viernes, 18 de octubre de 2013

Lentes de rayos x




En tiempos anteriores cuando la gente todavía leía revistas, eran comunes los anuncios de cosas que se vendían por correo: cursos de inglés, de carpintería, electrónica y muchos más. Además anunciaban artículos novedosos, entre los que destacaban y que es lo que ocupa nuestra historia, los lentes de rayos x. El anuncio era muy curioso porque no ocultaba hacia qué tipo de gente iba dirigido. Pervertidos. Y no digo que nosotros, alumnos de secundaria al fin y al cabo, no lo fuéramos, pero eso de que con unos lentes pudieras ver desnudas a las morras la verdad se nos hacía muy inocente. 

Total que estando en segundo año, un día el Toño bilingüe Flores llevó unos lentes oscuros a la escuela y como no era algo común, muchos plebes se le quedaban viendo. Nos llamó la atención esto y las mentes tan creativas del Toño, el Pulpo y su servidor empezamos a urdir cómo sacarle provecho a esto. Al Toño fue al que se le ocurrió decir que eran lentes de rayos x y que estábamos viendo bichis a las morras. Yo, como mi mamá vendía revistas, lo cual me convertía automáticamente en un experto del tema, fui el encargado de iniciar el rumor, así como de certificar la autenticidad de estos como reales y verdaderos lentes de rayos x diseñados para ver morras bichis. 

No me costó trabajo iniciar el rumor, simplemente le dije a un par de amigas en confianza que los lentes del Toño eran de los que anunciaban en las revistas y que no pasaran enfrente de él porque las iba a ver desnudas. Con eso bastó, en cuanto vi que ellas empezaban a decirles a otras morras que tuvieran cuidado con los lentes mágicos me regresé con el Toño y el Pulpo y nos dispusimos a disfrutar del espectáculo. 

Sentados en la esquina del salón que está enfrente de la dirección rolándonos los lentes y atacados de la risa, mirábamos correr a las morritas como si fueran gacelas en el Serengueti. En eso pasa por enfrente de nosotros la Santa, caminando normalmente y echándonos una mirada desafiante como diciendo no les creo nada. Pero el Pulpo acabó rápidamente con esa pequeña rebelión. 

Oye Santa, que peludo lo tienes! 

Ayyy hijos de la chingada, los voy a acusar dijo mientras salía corriendo y nosotros soltábamos la carcajada. 

Dos minutos después llegó el profesor Arturo súper encabronado. Sin decirnos nada le quitó los lentes al Toño y se los puso, como para revisar si realmente eran lentes de rayos x. Nos dio tanta risa que un maestro pudiera pensar que los lentes eran reales que no podíamos parar de reir. Por supuesto que el profe Arturo se dió la encabronada de su vida. Temblando de coraje nos agarró como pudo del brazo y nos llevó a la dirección. Ahí entre el profe del Real y el profe Arturo, director y subdirector respectivamente, se dedicaron por cerca de una hora a darnos una buena regañada. Pero no, no era posible que paráramos de reír.

Por supuesto que nos prohibieron que volviéramos a llevar lentes oscuros a la escuela, pero salimos de la dirección victoriosos sin siquiera un reporte.

martes, 8 de octubre de 2013

De sangre azul

Mi apá era de sangre azul. Lo supe desde muy pequeño, desde la serie mundial del 77 contra los yankees. En esos tiempos la televisión en Guerrero Negro funcionaba en base a una repetidora. Llegaban los casetes de la SCT y la programación empezaba a las 4 de la tarde con una hora de caricaturas y luego seguían los documentales, alguna película y todo se terminaba a las 10 de la noche. Así que el concepto de televisión en vivo era algo completamente ajeno para nosotros. El béisbol era por radio. Ese año los yankees traían un equipazo, puro poder al bat y recuerdo haber visto a mi viejo sufriendo hasta que al final los Dodgers terminaron sucumbiendo ante un equipo más poderoso. Por supuesto que mi apá estaba dolido, aunque yo no atinaba a ciencia cierta el porqué. Yo, como todos los niños de mi colonia jugaba béisbol y era algo bien sencillo, ganaras o perdieras era más o menos lo mismo. Al día siguiente tendrías la revancha. Qué lejos estaba entonces de entender las pasiones.

Mi apá de joven había jugado béisbol, y hasta donde entiendo era más o menos bueno, con mucho poder al bat pero lento para correr. Supongo que habrá jugado la primera aunque no estoy seguro y creo que ya no hay nadie a quien preguntarle. Los recuerdo a él y a mi abuela discutiendo sobre alguna anécdota beisbolera, que si el Quillo les daba la base por bolas a 3 solo para ponchar a los tres siguientes por pura diversión e historias así donde uno dudaba de la memoria del otro.
Podrán darse cuenta que si bien no éramos una familia de béisbol como los Talamantes, Arce o Espinoza, el beis sí ocupaba parte de nuestra vida diaria.

Y un día llegó Fernando.

¿Qué puedo decir acerca del Toro que no se haya escrito estos días? Para nosotros, niños beisbolistas de un pueblo en medio de la nada, como el de él, Fernando era un superhéroe; creo que para mi apá también. Eran días de fiesta cuando lo podía ver pichar, y esa inolvidable serie mundial estoy seguro que le debe de haber sabido a gloria. También recuerdo el día que tiró un juego sin hit ni carrera. Cuando cayó el último out mi apá pegaba unos brincotes de la emoción y yo respiraba aliviado de que todo hubiera salido bien. Desesperado prendió la tele de la sala para que todos en la casa vieran en las noticias que no lo estábamos inventando, que sí había tirado un sin hit ni carrera.
Fernando

Recuerdo también años después la serie mundial contra los Atléticos de Oakland. La verdad parecía una tarea imposible. Recuerdo al narrador diciendo Canseco nunca ha bateado un grand slam y justo cuando la bola volaba por arriba de la barda del center field mi apá dijo desolado. Ya valió madre. Y luego vino el home run de Gibson. Fin de la historia, algo tan hermoso merece un mejor narrador.

Después vinieron los años oscuros, recuerdo uno particularmente malo en el que estábamos viendo un juego en su cuarto y se para a batear un tipo que ya habían ponchado dos veces. Rápido se puso abajo en la cuenta 0-2 y de improviso se para mi apá y prende la luz.
Apá para que prendiste la luz si estábamos bien a gusto
Para ver si así ve la bola este pendejo!
 
No recuerdo que haya sentido odio por algún equipo, hasta cuando jugaban los yankees le gustaba ver el juego. Sin embargo siempre tuvo un pequeño resentimiento con los dodgers por la manera en la que terminó la relación con Fernando. Los que saben de béisbol sabrán a que me refiero. No dejó de quererlos pero algo muy dentro se había roto.

Yo nunca fui Dodger aunque me correspondería por herencia, pero ese sentimiento que tenía mi apá terminó haciendo que no pudiera compartir esa afición. Y así he andado, errante, sin equipo, tan solo disfrutando de la belleza del juego. Ayer al verlos perdiendo en la octava me descubrí angustiado y pensé que tal vez sea momento de hacer las paces. Es hora de regresar a casa.

Con aprecio para el más azul de mis amigos: Humberto Amador

miércoles, 24 de julio de 2013

La Luna

Ella se encontró un poeta, y como era natural, le pidió la luna. No por ambición, No por vanidad, simplemente quería la luna.

El poeta desesperado buscaba entre sus papeles un conjuro que sirviera. Porque, como todo mundo sabe, un poeta siempre es medio brujo. Invocó a Sabines, Neruda, ¡a Lorca! y al fin se quedó dormido por el esfuerzo.

La mañana siguiente al agacharse a buscar los zapatos bajo de la cama se encontró una luna chiquita pero muy brillante. Se asustó un poco, pero una vez recobrada la calma buscó una caja bonita y se dispuso a empacarla para llevársela de regalo.

Esa noche, mientras caminaba a casa de la joven, el poeta algo nervioso se dio cuenta que al cielo le hacía falta la luna y que del interior de su caja salía suficiente luz para alumbrar su camino. Tocó la puerta y cuando ella le abrió, apenas alcanzó a balbucear

-Esto es tuyo

Ella opacó la luna con su sonrisa y le dijo

-Gracias, sabía que me la traerías.

Después saltando de la emoción cerró la puerta quedándose con la luna y el corazón del poeta.

lunes, 24 de junio de 2013

Tres Historias de Carnaval

1) Soy Carlos Cruz

No recuerdo a que horas empezamos a pistear pero al carnaval llegamos ya medio alterados. Veníamos mi compa Negro Baiza, mi compa Charlie y yo. Acompañados de un galón de vodka con jugo de naranja.
Mi compa Charlie es la persona más noble que se puedan ustedes imaginar, pero cuando pisteaba le salía lo sinaloense y se convertía en el cochiloco y esa vez no fue la excepción. Llegamos a la esquina de Ruiz y Primera y de ahí nos fuimos en fila, primero el Charlie, luego yo y atrás el Negro. A los que nos estorbaban el Charlie los empujaba, luego yo les decía si no te gustó chingas a tu madre y luego mi compa Negro no les hagan caso, es que andan pedos. Y así nos fuimos por la Ruiz hasta llegar a la cuarta y ahí nos topamos con Godzila.

El Charlie lo empujó en tres ocasiones y el tipo no se movió, les digo, era un pinche godzilota.
¿Qué traes pendejo? te voy a romper tu madre
y el Charlie bien bravo
Yo soy Carlos Cruz de los Cruz de Culiacan y no me sé rajar
y de atrás de godzila salen otros dos tipos del mismo size pero flacos y mi compa Negro me dice
Ya valimos madre socio
Y como por providencia divina godzila le pregunta al Charlie
¿Que es tuyo nomeacuerdoquien Cruz?

Es mi tío

¿Y el juez Cruz?

Es mi papá

Ahhh pues como eres pendejo, somos primos!

Y se voltea godzila conmigo y me pregunta
¿tú de donde eres?

De Guerrero Negro Baja California Sur

¿Y tú? le dijo al Negro

Yo también

Ahh pues mis compas son de San Luis Rio Colorado, o sea que puro norte 
y dicho esto abriendo los brazos se aventó un grito que les juró que pensé que le iban a salir llamas por la boca
Chingen a su madre toooooooodoooossss

Después de haber salvado el pellejo y con el gusto de ver a la familia reunida (ja!) nos pusimos a pistear con estos compas. Las criaturitas traían un barril en una carretilla así que nos fuimos de ahí un poco más mareados a pesar que el susto nos había bajado un poco la borrachera.

Llegamos de nuevo a la Ruiz y Primera y todavía con la adrenalina del susto al Charlie se le ocurre gritar
Chingen a su madre tooooooodoooossss
Y que se ofende un wey y le empieza a reclamar, y se hacen de palabras y el Charlie y el Negro pidiendo disculpas, ya con un conato de pleito era suficiente para esa noche. Yo me encontré a la Ivonne que en esa época era mi amor platónico y me fui a platicar con ella. Pasado un rato y como seguían alegando ahí les voy a tratar de terminar la discusión.

¿Qué ondas Charlie?

Este bato que ya le pedí disculpas pero sigue de aferrado

¿Qué ondas compa, ya te pidieron disculpas, qué necesitas?

¿Es que por qué me insulta?
y yo bien conciliador
Mira, lo que pasa es que insultos que en tu tierra son muy fuertes aquí no lo son tanto, ya te pidieron disculpas, son de la misma escuela, qué caso tiene hacer esto más grande, ya que cada quien agarre por su lado y vamos a seguir cotorreando

¿pero por qué tu llegas hablando bien y él no?, yo soy de Michoacan y allá la vida no vale nada.

Aquí vale la pena hacer una breve digresión. El Negro y el Charlie estudiaban Ciencias Marinas, y el tipo con el que estaban discutiendo también pero era de algunos semestres más adelantado. Curioso estuvo cuando uno de los de su bolita le preguntó al Negro que si había chingazos que partido iba a tomar y el Negro le respondió.
Mira compa, ustedes son de mi escuela, pero este bato es de Guerrero, así que me perdonarás pero te voy a tener que romper tu madre.

Total que así duró la discusión por varios minutos hasta que me enfadaron. Me fui al baño y de regreso le dejo mi chamarra a la Ivonne. Uno de ellos me vio y antes de que llegara a donde estaban el Charlie y el otro tipo me dijo
No te vayas a acelerar

No, no me voy a acelerar, ya vengo acelerado
Y llegando le digo al wey

Compa si no le gusta que le echen de la madre mala suerte. Chingas a tu madre!
Y le sorrajo un chingazo en la cara. Creo que se cayó y el segundo se lo dí a otro de su clica pero no estoy muy seguro. En eso oigo la voz del Tony

Ey raza el Alfonso se está peleando

E inmediatamente después estaba lleno de choyeros. Y llegaron los del pandita

A ver ¿los chilangos quienes son?

Alguien los señaló y se los llevaron de las orejas. Nosotros decidimos que eran suficientes emociones para una noche y también agarramos camino.



2) Deme 4 con todo

¿Qué ondas Foca, quieres un hot dog?

¿Te lo vas a pichar?


Sí wey, caile!

Y cuando llevábamos un par de hot dogs la Foquita ve pasar al Tony y le grita,

Ey Tony, el Alfonso se está disparando los hot dogs

Ey raza, el Alfonso está pichando los hot dogs

Y que se dejan venir, el Tony, el Nemoto, el Nando, el Pato y no me acuerdo quien más.
Me da tres con todo!

Me da cuatro con todo y otros cuatro para llevar!

No, no, le dije al hot doguero,  yo pago todos pero los que se coman aquí, para llevar no.

Y se arma la bolita y le digo a la Foca

Verás vente, vamos a darnos a la fuga


Y nos fuimos caminando despacito, espichaditos para que nadie se diera cuenta.
Al día siguiente le marqué al Tony
Qué ondas Tony?, está bien?

Que bien va a estar hijo de la chingada!, casi nos meten al bote, si no se apendeja el hot doguero y le dice al chota que tú habías quedado en pagar todo nos hubieran llevado al bote.

Y rompimos en carcajadas.



3) Está bien que me pongan talquito

En esos días ya vivía en Tijuana, y cuando iba a Ensenada llegaba al depa de la Foquita. Ese fin de semana era de carnaval y antes de llegar al depa pasé a una licor a comprar una dotación de tequila para no llegar desarmado al cotorreo. Me llamó la atención una botella de tequila Chamucos, espero estén de acuerdo que una botella con 6 diablos en la etiqueta resulta por lo menos interesante.


Llegué al depa de la foquita y me serví el primer tequila para ir calentando motores, pero en cuanto le di el primer sorbo sentí que se me murieron 6 neuronas. No me puedo llevar esto al carnaval pensé y saqué un guardadito de tequila centenario que tenía guardada de algún viaje anterior. Llené mi cantimplora y agarramos calle, ruiz y primera como no!


Al día siguiente estábamos caguameando en el depa de la foca cuando llegó mi primo Pedro de Tijuana. El Peter en esa época era más bien aventado, si lo retabas a hacer algo seguro lo hacía. A sabiendas de eso mi carnal lo empezó a cucar.


Mira Peter, el Alfonso le tuvo miedo a este tequila, ¿cómo la ves? Le van a salir chichitas
¿Y eso Alfonso? Qué tiene esa madre? Está muy malo?
Noooo Peter está muy fuerte, me dio miedo quedarme yonqueado en la calle si me tomaba esa cosa ayer.
¿Qué tan fuerte puede estar?, a mí se me hace que tienes chichitas, a ver ¡presta para acá!
Y que se empina la botella como Jorge Negrete.
¿Ves?, no pasa nada, es mansito
Y va para arriba otro trago.
Y así estuvimos platique y platique y el Peter tome y tome, como si estuviera tomando horchata. Estábamos la tradicional pandilla choyera: la foca, el tony, el nando, el cuack, el piskuacho y por supuesto el Peter y yo. Como a la media hora la botella de chamucos estaba vacía y el goloso del Peter pidió que le alcanzaran una caguama. Ahí dio el primer indicio de la gloriosa borrachera que estaba por vivir. Se empinó la caguama como si estuviera muy sediento, el problema fue que todavía no la destapaba y tardó unos segundos en darse cuenta que no estaba saliendo nada.


¿Cómo ves al Peter? ¿Está bien cabrón para pistear no?, me dijo mi carnal, porque fuera del incidente con la caguama no se le notaba gran cosa lo que había tomado.


Pues una de dos o está super cabrón o en 15 minutos no se va a acordar de cómo se llama.


 En eso estábamos cuando llegó la Ofelia con unas amigas


Eitale Peter cómo andas?


Ando hasta el culo Ofe y me estoy miando pero no me he querido parar porque me voy a caer.


De ahí en adelante todo fue cuesta abajo para el Peter. Lo ayudamos a pararse y trastabillando llegó hasta el baño. Se cayó la primera vez, la foquita lo paró,  se volvió a caer, lo paró de nuevo la foca y por fin se detuvo enfrente de la taza del baño. Hasta aquí todo bien, pero olvidó que se tenía que desabrochar el pantalón. Muy contento salió a seguir cotorreando sin darse cuenta que se había brincado un paso importante en el proceso. Por supuesto nos reímos muy a gusto y hasta le tomamos unas fotos, que afortunada o desafortunadamente, dependiendo de cómo se le vea, se perdieron en alguno de tantos cambios de computadora.


Nos dieron las 8 y ya era hora de empezar a prepararnos para agarrar camino al carnaval, pero ¿y que hacemos con el Peter? Alguien preguntó. No podemos dejarlo así.


A lo que repliqué ni modo Foquita, le vas a tener que prestar algo para que se ponga. Aquí es importante mencionar un par de dificultades. La primera que el cuerpo del Pedro estaba todavía con nosotros pero su espíritu se encontraba en el nirvana, así que pensar que él solito se iba a cambiar de ropa estaba fuera de toda cuestión. La segunda era que la foquita es mucho más grande y ancho que el peter. Así que la logística del asunto no era tan sencilla.


Ya con la ropa en la mano procedimos a encuerarlo, y acostado boca arriba el peter movía las piernas como bebito cuando le están cambiando de pañales.


Nomás le falta el talquito dijo el piskuacho, y desde ultratumba el peter replicó


Está bueno que me pongan talquito.


Por fin terminamos de cambiarlo y agarramos camino. En cuanto salimos a la calle se dio el primer madrazo en un charco, se mojó la camisa y se talló los ojos con las manos llenas de agua lodosa. Y ahí vamos de nuevo adentro a cambiarle la camisa y lavarle la cara.


Cuando llegamos al área del carnaval no encontramos estacionamiento cerca de la Ruíz y primera, que es donde nos juntábamos los choyeros. Terminamos estacionados por la séptima y obregón y ahí vamos cargando de los hombros al peter porque seguía sin poder caminar solo. Todo iba bien hasta que llegamos a la quinta y empezó a escuchar la música. Porque no podía caminar pero bailar sí. Como estaba mucho más complicado llevarlo así decidimos que a cada quien le tocaba llevarlo una cuadra. Cuando por fin llegamos a nuestra base de operaciones me dice mi carnal no mames me cansé machín.


¿Y eso? Si a cada quien nos tocó una cuadra


Sí, pero a ti te tocó cuadra romántica y a mí me tocó norteño.


Ya estando ahí nos turnamos para cuidarlo, a la foca se le cayó dos veces, pero puedo decir en su descargo que estaba comiendo un hot dog, y ustedes saben que las prioridades a veces son algo difusas. Ya como a la una de la mañana nadie sabía dónde estaba el Peter ni a quien se le había perdido. Después de buscarlo un rato lo encontramos en la licor de la esquina comprando un litro de jimador.


De a tiro la chingas compa! Le dijo el Tony al bato de la licor.


Estás viendo que viene hasta el moño mi compa y tu todavía vendiéndole más pisto.


No pues a mí me lo pidió yo se lo vendí. Quieres que le regrese la feria?


No, no, ya está aquí el tequila no se vaya echar a perder


No sé a que horas regresamos pero ya era noche y veníamos algo borrachos. Y en lo que entrabamos al depa el Peter se nos volvió a perder. Después de un rato de buscarlo el piskuacho lo encontró como a dos cuadras platicando con un jetta


Pinche chamuco me la peló, ja! Pinche Alfonso tiene chichitas


Peter, no mames, ¿cómo que te la peló? Estás platicando con un carro cabrón!


Al día siguiente el Peter se despertó fresco como una lechuga y dijo.


Oigan y ayer siempre no fuimos a esa madre


Cúal madre Peter?


Al carnaval pues


Y todos en coro


No mames Peter!


lunes, 28 de mayo de 2012

Esos animales son mansitos

No sé en qué estaría pensando mi mamá cuando me llevó a ver Tiburón en el viejo cine california 70 en Ensenada. Debo de haber tenido probablemente unos 8 o 9 años y por supuesto que salí aterrorizado. Esto no hubiera sido mayor problema de no haber sido porque el mar era parte importante de mi vida.

Guerrero Negro es un pueblo de gente a la que le gusta pescar y de todos los habitantes del pueblo mi apá era el más aficionado. Había instalado en su pickapcito una estructura de metal para llevar su lancha siempre lista y solo la bajaba para echarla al mar. Los fines de semana casi siempre eran de pesca y las vacaciones con mayor razón.

Ese año las vacaciones fueron como de costumbre en El Barril. Un rancho escondido en el golfo al que se llegaba después de varias horas de andar por un camino de terracería bastante rudo.

Las vacaciones en el barril eran lo máximo, la aventura empezaba desde que llegábamos al Arco, un antiguo pueblo minero al que se llega tomando una desviación hacia el norte por la carretera transpeninsular. Ahí llegábamos a tomar café y platicar con una familia de amigos de mi papá antes de agarrar el largo camino de terracería que lleva hacia el barril. Ya con las pilas recargadas vámonos!. La cuesta de la Ley siempre era un reto subirla y más delante llegábamos a descansar a los cirios de mi apá. Mi apá tenía dos cirios que decía que una vez que andaba de cacería le habían dado buena suerte, porque después de mucho tiempo de buscar sin ver un solo venado se sentaron a descansar a un lado de ellos y de repente como salidos de la nada aparecieron dos venados. Así que siempre llevábamos un par de galones de agua reservados para echárselos. Dicen que los cirios crecen muy lento, pero sospecho que esto es por la falta de agua, porque estos año con año los encontrábamos más grandotes.

Después de varias horas de camino como dentro de una lavadora automática llegábamos a El Barril, un rancho de unos grandes amigos de mi apá. Ahí vivía Locha con su familia, entre ellos Miguel y Luis, quien después viviría en Guerrero Negro y le decían el Palo Verde, un par de niños de mi edad, así que había con quien jugar.

Siempre nos levantábamos muy temprano, a veces para ir de cacería a las liebres que después nos cenábamos.  Por las tardes también le tirábamos a las palomas con el rifle de municiones y por supuesto que estas terminaban en las brasas, deliciosas!. Para la cena siempre íbamos por hojas para el té de limón a la huerta y después nos salíamos al porche a platicar, y de cuando en cuando pasaban los murciélagos hechos la mocha por encima de nuestras cabezas.

Sin embargo la mayoría de los días eran días de pesca. Nos levantábamos prácticamente de noche y a subir las cosas al pickup para en cuanto saliera el sol estar echando la lancha al agua. El día que nos ocupa estábamos Locha, mi apá y yo como a unos 500 metros de la orilla. Lo que estábamos sacando ese día son unos peces que les decimos viejas, son como cochitos, pero más grandes y de color rojizo si mi memoria no me falla.

El agua estaba clarita y se miraba el fondo a pesar de que debe de haber habido unas 10 o 15 brazas. Y en eso estábamos cuando le pica otro a Locha y me asomo para verlo y....... que pasa un tiburonzote y se lleva el pez de Locha de una sola mordida. Locha ni siquiera sintió un jalón, fue como si lo hubiera cortado con unas tijeras muy filososas. El tiburón probablemente mediría unos tres metros pero les juro que yo lo vi como de 15!. Por supuesto que inmediatamente empecé a llorar.

Apá, vámonos, viste el tiburón?, nos va a comer!

Qué nos va a comer ni que nada, no estés dando lata


Apá, está bien lejos la orilla, nos va a hundir la lancha

Que no hacen nada esos animales, son mansitos!

Y yo llore y llore

Ah sí, tienes ganas de llorar?, te voy a dar un motivo de a deveras para que llores

Dos cintarazos después, ya más tranquilo, me serví una tacita de café para relajarme y seguir pescando.