lunes, 18 de julio de 2016

El Chuy Mercado

A Jesús Mercado Manzo, mejor conocido como el Chuy Mercado, lo tengo en alta estima. A él también lo conozco de toda la vida, fue mi compañero en la primaria durante algunos meses, creo que durante segundo año pero pudiera estar equivocado.

Los primeros recuerdos que tengo del Chuy eran protegiéndome, de que no me fuera a pelear, o si andaba en alguna de mis típicas travesuras que no me fuera a dar un fregadazo. Por alguna razón la seguridad le era muy importante, supongo que su buena cantidad de infortunios ya le deben de haber tocado vivir a esa corta edad.
El Chuy y el Vicky

Durante los años de la primaria me lo encontraba muy seguido con el Carnitas jugando futbolitos, dándole vueltas como reguilete a las varillas y que el azar hiciera lo que le diera la gana.

Cuando yo iba en la secundaria al Chuy le empezó a dar por aventarse sus discursos de diputado ahí en los futbolitos. Si alguna vez les has tocado escuchar alguno, seguro coincidirán que son muy divertidos, como si Don Perpetuo del Rosal de pronto cobrara vida y empezara con uno de sus tradicionales discursos revolucionarios. Si nunca han escuchado un discurso del Chuy, ¿qué les puedo decir?, lo lamento.

Una vez estábamos en una fiesta de coronación en el club de Leones el Juan Pablo, Ricardo Díaz, el Gordo Velarde y yo. Quién sabe cómo fuimos a dar ahí porque seguro que no fuimos invitados. El caso es que ahí nos encontramos al Rulo Lyle, que era nuestro director en la prepa y nos pusimos a platicar; luego llegó el Chuy y se unió a la plática. En esa época además de ser director de la prepa el Rulo era gerente creo que de dos departamentos en exportadora de sal, otro gerente que también estaba en la fiesta y cuyo nombre voy a omitir por prudencia, se sintió incómodo que el Rulo estuviera platicando con el Chuy y llegó a decirle que no era propio para un gerente de exportadora estar hablando con el Chuy. El Raúl que estaba muy joven pero siempre ha sido un cabroncete le dijo que sí a todo,  pero en cuanto el otro gerente se regresó a su mesa le dijo al Chuy
-- Oye Chuy, por qué no lanzas tu candidatura a diputado con un buen discurso, ve allá con ... y ahí mero te lo avientas, él te apoya

Y ahí va el Chuy muy obediente a anunciar su candidatura agradeciendo el apoyo especial de este gerente, que en cuanto el Chuy terminó su discurso, se retiró de la fiesta bastante encabronado y  nosotros muertos de la risa.

En otra ocasión me encontré al Chuy muy asustado afuera del salón de actos, ya era noche, tal vez dos o tres de la mañana, me dijo que alguien lo había amenazado con golpearlo camino a su casa; no traía carro así que lo acompañé a pie a la loma donde estaba viviendo en esa época. Nos fuimos platicando muy a gusto y cuando pasamos el canal ya se miraba más tranquilo. El Chuy es un espíritu servicial, amable, bondadoso, no sé quién pudiera ser tan cruel para amenazarlo o hacerle daño.

La vida  no es fácil para alguien como el Chuy, cuya relación con la realidad es un poco diferente a la del común de la gente, pero afortunadamente mucha gente lo ha ayudado. De aquellos años recuerdo a la Pilili. A todas estas personas de buen corazón solamente quiero decirles; ¡Gracias!

sábado, 9 de julio de 2016

Un reptiliano, un robot y Zheng

Un reptiliano, un robot y Zheng entraron esa tarde a un bar nazi; ya tenían algunos años de ser amigos y se reunían con cierta frecuencia; usualmente iban a algún bar de mala muerte, no a pelear, sino a sentir la adrenalina de estar en un lugar peligroso y el Thule era uno de sus lugares favoritos. Tal vez a la distancia les parezca rara esta amistad y deberíamos de detenernos un momento a explicar cómo empezó.

Después del Brexit y de que Trump y López Obrador ganaran sus respectivas elecciones todo empezó a irse a la mierda y pocos años después la tierra era un planeta completamente diferente. Los movimientos ultranacionalistas se volvieron populares por todo el mundo, las fronteras empezaron a cerrarse, los países a desintegrarse en regiones y todo esto trajo mucha escasez, pobreza y un fuerte incremento en el racismo. Tuvimos tal vez unos 20 años de oscuridad y desconfianza. Las antiguas estructuras de control desaparecieron y los reptilianos se dieron cuenta que ya no obtenían ventaja alguna  en ocultar su identidad y poco a poco empezaron a dejarse ver públicamente hasta que se convirtieron en ciudadanos comunes y corrientes. Uno de ellos era Paolo, el reptiliano de nuestra historia. Él no era un reptiliano pura sangre, su abuela era humana, así que un poco por genética y otro poco por su carácter afable, Paolo se encontraba muy cómodo en compañía de cualquiera: humano, reptiliano o robot.

No ayudó tampoco el advenimiento de la quinta ola de inteligencia artificial y que los robots empezaran a tomar los empleos que antes tenían los humanos. Esto fue particularmente deprimente para los que confiaron en la palabra de los populistas que prometían que cerrando las fronteras los empleos iban a regresar. Esto nunca sucedió pues los robots empezaron a llenar los empleos disponibles; incluso en algunos casos los robots empezaron a ser jefes de los humanos y curiosamente esto funcionaba bastante bien para algunas personas, aunque no para la mayoría. Los robots tomaron conciencia en octubre del 2031 y se empezaron a mezclarse cada vez más con los humanos, y poco a poco ganaron su independencia. NMI3 fue de los primeros en abandonar su trabajo de 24 horas, se presentaba todos los días a trabajar puntualmente a las 7 am, pero a las 5 de la tarde se regresaba a su departamento a fumar mota. Obvio que no le hacía ningún efecto, pero le gustaba sentirse rebelde aunque la mota se hubiera legalizado hacía mucho tiempo, tal vez habría algo de nostalgia en sus circuitos.

 Como las cosas no funcionaban bien, las fronteras nuevamente empezaron a abrirse, pero de una manera mucho menos formal que en tiempos antiguos; nada de largos tratados con miles de reglas: yo te vendo, tú me compras, pagamos el mismo impuesto en ambos lados de la frontera y listo. Todo esto sucedía en un clima de calma tensa pues los sentimientos nacionalistas todavía eran muy fuertes, sobre todo entre los neonazis de Alemania, Austria, el sur de Estados Unidos y Guadalajara. Así los que pertenecían a minorías empezaron a salir en grupos para protegerse y sentirse un poco más seguros.

Paolo, NMI3 y Zheng eran uno de estos grupos, pero es importante resaltar que no era un grupo común. Como les dije con anterioridad ellos tenían cierta adicción por la adrenalina, algo sumamente peligroso en esos días. De todos los lugares que frecuentaban, Thule, el bar nazi de Otto era para ellos el lugar más riesgoso, pues Otto sentía por Zheng un gran odio. El origen de este odio no es del todo claro, hay quien dice que es por una mujer de la que ambos fueron amantes, otros hablan de problemas de dinero, yo creo que simplemente era racismo.

Esa tarde que entraron al bar, Otto había estado bebiendo y estaba de mal humor, esto era un poco anticlimático pues hacía un día hermoso y todo mundo parecía estar feliz de estar vivo, aunque el Thule tenía su propio universo de odio constante. Se sentaron en una mesa en un rincón desde donde podían observar todo el bar; del otro lado se miraba a una pareja discutir de manera airada, hasta que en un arranque de rabia la mujer tomó un cenicero y se lo estrelló en la cabeza a su pareja gritando ¡muérete hijo de puta! , Otto como relámpago salió de atrás de la barra con un bat en la mano. ¡Bam! sonó el primer madrazo en la cabeza de la mujer que empezó a convulsionarse. ¡Bam!, un segundo golpe hizo que dejara de moverse. Tranquilamente Otto tomó a la mujer de un tobillo y la arrastró afuera del bar, después regresó y con un poco más de cuidado hizo lo mismo con el hombre. Otto se sintió satisfecho, se había deshecho del problema rápidamente y pensó que sería buena idea no ver más a Zheng esa tarde para que no le arruinara su recién adquirido buen humor. Se acercó a su mesa con el bat ensangrentado por enfrente y le espetó
-- Tal vez sea buena idea que te vayas
Zheng, sin inmutarse ni levantar la mirada, simplemente replicó
-- Sirve de algo y tráeme otro tequila 
Otto se tragó su furia y fue por el tequila pero ya había tomado una decisión.

Pasaron las horas y Paolo ya se había enfadado, quería irse pero no había poder humano, reptiliano o robot que moviera a Zheng de esa silla; excepto para ir al baño de cuando en cuando. Esa noche se acababa todo. Los clientes poco a poco se fueron yendo, hasta que en el bar solo quedaron Paolo, NMI3, Zheng, Otto y un noruego inmenso como Conan que se había quedado dormido de borracho abrazando la rockola. Otto procedió a cerrar el bar por dentro con candado, le echó una mirada fugaz a Zheng y se metió a la trastienda. Zheng se levantó como impulsado por un resorte y arrancó un par de patas a una silla, formando una improvisada arma de kung fu dispuesto a pelear como en las películas de sus abuelos.

Los minutos pasaron lentamente y Otto no regresaba, Paolo que ya estaba algo borracho aprovechó para destapar otra botella de tequila, cortesía de la casa por su próximo asesinato  se dijo mientras se servía uno doble. A la hora Paolo se durmió, NMI3 que también estaba aburrido empezó a proyectarse películas para distraerse. Zheng duró despierto un poco más pero al final también el sueño lo venció. A la mañana siguiente los despertó el ruido de las patadas del noruego tirando la puerta muy molesto porque lo habían dejado encerrado. Salieron del bar crudos y sorprendidos estar vivos y no haber visto más a Otto.

Esa tarde se enteraron qué había sucedido; después de que el bar fuera saqueado por sus clientes habituales, llegó la policía, y encontró muerto a Otto en la trastienda. Parece que tenía una cámara secreta de tortura y al estarla preparando algo salió mal y quedó atrapado en una jaula con picos donde se desangró hasta morir sin que nadie lo escuchara.

Meses después alguien compró el bar y lo destruyó. A NMI3 le divertía mucho pasar por ahí y escuchar los cánticos de alabanza en la iglesia evangélica que ahora estaba en lugar del bar y pensaba que Otto probablemente se estaría retorciendo de coraje en el infierno.


Cuento random para ingenieros millenials. Con cariño para la Pau, Naomi y el Zheng

miércoles, 29 de junio de 2016

Póngame 8 profe!

Póngame 8 profe!

En quinto semestre de la carrera tuve que llevar óptica con una maestra tan mala persona que hasta miedo me da escribir su nombre, no vaya a despertar algún demonio primigenio que se sienta invocado; así que únicamente la llamaré por sus iniciales D.T.  y espero esto no me atraiga males mayores, por si las dudas prenderé una veladora a las 7 potencias africanas implorando su protección mientras escribo esto.

Óptica no es una materia particularmente difícil, al menos no en el nivel que se da en el primer curso, pero la actitud de la maestra desde el principio mostró que iba a ser un curso pesado y doloroso. D.T. era una abusona y frecuentemente nos insultaba por no estar a su nivel. Yo nunca fui muy aficionado a asistir a clases así que no la sufrí tanto, pero al entregarnos los resultados del primer examen parcial me pareció que sus comentarios ya habían pasado del límite de lo que es profesionalmente aceptable, así que decidí proceder a dar de baja la materia, o como diríamos coloquialmente que se vaya a la chingada pinche vieja loca. Desafortunadamente la fecha límite para la baja ya había pasado así que no me quedaba de otra más que continuar el curso. Por supuesto que ya no asistí a clases, nos vemos en el extraordinario y que sea lo que Dios quiera.

Hice mi examen extraordinario y pensé que no me había ido tan mal, con un poco de suerte habría pasado la materia; sin embargo como se podrán imaginar eso no iba a ser tan fácil. El día de la entrega de resultados fui a su cubo a Cicese y me entregó mi examen con un 7 grandote y supuse que me habría calificado algo rudo así que el 7 era más que suficiente, al final de cuentas era una calificación aprobatoria y ya no tendría por qué preocuparme de esto.

-- Te sacaste 7 Paredes
-- Sí maestra está bien, no tengo ningún problema
-- Pero faltaste mucho, casi todo el curso

Maldición!, pensé, aquí vienen las represalias

-- Así que te voy a descontar dos puntos, tienes 5 me dijo lanzándome una mirada retadora mientras tachaba mi 7 y escribía un 5 grandote en rojo.

-- Nos vemos en el de regularización, dijo muy sonriente y satisfecha, supongo que en su interior habría engullido un alma.

-- Hasta cree, vieja hija de puta pensé, pero me retiré sin hacer mayores aspavientos.

El siguiente semestre me volví a inscribir en la materia, ahora con el Dr. Machorro, que es un alma de Dios. Desafortunadamente de morro uno hace muchas pendejadas y en mi fantasía yo ya había cursado y aprobado el curso así que no había necesidad de volverlo a cursar y a este curso tampoco asistí, ni siquiera a los exámenes parciales. Esto no tendría por que tener mayor importancia si no fuera por una regla vigente en aquellos tiempos en la UABC de que solo podías cursar dos veces una materia y si la reprobabas por segunda vez era expulsión automática; pero en ese momento esa posibilidad no estaba en mis cálculos, yo iba a hacer mi examen final y listo, no se hable más del asunto.

Me presenté el día del examen final y algo extrañado el Dr. Machorro me preguntó que si a qué iba

-- Pues vengo a hacer el examen profe
-- Pero no viniste en todo el semestre
-- Pero estoy inscrito
-- No importa que estés inscrito, el derecho al examen final tienes que ganártelo y no lo hiciste, te me vas derechito al extraordinario

Supongo que le debo de haber rogado, pero el profe Machorro tiene fama de ser derecho como una flecha así que si le parecía algo injusto no habría poder humano que lo hiciera cambiar de opinión. Para la fecha del extraordinario tuve la mala fortuna de que me regalaran boletos para ir a ver jugar a los Lakers, así que como ustedes comprenderán me fue imposible asistir al examen pues tuve que ir a Los Ángeles. Y así llegó el dichoso día del examen de regularización.

Debo de decir en descargo que sí había estudiado bastante, el hecho de que si no lo pasaba me correrían de la universidad empezaba a hacer mella en mi ánimo, aunque no estaba realmente nervioso. Llegué al cubo del profe Machorro en instituto de física y me recibió sonriente, parecía de muy buen humor.
-- Bueno Poncho, el examen lo vamos a hacer oral ¿te parece?
-- Sí profe, claro que sí, como usted diga
-- Bueno, vamos a empezar por una pregunta facilita, a ver explícame ¿cómo funciona la refracción?
Y tomé el gis y empecé a hacer dibujitos y ecuaciones, luego siguió una pregunta de difracción y también me sabía la respuesta. Así nos fuimos por tal vez unas cuatro o cinco preguntas y yo me sentía en caballo de hacienda, todo lo había estudiado y sabía que estaba contestando correctamente. De pronto se me vino la noche encima con la siguiente pregunta

-- Oye, tú trabajas en el observatorio verdad?, ¿qué haces ahí?
-- Soy operador del telescopio profe, asistente de cúpula que le dicen
-- Muy bien, te voy a hacer algunas preguntas de tu trabajo, vamos a empezar con la siguiente. ¿cuál es la resolución angular del telescopio de 2 mts.
-- 1.8 segundos de arco profe contesté rápidamente
-- No, eso no es posible físicamente y quiero que me digas por qué

Me quedó muy claro que contestar porque hay una plaquita en la base que eso dice no era una respuesta apropiada y como no tenía mucha idea de a qué se refería, empecé a cantinflear. Después me preguntó sobre el espectrómetro francés y cómo se miraría el espectro de una estrella de no sé qué tipo con no sé que filtro y así poco a poco mi confianza fue desapareciendo, diluyéndose gota a gota por el ácido de las preguntas de CCDs, estrellas, espectros y detectores.

Al final vinieron un par de preguntas de temas que sí eran del nivel del curso: una pregunta de guías de onda y un problemita de un polarizador rotando; las respondí sin mayor problema pero el daño ya estaba hecho, no tenía idea de que tan bien o mal me había ido, el giroscopio de mi calificación estaba roto.

Hubo un par de minutos de silencio mientras el profe sacaba cuentas y revisaba sus notas, después levantó la mirada y me preguntó

--¿Entonces ya paso tu calificación así directo?
-- Sí profe de una, para qué le damos vueltas



-- Bueno, te sacaste 55

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.

Vale madre Becquer, ¡yo estaba bien pinche asustado!, así de pronto me dí cuenta que me iban a expulsar de la escuela. Había llevado el reglamento al límite y lo había roto.

-- No profe, aguante, un último problema, todo o nada!

Y empecé a rogar ante la mirada de extrañeza del Dr. Machorro que no tenía idea de por qué estaba haciendo eso. Cuando me callé el profe aprovechó para preguntarme

-- Bueno Paredes, te sacaste 55 de 65 puntos posibles, te da a 8.5, ¿te pongo 8 o te pongo 9?

Me sentí rescatado del abismo justo antes de ser devorado por un monstruo milenario, y exuberante de alegría solo atiné a decir

-- ¡Póngame 8 profe y estamos tablas!






domingo, 19 de junio de 2016

El Toto y el Buen Samaritano

El Buen Samaritano

El Toto en la farmacia con su nieto
Recuerdo al Toto parado en la esquina afuera de su farmacia platicando y con su amplia sonrisa que lo caracterizaba, cargando de agua la nube decía mi mamá, en alusión a que le gustaba estar enterado de lo que acontecía en el pueblo y qué mejor lugar que una esquina por la que pasaba todo mundo. A mí me encantaba ir a la botica a platicar, tanto con el Toto como con su esposa Rosa Amanda.

Quién sabe qué tanto platicaría, pues yo era un niño cuando empecé a ir a visitarlos; la botica en si no tenía nada de particular que pudiera entretener a un niño, lo que recuerdo es que me encantaba ver los dibujos del Guto, en particular el del Chulobello y el del Naturalmente, de cuando se cayó con el carro al canal.

El Toto llegó junto con el Carnitas cuando Guerrero Negro tenía poco de fundado. Primero vendió telas y después puso la farmacia, no sé en qué fecha empezó a operar pero en el 59 que llegó mi mamá al pueblo la farmacia ya estaba abierta.


Judith Cachú, Mi madrina China, Mi Nana Chuy, Mi Amá,
Rosamanda, Gila de Ibarra, Chita de Ibarra y la profe Chuyita




Mi mamá primero fue amiga de Rosa Amanda y se pasaban las horas platicando, después la amistad se extendió al Toto  y ha durado toda la vida.



Un dato curioso acerca del Toto es que en aquellos tiempos duros de pioneros cuando el Dr. Noyola practicaba alguna operación el Toto fungía como anestesista. Mi apá Pedro era enfermero asistente en las cirugías y la Prieta Canett no entraba, ella era partera.

El Toto además fue gran aficionado a los deportes, yo lo recuerdo asistiendo frecuentemente a las series del Caribe y ya después me enteré que también jugó béisbol, fundó junto con Humberto Mayoral la liga Pacífico Norte y fue quien llevó el primer balón de fútbol a Guerrero, así que tiene el derecho a portar las credenciales de uno de los fundadores del deporte en el pueblo.

En la botica trabajó mucho tiempo mi carnal Cruz Villavicencio, no recuerdo si empezó desde la primaria pero en la secundaria ya estaba ayudando ahí. Lo curioso del asunto es que en esa época nos parecíamos mucho el Cruz y yo, es más nos parecíamos tanto que a veces nuestras mamás se confundían y regañaban al otro. Una vez la mamá del Cruz me puso una buena regañada porque no sé hacía que tanto tiempo lo había mandado a la tienda por café y apenas venía regresando y le dije

 Huy más se va a enojar, porque no soy el Cruz, soy Alfonso, vine a buscarlo.
Ayy mijito, discúlpame te confundí 
me respondió toda apenada

Y el parecido era tanto que incluso cuando fui a recoger mis fotografías para la inscripción de segundo de secundaria me pusieron dos sobrecitos con fotos para escoger y no sabía cuáles agarrar. Creo que si agarré las mías, pero capaz que mi boleta por ahí anda con una foto del Cruz. El caso es, que como el parecido era tanto, a mí frecuentemente me preguntaban en la calle que si qué cosa era buena para alguna enfermedad y como invariablemente respondía que no tenía idea la gente se enojaba mucho y me decían chamaco ridículo, si trabajas con el Toto, a fuerzas que sabes.

Por la botica pasaron muchas historias del pueblo y la siguiente anécdota ilustra el carácter bromista del Toto

Resulta que un día un tipo le preguntó al Toto en voz baja y de manera sospechosa
-- Oiga, y no tiene drogas? y el Toto le respondió
-- Huy si amigo, tengo muchas, con el banco, los proveedores, tengo deudas por todos lados!


Post dedicado con cariño a mis amigos Ricky y Rosa Estela Herrera



lunes, 23 de mayo de 2016

La Televisión y el Teléfono

Hace unos días sentado en el sillón de la sala viendo en la tele una serie en Netflix, servicio que pongo y controlo desde mi teléfono; caí en cuenta de lo mucho que ha cambiado el teléfono y la televisión desde que era niño. Déjenme les cuento como era en Guerrero Negro en los 70s.

El canal 8

En esos tiempos solo existía el canal 8 que no era otra cosa que una estación de transmisión de programas pregrabados que estaba atrás del colegio México. Solo una vez recuerdo haber entrado y hagan de cuenta que era una videocasetera con un transmisor. Los cassettes eran mucho más grandes que uno de VHS y eran hasta donde sé enviados por la SCT.

El elenco de la Pantera Rosa
La programación empezaba a las cuatro de la tarde con una hora de caricaturas. Mis favoritas: Rocky y Bullwinkle, la Pantera Rosa, Cascarrabias y su Dragón y por supuesto el inigualable Don Gato y su pandilla; pero además de estas también mirábamos: Los Picapiedra, el Coyote y el Correcaminos, el Hombre Araña, el Oso Yogui, la Liga de la Justicia, Tom y Jerry, Bugs Bunny, los Supersónicos, Mr. Magoo y Los 4 Fantásticos. Una hora de caricaturas nada más era lo que nos daba el simpático Tío Gamboín. También veíamos series japonesas pero creo que esas ya no eran en la hora de caricaturas sino un poco más tarde. Ultramán, la Señorita Cometa y a veces Ultraseven que era una copia de Ultramán.

Más tarde seguían las series clásicas como Viaje al Fondo del Mar, Hulk, el Hombre Biónico, la Isla de la Fantasía, el Tunel del Tiempo, los Locos Adams, Batman, la Famila Monster y Tierra de Gigantes

Hulk
Como era la SCT quienes mandaban la programación eran muy frecuentes los documentales. ¡Los de Jaques Cousteau eran épicos!. Un día a la semana pasaban películas mudas de Harold Lloyd, era tradición verlas con mi apá tomándonos un té negro lipton; le encantaban estas películas y lo recuerdo tosiendo de la risa viendo una de bomberos.

Hubo una miniserie que fue muy popular; Centenario. Se trataba de la historia de la colonización del oeste. Hubo un par de personajes que quedaron por mucho tiempo vivos en la memoria del pueblo: Pasquinel y Canasta de Barro. No podía haber un barbón en Guerrero Negro al que no le dijéramos Pasquinel o alguna morra que tuviera el pelo largo y lacio y poquitas facciones indias porque automáticamente ya era Canasta de Barro. Que dicho sea de paso, era una actriz muy guapa. Cuando terminó Centenario empezó Shougun pero al menos a los chicos no nos llamó tanto la atención.
Pasquinel y Canasta de Barro

Merece mención especial un programa de títeres que se llamaba Juan Sin Miedo, ya estábamos en la secundaria cuando lo daban y a pesar de que estaba pensado para un público infantil nos encantaba y hasta la fecha recuerdo la canción del show y sus principales personajes: Juan Sin Miedo,  La Bruja Caramelito, El Dragón, el Ogro.
Canciones de Juan Sin Miedo

No recuerdo que hubieran pasado mucho beisbol en esa época, sin embargo a riesgo de sonar como el Mago Septien recuerdo que durante la serie mundial de 1976 estábamos mi apá y yo escuchando el cuarto juego de la serie por radio y en la tele estaban dando el segundo y nosotros bien impresionados de lo rápido que habían llegado los cassettes del juego.

Por ahí del 82 llegó por fin una estación de Televisa y después Exportadora de Sal puso una parabólica y empezó a transmitir cuatro canales y ese fue el fin de una época.

La telefónica

En aquellos tiempos no había Telmex en Guerrero Negro, la concesión del servicio la tenían Duvis y Bachi Davis que daban el servicio en un localito a un lado de su papelería por la calle comercial. La historia de los Davis es como la de tantos pioneros de aquella época; primero llegó Duvis de Loreto a trabajar un año para ahorrar para la boda con Beatriz su novia de la Paz. Y también, como suele suceder, el plan de un año se convirtió en plan de vida y se quedaron a vivir ahí. Durante un tiempo fueron nuestros vecinos y digo nuestros refiriéndome a mi familia porque yo  todavía no nacía. Así, desde entonces nuestras familias han sido amigas e incluso mi abuela y Bachi eran comadres y recuerdo haber visitado su casa con frecuencia de niño junto con mi apá. Duvis trabajaba en exportadora y Bachi se hacía cargo de la papelería,  a un lado de esta pusieron la  telefónica que ahora nos ocupa.

Para todo el pueblo había solo 40 teléfonos, 10 para Exportadora de Sal y los otros 30 en comercios y  personas que se consideraba tenían suma necesidad de este servicio. El número de la tienda de mi mamá era el 28. Suena raro ¿no? ¿Qué número telefónico tienes? El 28. Pero además había otra dificultad, para los 40 teléfonos había solo 3 líneas disponibles, una asignada para Exportadora y la otras dos se las repartían entre los 30 teléfonos restantes y el servicio al público que daban en la telefónica.

Teléfono de línea directa
Recuerdo que solo hacíamos llamadas de larga distancia y el proceso era el siguiente; le dabas vuelta a una palanca que tenía por un lado el teléfono y te contestaba la operadora , le dabas el número al que querías hablar y colgabas. Y entonces te anotaban en una lista y por lo regular entre una hora y dos horas sonaba el teléfono para avisarte que tu llamada estaba lista.
Si bien esto suena terrible no era tan malo para mi mamá que tenía que hacer dos o tres llamadas máximo al día. Las organizaba por prioridad y las iba solicitando una después de la otra y como de todos modos estaba atendiendo la tienda no se desesperaba.
Para quienes si era más difícil era para los que tenían que ir a hacer cola a la telefónica; tenían sillas para que la gente no esperara parada pero de todos modos esperar horas para hacer una llamada no debe de haber sido divertido esperar horas para poder hablar. Varios amigos de mi mamá iban a la tienda y pedían la llamada desde ahí en vez de hacerlo en la telefónica, para de perdida estar platicando y tomando café y que la espera les fuera más leve. Eso sí, el tiempo de espera no te lo quitaba ni Dios Padre. Dos líneas son muy poquitas líneas para un pueblo entero.
Igual que Televisa más o menos por el mismo tiempo llegó Telmex, las fechas exactas no las sé, yo solo les cuento de lo que me acuerdo.

Post dedicado a mis queridas amigas Beatriz, Paty, Nery y Yoryi Davis Balarezo

lunes, 16 de mayo de 2016

El secreto del Tecolote

Vigilantes en la noche
observando a las estrellas,
sabedores de murmullos
pasan la noche en vela

El secreto del tecolote
es el de las noches bellas
y este lo guarda celoso,
celoso como una abuela

Conocedores del tiempo,
de pactos con las estrellas
de lo que el viejo recuerda
de lo que mi corazón anhela

Con sus lindos ojos brujos
de los que causan querellas
la tecolota me mira
me mira y mi alma vuela

domingo, 15 de mayo de 2016

Julián Vázquez

Nosotros los pata salada jugamos béisbol; era lo que jugaban nuestros padres y es lo que jugamos de niños en la calle. Afortunadamente mi calle, la Venustiano Carranza era muy ancha y podíamos jugar al que cacha batea y si las cosas se ponían más serias y queríamos jugar un partido, atrás de mi casa había un gran baldío que empezaba en la casa de los Gallitos y terminaba con la barda de la escuela primaria.

Por supuesto que a veces se rompían vidrios de las casas e invariablemente salíamos corriendo como si el dueño de la ventana no fuera a saber qué niños habrían estado jugando béisbol afuera de su casa. Cuando esto sucedía, se terminaba el juego por esa tarde pero habría de reanudarse al día siguiente aunque las pelotas perdidas siempre se extrañaban y había que hacer cochinito para comprar una nueva con el Chato en los deportes Marina.

Todos los que jugábamos en esa época tuvimos un mismo maestro/entrenador; Julián Vázquez.
Con Julián entrenábamos en el estadio o en los tres ríos. Y aunque entrenar en el estadio era divertido porque nos hacía sentirnos grandes, a mí me gustaba más ir al tres ríos porque estaba en las afueras del pueblo y era como ir de aventura. En los tres ríos nos hicimos amigos de los de la rueda: El Tony, el Willy, el Bugli, el Eddie y el Cuervo. El Jando, el Bombo y el Pepe no recuerdo con quién jugaban pero eran parte de la clica. Esta amistad después se convertía en rivalidad al jugar partidos de la rueda contra la Venustiano Carranza. En mi equipo el estrella era el Kichuli; el Baby, su hermano, también se volvió muy bueno para jugar pero en esa época estaba muy chiquito. Su papá, Rogelio Espinoza, debe de haber sido caballo, porque recuerdo que cuando iba a su casa tenía muchos trofeos.  También jugaban con la Venustiano Carranza el Pulpo, el Roby, el Rey Villavicencio, el Neto Avila, el Tony Rocha y a veces hasta el Onassis llegaba a jugar

Paco Flores, Baby, Julián, Gordo Velarde,  Tosferina, Pulpo, Tony Rocha, Kichuli,
Yo y Nachito Salgado
Julián era al mismo tiempo muy enojón pero muy paciente; nos tiraba cientos de rolas para que aprendiéramos a poner el guante y el cuerpo en la posición adecuada, pero se ponía fúrico si te daba miedo y volteabas la cara. Lo mismo cuando te aventaba elevados ¡No le baile! gritaba pero seguía al pie del cañón tirando batazos y dando instrucciones cada día de entrenamiento.

Tuvo varios pupilos que se dedicaron de manera profesional al béisbol, pero desafortunadamente hasta donde yo sé ninguno llegó a las ligas mayores. Estoy seguro que se hubiera sentido tan pero tan orgulloso porque gran parte de su vida la dedicó a esto, a enseñarles a los niños a amar este deporte. Algo muy curioso es que parte de su discurso motivacional era prometernos que si entrenábamos duro nos iba a llevar a jugar a Japón y nos contaba que ahí eran muy apasionados con el juego.

Recuerdo un torneo que se organizó en el patio de la primaria, éramos 4 equipos y jugamos dos rondas de todos contra todos y al final el ganador de la primera ronda contra el ganador de la segunda ronda. Ese torneo me encantó porque como era en el pueblo los papás de muchos de nosotros iban a vernos jugar. De este torneo tengo muchos recuerdos: Al profe Min diciéndome que no servía para pichar, a don Pedro Osuna regañándome por barrerme de muy lejos, una barrida que me di por entre las piernas del Bombo para anotar, a la Diabla alegando con un ampayer, al Bugli que hacía caras y no le podía pegar de hit, al Zazueta quedando de campeón jonronero, al Kichuli cachando una línea dura por la espalda en el short stop, a mi apá regañándome porque lloré un día que nos protestaron un juego porque no jugamos todos y era regla del torneo que todos los niños del equipo tenían que jugar siempre. ¿Tienes ganas de llorar?, ¡te voy a dar una razón para que llores! me dijo, pero no me pegó cuando no pude contener las lágrimas. Recuerdo un juego que íbamos perdiendo por 4 carreras y le dimos la vuelta en la última entrada.  En otro juego bateé de foul por la primera, la pelota pegó en la barda del kinder y rebotó rompiendo una ventana y se escuchó un tronido muy fuerte de la televisión de la directora del kinder que ahí mismo vivía o al menos eso fue lo que me dijeron después. Salió su marido bien enojado y yo en vez de correr hacia la primera corrí por la tercera y me seguí hasta la barda y me la brinqué dándome a la fuga. En fin, fue un gran torneo.

En la secundaria cambiamos de entrenador al Jaime (De la Toba?) que era prefecto y entrenador de la selección de la escuela. A veces nos llevaba a entrenar con adultos al estadio y fue muy divertido hasta que llegó un torneo intersecundarias, y su mentado pitcher sorpresa, un zurdito que no lo dejaban ir a entrenar sus papás, pero que nos iba a llevar al estrellato,  terminó hundiéndose como el titanic. En la primera entrada le pegaron no sé cuántos hits y dio no sé cuántas bases por bola y no alcanzó a llegar a la segunda entrada; nos tuvimos que repartir la responsabilidad entre todos, pero de todos modos salimos apaleados. Mientras todo esto sucedía Julian seguía entrenando a los más chiquillos.

La última vez que platiqué con Julián me lo encontré en la calle, yo iba al gimnasio y él al estadio Diabla León. Me dio mucho gusto porque tenía mucho tiempo de no verlo, andaba armando un equipo de jóvenes para jugar segunda fuerza pero para ese entonces yo había dejado el beis por el basket y decliné la invitación. Entonces me empezó a contar que también había jugado basket de jóven y que había estado en la selección de nomeacuerdodonde y me contó una historia de una final cardiaca como de película. No creo esta final haya sucedido, pero me recordó los tiempos en que nos hablaba sobre Japón y me dio ternura porque reconocí su manera de motivar con sus historias de hazañas deportivas que tanto me había impresionado de pequeño.

Hace un par de años me enteré que falleció Julián, espero que alguien haya tomado su batuta y siga su camino, a él le hubiera gustado esto.