reconciliados. Y muy contentos, pues había salido mejor de lo que pensamos.
Lucía y Yo




jueves, 24 de octubre de 2013

Tarot Reader


Ana Alicia Blengio siempre tuvo pasión por lo misterioso. Ella misma parecía personaje de Poe. Silenciosa, compleja y un poco solitaria. Por eso a nadie debe de extrañar que un día llegara a la prepa con unas cartas del tarot.

En los recesos empezó a leernos la buenaventura de acuerdo a lo que había aprendido probablemente en el instructivo. Si bien era divertido la verdad es que para ser un buen ocultista se requiere de cierta habilidad teatral que Ana Alicia no poseía.

A ver Ana préstamelas, deja yo te las leo.

Y empecé con una historia de fantasía con grandes amores y por supuesto tragedias. Después de Ana Alicia no sé quién siguió, pero rápidamente me hice de clientela y mi fama de tarot reader corrió como reguero de pólvora. Aquí es pertinente hacer un par de aclaraciones. En la prepa éramos solamente tres grupos y tal vez por toda la escuela seríamos unos 60 estudiantes. Así que digamos que mi fama era limitada, pero fama al fin. Además no tenía ni la mínima idea de las reglas del tarot, así que todas eran historias improvisadas usando como base los dibujitos de las cartas pero hasta ahí.

Por alguna extraña razón un día durante el receso largo el prof. Rojo se dejó convencer de que le leyera las cartas. Esto no hubiera sido nada especial si no fuera porque él era mi archienemigo y esto provocaba un morbo especial sobre qué tan atrevida sería mi historia. Por supuesto que no me guardé nada. Empecé con la lucha entre un militar y un bombero por conquistar su amor. Obvio que teníamos un gran público mientras le leía su futuro. Nos divertimos mucho, incluso el profe, que curiosamente lo tomó con filosofía.

Un par de días después estando en clase tuve que salir al baño. De regreso, al pasar por el baño de las mujeres me habló la Mimí

Hey flaco, ven a leernos las cartas

Y ahí les voy. En el baño estaban además Lucy y Ana Alicia. No recuerdo con quien empecé, lo que si recuerdo es que cuando ya teníamos unos minutos en esto, en el pasillo se escucharon los inconfundibles pasos de Carolina Martínez, maestra de inglés y subdirectora. Y en eso el chamuco que vive en mi tuvo una idea y empecé a gritar

¡Auxilio! ¡Auxilio! Me violan, alguien ayúdeme por favor, ya no aguanto más!

Las muchachas, que por supuesto no se esperaban esto, se asustaron. Ana Alicia se metió a un baño y se tapó la cara. Mimí trataba de taparme la boca para que dejara de gritar, sin embargo no tenía mucho éxito. Lucía bloqueaba la puerta y no permitía que el seguro diera vuelta.

¿Qué está pasando ahí? Abran! Gritaba Carolina, con una voz que denotaba más enojo que preocupación.

Por fin Lucía se rindió y abrió la puerta. Afuera no solo estaba Carolina sino tooooooda la escuela que quería enterarse del mitote. Adentro estaban las muchachas asustadas y yo atacado de la risa.

No recuerdo que nos hayan castigado, nos prohibieron volver a llevar las cartas, eso sí.

domingo, 21 de marzo de 2010

Los Ruidos de la Prepa

En Guerrero Negro había dos prepas, el Cet del mar y La Prepa. Yo iba a la prepa que me quedaba a una cuadra de mi casa, lo cual como se podrán imaginar lo hacía sumamente cómodo.

La Prepa compartía instalaciones con el departamento de capacitación de exportadora de sal, en el edificio del antiguo hospital. Por esto no parecía una escuela normal, simplemente porque no lo era.

No teníamos patio como tal, simplemente los salones, una esquinita que primero fue una especie de oficina y luego tiendita , dos oficinas, una biblioteca, un laboratorio  y paren ustedes de contar. Mi primer semestre me tocó de salón lo que antes había sido el quirófano donde operaban el Dr. Noyola y después el Dr. Lagarde. Si bien nunca hablamos de ello estoy seguro que muchos nos preguntábamos cuanta gente habría muerto en ese salón.

El personaje principal en esta historia es el edificio, sin embargo el prefecto fue el catalizador de los eventos que estoy por relatar.

El prefecto era el Beto Gutierrez, un gran amigo, regordete, de carácter apasionado, buen escritor y mejor maestro, o tal vez al revés. Cuando yo entré él acababa de terminar la prepa y siendo un muchacho responsable y estudioso le dieron el empleo de prefecto, el cual desempeñaba sin mayores problemas para hacerse respetar a pesar de la poca diferencia de edad, la cual hacía que lo consideráramos  más  un amigo que una figura de autoridad.

Entrabamos a clases a las 5 de la tarde y salíamos a las 10:25 de la noche, en esas noches frías, solitarias y lúgubres de Guerrero Negro el montón de estudiantes alegres caminando hacia sus casas a esa hora daban un toque de alegría que parecía un poco fuera de lugar. Casi nadie tenía carro, eran otros tiempos y la mayoría vivíamos cerca, aunque había sus excepciones como la Lorena Romero y la Paty Ventura.

Cuando estábamos en tercer semestre nos empezamos a quedar después de horas de clase a ver películas en la tele aprovechando que la escuela tenía videocasetera, un lujo que casi nadie tenía en sus casas en esa época, eran los tiempos de la lucha entre el Betamax y el VHS. Por lo regular nos quedábamos  el Beto, por supuesto, yo, Juan Pablo, Chema, el Gordo Velarde, a veces el Cruz, el Dodongui, el Fausto Murillo y no recuerdo si alguien más.

Al principio no pasaba nada, salíamos de la escuela alrededor de la una de la mañana sin ningún problema pero después las cosas fueron cambiando.

La prepa era un edificio cerrado con dos puertas de entrada, una grande en el lado norte y otra más pequeña por la parte trasera. Al terminarse las clases y salir todo mundo nos encerrábamos con llave y no había manera de que alguien entrara sin hacer mucho ruido, por eso la primera vez que oímos pasos nos extrañó muchísimo, salimos y recorrimos toda la escuela y nada, no encontramos a nadie. Regresamos a nuestra película y más tarde ya no solo eran pasos sino ruidos de cajones y puertas que se abrían y cerraban en una especie de poltergeist invisible.

Los ruidos se volvieron algo común cuando nos quedábamos a deshoras en la escuela, de tal suerte que el atractivo ya no era ver películas sino oír esos extraños ruidos, hasta que un día decidimos no quedarnos más. Ya habíamos tenido lo suficiente.

La última vez que oímos ruidos fue una tarde de domingo. Yo cuidaba la biblioteca los domingos para cumplir con mis horas de servicio social, casi nadie iba, excepto uno que otro desbalagado a jugar ajedrez y mis amigos a perder el tiempo. Ese día decidimos quedarnos a oír ruidos, alrededor de las 9 de la noche oímos que la puerta de atrás se abría, como siempre fuimos a ver y la puerta seguía con llave. Business as usual, excepto que al regresar a la biblioteca escuchamos un llanto fuerte de bebé. Jamás habíamos escuchado algo así y en ese momento se nos heló la sangre. Salimos corriendo y dejamos la puerta de la prepa abierta. Una hora más tarde regresamos. La puerta de la biblioteca se quedó abierta porque no nos atrevimos a entrar a cerrarla.

Cerramos la puerta principal de la prepa y no volvimos a querer oír ruidos nunca más.

martes, 8 de julio de 2008

!Sean Rebeldes!!


Desde su llegada a Guerrero Negro estaba destinado a convertirse en una leyenda, pues no era el inmigrante común procedente de Santa Rosalia o algún otro pueblo cercano. Era un doctor que venía desde la ciudad de México. Si mi memoria no me falla estuvo un tiempo en el hospital de exportadora de sal y luego fue el primer director de hospital del IMSS, el cual provocó que se cerrara el antiguo hospital de exportadora.

El Dr. Luis Andrés Lagarde era un hombre alto, tal vez de 1.90 mts, muy delgado y bastante arrugado, lo que lo hacía verse más viejo de lo que probablemente era. Era un hombre sumamente culto, amigo personal de Octavio Paz y de José Lopez Portillo, Pepe no era galán, por eso lo echábamos en el asiento de atrás del coche, nos dijo una vez en clase de historia.

El misterio que rodeaba a su persona se debía a dos cosas, primero su esposa Zura, una mujer extremadamente guapa y tal vez 40 años menor que él. Y la otra ¿qué hace un hombre de su calibre, acostumbrado a vivir en el DF en un pueblo como Guerrero Negro?.
Desafortunadamente no traté mucho a Zura, solo la miraba al pasar admirándola como todo mundo por su hermosura, de hecho su nombre es Beatriz, Zura es la manera cariñosa en que el doc lagarde llamaba a su esposa por su belleza. El doc. Lagarde no era rico lo cual aumentaba el misterio. ¿Por qué una mujer tan joven y tan bella terminó casada con un viejo pobre? Tal vez quien la haya tratado sepa su historia, yo la desconozco, sin embargo al conocer al doc y ver como la trataba como una reina me parece comprensible que haya decidido ser su esposa.

El por qué llego a Guerrero Negro hasta donde yo sé, y pudiera estar equivocado, se debió a una fuerte decepción. El doc tenía junto con otros doctores amigos una clínica en la ciudad de México y algún problema tuvieron de esos que son tan comunes cuando hay dinero de por medio, que lo sacaron de la sociedad. Así, el doc decepcionado por la traición de sus amigos busco el punto más alejado a donde irse y terminó en Guerrero Negro sin saber lo que le esperaba. Me imagino que sus primeras amistades serian el ingeniero Bremer y Enrique Achoy y por razones profesionales trataría al Dr. Noyola.

Para cuando entré a la prepa el doc ya estaba enamorado de Guerrero Negro y escribía con una prosa magnífica crónicas del pueblo o pequeños cuentos. También escribía poesía, la cual, desafortunadamente no estaba a la altura de tan ilustre personaje.

En la prepa, desde que entramos todos disfrutáramos de la llegada del Dr. En su pickup ford de exportadora de sal, con su casco amarillo que el Huichol le quitaba cuando entraba y caminaba enfrente de él arremedándolo ante la risa de todos y la sonrisa cómplice del doc, que seguramente disfrutaba del espectáculo más que todos nosotros.

Mi primera clase con el doc fue en tercer semestre, literatura I, y está demás decir que el doc lo sabía prácticamente todo. Los primeros días fueron bastante aburridos, ya saben, el popol vuh y a seguir el plan de estudios de la sep. hasta que a la tercera o cuarta clase se enfadó, tiró el plan de estudios y nos llegó con un altero de libros y a partir de ahí empezó el viaje.

El doc leía y nosotros escuchábamos admirados de que alguien pudiera leer así. Lloramos con la muerte del Coronel Sabines. Impresionado, el Chema salió de la prepa una noche a agarrar el camión hacia Ensenada para comprar Canek. Nos reímos con las anécdotas de Octavio Paz , Juan Rulfo, Juan José Arreola, Xavier Villaurrutia y demás escritores de la época. Lo que no pudo lograr fue convencernos de practicar su culto a Sor Juana. Antes de Zura Sor Juana alguien escribió alguna vez en el pizarrón, en clara alusión a su edad y a la admiración que profesaba por ella.

El doc trató muchas veces en vano de civilizarnos; fue particularmente divertido cuando pasó al Bombo, un compañero típico sudcaliforniano, ancho y bronco a leer poesías de amor. Obvio que el experimento no resultó y el doc iba a una esquina del salón y recargando la frente en su antebrazo exclamaba no,no,no, no! y luego a la otra esquina ¿por qué a mi Dios mio?, ¿por qué a mí?

Después intentó con un concurso de oratoria que terminó en gran discusión cuando el Jorge dijo que no sé cuántos niños morían al año por el uso del condón. Cuando pasaba a alguien al pizarrón simple y sencillamente se aburría y se dormía en clase; en una de estas ocasiones el Cruz le quitó un zapato y se lo escondió. !Devuélvanme mi zapato monstruos! decía por los pasillos con una sonrisa cómplice ante la travesura.

Al terminar casi todas las clases el doc se esperaba a que estuviéramos un poco descuidados y se volteaba y con sus grandes manazas daba un golpe al escritorio mientras decía, casi gritando Sean Rebeldes!, hagan algo, una huelga, algo, están vivos!

Su método de calificar era bastante heterodoxo, el primer mes le dio la lista al Cruz y le dijo A sus amigos póngales diez y a los que le caigan gordos póngales cerito. El Cruz a todos nos puso 9 menos al Jorge, a él le puso 7. Y dos meses después cuando en vez de darle la boleta a Cruz para que calificara se la dio a Jorge diciéndole A sus amigos póngales diez y a los que le caigan gordos póngales cerito. Y adivinen ustedes lo que pasó.

Cuando el examen final de historia el dodongui escribió güelga y el doctor indignado preguntó ¿qué?, ¿quién escribió esto?, ¿usted Sergio?, usted es un monstruo, largo de aquí, fuera monstruo, fuera. Después recargado en el escritorio escondió su cara entre los brazos dejó pasar unos segundos antes de sacar un ojo y preguntar ¿ya se fue el monstruo?.

Muchas veces llegaba antes de clases o se quedaba un rato después a convivir, recuerdo haber jugado varias partidas de ajedrez con él en la biblioteca y tal vez estas fueron las que hicieron que me recomendara para un trabajo organizando la biblioteca del parque cuando recién se fundó. Yo le decía que había que poner mesas de ajedrez afuera y él me decía que no, porque el jugador de ajedrez no necesariamente era una persona educada y una biblioteca requiere silencio.

Lo vi pocas veces después de que salí de la prepa: en algunas fiestas en casa del ingeniero Bremer, en la graduación de Pedro y Nuria, alguna vez en la tienda de mi mamá.
Muchas veces pensé en ir a visitarlo a invitarlo a jugar ajedrez pero la verdad no me animé, el que yo quisiera platicar con él no significaba que él quisiera tener a un mocoso impertinente en su casa. En fin.

¿no les ha pasado que conocieron a una persona demasiado pronto?, me imagino que si el doc viviera todavía tendría tantas cosas de que hablar con él y por supuesto que ya no me daría pena visitarlo. Cuando pienso en los maestros que han marcado mi vida el doc ocupa un lugar especial y me emociona recordarlo lleno de vida gritándonos ¡Sean Rebeldes!