martes, 8 de julio de 2008

!Sean Rebeldes!!


Desde su llegada a Guerrero Negro estaba destinado a convertirse en una leyenda, pues no era el inmigrante común procedente de Santa Rosalia o algún otro pueblo cercano. Era un doctor que venía desde la ciudad de México. Si mi memoria no me falla estuvo un tiempo en el hospital de exportadora de sal y luego fue el primer director de hospital del IMSS, el cual provocó que se cerrara el antiguo hospital de exportadora.

El Dr. Luis Andrés Lagarde era un hombre alto, tal vez de 1.90 mts, muy delgado y bastante arrugado, lo que lo hacía verse más viejo de lo que probablemente era. Era un hombre sumamente culto, amigo personal de Octavio Paz y de José Lopez Portillo, Pepe no era galán, por eso lo echábamos en el asiento de atrás del coche, nos dijo una vez en clase de historia.

El misterio que rodeaba a su persona se debía a dos cosas, primero su esposa Zura, una mujer extremadamente guapa y tal vez 40 años menor que él. Y la otra ¿qué hace un hombre de su calibre, acostumbrado a vivir en el DF en un pueblo como Guerrero Negro?.
Desafortunadamente no traté mucho a Zura, solo la miraba al pasar admirándola como todo mundo por su hermosura, de hecho su nombre es Beatriz, Zura es la manera cariñosa en que el doc lagarde llamaba a su esposa por su belleza. El doc. Lagarde no era rico lo cual aumentaba el misterio. ¿Por qué una mujer tan joven y tan bella terminó casada con un viejo pobre? Tal vez quien la haya tratado sepa su historia, yo la desconozco, sin embargo al conocer al doc y ver como la trataba como una reina me parece comprensible que haya decidido ser su esposa.

El por qué llego a Guerrero Negro hasta donde yo sé, y pudiera estar equivocado, se debió a una fuerte decepción. El doc tenía junto con otros doctores amigos una clínica en la ciudad de México y algún problema tuvieron de esos que son tan comunes cuando hay dinero de por medio, que lo sacaron de la sociedad. Así, el doc decepcionado por la traición de sus amigos busco el punto más alejado a donde irse y terminó en Guerrero Negro sin saber lo que le esperaba. Me imagino que sus primeras amistades serian el ingeniero Bremer y Enrique Achoy y por razones profesionales trataría al Dr. Noyola.

Para cuando entré a la prepa el doc ya estaba enamorado de Guerrero Negro y escribía con una prosa magnífica crónicas del pueblo o pequeños cuentos. También escribía poesía, la cual, desafortunadamente no estaba a la altura de tan ilustre personaje.

En la prepa, desde que entramos todos disfrutáramos de la llegada del Dr. En su pickup ford de exportadora de sal, con su casco amarillo que el Huichol le quitaba cuando entraba y caminaba enfrente de él arremedándolo ante la risa de todos y la sonrisa cómplice del doc, que seguramente disfrutaba del espectáculo más que todos nosotros.

Mi primera clase con el doc fue en tercer semestre, literatura I, y está demás decir que el doc lo sabía prácticamente todo. Los primeros días fueron bastante aburridos, ya saben, el popol vuh y a seguir el plan de estudios de la sep. hasta que a la tercera o cuarta clase se enfadó, tiró el plan de estudios y nos llegó con un altero de libros y a partir de ahí empezó el viaje.

El doc leía y nosotros escuchábamos admirados de que alguien pudiera leer así. Lloramos con la muerte del Coronel Sabines. Impresionado, el Chema salió de la prepa una noche a agarrar el camión hacia Ensenada para comprar Canek. Nos reímos con las anécdotas de Octavio Paz , Juan Rulfo, Juan José Arreola, Xavier Villaurrutia y demás escritores de la época. Lo que no pudo lograr fue convencernos de practicar su culto a Sor Juana. Antes de Zura Sor Juana alguien escribió alguna vez en el pizarrón, en clara alusión a su edad y a la admiración que profesaba por ella.

El doc trató muchas veces en vano de civilizarnos; fue particularmente divertido cuando pasó al Bombo, un compañero típico sudcaliforniano, ancho y bronco a leer poesías de amor. Obvio que el experimento no resultó y el doc iba a una esquina del salón y recargando la frente en su antebrazo exclamaba no,no,no, no! y luego a la otra esquina ¿por qué a mi Dios mio?, ¿por qué a mí?

Después intentó con un concurso de oratoria que terminó en gran discusión cuando el Jorge dijo que no sé cuántos niños morían al año por el uso del condón. Cuando pasaba a alguien al pizarrón simple y sencillamente se aburría y se dormía en clase; en una de estas ocasiones el Cruz le quitó un zapato y se lo escondió. !Devuélvanme mi zapato monstruos! decía por los pasillos con una sonrisa cómplice ante la travesura.

Al terminar casi todas las clases el doc se esperaba a que estuviéramos un poco descuidados y se volteaba y con sus grandes manazas daba un golpe al escritorio mientras decía, casi gritando Sean Rebeldes!, hagan algo, una huelga, algo, están vivos!

Su método de calificar era bastante heterodoxo, el primer mes le dio la lista al Cruz y le dijo A sus amigos póngales diez y a los que le caigan gordos póngales cerito. El Cruz a todos nos puso 9 menos al Jorge, a él le puso 7. Y dos meses después cuando en vez de darle la boleta a Cruz para que calificara se la dio a Jorge diciéndole A sus amigos póngales diez y a los que le caigan gordos póngales cerito. Y adivinen ustedes lo que pasó.

Cuando el examen final de historia el dodongui escribió güelga y el doctor indignado preguntó ¿qué?, ¿quién escribió esto?, ¿usted Sergio?, usted es un monstruo, largo de aquí, fuera monstruo, fuera. Después recargado en el escritorio escondió su cara entre los brazos dejó pasar unos segundos antes de sacar un ojo y preguntar ¿ya se fue el monstruo?.

Muchas veces llegaba antes de clases o se quedaba un rato después a convivir, recuerdo haber jugado varias partidas de ajedrez con él en la biblioteca y tal vez estas fueron las que hicieron que me recomendara para un trabajo organizando la biblioteca del parque cuando recién se fundó. Yo le decía que había que poner mesas de ajedrez afuera y él me decía que no, porque el jugador de ajedrez no necesariamente era una persona educada y una biblioteca requiere silencio.

Lo vi pocas veces después de que salí de la prepa: en algunas fiestas en casa del ingeniero Bremer, en la graduación de Pedro y Nuria, alguna vez en la tienda de mi mamá.
Muchas veces pensé en ir a visitarlo a invitarlo a jugar ajedrez pero la verdad no me animé, el que yo quisiera platicar con él no significaba que él quisiera tener a un mocoso impertinente en su casa. En fin.

¿no les ha pasado que conocieron a una persona demasiado pronto?, me imagino que si el doc viviera todavía tendría tantas cosas de que hablar con él y por supuesto que ya no me daría pena visitarlo. Cuando pienso en los maestros que han marcado mi vida el doc ocupa un lugar especial y me emociona recordarlo lleno de vida gritándonos ¡Sean Rebeldes!

sábado, 21 de junio de 2008

Crónica de una noche de abril

Una noche de abril
Sin lugar a dudas yo era el peor estudiante de la facultad de ciencias. Piensen ustedes un defecto de estudiante y muy probablemente lo tenía. ¿No me creen?, pueden ustedes preguntar a Blanquita la secretaria o a la maestra Gloria Rubí, que entonces fungía como coordinadora de la carrera de física, y probablemente se santigüen y pidan a San Judas Tadeo que no les vuelva a tocar un alumno como yo. Prácticamente era un milagro que estuviera por inscribirme al octavo semestre habiendo puesto a prueba todos los límites del reglamento de la universidad.

Me sentía bastante tranquilo, el semestre que iniciaba parecía pesado sin embargo estaba optimista. Solo faltaban un par de semestres y por fin terminaría la escuela. Un par de físicas teóricas me ponían algo nervioso, sin embargo tenía un laboratorio y electrónica digital, que prometían no estar tan difíciles y sentía que eso balanceaba la carga de trabajo. Además tenía algo de dinero ahorrado y podría pasar ese semestre sin trabajar.

La acción empezó rápidamente en electrónica digital. Gladys y Alejandro, mis eternos compañeros de equipo, habían planeado en las vacaciones un proyecto bastante ambicioso y habían convencido a nuestro gran amigo y maestro el Dr. Luis Salas que nos dirigiera. El proyecto original consistía en hacer una tarjeta que insertaríamos en la computadora y tendría entrada para un micrófono, de tal suerte que al captar música con este, la computadora automáticamente escribiera la partitura. Tal vez el día de hoy les parezca extraño pensar hacer una tarjeta para capturar el sonido, pero en aquellos lejanos días de 1993 éstas no venían incluidas en las computadoras y comprarlas como un accesorio era bastante caro. Además era un proyecto de electrónica digital, había que construir algo de electrónica ¿no creen?

Durante las primeras dos semanas nos dimos cuenta que si queríamos terminar antes de que finalizara el semestre el trabajo tendría que dividirse. A mí me tocó hacer la programación, yo la había venido haciendo en todos los proyectos del equipo desde cuarto semestre cuando perdí un disparejo con Gladys y Alejandro. Alejandro, también como siempre, hizo el diseño de la electrónica y a Gladys le tocó ensamblar todo y hacer la investigación teórica de cuanta cosa se nos atorara. Teníamos dos sesiones por semana, en una Luis nos daba clases normales y en la otra revisábamos avances y programábamos las siguientes actividades.
Realmente nos tomamos ese proyecto muy en serio y empezamos a tener una sensación muy agradable conforme avanzábamos. Llegábamos a las sesiones de revisión con la satisfacción de haber hecho nuestra parte y una seguridad absoluta que los otros miembros del equipo habían hecho lo propio. Una relación de confianza plena era la norma. Por supuesto que trabajamos juntos y nos ayudábamos y pasamos muchas horas en el laboratorio integrando el trabajo de los tres. Sin embargo, por la noche en mi casa, mientras escribía los cientos de líneas de código que requirió ese proyecto, una sensación de deber hacia el equipo me acompañaba y para todo fin práctico era como si mis compañeros hubieran estado ahí conmigo. Estoy seguro que ellos en sus casas sentían lo mismo.
La mentada tarjeta de sonido

En aquella época ya se venía haciendo tradición que durante la semana de ciencias la facultad organizara un concurso de computación, el cual era bastante reñido. En una escuela de nerds todo mundo quiere ser el mejor. En un momento de arrojo decidimos inscribirnos, esta decisión la tomamos sin que nuestra tarjetita hubiera leído un solo dato todavía. Como dicen por ahí, nos aventamos al puro valor mexicano.

Poco a poco la fecha se fue acercando y aunque teníamos avances y Luis estaba contento, parecía que no terminaríamos a tiempo para la presentación y el concurso. El jueves anterior a que empezara la semana de ciencias, estábamos trabajando en el laboratorio B2, ya era de noche, tal vez las 8 de una hermosa e inolvidable noche de abril. Acabábamos de revisar todo el circuito, Gladys había tenido que realambrar gran parte porque por un error quemamos un chip y como no había ni tiempo ni dinero para reponerlo modificamos el circuito para que se ajustara al nuevo convertidor analógico-digital que pudimos conseguir. Conectamos todo, Alejandro se acercó el micrófono a la boca y dijo aaaaa. Y ahí estaba, en la pantalla de mi computadora se miraba la onda de sonido.

Lo habíamos logrado. Casi de inmediato tomamos conciencia de lo que había sucedido, yo salí gritando del laboratorio, Gladys y Alejandro se abrazaban de la emoción y luego salieron tras de mí y nos abrazamos los tres brincando, jubilosos, extáticos. Todavía mi corazón se acelera mientras escribo al recordar ese momento. Siendo sinceros creo que nos tomó algo de sorpresa. Ya habíamos hecho tantas pruebas sin que funcionara que no sentíamos la expectación que sería normal al hacer una prueba con un circuito prácticamente nuevo. Pero funcionó.

A partir de ese momento el trabajo no hizo sino aumentar, Gladys y Alejandro tenían que hacer que el circuito estuviera completamente estable y no fallara. Yo tenía que hacer que las gráficas se vieran continuas y si bien no nos iba a alcanzar el tiempo para dibujar las partituras (todavía teníamos esa loca idea) al menos podríamos graficar las frecuencias del sonido. No sé cuantas horas trabajamos durante esos tres días, lo que sí recuerdo es que la noche del domingo no dormí. Tenía que terminar una versión que pudiéramos presentar en la inauguración de la semana de ciencias. Los jueces nos iban a revisar hasta el jueves, sin embargo nuestro compromiso de equipo era estar presentes desde el lunes, mis compañeros confiaban en mí y yo no iba a fallarles. Recuerdo que llegué al Riviera a las 9 de la mañana con un diskette negro y unas ojerotas, Gladys y Alejandro ya estaban ahí montando la presentación. Actualicé la versión del programa y nos preparamos a recibir los primeros visitantes.


La presentación fue un éxito. Nuestro stand era uno de los más visitados, alguien llevó una flauta y los estudiantes de secundaria se la pasaban fascinados tocando y viendo los sonidos mientras nosotros tratábamos de explicarles los conceptos básicos del sonido y sus frecuencias.
Así, llevando una versión nueva por la mañana y otra por la tarde mientras mis compañeros hacían las presentaciones llegamos al jueves, día en que los jueces del concurso calificaban.

Al llegar al Riviera antes de la entrevista con los jueces me vio el director de la facultad, cuyo nombre voy a omitir por razones de prudencia, sin embargo es necesario que quede registro que es un maestro que aprecio y agradezco las atenciones que tuvo cuando anduve sufriendo por los trámites de la titulación. Hecho este breve intermedio procedo. Me miró algo molesto y me preguntó ¿Qué estás haciendo tú aquí?, como les digo la reputación de un servidor no era la mejor y tal vez tuviera el temor de que llegara a organizar una carne asada o me llevara a la raza a surfear. Sorprendido ante la pregunta y el tono, respondí Es que yo escribí el código de la aplicación de sonido que está ahí y vengo a la calificación de los jueces. Esto le causó gran sorpresa y al tiempo que le cambiaba la expresión me deseo suerte y me felicitó porque le gustó el proyecto.
Gladys dando un demo en el Riviera
Luis, Gladys, yo, y Alex celebrando en mi depa
Creo que nos ayudó un poco la electrónica, los jueces que eran licenciados o ingenieros en computación se intimidaban un poco al no saber bien que preguntar. Casi todas las preguntas tenían que ver con la interfaz gráfica y las decisiones de arquitectura que había tomado. Solo Juaritos, que es físico, nos hizo preguntas profundas acerca del diseño del aparato. Respiramos aliviados cuando terminaron las preguntas y nadie preguntó acerca del funcionamiento del algoritmo de transformada rápida de Fourier. La suerte estaba echada.


Durante esos días trabajé de noche y dormía a ratos durante el día, por lo mismo no estuve presente en el momento que anunciaron al ganador. Cuando llegué había un remolino de gente, principalmente estudiantes de computación y tuve la sensación de que todos se me quedaban viendo. En eso veo a Luis Aguilar, mi maestro de física teórica I, que se me acerca sonriendo y me dice Felicidades, ganaron el primer lugar, no alcancé a darle las gracias cuando llegó Gladys y me abraza gritando, Ganamos Ponchillo, ganamos, luego el Alex se nos une y volvemos a saltar gritando. Recuerdo haber visto de reojo que algunos compañeros de computación nos miraban bastante feo. Qué importa, la vida es bella.

En los días posteriores tuvimos que ponernos al corriente en otras materias, en particular sufrimos mucho con mecánica cuántica y los tres nos fuimos a extraordinario. Para mí era común pero para Gladys no tanto. La vida en la facultad cambió un poquito durante esos meses. Realmente hubo gente molesta porque físicos hubiéramos ganado el concurso de computación, y cuando estábamos en el centro de cómputo se nos acercaban a preguntarnos cualquier cosa, y como regularmente no sabíamos la respuesta, invariablemente replicaban ¿Qué no ganaste el primer lugar? Lo más chistoso fueron algunos amigos de computación que dejaron de hablarnos tal vez por cosa de un mes. En fin, de todos modos nuestra vida ya había cambiado.
¿Creen que estoy exagerando?, quizás, sin embargo el siguiente semestre, que ya era el último, los tres exentamos todas las materias. El proyecto se hizo mucho más ambicioso y ahora iba a ser un sistema de reconocimiento de palabras para enseñar a hablar a los sordos. Otra vez trabajamos duro pero era un proyecto que requería más tiempo, tal vez si nos hubiera quedado otro semestre más en la escuela. También nos cambió las perspectivas laborales. Tuvimos una visita de personal de Sanyo que viajó desde Tijuana a Ensenada a especialmente a reclutarnos, tenían un problema de control de calidad que pensaban que con nuestra tecnología podían resolverlo. Yo tuve un par de ofertas adicionales de empleo y me decidí por el Observatorio, Gladys y Alex también tuvieron de donde escoger. Un privilegio raro para recién egresados de la carrera de física.
¿Qué fue de nosotros?, desafortunadamente ya no trabajamos juntos. Gladys y Alex estudiaron la maestría en óptica y trabajan en San Francisco y Ensenada respectivamente. Alex diseña equipo óptico y hace análisis de control de calidad óptico. Yo todavía integro equipos de ingenieros y mi empresa ganó el reconocimiento a una de las mejores 25 empresas de innovación tecnológica del país en el 2005. Al recibir el reconocimiento de manos del secretario de economía, no pude dejar de recordar mi primer equipo y pensar lo diferente que hubiera sido todo si aquel jueves no hubiéramos visto una onda de sonido en la pantalla de mi computadora. Hacía un poco de frío, recuerdo.

sábado, 14 de junio de 2008

Del Maikito Martinez y el box en Tijuana

Hace un par de meses asistí a echarle porras a un alumno de Claudia en una función de box amateur. Para empezar batallamos mucho para encontrar el gimnasio, porque habían cambiado el lugar de la pelea y el mapa que pusieron donde indicaban el nuevo lugar era realmente malo.
Y no es que sea mamón y que no me haya gustado el dibujo de la cartulina, sino que la pelea era como a 6 cuadras del lugar que se indica en el mapa en uno de esos laberintos tan comunes en los cerros de Tijuana.
Total que le preguntamos a unos muchachos que tenian pinta de deportistas y resultó que dos de ellos iban a boxear y tampoco encontraban el gim. Por fin llegó el entrenador de ellos y a seguirlo!. Por fin llegamos y apenas estaban armando el ring, la función ya la habían pospuesto dos horas entre otras cosas porque el organizador le dijo a algunos boxeadores que el gim estaba por el parque Morelos en vez de decir que por el parque de la colonia morelos, así que había varios muchachos perdidos del otro lado de la ciudad y había que ir a buscarlos. Lo suyo, lo suyo, lo suyo no era la organización.
El calor estaba pegando más o menos fuerte, tal vez a 30 o 32 grados centigrados y ustedes podrán pensar que la espera fue horrible; nada más lejos de eso. Desde que llegamos la constante de la gente involucrada en el evento fue la amabilidad, empezando por el anfitrión, el boxeador Maikito Martínez, que creo que estaba inaugurando su ring. Esta era una verdadera verbena popular boxística, vecinos bromeando, un señor medio loco que tal vez hace muchos años fue boxeador andaba echándole pleito a quien se dejara tal vez tratando de revivir viejas glorias, a mi me pasó cerquita un recto, si hubiera sido un gancho seguro me saca el aire.

Pusieron una lona y unas sillas y varias señoras, algunas con bebés pasaron a ocupar su lugar en la sombrita, varios muchachos armando el ring que poco a poco iba tomando forma. Llegó la tina con el agua y las sodas, habilitaron un carrito para vender dulces y por supuestos los infaltables tostilocos. Llegaron las muchachas de la colonia y empezaron las bromas si se iban a subir a mostrar un cartelito con el numero del round.
Por fin llegó Giovani, el muchacho al que le fuimos a echar porras y que era de los perdidos en el parque Morelos, lo pesaron y tenía dos posibles rivales y querían que boxeara primero contra uno y al final del día contra el otro!.

Maikito andaba de arriba para abajo viendo que todo se hiciera, una señora tomó el micrófono y bromeaba entre otras cosas para que los asistentes, que tal vez seriamos unos treinta no nos desesperáramos e invitaba a los vecinos a que se acercaran a ver el box. Una niña delgadita de unos 10 u 11 años entró a la casa-gym con una mirada de determinación que rara vez se ve incluso en deportistas profesionales, comentamos que no importaba con quien boxeara esa niña seguro iba a ganar. Ya traía puestos sus shorts everlast color azul, sus botas de boxeo y me dio la impresión de que su mente ya no estaba ahí sino visualizándose en la pelea.

Seguía llegando gente algunos con sus propias sillas, una de ellas una sillota barroca que se veía bastante pesada. El papá del Terrible Morales que fungiría como referi ya estaba listo y empezó la función y a Giovani le tocó la primera pelea y poco a poco le fue sacando puntos a su rival, no lo noqueó pero daba la impresión de que si se hubiera decido lo podía haber hecho. Ganó por decisión unánime!.

La segunda pelea fue de la niña mencionada, se llama Tania y desafortunadamente no recuerdo su apellido. La niña contra la que le tocó pelear era del gim de Maikito y estaba más alta, más pesada y más fuerte. Me pregunto que pasaría por su cabeza en los momentos previos a la pelea, ¿habría algo de duda?, seguro que algo de nerviosismo, a fin de cuentas la diferencia física era muy grande.
Sonó la campana y Tania salió a boxear, cabeceando de un lado a otro, un buen trabajo de pies, se nota que ha trabajado mucho en sus fundamentos. La otra niña salió a fajarse, buena estrategia dada la diferencia de peso. Pero la flaquita le salió respondona, y cada que empujaba hacia enfrente y tiraba un volado se encontraba invariablemente con los puñitos de Tania que poco a poco fue haciendo daño hasta que la hizo sangrar de la nariz.
Terminó la pelea y ganó Tania por decisión dividida, lo cual parecía un fallo más bien localista porque parecía que debería de haber sido unánime.

Finalmente la carita de Tania se relajó, una breve sonrisa reflejaba la satisfacción del trabajo cumplido. Yo no se si vaya a seguir boxeando y sea una nueva Jackie Nava, lo que sí sé, es que si mantiene esa determinación, motivación y ética de trabajo lo que sea que haga lo hará bien y será una ganadora.

Después de esta pelea nos retiramos porque había otras cosas que hacer, nos despedimos y nos fuimos con un gran sabor de boca esperando alguna vez regresar.