sábado, 29 de octubre de 2016

Hace cinco días

Hoy hace cinco días que nos dejaron un niño muerto en la entrada del edificio. Raquel encontró su cuerpecito desnudo de tintes azulados, no sé si por el frío o así sea la muerte, nunca me había tocado verla tan de cerca. Entró al departamento gritando como loca buscando una cobija para taparlo mientras marcaba a la policía, pero el teléfono se le resbalaba entre los dedos de la desesperación y los nervios. Bajé con ella y fui yo quien cubrió al niño con el cobertor más grueso que pudimos encontrar, como si esto le fuera a quitar el frío. Al verlo de cerca noté que su piel tenía cientos de cortadas muy finitas en patrones extraños pero no salía sangre de estas. Quise observar con más detalle pero la policía se acababa de estacionar enfrente y no quise causar alguna sospecha.

Llegó la ambulancia y se lo llevaron sin darnos mayor detalle; después un ministerial llegó a tomarnos la declaración. Se tomó su tiempo para sacar una dona de su bolsita, darle un trago al café, sentarse y con trabajo acomodar la libretita y la pluma, que se le resbalaba al hacer malabares con sus dedos regordetes por no querer soltar la dona. Realmente no teníamos gran cosa que decirle y él después de unos minutos prefirió regresar al calor de la estación de policía que resolver el asesinato de un niño de la calle.

Los primeros dos días después del suceso fueron difíciles para Raquel que no pudo dormir, ella tuvo una infancia muy difícil y esto le trajo recuerdos nada gratos. La noche del tercer día el teléfono empezó a timbrar como a eso de las 2 de la mañana; extraño, por lo regular le bajamos el sonido para que no nos despierte, esta noche se nos debe de haber olvidado. Decidí no contestar, estaba haciendo mucho frío a pesar de que apenas estábamos en Octubre, y no me dieron ganas de levantarme. Solamente timbró tres veces y ya no volvió a sonar, intenté volverme a dormir pero apenas habrían pasado unos cinco minutos cuando alguien tocó a la puerta desesperadamente. De un brinco me levanté, saqué la pistola del cajón y ante la mirada asustada de Raquel fui a ver qué sucedía.

-- Espérate, no abras Roberto
-- No voy a abrir, pero tengo que ir a ver qué es lo que pasa
-- Me da miedo
-- No va a pasar nada, llevo la pistola y no voy a abrir, si pasa algo le hablamos a la policía
-- Mejor les hablo de una vez, me da mala espina

En eso volvieron a tocar, está vez más fuerte y escuchamos una voz de mujer desesperada gritando
-- ¿Dónde está?, ¿dónde está?
Una vez más silencio

-- No me importa qué pienses, le voy a hablar a la policía
-- Sí, tienes razón, pero de todos modos voy a ir a ver 

-- Dicen que van a mandar una patrulla
-- Está bien pero no se ve nada
-- ¿Qué quieres decir?, ¿y la mujer?
-- No sé, acá afuera no se ve, voy a salir a buscarla
-- ¡Qué salir ni que nada, tú te quedas adentro hasta que llegue la policía!
-- Raquel, se oía bien desesperada
-- Esto no es una discusión, te estoy diciendo que no vas a salir y punto, esa puerta no se abre mientras no llegue la policía.

El teléfono volvió a timbrar y Raquel contestó

-- ¿Bueno?
-- ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
-- ¡Ay Dios mío!  Gritó Raquel y soltó el teléfono, acto seguido arrancó el cable y se soltó llorando

-- Tengo mucho miedo  me dijo sollozando
-- No te preocupes, todo va a estar bien mentí porque yo también estaba muy asustado.

Para variar la patrulla no llegó y nos quedamos dormidos casi al amanecer. Nos fuimos a nuestros respectivos trabajos ya muy tarde y acordamos regresar juntos a casa al finalizar el día.

-- ¿No te da miedo entrar a la casa?
-- Sí, un poco pero me aguanto, para eso soy macho ¿no?
-- ¡Ja!, muy macho has de ser, no me hagas reír, pero bueno, tú vas por enfrente

Entramos a casa y todo se veía normal, cenamos y hasta pudimos ver una película tranquilamente. Todo parecía normal hasta que entré al baño y encontré que en el espejo estaba escrito ¿DÓNDE ESTÁ? con pintura negra. Me salí caminando de espaldas despacito, Raquel estaba preparando chocolate caliente y me gritó

-- ¿Qué pasó?, ¿todo bien?
-- Sí, no te preocupes
-- Bueno, vente a ver otra película, el chocolate ya va a estar
-- Ahorita voy, deja limpio algo que tiré en el baño
-- Te apuras
-- Sí amor, ya voy

Fui al cuarto de los cachivaches, tomé la lata de thinner y armándome de valor regresé al baño a borrar el mensaje. Afortunadamente la pintura no estaba muy pegada  y con un simple trapazo con poquito thinner se borró. No sabía si decirle o no a Raquel porque por fin tenía un rato de tranquilidad y no se lo quería echar a perder. Hacía poco que nos habíamos mudado a esta ciudad y no tenemos amigos con quienes nos pudiéramos ir a pasar la noche y nuestras maltrechas finanzas no daban para un hotel. Así que decidí mejor guardar silencio.

Esta es la quinta noche desde el suceso; la casa está tranquila y no hay llamadas ni mensajes por ningún lado, parece que por fin vamos a poder dormir. De nuevo hace mucho frío, Raquel me abraza y me dice al oído

-- Tengo mucho frío, ¿no puedes ir a hacer pipí por mí?
-- No, levántate no seas floja
-- Ash, no tengo ganas de levantarme
-- Ni modo, tejones porque no hay liebres

Y sin ganas y con frío se fue al baño; pero regresó casi inmediatamente

--Roberto, ven, ¡levántate!
-- ¿Qué pasó?
-- Que te levantes te digo, con una chingada hazme caso, hay un niño en la sala

Nos acercamos a la sala y ahí estaba el niño muerto viendo tranquilamente la televisión;  con su uniforme escolar desaliñado y tan solo faltaba su mochila tirada a un lado para que pareciera que acababa de llegar de la primaria.

-- ¿Qué estás viendo? le preguntó Raquel que siempre ha sido muy niñera
-- Bob esponja, me da mucha risa Patricio, respondió y volteo a vernos despreocupadamente como si nos conociera de toda la vida. Raquel se sentó a un lado como si fuera la cosa más normal, yo me quedé parado sin saber qué hacer. Después de unos minutos le preguntó
-- ¿No quieres que te prepare un chocolate caliente?
-- Sí muchas gracias, tengo mucho frío
-- Bueno, voy por un cobertor para que te calientes y luego te preparo tu chocolatito.

Cuando Raquel entró a la cocina la seguí y cerré la puerta para que el niño no nos oyera

-- Raquel ¿qué estás haciendo?
-- Un chocolate caliente, ¿quieres que ponga para ti también?
-- Raquel ese niño está muerto
-- ¿Te parece muerto a ti?, yo lo veo bastante vivo
-- ¿No lo viste tú también? es el niño que nos encontramos tirado afuera
-- Yo no sé nada, para mí es un niño con frío que está viendo Bob Esponja y solo eso, ya le llevé su cobijita, ahorita le llevo su chocolate y por favor no estés haciendo dramas.
-- Raquel ese niño está muerto
-- Ya madura Roberto, es un niño

Nos sentamos los tres a ver las caricaturas y de la nada el niño nos dijo

-- Ustedes me caen bien, ¿me puedo a quedar a vivir aquí?
-- No, le dijo Raquel, tienes que regresar con tus padres, tu mamá te anda buscando
-- ¡No por favor, no dejes que me encuentre, no dejes que me encuentre! 

Y se soltó llorando, Raquel lo abrazó cariñosamente tratando de calmarlo. Cuando por fin se tranquilizó un poco empezó a hablarle al oído; yo miraba la escena asombrado de ver cómo poco a poco le cambiaba el rostro a Raquel, sus facciones se endurecían y apretaba la quijada. En eso de nuevo tocaron a la puerta, los mismos golpes desesperados y los gritos

 -- ¡¿DÓNDE ESTÁ?!  ¡¿DÓNDE ESTÁ?!  ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
 -- Hija de la chingada Dijo Raquel mientras se paraba de un brinco
-- ¡No dejes que me lleve! por favor, por favor,
-- Quédate aquí y no te muevas, y tú tampoco me dijo mientras me señalaba con el dedo de forma amenazante

Como un torbellino entró a la cocina, salió hecha una furia con el rodillo de las tortillas de harina en la mano, abrió la puerta de la casa y se encontró frente a frente con la mujer

-- ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
-- Qué dónde está ni que la chingada  le dijo mientras la daba el primer golpe con el rodillo en la cabeza. Fue un impacto duro, directo y la mujer cayó de bruces. Como poseída le dió otros cuatro golpes fuertes, dos en la sien, uno en la nariz y otro en la boca; la mujer escupió algunos dientes y gimió despacito
-- A mi niño no lo vas a volver a ver, ¡¿me oíste perra?! Gritó Raquel y le dió una patada en la cara para enfatizar su punto.

Cerró la puerta, nos miró y nos dijo
-- Denme un minuto para reponerme del coraje
-- Está bien Asentimos los dos medio asustados.

Más tarde ya tranquilos todos Raquel le preguntó
-- ¿No te quieres ir a dormir? ya te preparé tu cama
-- Sí, gracias, ya tengo sueño
-- Vamos, te acompaño

Antes de irse al cuarto el niño me abrazó y me dijo
-- Gracias, eres muy bueno. Su cuerpecito estaba helado, de nuevo me asusté y no atiné a decir nada, él, notando mi nerviosismo solo sonrió y se despidió. Buenas noches

Raquel lo acompañó a su cuarto y se quedó un rato más platicando, yo solo alcanzaba a escuchar a veces las risas pero sin alcanzar a entender lo que decían. Cuando por fin salió del cuarto de visitas Raquel se miraba tranquila y contenta.

-- Tráete un slepping, vamos a dormir aquí en la sala
-- ¿Y eso?
-- Vamos a cuidarlo, y estando aquí me voy a sentir más tranquila

Por la mañana fui al cuarto a buscarlo, pero no estaba en su cama, tan solo estaban sus zapatos
-- Raquel el niño no está
-- Déjame dormir otro ratito
-- Pero te digo que el niño no está 
-- No te preocupes, Federico ya está bien
-- ¿Federico se llama?
-- Sí, dame cinco minutitos más ¿sí?

Y se dio la vuelta y se volvió a dormir. Más tarde mientras desayunábamos le dije
-- Dejó sus zapatos
-- Sí, son para ti, me dijo que son para que lo recuerdes, a mí me hizo un dibujito dijo divertida mientras se servía un vaso de jugo de naranja como si no hubiera pasado nada.



 

martes, 25 de octubre de 2016

Sombras

Los eventos que procedo a relatar sucedieron tal y como los cuento; unos pensarán que son fantasía, otros que les quiero tomar el pelo y algunos, no sé si muchos o pocos, caminarán con más cuidado en las noches frías de  Guerrero Negro.

El Beto Gutierrez es mi amigo desde los tiempos en que yo era estudiante y él prefecto de la prepa. En ese entonces lo visitaba con frecuencia y cuando me fui a estudiar a Ensenada en las vacaciones que regresaba a Guerrero su casa era visita obligada. Platicábamos mucho de política y de literatura, también un poco sobre ciencia y tecnología, a ambos, tal vez influenciados por Aldous Huxley nos preocupaba el futuro aunque estábamos lejos de prever lo mucho que iba a cambiar nuestro entorno.

Por lo regular llegaba de visita en la tarde y me quedaba hasta ya entrada la noche. Me regresaba caminando a mi casa sin ningún pendiente puesto que en aquella época en Guerrero Negro no pasaba nada. No estaba tan cerca como antes que vivía a una cuadra de mi casa; el Beto ya se había mudado cerca del Cet del Mar y nosotros habíamos dejado la casa de exportadora para irnos a vivir a un lado del Carnitas, pero de todos modos eran solamente unos quince minutos caminando, nada de qué preocuparse.
El Beto en la entrada sur de la prepa


Una de estas noches camino de regreso a mi casa, ya casi para llegar a la Marcelo Rubio me dieron ganas de orinar, iba por el baldío que está a un lado de la escuela y como vi una sombra de alguien que venía atrás de mí pensé en esperar a que me pasara para encontrar un rinconcito en lo oscuro y relajar el cuerpo.

Disminuí el paso para que me pasara porque ya me andaba, pero entonces la sombra también lo hizo. Entonces ya no me gustó y me detuve y me volteé a  ver quién era. Pero solo estaba la sombra detenida en la misma posición que la mía. Dí un par de pasos y la sombra los dio también, así que debía ser también sombra mía pero algo había raro en el ángulo en que se proyectaba. Me detuve y se detuvo. De pronto levanté un brazo y la agarré descuidada y tardó un poco en levantarlo también. Alguien debía de estarme jugando una broma pero miraba las casas alrededor y no miraba nada que pudiera producir esta sombra.

Como de plano ya no aguantaba me valió gorro la sombra y agarré un rinconcito para orinar, ahí de plano la sombra ya no se preocupó en copiarme, solamente estaba parada a un lado mio. Terminé mi asunto y empecé a caminar y la sombra de nuevo a seguirme. Iba yo muy valiente pero al llegar a la primaria la luz de los focos de la calle ya no llegaba e iba a entrar a un área oscura. Ahí fue donde me agarró el miedo. Me solté corriendo como loco y no me detuve hasta llegar a la carretera por detrás de la gasolinería del Humberto Ibarra. Un par de segundos después llegó la sombra que también venía corriendo. Afortunadamente en eso pasó mi compa Rogelio Beltrán y me dio raite a la casa y esa noche la sombra ya no me molestó. No estaba tan asustado, pero debo de reconocer que sentí alivio de no volverla a ver esa noche.

Regresé de mis vacaciones a Ensenada y una noche regreso de casa de mis compas los Micheles me la encontré de nuevo, esta vez no hizo ningún intento de imitarme, al contrario, levantó un brazo en seña de saludo. No lo pensé mucho y salí corriendo, llegué a la casa y prendí todas las luces esperando verla entrar por debajo de la puerta. No fue así. Menos mal.

Después de esta ocasión no la he vuelto a ver, no sé que era y no tengo ganas de averiguarlo.


*Dedicada con cariño para el Beto.


sábado, 8 de octubre de 2016

El Gigio

El Gigio me dio clases de música en la secundaria y sin lugar a dudas fue el maestro que me dejó una huella más profunda de aquellos tiempos en los que estábamos más ocupados en reírnos, vagar y hacer desmadres que otra cosa. Tal vez porque estaba chavo resultaba más o menos fácil verlo un poco menos intimidante que el resto de los maestros; sin embargo, a pesar de la confianza que nos teníamos el trato siempre fue el de maestro y alumno, algunas veces bromeábamos pero siempre manteniendo el debido respeto.

El Gigio de maestro en la secundaria (1982)
 En primer año nos enseñó a leer una partitura y por supuesto a tocar la flauta dulce, esa de la que tantas bromas acerca de su utilidad se hacen ahora. No sé cómo pero me volví un apasionado de tocar la flauta. A mi familia no le debe de haber hecho gracia porque la tocaba a todas horas y no les daba un momento de descanso. Y así, después de mucho ensayar entré a la estudiantina.

A la estudiantina íbamos a ensayar por las tardes, hombres y mujeres de los tres grados. Teníamos un tololoche, un acordeón, unas mandolinas, muchas guitarras y flautas y por supuesto el coro. El ambiente en los ensayos era muy bonito; bromeábamos pero practicábamos duro y con seriedad y supongo que esto se notaría a la hora de tocar. Con la estudiantina nos invitaban a tocar a cuanto evento había en el pueblo: el grito, 20 de noviembre en el estadio, día de las madres, visitas de alguna autoridad y seguido en la asamblea de los lunes. Una vez fuimos al Vizcaíno creo que a un concurso de interpretación del himno nacional, pero no me crean mucho, no me acuerdo tan bien.

Cuando iba en primer año hubo un concurso de grupos musicales de escuelas secundarias a nivel nacional. La primera fase consistía de ir a La Paz y el ganador ahí iría al Distrito Federal a una presentación. Allá para nuestra fortuna ya no sería concurso, como pudimos atestiguar después.

Ir a competir a La Paz se nos hacía complicado porque en esa época tenían fama de localistas y sinceramente no pensábamos en ganar, pero de todos modos ensayamos con mucho entusiasmo. Nuestro prestigio no lo íbamos a devaluar por culpa de los jueces. Para nuestra sorpresa ganamos, de hecho del viaje a La Paz lo único que recuerdo es el momento en que Eva Luz me abraza y me dice que éramos ganadores y entramos corriendo emocionados al teatro. ¡Vámonos al DF!

No sé qué tanto habrán tenido que hacer el Gigio y el resto del personal de la secundaria para costear el viaje, supongo que exportadora habrá puesto una buena lana, porque éramos muchos y nos fuimos en avión, pero por mucho que haya puesto exportadora, estoy seguro que debe de haber sido muy grande el esfuerzo y a más de 35 años del evento creo que se siguen mereciendo un aplauso.

En el DF primero llegamos a un hotel que mis recuerdos me dicen que era la casa del estudiante sudcaliforniano, aunque parecía más hotel que otra cosa. Estábamos bastante cómodos pero la comida era muy mala y nos hartó muy rápido. Se me ocurrió subirnos al techo para desde ahí buscar otro lugar dónde comer. Como a 3 o 4 cuadras se miraba un parquecito y le dije al Everardo que seguro a un lado del parque habría dónde comer y un grupito como de 6 o 7 chamacos nos dimos a la tarea de ir en una expedición al parque en busca de comida menos mala. Encontramos un burguer king y devoramos lo que nos sirvieron, en la mesa de al lado estaban sentadas unas chilanguitas también de secundaria fumando bien tranquilas y quitadas de la pena. Esto nos impresionó mucho porque para nosotros fumar tenía el aire de travesura y era algo que se tenía que hacer a escondidas.

El evento duró tres días y a nosotros nos tocó presentarnos el segundo día. Como la entrada era gratis fuimos a ver a las otras secundarias el primer día. Realmente había grupos muy buenos, del DF había más de una secundaria y me parece justo porque realmente traían muy buen nivel, algunos de plano casi casi eran orquestas, con violines, tubas, clarinetes y cuanta cosa se puedan imaginar. Les digo, ¡qué bueno que no era concurso!

Al día siguiente nos tocó nuestro turno, el Gigio estaba super nervioso, creo que el resto de nosotros no tanto, tocar en la sala principal de Bellas Artes en nuestra ignorancia no era tan impresionante. Después del concurso en La Paz a una de las canciones que tocamos le añadimos un corito para que sonara más alegre, pero justo antes de salir a escena el Gigio nos pidió que lo canceláramos, creo que se le hizo muy solemne el escenario y nosotros muy poquitos como para que hiciera diferencia.
Yo en el pasillo de Bellas Artes

Cuando salimos a escena nos presentaron como la secundaria que venía del rincón más alejado del país y creo que no estaba muy equivocado el presentador. Y ahí nos ven, a unos 20 chamaquitos de Guerrero Negro parados en el escenario de la sala Benito Juárez del palacio de Bellas Artes. Me gustaría poder nombrar a todos los que fuimos, pero la verdad es que estaba muy chavo y mi memoria me traiciona.

El Gigio agarró aire y con cara de ¡ayúdanos Dios mío! empezó a mover la batuta y nosotros a tocar. Todo salió bien, nadie se equivocó y nos aplaudieron mucho y el Gigio pudo relajarse. Hasta ahí todo bien, lo malo vino después que tuvimos que cambiarnos de hotel y fuimos a dar a un hotelito de mala muerte pero eso ya era lo de menos.

De regreso a Guerrero Negro nos invitaron a tocar en muchos lados, es más, ¡hasta en el canal 8 salimos! Por supuesto que el siguiente año estábamos todos emocionados de ir a competir, incluso empezamos a ensayar para esto pero algo sucedió que de un día para otro el Gigio nos dijo que no íbamos a ir ni siquiera a La Paz porque estaba muy complicado. Apenas los que vivieron la organización de estos viajes saben el tamaño del problema. Obvio que nos dolió pero no nos deprimimos, ni dejamos de tocar. Junto con el Porfi Duarte y Rogelio el Guto Beltrán formamos el trío Galaxia y tocábamos música latinoamericana cada que había oportunidad. El Gigio solo nos supervisaba y nos daba consejos de cuando en cuando pero ya éramos más bien independientes.

Ahora bien, el Gigio antes que maestro era músico, esa era su pasión y siempre anduvo correteando el éxito, a veces con grupos y a veces como solista. No sé cuántos discos grabaría, será cuestión de revisar los cassetes de mi amá porque en casa siempre compramos su material. Qué ganas de escuchar de nuevo la canción de Hey doc Lagarde. Sus temas eran los míos.

No puedo decir que después de la secundaria nos frecuentábamos, pero cuando nos veíamos nos daba mucho gusto y platicábamos un buen rato. Yo siempre le tuve gran aprecio y admiración y estoy seguro que él se sentía orgulloso de que hubiera sido su alumno.

Me dicen que antes de su fallecimiento había sido seleccionado para participar en La Voz México. No sé los detalles y me duele mucho que su gran oportunidad se le haya escapado de esta manera. Sin embargo nos dejó su ejemplo, su alegría, su amor por la música y nuestro pueblo y por eso querido amigo, te doy las gracias.




sábado, 24 de septiembre de 2016

El Carnitas


Hablar de un personaje como Francisco Artemio Baiza mejor conocido como El Carnitas, no es cosa fácil y tal vez como en muchas otras ocasiones lo mejor será empezar por el principio. El Carnitas llegó a Guerrero Negro junto con el Toto, no sé si Pancho trajo al Toto o al revés, creo que la respuesta depende de a quién le pregunten. El caso es que es uno de los comerciantes fundadores de Guerrero Negro.

Los Baiza siempre han sido muy cercanos a mi familia, Sofía fue mi compañera durante toda la escuela, Rubén (el Panchito) y yo compartimos casa durante varios años en la universidad, mi mamá y Tere son comadres y por supuesto Pancho, el Carnitas siempre ha tenido un lugar especial en nuestra casa. Además la tienda del Carnitas está a un lado de la de mi mamá, así que fui su cliente desde siempre.
Sofía, Rubén, Lety y Carla
El Carnitas y su tienda son personajes inseparables en mi memoria, esa tienda mágica donde no solo había dulces y futbolitos sino cuanta cháchara se puedan ustedes imaginar. Era punto de reunión de mi tío Alfonso, Memito González y muchos otros personajes del pueblo.

Los primeros recuerdos que tengo del Carnitas y su tienda  son de las famosas cartitas de luchadores. ¡Dios, cómo me gustaban esas cosas! Primero comprabas el álbum donde venían espacios para todos los luchadores.
Si lo llenabas lo podías cambiar por alguno de los premios que Pancho tenía pegados en la pared atrás de la caja. Ya visto a la distancia no entiendo por qué alguien cambiaría su álbum todo chingozote por un premio que hasta donde mi memoria alcanza estaban medio chafones; pero en fin, así eran las cosas. Las cartitas de los luchadores venían en unas hojas grandes como de estampillas y te las vendía volteadas cara abajo, así no podías saber qué luchadores te iban a tocar en los 5 pesos de cartitas que comprabas. Por supuesto que te salían muchas repetidas y pues a cambiarlas por las que te faltaran. No recuerdo cuales eran las más difíciles de conseguir, supongo que serían Santo y Blue Demon, la más común por mucho era la del Matemático, de ese canijo cada que compraba de seguro me salía al menos una.



De los futbolitos como tantos otros chamacos también fui un adicto. Se llenaba la tienda de morros haciendo reta: de apuesta, de él que pierda paga, sin parar la pelota, uno contra uno, dos contra dos. Aprendí a jugar más o menos bien y hasta la fecha es raro que pierda un juego contra alguien que no sea de Guerrero Negro. Cuando estábamos en la universidad y compartíamos casa en Ensenada el Rubén y yo nos íbamos a un bar que tenían un futbolito a jugar de apuesta de cerveza. Pagábamos la primera cerveza cuando llegábamos y las siguientes siempre eran cortesía de los incautos que aceptaban jugar contra nosotros.

Pero regresemos a Guerrero Negro. La partida de futbolitos costaba un peso y te salían 5 pelotas, por supuesto que chamacos a fin de cuentas, tratáramos de hacer trampa para jugar más sin pagar. Había tres métodos: El primero era meter la mano rápido por la portería cuando alguien metía gol. El segundo era meter un fleje de metal por encima de la palanca para levantar el seguro y poder presionar sin echarle dinero y el último y más difícil era meter la mano por donde salían las pelotas y levantar el seguro. Yo nunca pude pero un amigo que no voy a nombrar porque ahora es maestro y para que no diga que lo quemo con sus alumnos, era buenísimo para esto, en menos de dos segundos se agachaba metía la mano y pum!, mágicamente salían las pelotas. Existe la leyenda urbana de que podías echarle una moneda amarrada con un hilo pero nunca vi que alguien lo hiciera.

Por supuesto que esto no le hacía gracia a Pancho, que se daba sus vueltas para regañarnos y hacer un poco de coraje. Quihubo quihubo cabrón!, decía cuando descubría a alguien haciendo trampa. Lo cual era cosa de todos los días. Me gusta pensar que se divertía un poco de batallarnos, así me siento menos culpable de los corajes que le hacíamos pasar.

Pancho era muy peludo y le encantaba andar sin camisa. Además no le hacía mucho el frío; cuando estábamos en la secundaria y tomábamos el camión muy temprano en la esquina de la capitanía de puerto seguido veíamos a Pancho acostado encima del cofre de su carro sin camisa esperando que salieran Sofía y Lety para llevarlas a la secundaria y nosotros muertos de frío nomás de verlo. Era tan peludo que una vez se rasuró una cruz en el pecho, y si le preguntabas el por qué te contestaba medio en serio medio en broma Yo no fui, fue un milagro.

Pancho, Sofía y Carla
 Ya en la prepa iba con Pancho por sodas y a platicar un rato, y en las fiestas de navidad y año nuevo siempre iba a la casa a pasar un rato con nosotros. La última vez que lo vi fue en la boda de Sofía y mi negro. Ya está muy grande y no me reconoció. No te preocupes Pancho, yo no te olvido. Un abrazo.

Con cariño para toda la familia Baiza.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Seminario de tecnología de la enseñanza de los santos de los últimos días

En séptimo semestre de la carrera alguien tuvo la mala idea de poner en el plan de estudios una materia llamada Seminario de la tecnología de la enseñanza. Supongo que la lógica de esto debe de haber ido en el tenor de para que de perdida medio sepan dar clases y no se mueran de hambre. Gracias, pero no gracias. El caso es que visto a lo lejos esa materia era una muy mala forma de perder el tiempo, y visto de cerca en aquellos ayeres peor. En séptimo semestre ya medio sabes matemáticas y física y se empieza a poner interesante el asunto; la diferencia entre un objetivo específico y uno particular como que quedaba muy lejos de nuestros intereses.

La maestra llegó a la primera clase bien motivada, poseída de un fervor pedagógico envidiable, hagan de cuenta Juana de Arco dando clases. Nos trató de convencer de las bondades de su curso y con sonrisa de crisiana evangélica hacía castillos en el aire de todas las cosas que íbamos a hacer.

Pero no, no estábamos interesados en comprar el snake oil que vendía y en cuanto nos dio oportunidad de hablar se lo hice saber

Maestra, voy a hablar por mi, pero creo que lo que voy a decir es el sentimiento general de todos. Su materia es una materia de relleno y la mera verdad no nos interesa. Por qué no nos pone 9 a todos y usted cobra su cheque y ya, contentos todos como si no hubiera pasado nada.

¡No mamen!, les juro que le empezó a dar vueltas la cabeza como a la niña del exorcista y parecía que el mismo Belial la hubiera poseído de encabronada que se puso. No recuerdo qué nos dijo, seguro porque ha de haber estado hablando en lenguas. En un momento de respiro que tuvo, Catalina, que era muy bien portada e iba encarrerada por el premio al mérito académico se para y le dice Pues yo no sé maestra, pero yo llevo promedio de 9.6 y no quiero que me lo vayan a bajar por su tarugada. Acto seguido tomó sus libros y se salió del salón ante la mirada atónita de la maestra que no entendía qué estaba sucediendo.

Por supuesto que ese mismo día le fuimos a hacer una grilla para tratar de que nos quitaran esa materia. Con lo que no contábamos es que la maestra era alta ejecutiva de la universidad, así que cuando llegamos con Gloria, a pesar de que nos quería mucho, en cuanto nos empezó a oír dijo
Yo no me voy a pelear con Edna por esto, llevan la materia y sanseacabó, es más, ya no los estoy oyendo, órale cúchale, cúchale. Y sin mayor trámite nos sacó de su cubículo y nos quedó muy claro que el seminario había llegado para quedarse y que tendríamos que resolver esto de otra manera.

En la segunda clase nos dejó de tarea leer un artículo y que le hiciéramos un resumen, y pues sí, se lo hicimos muy al bravazo y eso nos ganó un sermón y un comentario para picarnos el orgullo
Es que los de ciencias naturales no saben leer.
Y nos volvió a dejar de tarea otro artículo para leer y resumir. Dicen que Dios no le da alas a los alacranes, pero a veces sí. Resulta que este otro artículo venía plagado de faltas de ortografía. Y tomé un marcador fosforescente amarillo y subrayé todas las que pude encontrar. La siguiente clase no entregué mi resumen, le dejé su artículo subrayado encima del escritorio con una leyenda que decía
Los de ciencias no sabemos leer, pero los de humanidades no saben escribir. 
Y procedí alegremente a pintearmela.

Y así empezaron a pasar las clases, cada vez más aburridas e irrelevantes hasta que un día llegamos a la conclusión que lo que deberíamos de hacer es un calendario de asistencia. Y justamente eso hicimos. Cada quien tenía asignadas las fechas a las que tenía que entrar a la clase, entregar las tareas de todos, tomar notas y luego repartirlas al resto de los compañeros. Así, entrando a clases cada dos semanas era más llevadera la materia.

Una tarde que me tocaba entrar a clase llegué al salón y la maestra todavía no estaba ahí. Era un día precioso, estaba soleado y un poco calientito. El salón quedaba en un segundo piso y tenía vista al mar, que quedaría a unos escasos 80 metros de distancia. Y a pesar de ser cerca de la una de la tarde las olas estaban rompiendo bien bonito. Y es que esto es raro, por lo regular uno encuentra olas para surfear o muy temprano o por la tarde antes de anochecer. Y yo traía la tabla en el carro. Y el wet suit. Y además por si esto fuera poco, traía dinero para un seiscito. ¿Qué oportunidad tenía la clase de que me quedara?, siendo honestos, ninguna.

Y tomé mis libros y me fui; me encontré a la maestra en los escalones y me preguntó ya resignada al calendario
¿Qué pasó Paredes?, ¿hoy te toca no?
Sí maestra, pero hay olas
¿y qué tiene que haya olas?, en el mar siempre hay olas
Pero no a estas horas maestra, le dejé las tareas en el escritorio, ¡luego la veo!

La siguiente vez que me tocó clase se sentó muy seria y me miró fijamente queriéndome atravesar con la mirada. Pasó un minuto de silencio, luego otro y luego... saqué mi cuaderno y me puse a hacer mi tarea de electrodinámica mientras ella hacía sus panchos. Finalmente habló

No te entiendo Paredes, de veras que no te entiendo
¿Qué cosa no entiende maestra?
¿A qué vienes a la escuela?
Está fácil, a aprender física y matemáticas, si vamos a hablar de eso soy todo oídos maestra, si no, pues... ¿qué quiere que le diga?.

Silencio nuevamente. Terminé un problema de campos magnéticos, y la maestra entre resignada y encabronada empezó con la clase.

El trabajo final del semestre fue muy divertido, se trataba de preparar una clase, con toda la planeación que nos había enseñado y luego darla frente al grupo. Mis compañeros sí le invirtieron tiempo y prepararon clases de temas de su interés: mecánica de fluidos, física de altas energías y cosas así, avanzadas pues. Yo no; Matemáticas I, funciones trigonométricas y vámonos recio, para que dar tantos brincos estando el suelo tan parejo.

Como los temas eran avanzados las clases de mis compañeros no fueron tan fluidas y se atoraron un poco en las preguntas, pero estuvieron interesantes. A mi me tocó el último turno

Bueno, el tema de mi clase es funciones trigonométricas, es un tema de matemáticas I para una escuela de ingeniería o biología. El material que voy a presentar mis compañeros lo conocen a la perfección maestra, entonces no les puedo preguntar nada a ellos, así que por favor ponga mucha atención porque le voy a preguntar a usted.

De veras que esto no lo había planeado así como venganza, simplemente escogí el tema más sencillo que se me ocurrió para pasar la materia bajo el principio de mínimo esfuerzo, si la naturaleza se comporta así, ¿quién soy yo para contradecirla? Ya que estaba ahí pensé que era buena idea hacerla sentir un poco de rigor.

Y empecé a dar la clase y la maestra agarrada con las dos manos a la orilla del pupitre poniendo toda la atención de la que era capaz.

Maestra, de acuerdo a esta gráfica, ¿qué diferencia hay entre el seno y el coseno?
¿Que uno está más a la derecha que el otro?
Que tienen una diferencia de fase de pi/2 maestra, ¡ponga atención por favor!.
 
 Cuando por fin terminó su suplicio me felicitó y me dijo

Muy buena clase, tienes un talento natural para dar clases, deberías ser maestro
Noooo maestra, no gracias, ¿para que me toque un chamaco latoso?, mejor no 
Pues te salió muy bien, te hubiera salido mejor si la hubieras preparado con tiempo
¡Pero si la preparé!
¡Qué la preparaste ni que nada, si de aquí te vi que estabas todo apurado escribiendo en el jacuzzi antes de entrar a la clase!.

El siguiente año no regresó la maestra a dar la clase, sino hasta otro año después. Para ese entonces ya se habían dado cuenta de la bronca y la materia la movieron a primer semestre donde hacía (¿hace?, espero que ya no) menos daño. Y cuando llevaba un poco más de un mes dando la clase a sus pubertos alumnos la maestra decidió sincerarse. No quiero hacer esta historia más larga de lo que ya es, simplemente les contaré que se le salieron las lágrimas de la emoción de lo bien portados que eran sus nuevos alumnos y les contó lo horrible que había sido darnos clases a nosotros. ¿Ve maestra?, yo le dije, nos hubiera puesto nueve a todos y nos dejábamos de mamadas.

Con el paso del tiempo uno se vuelve más paciente y aprende a apreciar las cosas en su justa dimensión. Y creo sinceramente que de todas las materias de la universidad aprendí cosas útiles.

Menos de este seminario. Este, por más vueltas que le doy, no le encuentro nada.

Nada.


 

martes, 13 de septiembre de 2016

Carrillo y Juaritos

Miguel y Francisco son mis amigos. Es bueno tener amigos mayores, se les puede aprender mucho, sobre todo cuando son maestros universitarios; aunque a este par le aprendí principalmente malandrinadas. Esta historia la podría empezar por poner en duda que realmente sean maestros, pero esto es sumamente peligroso y podría salirme el tiro por la culata, porque ellos podrían alegar que sí daban clases y yo era el que no asistía. Así que vamos a llevárnosla tranquilos.
Miguel Carrillo y Francisco Juárez

Primero me dio clases Francisco, de hecho mi primera clase de la universidad me la dio él. Era un grupo numeroso porque la materia la compartíamos con los de computación, total que traíamos un desmadre cuando entró Juaritos, borró el pizarrón y dijo con autoridad A ver siéntense vamos a empezar. Por supuesto que nadie le hizo caso y como insistía, un compañero le gritó Ya siéntate simple, ahorita llega el maestro. Y es que Francisco es bien chaparrito y tragaaños como él solo. En esa ocasión no era maestro titular sino asistente y la clase era Geometría Analítica. La responsabilidad del asistente era calificar tareas y exámenes y una vez a la semana dar una clase de resolución de ejercicios; no recuerdo que haya sido particularmente cabrón, el que sí era bien culero y medio pervertido era el titular de la materia. Lo taggearía pero luego se agüitan mis compas del instituto de nanociencias de la UNAM.

Miguel me dio Química, creo que en tercer semestre; nos la pasamos mucho tiempo en el laboratorio pero el muy cabroncete nunca me quiso enseñar a hacer explosivos, lo cual mató mi pasión por la materia. ¿De qué sirven las clases de química si no vas a hacer explosivos? duh! Sin embargo hay algunas anécdotas de esa clase que vale la pena recordar.

A veces compartíamos el laboratorio con unos morros de biología de primero o segundo semestre, había una pareja de chilanguitos que estaban medio weyes y el Miguel se aventó un troll épico

¡Muchachos, tengan cuidado con eso!, ¿no saben lo que es?
¿Qué es profe?
Es cloruro de sodio y lo tienen que manejar con mucho cuidado. El cloro es un gas muy tóxico y el sodio explota al contacto con el agua. Ahora imagínense si los juntan lo peligroso de la mezcla. No muchachos, tienen que tener mucho cuidado con eso.
Y ahí los ven a los chilanguitos medio asustados agarrando el bote de sal con pinzas y con extremo cuidado mientras el Carrillo disfrutaba su travesura como niño. Ahora bien, déjenme decirles que me parece que esta fue una excelente lección de química, así que algo aprendí en la clase.

Los viernes había cineclub en la facultad y se empalmaba con el laboratorio, si la película estaba buena le decía al Miguel

Miguel pon a hacer algo a estos cabrones y vente a las movies, va a estar bueno hoy.
Nooo, ¿cómo crees? 
Órale!, ¿qué va a pasar?, son buenos estudiantes y no te van a madrear nada
Pinche Poncho no la chingues
Ya, no te la juegues y vámonos, ya va a empezar
Está bueno pues. Ahorita regreso muchachos ya tienen el material de la práctica, les encargo su reporte y que no dejen desmadre. Esto lo decía con un gesto severo para que se viera quién era el maestro y que se tomaba las cosas con la seriedad requerida.
  
Una vez me quedé dormido en clases y cuando me desperté se estaba terminando la clase y el pizarrón estaba lleno de ecuaciones

¿Qué es eso Miguel?
Es la tarea
Órale,  ¿cuántas planas?
Diez me respondió muy serio.

Y para que no dijera que no le hacía caso le hice sus diez planas de ecuaciones. Por supuesto que cuando se las entregué me regañó por andar de mamón, pero yo hice la tarea que me dejó xD.



Francisco hasta donde recuerdo no volvió a darme clases, al menos ninguna a la que asistiera. Sin embargo es uno de los maestros que más contribuyó a que terminara la carrera. Los que lo conocemos bien sabemos de su naturaleza bipolar, por un lado tiene una manera ácida de motivar que raya en el bullying pero por otro se preocupa por ti a nivel personal más como un amigo que como maestro, sospecho que por esto 25 años después lo siguen invitando a las reuniones sus ex alumnos. Así, como me vio que andaba valiendo queso me ofreció un lugar en su cubículo, con escritorio para mi solito y toda la cosa. Y ahí entre la montaña de libros que era su cubo me pasaba las horas estudiando. No siempre lo que debería pero al menos le bajé un poco a la vagancia y Francisco me traía cortito con las tareas y todo eso.
Pura gente fina y Francisco
Me dicen que Francisco todavía da clases, me imagino que estará más ideático que nunca y los libros le pesarán más que antaño.

Miguel ya está viejito y se jubiló, por ahí anda dando lata en un club de historia donde supongo se andará albureando a sus compañeros y poniendo su cara de gente seria a ratos.

Dicen que eran maestros. Dicen; así se forman las leyendas.

martes, 6 de septiembre de 2016

El cine Kugue

El cine Kugue

Yo aprendí a querer las películas de Kung Fu en el cine Kuge. Los sábados salíamos del catecismo y nos íbamos derechito al cine a ver las películas de Kung Fu. Por supuesto que todos adorábamos a Bruce Lee y nos emocionamos cuando proclamaron a Jackie Chan como sucesor legítimo del dragón. Pero no sólo eran estas, sino también todas las películas tradicionales de Kung Fu, con todas sus exageraciones: héroes que de un brinco llegaban al techo de una casa de tres pisos, o caían en la punta de un cerro, heroínas peleando con un trapo contra dos tipos con sables, golpes mágicos y misteriosos que te paralizaban, los japoneses malos, muy malos, gorditos con un mazo, maestros viejitos con agilidad increíble y todo tipo de armas. Pero lo mejor eran las películas del espadachín manco; imagínense un tipo con un solo brazo que pelea usando tres espadas contra 60 enemigos en un puente y los mata a todos. Como además de cine era teatro, abajo de la pantalla tenía una tarima y en el intermedio todos excitados por la película nos subíamos a echar karatazos. Así eran las funciones de matiné todos los sábados en el cine Kugue.
Beto Meza López operando el proyector


Por supuesto que no todo era Kung fu, también recuerdo las películas de aventuras, la emoción de ver a Kaliman en la pantalla y por supuesto ¡las películas de luchadores!. Al salir también era tradición ir por una nieve con Doña Lidia y El Bicho, y si traíamos dinero extra, una malteada. Doña Lidia y el Bicho siempre fueron muy amables conmigo, les encantaba bromear y él no sé de dónde sacó la broma de que comía Rosco y siempre se reía conmigo de que 'según' estaba bien bueno y que me invitaba a comer cuando quisiera.

No sé cuándo se fundó el cine Kugue, pero dice mi amá que en el 72 ya estaba operando, igual cerró no sé que año pero por allá de 1980 cuando iba a la secundaria ya estaba cerrado, y a veces durante esa época íbamos a un cine que estaba en la Loma y que le decíamos el cuatro vientos, porque tenía hoyos por todos lados, incluso uno muy grande en el techo que permitía que se vieran las estrellas. También a veces íbamos al cine de los húngaros, recuerdo que ponían una lona y las funciones eran al aire libre.

Pero no nos desviemos del tema y regresemos al cine Kugue.
Beto afuera del cine
Los fundadores fueron Alfonso y Berta Kugue, quienes además del cine también vendían gasolina. Sus papás, Jesús y Francisca eran dueños de El Nuevo Japón, pero esa es una historia que alguien más anterior que yo tendrá que contar. Me han dicho que Chuy Flores era el encargado de la proyección y que pasaban muy buenas películas de estreno: el Padrino, Tiburón, Superman, vaya, hasta la Naranja Mecánica se vio ahí.

Cuando ya iba a la prepa el cine reabrió sus puertas por un corto tiempo, recuerdo haber ido un par de veces aunque mi memoria puede traicionarme; lo que sí recuerdo perfectamente es que se presentó una obra de teatro que causó gran revuelo en el pueblo porque Margarita Gralia mostraba los pechos desnudos.

Hoy el cine solo es un galerón abandonado, esperando tiempos mejores que espero no tarden mucho en llegar

* Un especial agradecimiento a Beto Meza por permitirme usar sus fotos