Eran mis tiempos de universitario. Iba manejando mi hondita accord por la ruiz entre quinta y sexta en una calurosa noche de verano cuando la vi al pasar. Ella venía manejando en dirección contraria a la mía y cuando nuestras miradas se encontraron se me quedó viendo, lo cual me extraño sobremanera ya que era una mujer preciosa y yo siempre he sido bastante feo.
No pensé que la volvería a ver, simplemente había sido un momento de suerte. Mis quince milisegundos de gloria. Sin embargo, dicen que cuando Dios no tiene nada que hacer ayuda a los pendejos y días después lo encontré desocupado.
Había estado jugando basketball en la canchita que está a un lado de vicerectoría y fui a la cafetería por algo para el antojo y poder subir al instituto a seguir estudiando. Como iba todo sudado primero entré al baño a lavarme y casi se me para el corazón al toparme frente a frente con ella al salir. Para mayor sorpresa me reconoció y nerviosos no atinamos a decir palabra; ella se fue a sentar con sus amigas y yo a hacer cola para comprar un torcido.
De cuando en cuando nos mirábamos disimuladamente y si nuestras miradas se encontraban rápidamente volteábamos para otro lado con la fútil intención de esconder el hecho de que nos estábamos examinando. Al fin pagué mi torcido y salí de la cafetería atropelladamente, no sin antes voltear por última vez, pero ella estaba viendo hacia otro lado.
Subí al instituto con el corazón a punto de salírseme del pecho y pensando cómo iba a hacer para hablarle. Años después simplemente me hubiera presentado, pero en esa época todavía tenía algo de timidez en el cuerpo.
No me tomó mucho tiempo saber que estudiaba informática y que se llamaba Laura P...... Como cosa hecha adrede nos empezamos a encontrar con frecuencia en la universidad, a pesar de que los dos teníamos pareja cada que nos veíamos nos coqueteábamos con la mirada sin atrevernos a hablar. Un día nos encontramos los dos solos en el micro hacia la universidad y muriéndome de nervios cuando nos bajamos por fin le hablé.
Hola, te llamas Laura ¿verdad?
Sí, ¿y tú eres Alfonso no?
Uff, bendito alivio, le pude hablar y se sabe mi nombre, entonces tal vez no todo está en mi imaginación me dije.
Oye, me gustaría conocerte, ¿te puedo invitar a salir?
Es que estoy saliendo con alguien
Yo también, pero, me gustaría conocerte, vamos saliendo como amigos
Ok, vamos a ver qué pasa
¿Dijo sí?, ¿dijo sí?, ¿esto es real? Y después con una sonrisa coqueta y un poco apenada me dijo
Pasa por mí al trabajo el sábado, salgo a las 4. ¿sabes dónde trabajo?
¡Sí, claro que sí!, repliqué ansiosamente sin caer en cuenta que estaba reconociendo ser un stalker de primera.
Después de haber pasado el trago amargo atravesamos la carretera y la acompañé hasta la entrada de su facultad. Nos despedimos con un beso en la mejilla y me fui de ahí flotando.
Llegó el dichoso sábado y no acudí a la cita. En aquella época debo de haberlo racionalizado de mil maneras, pero la verdad es que estaba aterrorizado de salir con una mujer tan hermosa.
Nunca volvimos a hablar, en la escuela trataba de sacarle la vuelta y supongo que ella hacía lo mismo. Un día estaba jugando beisbol con la selección mi facultad contra la suya y ahí estaba en el público.
Buuuu es un maleta, lo van a ponchar, gritaba cada que me paraba a batear. Lo único que salvaba mi maltrecha dignidad es que cubría mucho terreno en el center field y no se me fue un hit. Eso sí, su boca era de profeta y me poncharon dos veces.
Años después me la encontré en una plaza. A mí se me paralizó el corazón. Ella, simplemente sonrió, me hizo un ademán de saludo, se subió a su carro y desapareció.
viernes, 10 de febrero de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
Maussan y la Antimateria
A finales de los 80's o principios de los 90's cuando Jaime Maussan no era el rockstar de la ufología que es hoy, por alguna extraña razón nos regalaron al Jarbi y a mi un par de boletos para irlo a ver al Teatro de la Ciudad.
En esos días todavía estábamos estudiando física en la universidad y el Jarbi era, y hasta la fecha sigue siendo, un apasionado de la física teórica. Así que fuimos llenos de morbo a oir babosadas, en vez de esperar a que nos revelaran los secretos del universo.
La presentación pasó sin pena ni gloria. Algunas fotos, videos, mentiras y los trucos clásicos de un ilusionista. Lo interesante fue al final durante las preguntas y respuestas, una persona del público lanzó la siguiente pregunta que, supongo, para ese momento Maussan ya habría recibido en varias ocasiones anteriores.
¿Sr. Maussan, si la teoría de la relatividad de Einstein prohibe viajar a velocidades más rápidas que la de la luz, cómo le hacen los ovnis para llegar a la Tierra?
Ahhh, contesta Maussan con aires de sapiencia y regodeandose de tener la respuesta lista como as bajo la manga. Lo que pasa es que cuando Einstein sacó su teoría no conocía la antimateria y eso es lo que utilizan las naves espaciales para viajar por el hiperespacio.
Ohhhh, antimateria, eso suena como importante y misterioso ¿no?, solo los iniciados tienen acceso a ese tipo de información y se nota que el sr. Maussan sabe de lo que está hablando.
El problema es que el Jarbi no estuvo de acuerdo.
Disculpa pero no te entiendo
Y Maussan se disponía a descender del Olimpo y ampliar su explicación cuando el Jarbi, cual Zeus moderno, le avienta un relámpago del cielo.
La antimateria es consecuencia directa de relativizar la ecuación de Schroëdinger, de ahí se obtiene la ecuación de Dirac,la cual, al resolverse se obtienen los positrones. Por eso no entiendo porque dices que la relatividad especial está en contradicción con la antimateria.
Maussan, como el gran merolico que es sin perder la compostura nos dijo con una amplia sonrisa
Ese es un tema avanzado, si quieres lo platicamos a la salida.
Y acto seguido se pasó a la siguiente pregunta.
Por supuesto que lo esperamos a la salida, con la ansias de niños de secundaria que se van a pelear y creen que van a ganar. Me va a oir este pinche farstante de mierda, me lo voy a chingar, decía el Jarbi enfundado en su sempiterna chamarra de lona verde olivo que le daba un aire de revolucionario urbano de temerse. Por supuesto Maussan nunca salió por donde pudieramos verlo. Hasta la fecha no sabemos si salió en un carro por alguna puerta trasera o lo rescataron los marcianos en un cohete de antimateria para evitar que develara sus secretos.
En esos días todavía estábamos estudiando física en la universidad y el Jarbi era, y hasta la fecha sigue siendo, un apasionado de la física teórica. Así que fuimos llenos de morbo a oir babosadas, en vez de esperar a que nos revelaran los secretos del universo.
La presentación pasó sin pena ni gloria. Algunas fotos, videos, mentiras y los trucos clásicos de un ilusionista. Lo interesante fue al final durante las preguntas y respuestas, una persona del público lanzó la siguiente pregunta que, supongo, para ese momento Maussan ya habría recibido en varias ocasiones anteriores.
¿Sr. Maussan, si la teoría de la relatividad de Einstein prohibe viajar a velocidades más rápidas que la de la luz, cómo le hacen los ovnis para llegar a la Tierra?
Ahhh, contesta Maussan con aires de sapiencia y regodeandose de tener la respuesta lista como as bajo la manga. Lo que pasa es que cuando Einstein sacó su teoría no conocía la antimateria y eso es lo que utilizan las naves espaciales para viajar por el hiperespacio.
Ohhhh, antimateria, eso suena como importante y misterioso ¿no?, solo los iniciados tienen acceso a ese tipo de información y se nota que el sr. Maussan sabe de lo que está hablando.
El problema es que el Jarbi no estuvo de acuerdo.
Disculpa pero no te entiendo
Y Maussan se disponía a descender del Olimpo y ampliar su explicación cuando el Jarbi, cual Zeus moderno, le avienta un relámpago del cielo.
La antimateria es consecuencia directa de relativizar la ecuación de Schroëdinger, de ahí se obtiene la ecuación de Dirac,la cual, al resolverse se obtienen los positrones. Por eso no entiendo porque dices que la relatividad especial está en contradicción con la antimateria.
Maussan, como el gran merolico que es sin perder la compostura nos dijo con una amplia sonrisa
Ese es un tema avanzado, si quieres lo platicamos a la salida.
Y acto seguido se pasó a la siguiente pregunta.
Por supuesto que lo esperamos a la salida, con la ansias de niños de secundaria que se van a pelear y creen que van a ganar. Me va a oir este pinche farstante de mierda, me lo voy a chingar, decía el Jarbi enfundado en su sempiterna chamarra de lona verde olivo que le daba un aire de revolucionario urbano de temerse. Por supuesto Maussan nunca salió por donde pudieramos verlo. Hasta la fecha no sabemos si salió en un carro por alguna puerta trasera o lo rescataron los marcianos en un cohete de antimateria para evitar que develara sus secretos.
martes, 16 de noviembre de 2010
El Tavo Cerati
Fue en un rave en tiempos en que la euforia de Nortec estaba en su mayor esplendor. El Jai Alai estaba lleno a reventar y Marcela y Raúl tenían su puesto de Torolab en la parte oeste del lugar.
Como de costumbre la Marcela estaba a cargo del changarro y el Raúl haciendo vida social.
Vente, acá adentro tenemos un cuarto privado
Y pues ahí vamos a un cuartito medio escondido en las tripas del edificio. Dentro una luz violeta apenas iluminaba, pero los amigos se distinguían bien.
Déjame te presento al Tavo
Qué tal como estás? yo soy Alfonso
Bien, bien che, Gustavo
Era un argentino flaco y narizon como cualquier otro. Y empezamos a platicar de pendejadas comunes, de Nortec, de Tijuana, de que estaba cura que hubieran recuperado el edificio del Jai Alai para hacer conciertos. Después de un rato le solté la típica pregunta
y a qué te dedicas?
soy músico che
y qué tocas?
toco rock
y qué tal te va?
ah, me va bien
órale, chingón, porque no siempre está fácil la vida de músico
En eso que veo las computadoras viejas del jai alai, unas torres grandes como refrigeradores.
verás vente Tavo, chécate estas compus.¡
wáchate las unidades de disco y todo el cablerio. No son circuitos impresos, está todo soldado!
y estaba en mi nerdvana cuando vi que se había formado una colota para pedirle su autógrafo al Tavo.
Quien será este wey? me pregunté y en eso llegó el Carlos Gómez Sotelo todo emocionado diciendo
Jamás me voy a lavar esta mano,
Y eso Carlos?
esta es la mano que saludó a Cerati¡
y me tomó unos segundos analizar la situación y solo atiné decir
Ahhhh el Tavo?
Como de costumbre la Marcela estaba a cargo del changarro y el Raúl haciendo vida social.
Vente, acá adentro tenemos un cuarto privado
Y pues ahí vamos a un cuartito medio escondido en las tripas del edificio. Dentro una luz violeta apenas iluminaba, pero los amigos se distinguían bien.
Déjame te presento al Tavo
Qué tal como estás? yo soy Alfonso
Bien, bien che, Gustavo
Era un argentino flaco y narizon como cualquier otro. Y empezamos a platicar de pendejadas comunes, de Nortec, de Tijuana, de que estaba cura que hubieran recuperado el edificio del Jai Alai para hacer conciertos. Después de un rato le solté la típica pregunta
y a qué te dedicas?
soy músico che
y qué tocas?
toco rock
y qué tal te va?
ah, me va bien
órale, chingón, porque no siempre está fácil la vida de músico
En eso que veo las computadoras viejas del jai alai, unas torres grandes como refrigeradores.
verás vente Tavo, chécate estas compus.¡
wáchate las unidades de disco y todo el cablerio. No son circuitos impresos, está todo soldado!
y estaba en mi nerdvana cuando vi que se había formado una colota para pedirle su autógrafo al Tavo.
Quien será este wey? me pregunté y en eso llegó el Carlos Gómez Sotelo todo emocionado diciendo
Jamás me voy a lavar esta mano,
Y eso Carlos?
esta es la mano que saludó a Cerati¡
y me tomó unos segundos analizar la situación y solo atiné decir
Ahhhh el Tavo?
domingo, 21 de marzo de 2010
Los Ruidos de la Prepa
En Guerrero Negro había dos prepas, el Cet del mar y La Prepa. Yo iba a la prepa que me quedaba a una cuadra de mi casa, lo cual como se podrán imaginar lo hacía sumamente cómodo.
La Prepa compartía instalaciones con el departamento de capacitación de exportadora de sal, en el edificio del antiguo hospital. Por esto no parecía una escuela normal, simplemente porque no lo era.
No teníamos patio como tal, simplemente los salones, una esquinita que primero fue una especie de oficina y luego tiendita , dos oficinas, una biblioteca, un laboratorio y paren ustedes de contar. Mi primer semestre me tocó de salón lo que antes había sido el quirófano donde operaban el Dr. Noyola y después el Dr. Lagarde. Si bien nunca hablamos de ello estoy seguro que muchos nos preguntábamos cuanta gente habría muerto en ese salón.
El personaje principal en esta historia es el edificio, sin embargo el prefecto fue el catalizador de los eventos que estoy por relatar.
El prefecto era el Beto Gutierrez, un gran amigo, regordete, de carácter apasionado, buen escritor y mejor maestro, o tal vez al revés. Cuando yo entré él acababa de terminar la prepa y siendo un muchacho responsable y estudioso le dieron el empleo de prefecto, el cual desempeñaba sin mayores problemas para hacerse respetar a pesar de la poca diferencia de edad, la cual hacía que lo consideráramos más un amigo que una figura de autoridad.
Entrabamos a clases a las 5 de la tarde y salíamos a las 10:25 de la noche, en esas noches frías, solitarias y lúgubres de Guerrero Negro el montón de estudiantes alegres caminando hacia sus casas a esa hora daban un toque de alegría que parecía un poco fuera de lugar. Casi nadie tenía carro, eran otros tiempos y la mayoría vivíamos cerca, aunque había sus excepciones como la Lorena Romero y la Paty Ventura.
Cuando estábamos en tercer semestre nos empezamos a quedar después de horas de clase a ver películas en la tele aprovechando que la escuela tenía videocasetera, un lujo que casi nadie tenía en sus casas en esa época, eran los tiempos de la lucha entre el Betamax y el VHS. Por lo regular nos quedábamos el Beto, por supuesto, yo, Juan Pablo, Chema, el Gordo Velarde, a veces el Cruz, el Dodongui, el Fausto Murillo y no recuerdo si alguien más.
Al principio no pasaba nada, salíamos de la escuela alrededor de la una de la mañana sin ningún problema pero después las cosas fueron cambiando.
La prepa era un edificio cerrado con dos puertas de entrada, una grande en el lado norte y otra más pequeña por la parte trasera. Al terminarse las clases y salir todo mundo nos encerrábamos con llave y no había manera de que alguien entrara sin hacer mucho ruido, por eso la primera vez que oímos pasos nos extrañó muchísimo, salimos y recorrimos toda la escuela y nada, no encontramos a nadie. Regresamos a nuestra película y más tarde ya no solo eran pasos sino ruidos de cajones y puertas que se abrían y cerraban en una especie de poltergeist invisible.
Los ruidos se volvieron algo común cuando nos quedábamos a deshoras en la escuela, de tal suerte que el atractivo ya no era ver películas sino oír esos extraños ruidos, hasta que un día decidimos no quedarnos más. Ya habíamos tenido lo suficiente.
La última vez que oímos ruidos fue una tarde de domingo. Yo cuidaba la biblioteca los domingos para cumplir con mis horas de servicio social, casi nadie iba, excepto uno que otro desbalagado a jugar ajedrez y mis amigos a perder el tiempo. Ese día decidimos quedarnos a oír ruidos, alrededor de las 9 de la noche oímos que la puerta de atrás se abría, como siempre fuimos a ver y la puerta seguía con llave. Business as usual, excepto que al regresar a la biblioteca escuchamos un llanto fuerte de bebé. Jamás habíamos escuchado algo así y en ese momento se nos heló la sangre. Salimos corriendo y dejamos la puerta de la prepa abierta. Una hora más tarde regresamos. La puerta de la biblioteca se quedó abierta porque no nos atrevimos a entrar a cerrarla.
Cerramos la puerta principal de la prepa y no volvimos a querer oír ruidos nunca más.
La Prepa compartía instalaciones con el departamento de capacitación de exportadora de sal, en el edificio del antiguo hospital. Por esto no parecía una escuela normal, simplemente porque no lo era.
No teníamos patio como tal, simplemente los salones, una esquinita que primero fue una especie de oficina y luego tiendita , dos oficinas, una biblioteca, un laboratorio y paren ustedes de contar. Mi primer semestre me tocó de salón lo que antes había sido el quirófano donde operaban el Dr. Noyola y después el Dr. Lagarde. Si bien nunca hablamos de ello estoy seguro que muchos nos preguntábamos cuanta gente habría muerto en ese salón.
El personaje principal en esta historia es el edificio, sin embargo el prefecto fue el catalizador de los eventos que estoy por relatar.
El prefecto era el Beto Gutierrez, un gran amigo, regordete, de carácter apasionado, buen escritor y mejor maestro, o tal vez al revés. Cuando yo entré él acababa de terminar la prepa y siendo un muchacho responsable y estudioso le dieron el empleo de prefecto, el cual desempeñaba sin mayores problemas para hacerse respetar a pesar de la poca diferencia de edad, la cual hacía que lo consideráramos más un amigo que una figura de autoridad.
Entrabamos a clases a las 5 de la tarde y salíamos a las 10:25 de la noche, en esas noches frías, solitarias y lúgubres de Guerrero Negro el montón de estudiantes alegres caminando hacia sus casas a esa hora daban un toque de alegría que parecía un poco fuera de lugar. Casi nadie tenía carro, eran otros tiempos y la mayoría vivíamos cerca, aunque había sus excepciones como la Lorena Romero y la Paty Ventura.
Cuando estábamos en tercer semestre nos empezamos a quedar después de horas de clase a ver películas en la tele aprovechando que la escuela tenía videocasetera, un lujo que casi nadie tenía en sus casas en esa época, eran los tiempos de la lucha entre el Betamax y el VHS. Por lo regular nos quedábamos el Beto, por supuesto, yo, Juan Pablo, Chema, el Gordo Velarde, a veces el Cruz, el Dodongui, el Fausto Murillo y no recuerdo si alguien más.
Al principio no pasaba nada, salíamos de la escuela alrededor de la una de la mañana sin ningún problema pero después las cosas fueron cambiando.
La prepa era un edificio cerrado con dos puertas de entrada, una grande en el lado norte y otra más pequeña por la parte trasera. Al terminarse las clases y salir todo mundo nos encerrábamos con llave y no había manera de que alguien entrara sin hacer mucho ruido, por eso la primera vez que oímos pasos nos extrañó muchísimo, salimos y recorrimos toda la escuela y nada, no encontramos a nadie. Regresamos a nuestra película y más tarde ya no solo eran pasos sino ruidos de cajones y puertas que se abrían y cerraban en una especie de poltergeist invisible.
Los ruidos se volvieron algo común cuando nos quedábamos a deshoras en la escuela, de tal suerte que el atractivo ya no era ver películas sino oír esos extraños ruidos, hasta que un día decidimos no quedarnos más. Ya habíamos tenido lo suficiente.
La última vez que oímos ruidos fue una tarde de domingo. Yo cuidaba la biblioteca los domingos para cumplir con mis horas de servicio social, casi nadie iba, excepto uno que otro desbalagado a jugar ajedrez y mis amigos a perder el tiempo. Ese día decidimos quedarnos a oír ruidos, alrededor de las 9 de la noche oímos que la puerta de atrás se abría, como siempre fuimos a ver y la puerta seguía con llave. Business as usual, excepto que al regresar a la biblioteca escuchamos un llanto fuerte de bebé. Jamás habíamos escuchado algo así y en ese momento se nos heló la sangre. Salimos corriendo y dejamos la puerta de la prepa abierta. Una hora más tarde regresamos. La puerta de la biblioteca se quedó abierta porque no nos atrevimos a entrar a cerrarla.
Cerramos la puerta principal de la prepa y no volvimos a querer oír ruidos nunca más.
sábado, 27 de febrero de 2010
De ilegal en Cachanía
No sé si todavía se hagan, pero cuando era chico una vez al año en algún pueblo del estado se efectuaban las olimpiadas juveniles estatales. No era un evento menor, ya que llegaban equipos de todos los municipios a participar en: beisbol, futbol, basket, atletismo, volley. Es decir, un chamaquero de la fregada.
Muy famoso fue el comercial en el desaparecido canal 8 promoviendo que las familias recibiéramos deportistas de otros lugares cuando en Guerrero Negro fuimos anfitriones. En este salían dos señoras en el infonavit teniendo la siguiente conversación, o al menos, así la registra mi memoria
- Oooye Chhaaava, no vas a participar en las convivencias DIF?
- Noo, ya estoy muy grande, no voy a participar
- Pero tú también puedes participar
- ¿Ah sí?, ¿ y cóoomo?
- Pues recibiendo en tu casa a un niño
y hasta aquí llegó el corrido, no recuerdo como terminaba, lo que es cierto es que durante años en el pueblo era típico decir Oooye Chaava.
La última vez que participé fue en basket, tenía 14 años y estaba en primer semestre de prepa. Ese año los juegos eran en ciudad Constitución y yo iba en la selección del municipio de Mulegé categoría juvenil B. Yo creo que éramos muy malos porque nos despacharon rapidito, perdimos los juegos de la primera ronda y órale, a su casa cabrones, ya no tienen nada que hacer aquí. Yo, en mi fantasía de estudiante de prepa que ahora si tenía que ser responsable, no como en la secundaria (JA!, 3 meses me duró el embrujo) decidí no esperar a regresarme con el resto del equipo, sino que agarré por mi cuenta un camión y ahí les vengo solo de regreso a Guerrero Negro.
Al llegar a Cachanía tal vez recordarán que a un lado de la terminal había una oficinita de migración,¿no?, bueno, el caso es que ahí estaba y a los pinches gordos que ahí trabajaban les dió por pedirnos documentos de identificación a los que veníamos en el camión. Yo a mi 14 años no traía ni como comprobarles que mi amá me había dado permiso, lo único que traía en la cartera era el carnet de las comidas que nos habían dado, donde unos soldados nos daban unos frijoles malos que batían con un barrote. Como este resultó insuficiente para acreditar mi nacionalidad mexicana, me pasaron a su oficina.
-A ver morro, canta el himno nacional
y ahí tienen a su pendejo, Mexicanos al gritoo de gueeerra
- Se me hace que te lo aprendiste para el viaje,
y que me señala un mapa que tenían colgado en la pared
- A ver dónde está ...
y empezaron con una lista de pueblos de sabrá Dios donde, como no me supe ni uno solo me dijeron
- ¿Ves como si eres del Salvador?, no conoces México
- No, les reviré, a mi pregúntame por ciudades grandes o pueblos de aquí de la Baja y te los conozco todos, pero para allá para tu rancho no conozco.
-¿Ahh si cabroncito?, vas a ver, te vamos a deportar al Salvador
para entonces yo ya estaba medio encabronado porque me iba a dejar el camión y que agarro el teléfono sin pedírselo
- ¿A quien le vas a hablar?
- Al 2-00-18 a mi tío Cachora para que venga y te ponga unos putazos
- Ahh ¿eres sobrino del Cachora?
- Sí
- Está bueno pues, te puedes ir
y mientras salía me despedí cordialmente
- Ande puto, no que no.
Muy famoso fue el comercial en el desaparecido canal 8 promoviendo que las familias recibiéramos deportistas de otros lugares cuando en Guerrero Negro fuimos anfitriones. En este salían dos señoras en el infonavit teniendo la siguiente conversación, o al menos, así la registra mi memoria
- Oooye Chhaaava, no vas a participar en las convivencias DIF?
- Noo, ya estoy muy grande, no voy a participar
- Pero tú también puedes participar
- ¿Ah sí?, ¿ y cóoomo?
- Pues recibiendo en tu casa a un niño
y hasta aquí llegó el corrido, no recuerdo como terminaba, lo que es cierto es que durante años en el pueblo era típico decir Oooye Chaava.
La última vez que participé fue en basket, tenía 14 años y estaba en primer semestre de prepa. Ese año los juegos eran en ciudad Constitución y yo iba en la selección del municipio de Mulegé categoría juvenil B. Yo creo que éramos muy malos porque nos despacharon rapidito, perdimos los juegos de la primera ronda y órale, a su casa cabrones, ya no tienen nada que hacer aquí. Yo, en mi fantasía de estudiante de prepa que ahora si tenía que ser responsable, no como en la secundaria (JA!, 3 meses me duró el embrujo) decidí no esperar a regresarme con el resto del equipo, sino que agarré por mi cuenta un camión y ahí les vengo solo de regreso a Guerrero Negro.
Al llegar a Cachanía tal vez recordarán que a un lado de la terminal había una oficinita de migración,¿no?, bueno, el caso es que ahí estaba y a los pinches gordos que ahí trabajaban les dió por pedirnos documentos de identificación a los que veníamos en el camión. Yo a mi 14 años no traía ni como comprobarles que mi amá me había dado permiso, lo único que traía en la cartera era el carnet de las comidas que nos habían dado, donde unos soldados nos daban unos frijoles malos que batían con un barrote. Como este resultó insuficiente para acreditar mi nacionalidad mexicana, me pasaron a su oficina.
-A ver morro, canta el himno nacional
y ahí tienen a su pendejo, Mexicanos al gritoo de gueeerra
- Se me hace que te lo aprendiste para el viaje,
y que me señala un mapa que tenían colgado en la pared
- A ver dónde está ...
y empezaron con una lista de pueblos de sabrá Dios donde, como no me supe ni uno solo me dijeron
- ¿Ves como si eres del Salvador?, no conoces México
- No, les reviré, a mi pregúntame por ciudades grandes o pueblos de aquí de la Baja y te los conozco todos, pero para allá para tu rancho no conozco.
-¿Ahh si cabroncito?, vas a ver, te vamos a deportar al Salvador
para entonces yo ya estaba medio encabronado porque me iba a dejar el camión y que agarro el teléfono sin pedírselo
- ¿A quien le vas a hablar?
- Al 2-00-18 a mi tío Cachora para que venga y te ponga unos putazos
- Ahh ¿eres sobrino del Cachora?
- Sí
- Está bueno pues, te puedes ir
y mientras salía me despedí cordialmente
- Ande puto, no que no.
domingo, 14 de febrero de 2010
Tijuana
No hemos tenido tiempo de velar nuestros muertos.
Y siguen llegando, uno tras otro,
en rios interminables de culpables e inocentes.
y los rostros se vuelven difusos
mientras nos vamos acostumbrando
a la cotiedaniedad de los disparos
Rigo, Riguito,
hijo nuestro, niño hermoso
¿Por qué no podemos abrazar a tu padre
y decirle que todo estará bien?
Hoy estamos de fiesta!
cayeron los sicarios!
Pero es una fiesta triste
Sin risas ni danzas
Solo la nostalgia
en una ciudad en ruinas.
Hoy estamos de fiesta!
cayeron los sicarios!
Pero es una fiesta triste
Sin risas ni danzas
Solo la nostalgia
en una ciudad en ruinas.
viernes, 31 de octubre de 2008
Pancho Venereo
Pancho tenía la costumbre de tomarme por sorpresa y desafortunadamente esta vez me sorprendió al pasar por el edificio del CECUE y me topé con un altar de muertos dedicado a él. Les agradezco a los alumnos que hayan tenido el gesto de honrarlo de esa manera.
Pancho fue mi compañero en la facultad, él ya había estudiado filosofa y letras cuando entró a estudiar una segunda carrera; licenciado en ciencias computacionales. Yo estaba en física pero compartimos muchas materias desde primer semestre: calculo I,II, III y IV, Geometría analítica, álgebra y me imagino que algunas materias más de matemáticas que de momento no recuerdo.
Él era mayor que el resto de la clase, ya estaba casado y con hijas y por lo mismo era un gran punto de apoyo, porque daba una visión madura a muchos problemas y discusiones. Yo, irreverente que siempre he sido, lo desacralizaba diciéndole Pancho Venereo en lugar de Venegas que era su apellido. Y nomás sonreía y me tenia paciencia.
Lo recuerdo con su bolita: Concha, Eloisa, Vicky, fumando y con su sonrisa franca y su gran bigote. A veces hablábamos de matemáticas pero no recuerdo que fuera un fanático, tampoco lo recuerdo jugando ajedrez como aparece en su altar. Lo que sí recuerdo es que era un gran conversador.
Luego yo me atrasé en la escuela y él siguió avanzando con el mismo grupo. Ya no platicamos tanto como cuando éramos compañeros pero nunca dejamos de tocar base de cuando en cuando.
Cuando salimos de la escuela nos encontrábamos de vez en vez en eventos relacionados con la industria del software e invariablemente terminábamos hablando sobre la falta de complejidad en los proyectos que atacábamos en la región. Nunca supe a ciencia cierta qué puesto tenía en aquellos días, había cosas más interesantes que platicar que la pompa y circunstancia del protocolo en la U.A.B.C.
Un día me lo encontré bastante delgado en el café tomas de la calle diez y lo saludé efusivamente como era mi costumbre Pancho Venéreo! le dije y volteo a verme y me dijo Tu cara se me hace conocida pero no me acuerdo de tu nombre. Y se me vino la noche encima. ¿qué te pasó Pancho? le pregunté y me empezó a contar de su enfermedad. Mi amigo, ese hombre inteligente de comentarios ácidos y sonrisa franca se había ido y no sabíamos si iba a regresar.
Ahora que me entero accidentalmente de su muerte no puedo dejar de sentir nostalgia y un poco de coraje por todas las conversaciones que nunca pudimos tener.
Pancho, donde estés Un abrazo!
Pancho fue mi compañero en la facultad, él ya había estudiado filosofa y letras cuando entró a estudiar una segunda carrera; licenciado en ciencias computacionales. Yo estaba en física pero compartimos muchas materias desde primer semestre: calculo I,II, III y IV, Geometría analítica, álgebra y me imagino que algunas materias más de matemáticas que de momento no recuerdo.
Él era mayor que el resto de la clase, ya estaba casado y con hijas y por lo mismo era un gran punto de apoyo, porque daba una visión madura a muchos problemas y discusiones. Yo, irreverente que siempre he sido, lo desacralizaba diciéndole Pancho Venereo en lugar de Venegas que era su apellido. Y nomás sonreía y me tenia paciencia.
Lo recuerdo con su bolita: Concha, Eloisa, Vicky, fumando y con su sonrisa franca y su gran bigote. A veces hablábamos de matemáticas pero no recuerdo que fuera un fanático, tampoco lo recuerdo jugando ajedrez como aparece en su altar. Lo que sí recuerdo es que era un gran conversador.
Luego yo me atrasé en la escuela y él siguió avanzando con el mismo grupo. Ya no platicamos tanto como cuando éramos compañeros pero nunca dejamos de tocar base de cuando en cuando.
Cuando salimos de la escuela nos encontrábamos de vez en vez en eventos relacionados con la industria del software e invariablemente terminábamos hablando sobre la falta de complejidad en los proyectos que atacábamos en la región. Nunca supe a ciencia cierta qué puesto tenía en aquellos días, había cosas más interesantes que platicar que la pompa y circunstancia del protocolo en la U.A.B.C.
Un día me lo encontré bastante delgado en el café tomas de la calle diez y lo saludé efusivamente como era mi costumbre Pancho Venéreo! le dije y volteo a verme y me dijo Tu cara se me hace conocida pero no me acuerdo de tu nombre. Y se me vino la noche encima. ¿qué te pasó Pancho? le pregunté y me empezó a contar de su enfermedad. Mi amigo, ese hombre inteligente de comentarios ácidos y sonrisa franca se había ido y no sabíamos si iba a regresar.
Ahora que me entero accidentalmente de su muerte no puedo dejar de sentir nostalgia y un poco de coraje por todas las conversaciones que nunca pudimos tener.
Pancho, donde estés Un abrazo!
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