Pobre hombrecillo
Te imagino llegando cansado a casa, hoy fue un gran día para ti, muy probablemente hoy tocaste tu cenit, te recordaremos por muchos años, pero será un recuerdo triste, sin rabia. ¿cómo habríamos de tenerla?, nunca esperamos que fueras a hacer otra cosa que interpretar el papel para el que fuiste contratado. Fuiste; eres, como un rival de Kawaghi, un pobre payaso que vendió su poca dignidad por unas cuantas monedas.
Te sientas en la cama, un poco borracho porque los brindis fueron muchos y las felicitaciones de los hombres grises también tienen su toque embriagador para los que tienen sed de poder. Pero en el fondo sabes que aunque hoy te abracen y reconozcan como uno de los suyos, en realidad no lo eres, solo juegas el papel de bufón del príncipe idiota y no pasarás de tener más poder que el de portero de bar de moda.
Quiero pensar que a pesar de traer el cerebro nublado antes de dormir haces un recuento del día y ahí es donde te llega como ola el verdadero significado de lo que acaba de suceder. Vendiste la pelea, te dejaste caer en el segundo round sin saber a ciencia cierta si podías haber ganado porque nunca te diste siquiera la oportunidad de planteártelo, vaya, ni un mísero jab tiraste, solo te dejaste caer cuando ni siquiera te habían golpeado. No te preocupes, entendemos. No tienes talento, la vida te puso en la cartelera estelar sin que lo merecieras, solo para que los hombres grises ganaran sus apuestas.
Supongo que de joven no te imaginabas esto como tu destino, tú estabas hecho para grandes cosas y ahora yaces babeante en la lona y el público no sabe si abuchearte o tenerte lástima y te preguntas ¿cómo llegué a esto?. Pero el alcohol es benigno y seguro te dará una voz interior que te dirá 'no les hagas caso, mira todas las cosas bonitas que ahora tienes, es pura envidia porque ellos no pueden tenerlas'
Y poco a poco esta vocecilla te susurrará al oído todas las excusas que necesitas para sentirte mejor 'no hiciste nada ilegal', 'lo importante son las instituciones', 'hay que ver el big picture', 'en una semana nadie se acordará de esto' y así te irás quedando dormido. No sabes bien por qué, pero a pesar de estar convencido y orgulloso de tu trabajo, la imagen de tu abuela enfunfurruñada te machaca con recuerdos diciéndote 'no te hagas tonto mi niño, tú sabes lo que está bien y lo que está mal'
Duerme bien Virgilio, tú lugar en la historia está seguro. Te recordaremos, seguro que sí, pero no temas, nadie te va a reclamar nada, tú solo demostraste tu valía, lástima que no era mucha.
sábado, 22 de agosto de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Historias de Lucha Libre
Me encanta la lucha libre mexicana desde toda la vida. De niño coleccioné las estampitas de lucha libre que comprabamos con el Carnitas, y todos los sábados miraba las luchas de la AAA en la tele cuando estaba en la secundaria. Por supuesto que cuando me mudé a Tijuana empecé a visitar el auditorio con frecuencia y estas son algunas historias que les quiero compartir.
Nos sentamos en la cuarta o quinta fila y para la tercera lucha ya era todo un experto en estar gritando chingaderas. En la penúltima lucha una doña que estaba sentada enfrente de nosotros se sintió aludida por algo que gritó el Humberto y encabronada se volteó y nos empezó a reclamar de forma airada, por no decir que nos la hizo de pedo bien cabrón. Por supuesto que el marido también nos empezó a gritar pero sin mucha convicción.
El asunto no pasó a mayores y seguimos viendo las luchas un poco molestos nada más. Cuando todo se terminó y nos encaminamos a la salida venía la doña todavía reclamándonos. Pasamos al baño y ahí nos alcanzó el marido con cara de encabronado y nos dice
Muchachos, mi señora me mandó a hacérselas de pedo pero no le hagan caso, así es ella, se pone violenta cuando toma, no se aguiten.
Naaah, no te preocupes, pero la neta que no le dijimos nada a ella
Yo sé, pero así se pone, aguanten un poco nomás para que parezca que si les estoy reclamando.
Total que nos quedamos platicando un ratillo de la lucha y el bato se fue con la satisfacción del deber cumplido y el honor marital restaurado.
Nos sentamos y en vez de gritar se la pasó practicando con su trompeta. Para la tercera lucha ya había agarrado la suficiente práctica y se sentía confiado en sus habilidades, y en un momento en que todo mundo estaba callado se paró en el asiento y gritó a todo pulmón
Pierroth, Pierroth, ¡la porra te saluda! tu tu tututuuu
Una noche que llegamos el Humberto y yo al auditorio, nos sentamos en la segunda fila y apenas estaba pidiendo las primeras cheves cuando el Humberto me dice
Wachate homie, ¡está el Israel luchando!
Y volteo al ring y veo arriba a uno de mis clientes mencionados gritandose con una doña del público. No teníamos idea de que anduviera metido en esas danzas y fue una sorpresa muy divertida
Eit! Israel!, cabrón! ¿qué andas haciendo?
Y voltea y me saluda con una sonrisa de felicidad
¡Esele Poncho!
En eso la doña le grita algo más y el Isra se vuelve a meter en su personaje y le grita
¡Usted cállese pinche doña mariguana!
La siguiente vez que nos visitaron nos dice el Isra
Ya voy a empezar a luchar enmascarado, les digo mi identidad si nos dan un 50% de descuento
Nos perdimos la huella y no he vuelto a saber de ellos ni como clientes ni como luchadores. Espero que hayan tenido mucho éxito. Se lo merecían
La atención que nos daba el Wero era realmente VIP. Nos sentábamos y el Wero se ocupaba de todo, nos trataba como reyecitos, lo que quisieramos él se encargaba de traerlo y nos llevaba la cuenta. Pizza, chicharrón, colitas o lo que fuera se lo pedíamos al Wero y listo. En esos tiempos hasta aguinaldo le dábamos por los servicios prestados a lo largo del año.
En un cumpleaños del Humberto decidió festejarlo en una función de lucha que hicieron en una estructura montable que pusieron en el estacionamiento del hipódromo. Coincidió que ese día hubo un concurso/promoción del periódico frontera y nos ganamos 25 hamburguesas de Baja Burguer y nos estaban esperando en el departamento del Humberto junto con dos tubos de cerveza artesanal que hizo el Alvaro para después de que se acabara la función.
Al Wero ya lo habíamos apalabrado de que se pusiera a un lado de nosotros para no andar batallando. Nos sentamos todos los de la fiesta en una misma fila, éramos como 20 y tuvimos al Wero ocupado toda la noche.
Paulina llevo a sus amigas, muy guapas y muy propias hasta que una perdió el estilo y le vació una cerveza en la cabeza a Nicho el millonario, lo que le valió que la sacaran de la función y que la mencionaran en la revista super luchas como lo negro de la semana. La lucha principal era en jaula y el último en escaparse perdía la mascara o la cabellera pero nosotros traíamos tal desmadre que una parte del público en vez de ver la lucha nos estaban viendo a nosotros y se enojó el perrito Aguayo y nos empezó a reclamar y gritar chingaderas y nosotros atacados de la risa lo mandamos cortesmente a chingar a su madre.
Al final el Wero nos cobró creo que 120 cervezas o vayan ustedes a saber cuantas fueron, ya no estábamos en condiciones de contar.
El hijo del Santo tiene gran rivalidad con el Dandy y esa noche en el auditorio se estaban dando con todo. La lucha se terminó pero de todos modos siguieron la pelea. Se bajaron del ring y se dieron sillazos, se quisieron ahorcar con un cinto, se arremolinaron en medio de la gente y al Humberto no sé por qué se le ocurrió que era buena idea tomar partido y agarró un extinguidor de la pared del auditorio y se lo alcanzó al Santo. El no lo usó para agarrarlo a tubazos, sino que le quitó el seguro y le vació el contenido en la cara bañando al mismo tiempo al Dandy y a mucha gente del público.
El Humberto se dió a la fuga y al Santo lo castigaron 6 meses sin luchar en Tijuana.
Años después por twitter el Humberto le preguntó al Santo que si se acordaba y él le respondió
Claro que me acuerdo, que buena noche ¿verdad?
Siempre que venía nos la pasábamos duro y dale gritándole cosas y era típico gritarle
Lider, lider, lider hasta que volteaba, y entonces le lanzábamos un Chinga tu madreee! o algo similar.
Total que un día el Humberto se lo encontró en el aeropuerto y ahí va a pedirle un autógrafo y el Lider se le queda viendo y le dice
Tu eres el pinche gordito que siempre me grita chingaderas en el auditorio, no te doy ni madres!
Esa vez vino de visita Marta, una amiga de Ensenada y habíamos comprado con anterioridad boletos ring side. Llegamos temprano y había una larga cola para entrar en general, unos amigos que nos encontramos nos dijeron que ya tenían un par de horas haciendo cola para que les tocara buen lugar. Afortunadamente a nosotros nos dejaron de entrar de inmediato y a los de general todavía los hicieron esperar un buen rato más.
No me acuerdo quienes lucharon en las preeliminares pero estaba haciendo calorcito, así que le entramos a la cerveza con singular alegría.
Cuando por fin empezó la lucha estelar atras de nosotros estaba un señora bien fanática con una lona de apoyo al Santo y se la pasó grite y grite echándole porras a su ídolo hasta que...
En la tercera lucha el Santo le rompió una tabla en la cabeza a la Super Parka y lo hizo encabronar muchísimo y se quitó la parte de arriba de su disfraz y pues el tipo estaba todo musculoso marcado como fisicoculturista y nuestra vecina de atrás al verlo exclamó
Paarkaa!, caaambio
tiró la lona y cambió de bando.
El Humberto conoce las luchas
El Humberto nunca había ido a las luchas y me tocó llevarlo por primera vez y creo que no exagero en decir que para él fue una epifanía.Nos sentamos en la cuarta o quinta fila y para la tercera lucha ya era todo un experto en estar gritando chingaderas. En la penúltima lucha una doña que estaba sentada enfrente de nosotros se sintió aludida por algo que gritó el Humberto y encabronada se volteó y nos empezó a reclamar de forma airada, por no decir que nos la hizo de pedo bien cabrón. Por supuesto que el marido también nos empezó a gritar pero sin mucha convicción.
El asunto no pasó a mayores y seguimos viendo las luchas un poco molestos nada más. Cuando todo se terminó y nos encaminamos a la salida venía la doña todavía reclamándonos. Pasamos al baño y ahí nos alcanzó el marido con cara de encabronado y nos dice
Muchachos, mi señora me mandó a hacérselas de pedo pero no le hagan caso, así es ella, se pone violenta cuando toma, no se aguiten.
Naaah, no te preocupes, pero la neta que no le dijimos nada a ella
Yo sé, pero así se pone, aguanten un poco nomás para que parezca que si les estoy reclamando.
Total que nos quedamos platicando un ratillo de la lucha y el bato se fue con la satisfacción del deber cumplido y el honor marital restaurado.
Pierroth la porra te saluda!
El Manú desde muy chico fue aficionado a ir a las luchas y a los 5 años ya era un veterano del auditorio. Una tarde antes de entrar me pidió que le comprara una trompetita de plástico. No es fácil hacer ruido con esas ondas pero él iba feliz haciéndole la lucha.Nos sentamos y en vez de gritar se la pasó practicando con su trompeta. Para la tercera lucha ya había agarrado la suficiente práctica y se sentía confiado en sus habilidades, y en un momento en que todo mundo estaba callado se paró en el asiento y gritó a todo pulmón
Pierroth, Pierroth, ¡la porra te saluda! tu tu tututuuu
Cállese pinche doña mariguana!
En esos tiempos teníamos unos clientes muy chambeadores pero muy pobres. Tenían una empresa de estudios de mercado y andaban queriendo levantar un negocito de mensajería local. Lo que les sobraba de ganas les faltaba de capital. Y llegaban con relativa frecuencia a la oficina a saludar y a negociar algún descuento.Una noche que llegamos el Humberto y yo al auditorio, nos sentamos en la segunda fila y apenas estaba pidiendo las primeras cheves cuando el Humberto me dice
Wachate homie, ¡está el Israel luchando!
Y volteo al ring y veo arriba a uno de mis clientes mencionados gritandose con una doña del público. No teníamos idea de que anduviera metido en esas danzas y fue una sorpresa muy divertida
Eit! Israel!, cabrón! ¿qué andas haciendo?
Y voltea y me saluda con una sonrisa de felicidad
¡Esele Poncho!
En eso la doña le grita algo más y el Isra se vuelve a meter en su personaje y le grita
¡Usted cállese pinche doña mariguana!
La siguiente vez que nos visitaron nos dice el Isra
Ya voy a empezar a luchar enmascarado, les digo mi identidad si nos dan un 50% de descuento
Nos perdimos la huella y no he vuelto a saber de ellos ni como clientes ni como luchadores. Espero que hayan tenido mucho éxito. Se lo merecían
El Wero, el cumpleaños del Humberto y el Perrito
No sé cómo pero nos hicimos clientes consentidos del Wero, un chelero del auditorio. Llegábamos con boletos de zona general que le regalaban los promotores al Humberto y nos reportábamos con el Wero y el nos pasaba a ring side, a tercera o cuarta fila dependiendo de que tan concurrida estuviera la lucha.La atención que nos daba el Wero era realmente VIP. Nos sentábamos y el Wero se ocupaba de todo, nos trataba como reyecitos, lo que quisieramos él se encargaba de traerlo y nos llevaba la cuenta. Pizza, chicharrón, colitas o lo que fuera se lo pedíamos al Wero y listo. En esos tiempos hasta aguinaldo le dábamos por los servicios prestados a lo largo del año.
En un cumpleaños del Humberto decidió festejarlo en una función de lucha que hicieron en una estructura montable que pusieron en el estacionamiento del hipódromo. Coincidió que ese día hubo un concurso/promoción del periódico frontera y nos ganamos 25 hamburguesas de Baja Burguer y nos estaban esperando en el departamento del Humberto junto con dos tubos de cerveza artesanal que hizo el Alvaro para después de que se acabara la función.
Al Wero ya lo habíamos apalabrado de que se pusiera a un lado de nosotros para no andar batallando. Nos sentamos todos los de la fiesta en una misma fila, éramos como 20 y tuvimos al Wero ocupado toda la noche.
Paulina llevo a sus amigas, muy guapas y muy propias hasta que una perdió el estilo y le vació una cerveza en la cabeza a Nicho el millonario, lo que le valió que la sacaran de la función y que la mencionaran en la revista super luchas como lo negro de la semana. La lucha principal era en jaula y el último en escaparse perdía la mascara o la cabellera pero nosotros traíamos tal desmadre que una parte del público en vez de ver la lucha nos estaban viendo a nosotros y se enojó el perrito Aguayo y nos empezó a reclamar y gritar chingaderas y nosotros atacados de la risa lo mandamos cortesmente a chingar a su madre.
Al final el Wero nos cobró creo que 120 cervezas o vayan ustedes a saber cuantas fueron, ya no estábamos en condiciones de contar.
Castigan al Hijo del Santo
Las rivalidades dentro del ring pueden durar muchos años y trascender generaciones como la de Blue Demon Jr y Rayo de Jalisco Jr.El hijo del Santo tiene gran rivalidad con el Dandy y esa noche en el auditorio se estaban dando con todo. La lucha se terminó pero de todos modos siguieron la pelea. Se bajaron del ring y se dieron sillazos, se quisieron ahorcar con un cinto, se arremolinaron en medio de la gente y al Humberto no sé por qué se le ocurrió que era buena idea tomar partido y agarró un extinguidor de la pared del auditorio y se lo alcanzó al Santo. El no lo usó para agarrarlo a tubazos, sino que le quitó el seguro y le vació el contenido en la cara bañando al mismo tiempo al Dandy y a mucha gente del público.
El Humberto se dió a la fuga y al Santo lo castigaron 6 meses sin luchar en Tijuana.
Años después por twitter el Humberto le preguntó al Santo que si se acordaba y él le respondió
Claro que me acuerdo, que buena noche ¿verdad?
Joe Lider
Hubo una época en que la familia de Tijuana luchaba muy frecuentemente, Nicho, Demian 666 y Halloween. También de esos tiempos veíamos a Xtreme Tiger, Arandú, TJ Boy, Mortiz y muchos más. Uno de ellos era Joe Lider, un luchador de Guadalajara que todos amábamos odiar.Siempre que venía nos la pasábamos duro y dale gritándole cosas y era típico gritarle
Lider, lider, lider hasta que volteaba, y entonces le lanzábamos un Chinga tu madreee! o algo similar.
Total que un día el Humberto se lo encontró en el aeropuerto y ahí va a pedirle un autógrafo y el Lider se le queda viendo y le dice
Tu eres el pinche gordito que siempre me grita chingaderas en el auditorio, no te doy ni madres!
Santo contra la Super Parka
Este no fue un evento normal, esta era una lucha de máscara contra máscara del Hijo del Santo contra La Super Parka. Para una lucha de tal magnitud el auditorio era demasiado pequeño así que esta vez se mudaron al ahora desaparecido toreo de Tijuana.Esa vez vino de visita Marta, una amiga de Ensenada y habíamos comprado con anterioridad boletos ring side. Llegamos temprano y había una larga cola para entrar en general, unos amigos que nos encontramos nos dijeron que ya tenían un par de horas haciendo cola para que les tocara buen lugar. Afortunadamente a nosotros nos dejaron de entrar de inmediato y a los de general todavía los hicieron esperar un buen rato más.
No me acuerdo quienes lucharon en las preeliminares pero estaba haciendo calorcito, así que le entramos a la cerveza con singular alegría.
Cuando por fin empezó la lucha estelar atras de nosotros estaba un señora bien fanática con una lona de apoyo al Santo y se la pasó grite y grite echándole porras a su ídolo hasta que...
En la tercera lucha el Santo le rompió una tabla en la cabeza a la Super Parka y lo hizo encabronar muchísimo y se quitó la parte de arriba de su disfraz y pues el tipo estaba todo musculoso marcado como fisicoculturista y nuestra vecina de atrás al verlo exclamó
Paarkaa!, caaambio
tiró la lona y cambió de bando.
jueves, 26 de febrero de 2015
Historia de amor de media semana
La miré a los ojos y le pregunté ¿sabes hacer tortillas de harina?
sonrió con esa sonrisa orgullosa de quien se sabe triunfador y me respondió: Sí
Ahí supe que estaba irremediablemente condenado a amarla
sonrió con esa sonrisa orgullosa de quien se sabe triunfador y me respondió: Sí
Ahí supe que estaba irremediablemente condenado a amarla
jueves, 16 de octubre de 2014
20 de Noviembre ¡no se olvida!
Tal vez ustedes no lo recuerdan o no lo hayan vivido pero a principios de los 80 la economía del país empezó a irse al carajo vertiginosamente. Estaba en tercero de secundaria cuando el peso repentinamente se devaluó a cerca de 100 pesos por dolar y las cuentas en dólares de pronto se convirtieron en pesos, al tipo de cambio que al gobierno le dio la gana.
Durante estos días no se hablaba de otra cosa en nuestras casas que de lo difícil que se iba a poner la situación. Nosotros no éramos particularmente activos políticamente e incluso la sociedad de alumnos no era otra cosa que unos voceros al servicio de la dirección, tal y como lo requieren las buenas conciencias.
En medio de todo este ambiente llegaron los preparativos del desfile del 20 de noviembre, no solo con los ensayos sino también con los requerimientos de siempre: Tenis nuevos, pantalón y sudadera blancos y las pendejaditas adicionales para hacer el show.
No sé de quién fue la idea pero empezamos a discutir de lo innecesario de todos estos gastos y que el desfile muy bien se podía llevar a cabo con nuestro uniforme de la secundaria y así nuestros padres no tendrían que hacer esos gastos.
Poco a poco la idea fue tomando forma y decimos recabar firmas y presentar la propuesta en la dirección. Recuerdo que nos la pinteamos Guillermo y Loreto Talamantes, Homero Navarro y Yo y nos fuimos al parque y con una maquinita de escribir hicimos nuestra propuesta.
Los siguientes días fueron de mucha actividad convenciendo a los compañeros de que firmaran. No recuerdo cuantas firmas recabamos pero sí que la gran mayoría de a los que le pedimos firmaron.
Entregamos nuestra propuesta junto con todas las firmas creyendo sinceramente que era algo lógico y que no tendría mayor problema en que lo aceptaran. ¡Oh bendita inocencia!
Al día siguiente nos citaron en la dirección y nos reclamaron que por qué nos estábamos metiendo en cosas de política y que se notaba claramente que el escrito lo había hecho algún adulto que nos estaba manipulando. No sé si realmente estaba muy bien escrito o simplemente es el cliché con el que se pretende descalificar a cualquier movimiento estudiantil y que me ha tocado ver tantas veces repetido a lo largo de mi vida.
La discusión subió de tono y empezaron las amenazas. De nuestro lado que no íbamos a desfilar y del de ellos que si no desfilábamos nos bajarían calificación en matemáticas. Sin más que discutir salimos más bien confundidos. No entendíamos como la vanidad del desfile les impedía escuchar razones.
Años después entendí que la cuestión no era que les importara un carajo el dichoso desfile, sino que se sentían ultrajados por habernos atrevido a cuestionar su autoridad. Esto explica muchas cosas que estamos viviendo estos días.
De los maestros no recibimos mayor muestra de apoyo, solo la del Sergio Buelna, maestro de mecánica, que nos reclamó que no le hubiéramos consultado cómo hacer las cosas.
Ahora tienen que aguantarse como los hombres y no desfilar fue lo último que nos dijo.
No hicimos mayor trabajo de convencimiento con los compañeros para que no desfilaran, pero eso sí, nosotros cuatro no lo hicimos. Y tal y como nos lo habían advertido llegó David el prefecto al salón con un tono amenazador a preguntar quién no había desfilado y el porqué. El Guillermo y el Loreto muy valientes y retadores simplemente respondieron Porque no. El Homero no me acuerdo y a mí se me abrió un poquito la cajuela y dije que había estado enfermo.
Nos aplicaron el dichoso descuento en matemáticas pero no nos importó gran cosa. Ambas partes ahora sabíamos de qué estábamos hechos
Durante estos días no se hablaba de otra cosa en nuestras casas que de lo difícil que se iba a poner la situación. Nosotros no éramos particularmente activos políticamente e incluso la sociedad de alumnos no era otra cosa que unos voceros al servicio de la dirección, tal y como lo requieren las buenas conciencias.
En medio de todo este ambiente llegaron los preparativos del desfile del 20 de noviembre, no solo con los ensayos sino también con los requerimientos de siempre: Tenis nuevos, pantalón y sudadera blancos y las pendejaditas adicionales para hacer el show.
No sé de quién fue la idea pero empezamos a discutir de lo innecesario de todos estos gastos y que el desfile muy bien se podía llevar a cabo con nuestro uniforme de la secundaria y así nuestros padres no tendrían que hacer esos gastos.
Poco a poco la idea fue tomando forma y decimos recabar firmas y presentar la propuesta en la dirección. Recuerdo que nos la pinteamos Guillermo y Loreto Talamantes, Homero Navarro y Yo y nos fuimos al parque y con una maquinita de escribir hicimos nuestra propuesta.
Los siguientes días fueron de mucha actividad convenciendo a los compañeros de que firmaran. No recuerdo cuantas firmas recabamos pero sí que la gran mayoría de a los que le pedimos firmaron.
Entregamos nuestra propuesta junto con todas las firmas creyendo sinceramente que era algo lógico y que no tendría mayor problema en que lo aceptaran. ¡Oh bendita inocencia!
Al día siguiente nos citaron en la dirección y nos reclamaron que por qué nos estábamos metiendo en cosas de política y que se notaba claramente que el escrito lo había hecho algún adulto que nos estaba manipulando. No sé si realmente estaba muy bien escrito o simplemente es el cliché con el que se pretende descalificar a cualquier movimiento estudiantil y que me ha tocado ver tantas veces repetido a lo largo de mi vida.
La discusión subió de tono y empezaron las amenazas. De nuestro lado que no íbamos a desfilar y del de ellos que si no desfilábamos nos bajarían calificación en matemáticas. Sin más que discutir salimos más bien confundidos. No entendíamos como la vanidad del desfile les impedía escuchar razones.
Años después entendí que la cuestión no era que les importara un carajo el dichoso desfile, sino que se sentían ultrajados por habernos atrevido a cuestionar su autoridad. Esto explica muchas cosas que estamos viviendo estos días.
De los maestros no recibimos mayor muestra de apoyo, solo la del Sergio Buelna, maestro de mecánica, que nos reclamó que no le hubiéramos consultado cómo hacer las cosas.
Ahora tienen que aguantarse como los hombres y no desfilar fue lo último que nos dijo.
No hicimos mayor trabajo de convencimiento con los compañeros para que no desfilaran, pero eso sí, nosotros cuatro no lo hicimos. Y tal y como nos lo habían advertido llegó David el prefecto al salón con un tono amenazador a preguntar quién no había desfilado y el porqué. El Guillermo y el Loreto muy valientes y retadores simplemente respondieron Porque no. El Homero no me acuerdo y a mí se me abrió un poquito la cajuela y dije que había estado enfermo.
Nos aplicaron el dichoso descuento en matemáticas pero no nos importó gran cosa. Ambas partes ahora sabíamos de qué estábamos hechos
sábado, 4 de octubre de 2014
La pluma en forma de cebra
Por: Pedro Alfonso Paredes Pérez
Esta es la historia de Frank, un hombre común como muchos, pero inusual como pocos.Nuestra historia comienza en el año 1983 A.D.LT.(antes de los titanes), Frank trabajaba en una tienda de autos Volkswagen, no le pagaban mucho pero a él no le importaba el dinero. Él era un hombre feliz con todo lo que tenía.
Frank vivía con su perro Lucho, tenía un Volkswagen que le daba la compañía a cada empleado productivo después de cierto tiempo (no era un auto que digas ¡órale! que rico ha de ser ese hombre, pero un auto es un auto ¿no?). Tenía una hermosa casa en una fea ciudad (seamos realistas no todas las ciudades son limpias, con buen gobierno… creo que ya me expliqué ¿no?), una televisión que abarcaba todas sus necesidades y lo mejor de todo: era el MEJOR en su trabajo, nadie lo hacía con el ánimo de Frank, ¡¡¡hasta el gerente le tenía celos!!!
A Frank le gustaba en las mañanas un buen jugo de naranja con limón y piña (no me juzguen, eso le gusta a Frank y yo solo estoy relatando su historia), cuando se le acababan las frutas que usaba iba al mercado por más, pero ese día decidió tomar una ruta distinta, y vio que un compañero suyo llamado Judrogitón (no me mires así, ese nombre le pusieron sus padres ¿está bien? Yo solo narro la historia) que estaba haciendo una venta de garaje, ahí estaba también el gerente que al igual que Frank pasó por otra ruta y terminó ahí pero no venía con buen humor, él estaba furioso por una venta que no logró hacer y empezó a molestar a Judrogitón tirando cosas de sus mesas solo para irse 1 minuto con 27 segundos después de haber llegado sin siquiera haber saludado. Frank le ayudó a recoger todo y al estar recogiendo se encontró con un artículo muy particular: una pluma con forma de cebra.
Frank se interesó por la pluma y aunque Judrogitón no sabía qué era eso o de dónde lo había sacado Frank dejó que se lo llevara gratis
Llegando a su casa Frank se dirigió a resolver el crucigrama de la semana que venía en el periódico (nunca los hacía pero siempre hay una primera vez para todo y esta era la primera vez que él hacia un crucigrama), recordó la pluma que adquirió ese mismo día y se propuso a terminar el crucigrama con esa nueva pluma
Comenzando el crucigrama se quedó pensando en la primera pregunta: animal de 4 patas, grande, con piel blindada y con un cuerno (probablemente dirás; qué fácil pregunta, la respuesta es rinoceronte), en el mundo de Frank no existía tal cosa como un rinoceronte, es más, eran solo un mito en el espacio (si mundo, ¿ah verdad? ¿Pensaste que la tenías tan fácil?), pero Frank no pensaba si era un rinoceronte, él sabía lo que era exactamente: un ponycornio. Un ponycornio es una especie de pony fusionado con unicornio (si exacto, no me preguntes, solo sigue leyendo).
Frank de chico siempre quiso un ponycornio, ir volando sobre un volcán marino y cosas así. Pero se extinguieron así que no podía obtener uno. Frank escribió la palabra ponycornio en su crucigrama, momentos después la palabra había desaparecido y en su lugar apareció un: gran, blindado y con un cuerno de unicornio blanco, ponycornio. Al principio se asustó y pensó que estaba loco pero se dio cuenta de que no.
Durante un rato Frank siguió apareciendo cosas que necesitaba como una cama nueva, otra casa para Lucho y otras cosas más.
Al día siguiente Frank llevó la pluma al trabajo comiendo una que otra galleta de cuando en cuando porque ¿Quién no come galletas mientras trabaja en su oficina? (no cuentan maestros). Por fin le tocó un cliente, dejó sus galletas y cuando agarró su pluma para guardarla tuvo una visión de él en el futuro: era él con ese cliente vendiéndole un auto en específico, el cliente le dio las características de lo que buscaba y Frank lo llevo al auto de la visión. El cliente le sorprendió de lo que hizo Frank: no le dio el auto que pidió sino que le dio justo lo que quería en verdad.
Hizo la venta y el gerente hablo con él, que no lo llevó con el auto que el cliente había especificado y todo eso, pero luego se dio cuenta de lo feliz que estaba el cliente con su nuevo y asombroso auto (tenía radio, siiiii matracaaaa) y tuvo que concederle a Frank la razón.
Frank volvió felizmente a su hogar, sacó a pasear a su perro y su ponycornio (por más que un animal se extinguiera uno tenía la libertad que quisiera de tener a una especie en peligro de extinción) volviendo a su casa vio la televisión un rato y luego se preparaba un cereal cuando tocaron la puerta…
A Frank nunca nadie le había tocado la puerta, agarró la pluma para tener una visión y se vio a él cayendo con un hoyo en el pecho. Frank al ver esto no abrió la puerta pero aun así el hombre misterioso entró y trató de apuñalar a Frank. Frank estaba indefenso ante esta amenaza y estaba seguro que iba a tener una muerte lenta y desesperante. De pronto Judrogitón entró lanzándole una piedra al hombre misterioso aturdiéndolo y dándole tiempo a Frank de escapar. Frank subió al auto de Judrogitón, Lucho subió al auto también, huyeron de ese oscuro lugar: el cielo se oscureció y cayó un rayo cerca de las afueras de la ciudad apareciendo junto con él a muchos monstros.
Frank se dio por vencido, ni con las habilidades del mejor luchador del mundo podría vencerlos a todos, todos los monstruos eran rápidos y se iban hacia Frank con mayor velocidad de la que podía correr. Finalmente uno de ellos lo tacleó, y Frank aterrorizado se lamentó por no poder haber estado más tiempo con Lucho (que estaba persiguiendo un monstruo), por no haber ido a las carreras con el ponycornio y por no haber completado el crucigrama.
El monstruo saco de su bolsillo una navaja e hizo un hoyo en la camiseta de Frank quitándole la pluma, justo después de esto el cielo se volvió claro y los monstruos desaparecieron al instante.
Resulta que la pluma era un objeto que se le daba a la gente buena para que aprendieran que por más que un objeto les puede facilitar la vida deben vivirla como siempre la han vivido. Judrogitón era solo uno de los que entregaba los objetos a esos elegidos.
Frank aprendió la lección, volvió a su casa con Lucho, prendió la tele y continuó viendo su anime favorito shingeki no kyojin.
domingo, 20 de julio de 2014
Todo era nada
Todo era nada.
Y mientras tanto, creíamos que nada pasaba.
Creíamos que nada era grave.
Que nada nos afectaba, que nada nos tocaba.
Porque aunque todo pasaba, lo veíamos a través de pantallas.
Pantallas que convertían el suceso más dramático en simple entretenimiento nocturno.
Pantallas en las que los encargados de informar hablaban con tono de cirqueros.
Pantallas que convertían todo en nada.
Y mientras nada pasaba, fuimos perdiendo la capacidad de asombro.
Fuimos viendo el asesinato, la corrupción y la tortura como algo cotidiano.
El sexo, como un acto casual sin sustancia.
El amor, como una comedia ligera.
Mientras nada pasaba, nuestros gustos, deseos y ambiciones eran dictados a través de esa pantalla.
Y fuimos consumidores.
Nada pasaba mientras la pantalla nos decía que para ser felices, debíamos buscar que todos nos aceptaran.
Y fuimos inseguros, anoréxicos y metrosexuales.
Era la época en la que la pantalla nos mostraba un todo que no significaba nada.
Y la nada, era muy cómoda.
No había que preocuparse por leer, la pantalla lo hacía por nosotros.
No había que pensar en temas de plática, bastaba con encender la pantalla.
No había que esforzarse en educar a nuestros hijos, la pantalla lo hacía a la perfección.
Y fuimos autómatas.
Mientras nada pasaba, nos fuimos llenando de pantallas.
Pantallas en casa, pantallas en la oficina, pantallas en nuestros bolsillos.
Y las pantallas que veíamos nos cegaban ante lo que realmente pasaba.
Y por un tiempo, estar ciegos fue bueno.
Confortable.
Pero poco a poco, ese confort se fue conviertiendo en incomodidad.
Una incomodidad inexplicable.
Una incomodidad inquietante, sofocante, aplastante.
Una incomodidad que nos llevó a buscar respuestas.
A cuestionar lo que nos rodeaba.
Y en efecto, buscamos respuestas.
Pero las buscamos en las pantallas.
Así, el círculo se cerró y dejamos de avanzar.
Nos estacionamos sin saberlo, y tal vez, sin quererlo en la confortable sensación de que nada pasaba.
Y mientras nada pasaba, la estulticia se volvió nuestra compañera.
Y mientras nada pasaba, nuestra civilización se acababa.
Mientras nada pasaba, economías enteras se colapsaban.
Guerras se declaraban.
Los cuerpos se apilaban.
Las cabezas literalmente volaban.
Pero, como era cosa de todos los días, a nuestros ojos, nada pasaba.
Hasta que llegó el momento en que todo dejó de pasar en la pantalla.
Empezó a pasar cada vez más cerca.
Tan cerca, que nos empezó a tocar.
Tan cerca, que no tuvimos escapatoria.
Tan cerca, que ni siquiera las pantallas nos tranquilizaron.
Pero aún así, decíamos que nada pasaba.
Lo decíamos en un futil intento por tranquilizarnos.
Lo decíamos con la esperanza de que todo fuera un sueño.
Y mientras lo decíamos, los ejércitos sitiaron las ciudades.
Mientras lo decíamos, el sonido de las sirenas aumentaba.
Lo decíamos mientras el sonido de las balas se volvía más y más común.
Mientras ver cadaveres a nuestro alrededor era cotidiano y hasta trivial.
Decíamos que nada pasaba mientras la vida se nos pasaba.
RBoxer
Publicado en la Revista En Tanke Tsm de Tijuana, 2010 con ilustración de Luis Vicente Díaz
domingo, 6 de julio de 2014
La chancla de mi amá y el cinto de mi apá
En mis tiempos era común que las mamás nos dieran con la chancla, los papás con el cinto y en la escuela los maestros con el metro. Así es como era, punto. No había nada que reclamar, alégale al ampayer. De los maestros esta vez no voy a decir nada, pero no se me ha olvidado cabroncitos.
La chancla
Ya conocen la bonita tradición de las madres mexicanas de amenazar y muchas veces darle a los hijos con la chancla, pues bien, la situación es que las chanclas de mi amá eran de madera, probablemente de una pulgada de gruesa, con un cintillo de piel de color blanco, lo cual no es importante; que hayan sido de madera sí, estaban pesadas y duras.
Total que para no darle más vueltas al asunto resulta que un día no sé qué habría hecho que mi amá me iba correteando dentro de la casa y no me podía alcanzar, porque eso sí, mi política siempre fue si me vas a pegar me tienes que alcanzar, así que se quitó una chancla y me aventó con ella. Para mi mala suerte con tal puntería que me dio justo en la cabeza. Sonó como a hueco, lo cual no es extraño y la verdad me dolió un chingo. Mi amá cuando se dio cuenta del madrazote que me había dado se asustó todita y llegó corriendo con el típico ayyy mi'jito, ¿te dolió mucho?, no te quería pegar. Y sí, un accidente y un chichoncito, nada más.
El tanquecito
La otra vez que me acuerdo que me sonó duro fue todavía más accidental. Ya estaba yo en la secundaria, probablemente en segundo, en esa época en que ya eres medio adolescente pero todavía tienes algunas cosas de niño. En esos días estaban de moda unos llaveros de metal con figuras de armas que vendía el Toto, ¿o era el Carnitas?, sabe, el caso es que no solo eran llaveros sino además le ponías una especie de cuete y cuando disparabas hacían ruido y eso nos gustaba mucho. Yo tenía un tanquecito de guerra de aproximadamente el tamaño de una mandarina, pesado y sólido.
Esa tarde como muchas otras, había dejado los pantalones de mi uniforme tirados en el piso y que los agarra mi amá y me dice ¡ya te he dicho muchas veces que no dejes ropa tirada! y dicho esto que me da con el pantalón en la espalda y yo salgo corriendo gritando por el dolor y mi amá atrás de mi
No seas simple cristalito, no te dolió, a la otra te voy a dar con un calcetín para que no llores.
Después del dolor inicial regresé con ella y me quité la camisa y le dije
a ver revísame
ayyy mi'jito ¿qué te pasó? ¿quién te pegó?
¡pues tú!, ¿cómo que quién?
¿cuándo?
¡pues ahorita!
Y sacando el tanquecito de mi pantalón le dije
con esto me diste
no sabía que traías eso, pero además tú tienes la culpa para qué andas dejando las cosas tiradas
Y sí, debo de reconocer que tenía razón.
El hacha
Debo de haber tenido tal vez unos 10 años y siendo como era se me ocurrió que sería buena idea tumbar un pino salado de los que estaban a un lado de la casa. Mi apá tenía una hacha chiquita de metal, de una sola pieza a la que le decíamos el tomahak, probablemente aprendimos esa palabra del Aguila Solitaria o el Llanero Solitario. En fin, el caso es que estaba duro y dale con el tomahak tratando de tumbar el árbol, que no estaba tan chiquito y que lo más probable es que cayera encima de la casa y hubiera causado daños. ¿Qué por qué estaba haciendo eso? pos nooomaaas.
Y llegó mi apá por atrás sin que me diera cuenta y me arrebató el hacha. Inmediatamente salí corriendo pues los cintarazos eran inminentes, y mi apá atrás de mí gritándome que me parara, lo cual por supuesto no iba a suceder. Lo chistoso del asunto es que mi apá nunca soltó el hacha y atrás de él iban mis amigos corriendo gritando Lo va a matar!, lo va a matar!
La persecución
En cuarto año de primaria por alguna razón que mi memoria no alcanza a recordar nos tocó tener horario quebrado, entrabamos en la mañana, salíamos a las 12 y regresábamos en la tarde creo que de 2 a 4.
Ese día en particular el profe Valero no iba a poder darnos clase en la tarde así que la teníamos libre. No sé qué pasó que mi apá no fue a comer a la casa y llegó cuando yo debería de haber estado en la escuela pero en vez de eso me encontró jugando a las canicas. Lo vi bajarse del carro ya con el cinto en la mano
Espérate pá, deja te explico!
A mi no me vas a explicar nada! replicó mientras se acercaba con toda la intención de darme unos cabronazos. Huye venado!, y me di inmediatamente a la fuga.
Salí corriendo por detrás de la casa y seguí por el callejón de atrás de la casa de los Villafaña y el Arturo tiburón. A como pude me subí a la barda de la primaria y atravesé corriendo el patio de la primaria donde mis compañeros de salón jugaban fútbol. El plan era sencillo, llegar con mi amá a su tienda y que ella le explicara que todo era legal, que no había problema por estar jugando en horas de escuela. Casi lo logro, pero justo antes de entrar a la tienda de mi amá llegó mi apá en su pickup rojo bufando de coraje. Me le escapé por el callejoncito que estaba entre la tienda de mi amá y la del carnitas. Corriendo entré a la iglesia invocando asilo en sagrado, ingenuamente creyendo que me protegería de la furia de mí ya muy encabronado padre.
Y nada que, lo vi entrar a la iglesia con el cinturón en la mano y supuse que no le importaría gran cosa lo que el rey Ethelberto pensara así que no me quedó de otra que seguir huyendo. Me metí al cuartito de los monaguillos y me salí por la ventanita que tenía cerca del piso. Esto me compró unos cuantos segundos de ventaja que aproveché para subirme al árbol más alto que pude encontrar en el parque.
Bájate, gritaba mi apá como Shere Khan
No porque me vas a pegar!
No te voy a pegar, te voy a dar unos cariñitos nada más
Pues no me bajo!
Después de un rato de gritar y habiéndose convencido de que no me iba a bajar por mi propia voluntad mi apá decidió hacer como que se retiraba. Tomó su carro y se fue, pero estacionó su carro en un lugar donde suponía que no podía verlo, escondido esperando a que me bajara para sorprenderme. El problema con este plan es que desde arriba del árbol yo podía ver perfectamente todo esto y por supuesto que no me bajé.
Finalmente se aburrió y se fue. Yo decidí esperar hasta que fuera noche para regresar a la casa. No sé a qué horas regresé pero lo que recuerdo es que mi apá ya estaba dormido y al menos por esa vez había salido ileso.
Mi amá
Siendo sinceros mi amá me pegó pocas veces y de estas solo dos merecen mención. Empiezo con su chancla.La chancla
Ya conocen la bonita tradición de las madres mexicanas de amenazar y muchas veces darle a los hijos con la chancla, pues bien, la situación es que las chanclas de mi amá eran de madera, probablemente de una pulgada de gruesa, con un cintillo de piel de color blanco, lo cual no es importante; que hayan sido de madera sí, estaban pesadas y duras.
Total que para no darle más vueltas al asunto resulta que un día no sé qué habría hecho que mi amá me iba correteando dentro de la casa y no me podía alcanzar, porque eso sí, mi política siempre fue si me vas a pegar me tienes que alcanzar, así que se quitó una chancla y me aventó con ella. Para mi mala suerte con tal puntería que me dio justo en la cabeza. Sonó como a hueco, lo cual no es extraño y la verdad me dolió un chingo. Mi amá cuando se dio cuenta del madrazote que me había dado se asustó todita y llegó corriendo con el típico ayyy mi'jito, ¿te dolió mucho?, no te quería pegar. Y sí, un accidente y un chichoncito, nada más.
El tanquecito
La otra vez que me acuerdo que me sonó duro fue todavía más accidental. Ya estaba yo en la secundaria, probablemente en segundo, en esa época en que ya eres medio adolescente pero todavía tienes algunas cosas de niño. En esos días estaban de moda unos llaveros de metal con figuras de armas que vendía el Toto, ¿o era el Carnitas?, sabe, el caso es que no solo eran llaveros sino además le ponías una especie de cuete y cuando disparabas hacían ruido y eso nos gustaba mucho. Yo tenía un tanquecito de guerra de aproximadamente el tamaño de una mandarina, pesado y sólido.
Esa tarde como muchas otras, había dejado los pantalones de mi uniforme tirados en el piso y que los agarra mi amá y me dice ¡ya te he dicho muchas veces que no dejes ropa tirada! y dicho esto que me da con el pantalón en la espalda y yo salgo corriendo gritando por el dolor y mi amá atrás de mi
No seas simple cristalito, no te dolió, a la otra te voy a dar con un calcetín para que no llores.
Después del dolor inicial regresé con ella y me quité la camisa y le dije
a ver revísame
ayyy mi'jito ¿qué te pasó? ¿quién te pegó?
¡pues tú!, ¿cómo que quién?
¿cuándo?
¡pues ahorita!
Y sacando el tanquecito de mi pantalón le dije
con esto me diste
no sabía que traías eso, pero además tú tienes la culpa para qué andas dejando las cosas tiradas
Y sí, debo de reconocer que tenía razón.
Mi apá
Pedro Cervantes era bastante más sueltecito con el cinto que mi amá y por lo mismo tendría más historias que contar, pero vamos a dejarlas también en dos.El hacha
Debo de haber tenido tal vez unos 10 años y siendo como era se me ocurrió que sería buena idea tumbar un pino salado de los que estaban a un lado de la casa. Mi apá tenía una hacha chiquita de metal, de una sola pieza a la que le decíamos el tomahak, probablemente aprendimos esa palabra del Aguila Solitaria o el Llanero Solitario. En fin, el caso es que estaba duro y dale con el tomahak tratando de tumbar el árbol, que no estaba tan chiquito y que lo más probable es que cayera encima de la casa y hubiera causado daños. ¿Qué por qué estaba haciendo eso? pos nooomaaas.
Y llegó mi apá por atrás sin que me diera cuenta y me arrebató el hacha. Inmediatamente salí corriendo pues los cintarazos eran inminentes, y mi apá atrás de mí gritándome que me parara, lo cual por supuesto no iba a suceder. Lo chistoso del asunto es que mi apá nunca soltó el hacha y atrás de él iban mis amigos corriendo gritando Lo va a matar!, lo va a matar!
La persecución
En cuarto año de primaria por alguna razón que mi memoria no alcanza a recordar nos tocó tener horario quebrado, entrabamos en la mañana, salíamos a las 12 y regresábamos en la tarde creo que de 2 a 4.
Ese día en particular el profe Valero no iba a poder darnos clase en la tarde así que la teníamos libre. No sé qué pasó que mi apá no fue a comer a la casa y llegó cuando yo debería de haber estado en la escuela pero en vez de eso me encontró jugando a las canicas. Lo vi bajarse del carro ya con el cinto en la mano
Espérate pá, deja te explico!
A mi no me vas a explicar nada! replicó mientras se acercaba con toda la intención de darme unos cabronazos. Huye venado!, y me di inmediatamente a la fuga.
Salí corriendo por detrás de la casa y seguí por el callejón de atrás de la casa de los Villafaña y el Arturo tiburón. A como pude me subí a la barda de la primaria y atravesé corriendo el patio de la primaria donde mis compañeros de salón jugaban fútbol. El plan era sencillo, llegar con mi amá a su tienda y que ella le explicara que todo era legal, que no había problema por estar jugando en horas de escuela. Casi lo logro, pero justo antes de entrar a la tienda de mi amá llegó mi apá en su pickup rojo bufando de coraje. Me le escapé por el callejoncito que estaba entre la tienda de mi amá y la del carnitas. Corriendo entré a la iglesia invocando asilo en sagrado, ingenuamente creyendo que me protegería de la furia de mí ya muy encabronado padre.
Y nada que, lo vi entrar a la iglesia con el cinturón en la mano y supuse que no le importaría gran cosa lo que el rey Ethelberto pensara así que no me quedó de otra que seguir huyendo. Me metí al cuartito de los monaguillos y me salí por la ventanita que tenía cerca del piso. Esto me compró unos cuantos segundos de ventaja que aproveché para subirme al árbol más alto que pude encontrar en el parque.
Bájate, gritaba mi apá como Shere Khan
No porque me vas a pegar!
No te voy a pegar, te voy a dar unos cariñitos nada más
Pues no me bajo!
Después de un rato de gritar y habiéndose convencido de que no me iba a bajar por mi propia voluntad mi apá decidió hacer como que se retiraba. Tomó su carro y se fue, pero estacionó su carro en un lugar donde suponía que no podía verlo, escondido esperando a que me bajara para sorprenderme. El problema con este plan es que desde arriba del árbol yo podía ver perfectamente todo esto y por supuesto que no me bajé.
Finalmente se aburrió y se fue. Yo decidí esperar hasta que fuera noche para regresar a la casa. No sé a qué horas regresé pero lo que recuerdo es que mi apá ya estaba dormido y al menos por esa vez había salido ileso.
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