lunes, 4 de junio de 2018

Las libretas universitarias son senpai

Entrar a la prepa fue un gran evento para mí; en muchos sentidos era dar el brinco y dejar de ser niño para convertirme en un adolescente hecho y derecho. Para empezar el hecho de tomar clases por la tarde y salir ya pasadas las diez de la noche me hacía sentirme como un adulto chiquito. También el poder pertenecer al equipo de basket de la prepa era otra de mis grandes ilusiones, era fan del equipo ese del Jesús, Ruso, Tony Rocha, el Machote etc., dirigidos por Daniel Piña y se me cocían las habas por usar ese uniforme. Por supuesto el tomar las clases que me prepararían para la universidad era parte del paquete que me tenía tan emocionado y que me tuvo tan nervioso durante los días en que parecía que la prepa se iba a cerrar y todos terminaríamos en el cet mar.

Por fin se confirmó que la prepa seguiría abierta y era momento de prepararme. Para empezar, fui con Lety y Rodolfo Ríos a comprarme unos Levi's porque solo tenía pantalones del uniforme de la secundaria, ni uno solo de otro color. Después me compré 4 libretas universitarias de esas de 200 hojas, era lo menos que podía hacer para materias tan importantes.

Las 4 libretas
Las libretas universitarias son cuadernos de gran calidad, muy bien encuadernados y con una tapa dura y muy resistente. Están hechas para resistir el paso del tiempo y por lo mismo sentía una necesidad imperiosa de que lo que escribiera en esas libretas tenía que ser importante. Compré también una libreta scribe para hacer las anotaciones de las clases en ella y luego pasar en limpio las notas a su libreta universitaria correspondiente. Pero pasaron un par de semanas y la verdad tan solo había encontrado un par de cosas dignas de escribirse en las libretas. Así que abandoné el plan y me compré más cuadernos scribe para todas las materias. No pensarán ustedes que pensaba mancillar las libretas a lo loco. Pensé que más adelante las cosas se pondrían más interesantes y valdría la pena usarlas. Pero no, con la excepción de algunas notas de cuando estudié para el concurso de física y matemáticas de la Unison las libretas terminaron la prepa casi en blanco.

Se alcanzan a ver recuerdos de Lucy, Bombo, Niño Lyle, Pepe y Paty Ibarra
Me las llevé a la universidad porque ahora sí las cosas serían importantes y les podría dar buen uso a mis libretas, las forré para que se mantuvieran mejor y estaba seguro que ahora sí tendría cosas que valiera la pena anotarlas. Pero por si las dudas también me compré un cuaderno scribe... y luego otros cuatro.

Me tomó hasta el sexto semestre llegar a materias que sintiera dignas de tener anotaciones en las libretas. No las llevaba de diario, sino las usaba para pasar en limpio las cosas más importantes que me sirvieran para estudiar y así las libretas tienen anotaciones de todas mis materias de física teórica, de variable compleja, funciones especiales y transformadas integrales y del curso con Pratab de ecuaciones diferenciales parciales. Y paren ustedes de contar, tal vez he usado el 40% de las hojas, algunas libretas tienen más uso que otras, pero en general tienen todavía mucho espacio libre.

Ya en Tijuana, un semestre entré a una maestría en computación, usé 6 hojas de una libreta para esto. También hay algunas notas de mis clases de italiano y algunos diseños del trabajo, pero no gran cosa. Guardé las libretas por si algún día regresaba a la escuela y hubiera cosas realmente interesantes que anotar.

Y así pasaron muchos años sin usarse, hasta que las encontró mi hijo de 13 años y tomó una para sus clases de japonés. Horrorizado vi mi cuaderno lleno de notas y rayones y solo atiné a decirle Hijo, es que las libretas universitarias... ¡son senpai!

martes, 29 de mayo de 2018

Historia y Matemáticas

Roberto Rojo

El profe Rojo era mi archienemigo en la prepa, teníamos grandes diferencias y no las ocultábamos, era mi maestro de matemáticas de la prepa y como todos los semestres me dio clases, nos aventamos un pleito que duró tres años. Pero antes de empezar con toda la historia creo que es justo que reconozca que el profe Rojo no era un mal maestro, mis compañeros llegaron bien preparados a la universidad gracias a él. Yo las matemáticas las aprendí por otro lado.

Como les decía el pleito empezó desde primer semestre, yo a Rojo lo conocía porque me dio una semana clases en la primaria y se acordaba de mí, lo cual no fue muy bueno porque le daba por hacer chistoretes en clase y yo siempre resultaba ser la víctima. Probablemente no haya sido gran cosa porque no recuerdo ninguno, pero en los años de adolescentes la verdad es que somos bien delicaditos y no me gustaba para nada ser el hazmerreír del salón. Total que para no hacer el cuento más largo empecé a faltar cada vez con mayor frecuencia. El primer semestre alcancé a pasar apenitas con 6 y el segundo ya no la alcancé a librar y me fui al extraordinario.

Mi abuela montó en cólera, una cosa es que reprobara lectura y redacción y otra muy diferente que reprobara matemáticas. Consiguió que el Jesús Ojeda, que en ese entonces estudiaba ingeniería química en Tijuana, me diera clases en verano para prepararme para el extraordinario. Y así todos los días le pegábamos un par de horas, después nos íbamos a jugar basket y de regreso mi abuela nos tenía un pastel recién horneado. No puedo decir que le agarré al amor a las matemáticas en ese momento pero pasé el extraordinario con 9 y eso, para mí que siempre fui bastante burro para las matemáticas fue un gran logro.

El siguiente semestre mejoró un poco la relación con Rojo, ambos nos guardábamos un poco la distancia y con lo que había aprendido en verano ya no me fue tan mal en el curso y alcancé a pasar con 8. Llegó el Jesús de vacaciones de navidad y me ofreció enseñarme cálculo y yo acepté y empezó la misma rutina. Un par de horas diarias de estudio, luego basket en el gym y por último un pastelito de mi abuela. Aquí terminé de agarrarle gusto a las matemáticas. Me compré un librote de cálculo y durante todo cuarto semestre estudié por mi cuenta diariamente y ya pude sacar 10 sin mayor problema. Lo único que tal vez valga la pena mencionar es que en esos días me invitaron a participar en el concurso regional de física y matemáticas que organizaba la UNISON, el Diablo y el Huichol estudiaban allá y fueron los que me conectaron. Me puse a estudiar con ayuda del profe Larrinaga, la verdad me lo tomé muy en serio y estudiaba diario. Cuando ya se acercaba el fin de semestre y no llegaba la fecha del concurso fui a preguntarle a Rojo qué había pasado y me respondió sin inmutarse Ah sí, llegó tu invitación pero se me olvidó avisarte, el concurso fue hace dos semanas. Ni le reclamé ni nada, ahora sí que ya pa' que, pero que conste que así nos llevamos pensé.
Roberto Rojo


En las vacaciones de verano otra vez le pegamos duro al estudio, ahora ecuaciones diferenciales, así que cuando entré a quinto semestre ya traía muchas horas de estudio en mi espalda y estaba indeciso entre estudiar física o matemáticas. Y aquí es donde las cosas empezaron a complicarse para el profe, porque ya sabía más matemáticas que él y me tocaba la revancha. Empecé a corregirlo cuando se equivocaba en clases y una vez que se me puso terco con una identidad trigonométrica le borré el pizarrón y le derivé no solo la identidad en cuestión, sino otras veinte para demostrarle quién tenía el poder en el salón. Sí, estoy de acuerdo con ustedes en que me pasé de irrespetuoso y no pienso justificarme, estuvo mal, y simple y sencillamente lo hice porque podía.

En sexto semestre la primera clase de cálculo integral para su mala suerte cometió un error muy feo y yo siempre tan amable procedí a explicarle por qué estaba mal y a darle una introducción a teoría de operadores. Cuando terminó la clase habló conmigo y me dijo
- Mira Paredes, la verdad es que no le ayuda a tus compañeros que entres a clases, solo sirves de distractor, te propongo lo siguiente: ya tienes diez, no necesitas entrar a clases, ni hacer tareas ni exámenes, lo único que necesito de ti es que cuando empiece mi clase estés lejos del salón, no me importa si te vas a jugar basket, te quedas dormido en tu casa o te vas de vago, solo no quiero verte en el salón. ¿Tenemos un trato?
- Sí claro profe, va que va, no me vuelve a ver en clases.

Y el profe cumplió su palabra, mes tras mes me puso mi diecezote y yo no me paré en el salón. Y visto en retrospectiva esta fue una gran decisión. Él pudo dar su clase tranquilo y yo me iba al gym a cascarear con mi ego satisfecho. Ambos contentos.

Rojo fue una de mis grandes motivaciones, él me hizo estudiar más que nadie para poderle demostrar que yo era mejor. Involuntariamente el profe fue una gran influencia positiva en mi vida, aunque nos la hayamos pasado de pleito en pleito. Profe, si por casualidad llega a leer esto quiero darle las gracias por todo y lamento los malos ratos que le hice pasar, espero no le haya tocado otro alumno así. Un abrazo

Federico Osorio

Federico Osorio
Una de las cualidades que más aprecio de un maestro es la pasión por su materia y el amor por transmitirla, y en eso era campeón el profesor Osorio. Para muchos esto era molesto porque exigía un grado de compromiso mayor pero para otros hacía su clase realmente apasionante.Yo pertenecía a este segundo grupo. Me hice muy aficionado a la historia de mesoamérica y por un tiempo hasta tuve la idea de ser arqueólogo. El profe me compartió mucha información más avanzada que la que venía en el plan de estudios y platicamos mucho sobre códices, jeroglíficos, dioses y pirámides.

Recuerdo una clase en que nos lanzó un reto, al que se atreviera a contestarle una pregunta le pondría 10, pero si no sabía la respuesta el resultado sería un espantoso 5. Nadie se atrevió, pero no nos quisimos quedar con la curiosidad y le preguntamos cuál era la pregunta que nos tenía preparada.
¿Cuál es el campo de estudio de la historia? nos preguntó muy serio, y luego respondió enfático
¡El hombre!

 El profe era comunista y esto era algo que discutíamos a veces en el salón y se armaban grandes polémicas. El profe es del sur del país y eso hace que tengamos una visión diferente del mundo. A pesar de que Cristina Zamora no iba en mi generación supe de las discusiones épicas que tenía con el profe sobre este asunto y que hasta la fecha siguen teniendo en Facebook. Porque de todas las cosas que le puedo reconocer al profe Osorio la principal es que a pesar de haber pasado poco tiempo en el pueblo, siempre nos ha recordado con gran cariño y se mantiene en contacto, una amistad que lleva ya más de 30 años.

Al final no estudié arqueología pero lo que aprendí del profe Osorio fue a entrarle a los temas con pasión y eso me ha servido toda la vida. ¡Gracias profe!




miércoles, 16 de mayo de 2018

Danielita

Siempre supe que esto iba a suceder, así es la vida, y para eso los cría uno; para que sean fuertes, independientes y que se vayan de casa. Pero de todos modos podrían ser más considerados y venir de visita más seguido, no es como si vivieran tan lejos. Bueno, Danielita sí , tan linda mi niña y tan buen marido que se consiguió. Seguro que si ella estuviera aquí vendría diario a verme. Pero Renato y Diego ni sus luces, nomás cuando se les ofrece algo vienen. Algún día van a llegar y van a encontrar a su pobre madre muerta y entonces sí lo van a sentir.

A veces me siento un poco sola y por eso me pongo a renegar, pero les debo de ser sincera, también es un descanso llegar de la oficina y no tener que batallar a nadie. Pero sí los extraño. Al que no extraño para nada es al inútil de mi marido, ¡qué bueno que se murió el muy cabrón!.

martes, 15 de mayo de 2018

Mr. Márquez y Rosalinda

Mr. Márquez
El profe Márquez era la mismísima esencia de lo cool. Era como una embajada andante de Nueva York, Manhattan aparecía un metro enfrente y desaparecía a un metro atrás de sus pasos. Con su sonrisa a flor de piel, el comentario certero a veces con un poco de sarcasmo y un ligera afición por las teorías de conspiración, lo hacían uno de mis maestros favoritos. 
Fue mi maestro de inglés en tercero y cuarto semestre de la prepa. Tenía un método muy particular de enseñar, nos obligó a esforzarnos al máximo, tuvimos que leer a Kafka en inglés, artículos del New Yorker, poemas de Walt Whitman, es decir, cosas complejas que nos obligaron a extender nuestras habilidades. No sé que tan correcto sea este método pero a mí me motivó a superarme y en cuarto semestre leí, diccionario en mano, mi primer libro en inglés; The sound and the fury de William Faulkner.
En la fiesta de graduación

Con Mr. Márquez aprendí de música y a apreciar la calidad de unas buenas bocinas. Escuché a OMD, Manhattan Transfer, The Cure y una larga lista de música que para mí era desconocida. Conocí el GQ y la pintura de Modigliani. El profe era sofisticado pero no un snob, podía tomarse una tecate roja con nosotros y reírse de nuestras babosadas.

Años después lo tuve de compañero en Samex en Tijuana y compartimos durante muchos meses oficina. Allí me enseñó a tener paciencia y no ponerme de mal humor cuando las cosas no salieran bien en el trabajo. El usaba un programa que escribí y que tenía un error que nunca pude resolver; a veces después de un rato de estar trabajando se cerraba sin previo aviso. Entonces el profe sonreía y me decía ya se cansó la hermana computadora, la apagaba e iba por un café y a platicar un rato en lo que la hermana computadora descansaba. Regresaba sonriente, prendía la computadora y seguía trabajando como si nada hubiera pasado.

En esos días platicábamos mucho de cine y nos recomendábamos películas y libros, platicábamos de Guerrero Negro y él pensaba que algún día volvería a trabajar a Exportadora. Algo que en esos días me parecía muy curioso es que no tuviera carro, pero su corazón Neoyorquino lo hacía caminar mucho y utilizar el transporte público. Esto no lo entendí hasta muchos años después.

Lamentablemente falleció hace algunos años mientras estaba de vacaciones. Le dio un ataque cuando se alistaba para ir al teatro. Sus amigos lo seguimos extrañando.

Rosalinda Flores

La profe Rosa era legendaria en la prepa, desde que entrabas ya sabías que tenías que estar preparado para lo peor. Ella daba Química y era dura como ella sola. No era mala, era justa pero la clase tenía un nivel mucho más alto que al que está uno acostumbrado y eso traía como consecuencia una gran cantidad de reprobados.

El primero que sintió de que tan fuerte venía el asunto fue mi compa Chema. Como la fama era que química era la materia más difícil, me compa asumió el reto y dijo fuerte y claro que él quería ser químico y durante el primer mes de clases se encerró por las tardes a estudiar química. Llegó el primer examen y con el un 3.5 para mi compa. Pero todavía no perdía la fe y el siguiente mes siguió estudiando como si no hubiera un mañana pero el resultado del segundo parcial no fue mucho mejor, a lo mejor alcanzó el 4, pero no estoy seguro. Ahí tiró la toalla y volvió a sus hábitos normales y terminó como tantos otros haciendo un Moulinex.

En aquellos días en que la tele mandaba en la publicidad masiva, transmitían un comercial muy frecuentemente; un picador de verduras eléctrico, el mentado pica-lica moulinex, es muy fácil, solo tienes que hacer uno, dos, tres y la cebolla está lista. Y así a los que reprobaban química I, II y III les decíamos que habían hecho un moulinex, ¡y no eran pocos!
Q.F.B. Rosalinda Flores

En primer semestre había que batallar con la nomenclatura inorgánica y aprenderse todas las valencias, no era fácil y requería muchas horas de estudio a las que no estábamos acostumbrados. En tercer semestre era química orgánica y aunque se me hizo más fácil tampoco pude sacarme un 100. Y es que Rosalinda calificaba del 0 al 100 y su cien era algo mítico, como un unicornio. La única vez que supe que alguien se sacó un 100 con ella en química fue el Machetes, e hicimos una carnita asada para festejar el suceso.

La profe se llevaba bien con nosotros, a pesar de ser dura la respetábamos por ser justa, si le chambeabas seguro tendrías resultados, su clase no era aburrida pero tampoco demasiado amena, era lo más parecido a un clase de universidad que se puedan ustedes imaginar. De cuando en cuando se aventaba alguna broma, de la que nos reíamos mucho porque pensábamos que nadie se iba a reír porque era terriblemente mala para contar chistes.


El Cruz y yo nos hicimos muy aficionados a la química y nos pasábamos largas horas en el laboratorio y la profe nos consentía prestándonos la llave para que experimentáramos libremente. Hasta que un día nos cachó mientras intentábamos hacer nitroglicerina y ahí se acabó el corrido, jamás nos dejó volver a poner un pie en el laboratorio, lo cual no estuvo tan mal, capaz que explotábamos toda la prepa y nosotros con ella.

El Cruz estudió Química y yo Física, en gran parte por la motivación que ella nos dio. Creo que el resto de mi generación estaría de acuerdo con que ella nos enseñó a estudiar fuerte y nos preparó para los retos de la universidad. Y por ello, le estoy muy agradecido.


lunes, 2 de abril de 2018

Mugica, yo ya cooperé

Al A.... lo detuvo la policía municipal mientras manejaba por el Blvd. Díaz Ordaz, lo que parecía una infracción de tránsito rutinaria no era tal; a golpes lo subieron a la patrulla y se lo llevaron a una casa de seguridad donde lo tuvieron secuestrado durante treinta días. No fue casualidad, sabían perfectamente quién era y qué querían de él. Lo tiraron amarrado en un cuarto vacío y así lo dejaron durante el tiempo que estuvo ahí. No lo dejaban ir al baño, se orinaba y defecaba encima de la ropa y a veces lo bañaban a manguerazos de agua fría para limpiarlo. Cuando por fin lo soltaron, tenía llagas por todos lados; traumado  y aterrorizado dejó la ciudad en cuanto pudo, para nunca más volver. Así era la policía en aquellos tiempos.

Para nosotros eran tiempos de vacas gordas, el negocio empezaba a despuntar y me acababa de comprar un carro del año, no lujoso pero sí un buen carro. Solíamos comer en buenos restaurantes de la zona río y andar de camisa blanca y corbata de diseñador. Una de estas tardes iba caminando por enfrente de La Espadaña en el corazón de la zona río, hablando por teléfono con un amigo y sin poner mucha atención a mis alrededores, cuando intempestivamente una van blanca destartalada se estacionó a un lado mío. Traía la puerta lateral abierta y vi que venían 6 o 7 policías municipales con armas largas; en aquellos años la policía municipal todavía no tenía autorizado el uso de armas largas y los que vivimos en Tijuana recordamos tanta leyenda negra de las vans blancas que servían para levantar gente. El tiempo se me detuvo, alcancé a decirle por teléfono a mi amigo yo creo que me van a levantar, bajito para que no me escucharan, no fueran por alguien más y yo dándoles ideas. Seguí caminando y pensé que sea lo que Dios quiera y bueno, Dios no quiso que me levantaran y tan solo viví los 3 o 4 segundos más largos de mi existencia.

Meses después, una noche regresando de la quinceañera de la Karla, me tocó un retén de la policía municipal enfrente del parque Morelos. Ya era noche, mi carro nuevo y recién lavado, además venía de traje, es decir, me miraba sumamente sospechoso de traer dinero. Se me acercó un policía sonriente y bonachón que me preguntó a quemarropa de dónde venía y si había tomado. Solo me había tomado un whiskey y algunos vasos de agua mineral así que pensé que no tendría porqué preocuparme. Nos va a tener que acompañar a que le hagan un análisis de alcohol me dijo con una sonrisa como si me estuviera ofreciendo un celular en plan o algo similar muy cotidiano. Por supuesto que me resistí alegando que no venía alcoholizado. ¿Es usted químico o doctor? ¿no?, entonces me va a tener que acompañar a que le hagan su análisis. Me bajé del carro y pedí hablar con su comandante y ahí estuve esperando unos 10 minutos a que se desocupara el ladrón en jefe, Mugica se apellidaba el policía que me detuvo según se leía en su plaquita en la camisa del uniforme, era un tipo agradable y bromista, lo cual no lo hace menos delincuente. De pronto me dijo mira, el comandante no te va a atender, lo que va a suceder es que te vamos a llevar a la 8 con el químico a que te revise, el examen cuesta 800 pesos y te van a sacar sangre con una jeringa reciclada, y eso quién sabe a qué horas sea porque a los detenidos los llevamos primero a pasear.

Claro como el agua. Iniciamos la negociación, para mi mala suerte solo traía dos billetes, uno de 100 y otro de 500, intenté darle el de 100 y soltó una carcajada,

- No jefe, si agarro solo 100 pesos el detenido voy a ser yo 
- No la chingues Mugica, hazme un paro 
- Páseme los 600 me dijo mientras me entregaba un billete de 200
- ¿De perdida me vas a dar factura?
- Jajajajajaja que le vaya bien jefe, váyase con cuidado 

Y así, con 400 pesos menos en la bolsa me pude ir a dormir.

Días después bajando la rampa del Cetys como a las 10 de la noche me topé con el mismo retén, otro policía empezó con las preguntas cuando veo al Mugica en la línea de a un lado
- Mugica!
- Eit!
- Oye dile a tu compa que yo ya cooperé
- Ah sí, déjalo pasar, es compa, ya cooperó

Y así era la vida en la Tijuana de Hank y Algorri 


lunes, 26 de marzo de 2018

La leyenda del Ejidatario Joe

Joe llegó a Obregón una calurosa tarde de agosto. Estacionó su pick-up afuera de un hotel, se bajó con su sombrero puesto y sus lentes para el sol, miró hacia todos lados examinando el lugar y con un gesto de aprobación procedió a entrar a registrarse.

Un par de años después Joe ya no era precisamente un fuereño, había comprado algunas hectáreas de tierra fértil y se dedicaba a plantar papa cerca de Quetchehueca. Todavía seguía siendo un foráneo y tal vez lo sería para toda la vida, pero ya tenía un par de amigos y había aprendido a hacer tortillas de harina. Le gustaba caminar por las calles del pueblito y saludar a todo mundo en su español medio mocho que los lugareños le respondían divertidos.

Para los lugareños era un misterio  por qué Joe había dejado su natal Texas y se había mudado a Quetchehueca; incluso Joe no estaba muy convencido de las razones que se daba cuando trataba de explicarse su mudanza a Sonora; a veces extrañaba su rancho, pero recordaba a sus vecinos y procedía a servirse una taza de café, sonriente por su decisión.

Adelina tenía un par de años de haber enviudado cuando comenzó a tratar a Joe. Lo conoció en una junta ejidal de esas a las que Joe le gustaba tanto asistir. Joe no era miembro del ejido, pero quería serlo, pensaba que ese era el último paso para que dejaran de considerarlo un fuereño. El problema es que las tierras de Joe no eran ejidales y no existía un procedimiento legal para reintegrarlas al ejido. Eso no desanimaba a Joe que cada quince días puntualmente iba a Obregón a hablar con el abogado para ver si había manera de que lo incorporaran al ejido. En Quetchehueca encontraban muy divertida la insistencia de Joe y, como suele suceder en lo pueblos pequeños le pusieron un apodo; El Ejidatario Joe. Esto hizo a Joe muy feliz pues lo hizo sentirse más del pueblo y en la entrada de su rancho mandó poner un gran letrero de madera y hierro que se leía; Ejidatario Joe, Rancho Sonorense

Una tarde pasó Adelina caminando por afuera de la casa de Joe, él estaba en el porche viendo la vida pasar; como era un hombre amable, la saludó y le invitó una taza de café y unas coyotas, Adelina aceptó divertida y se quedó un par de horas platicando, riéndose y haciéndole muchas preguntas a Joe que le respondía muy serio. A Adelina le gustaba estar con Joe, dentro de su seriedad tenía un humor extraño que la hacía reír mucho y además trataba muy bien a su hijo; así, poco a poco empezaron a pasar más tiempo juntos hasta que terminaron casados como Dios manda.

Como se casaron por bienes mancomunados y las tierras de Adelina eran ejidales, ahora sí Joe era un ejidatario hecho y derecho y se sentía muy orgulloso cuando opinaba en las juntas ejidales, con su español ya casi perfecto, pero todavía con un acento que lo delataba como gringo y no como güero de rancho.

Pasaron seis años cuando una tarde llegó una troca con dos de los antiguos vecinos de Joe a visitarlo, se veían preocupados y algo importante tendrían que decirle pues habían hecho el viaje desde Texas. Joe los abrazó con gusto pero cuando empezaron a hablar Joe se asustó pues no entendía nada

- Joe, ¿qué pasa?, ¿qué quieren estas personas?
- No te preocupes, son mis amigos de Texas
- Ahh y ¿qué quieren? 
- No sé, no les entiendo
- ¿Qué quieres decir?
- Se me olvidó el inglés
- ¿Cómo que se te olvidó el inglés?
- ¡Pues se me olvidó! ¿qué quieres que te diga?

Adelina, como buena anfitriona sonorense, los invitó a pasar a cenar, todos estaban muy confundidos pero a como Dios les dio a entender quedaron en verse al día siguiente en Obregón donde el notario los ayudó a comunicarse y Joe les firmó la carta poder que sus amigos requerían para hacer un camino que atravesara sus tierras en Texas.

 Al día siguiente ya de vuelta en casa, Joe se sentó como acostumbraba en el porche a tomarse un café y Adelina le preguntó preocupada

- Joe ¿te sientes bien?
- Sí, ¿por qué?
- Se te olvidó el inglés
- Ah sí, no importa
- ¿no importa?
- no, ven, siéntate aquí conmigo
- deja voy por mi café
- aprovecha el viaje y sírveme otro poquito

Y así, Adelina regresó con un par de tazas de café, se sentó con su marido, y no se volvieron a preocupar más del asunto.

 


domingo, 11 de marzo de 2018

El sueño Tijuanero

Tijuana es fea? sí, les puedo conceder eso.

La belleza de Tijuana es interior. Y contrario al mito, lo mejor de Tijuana no es su gente, es al revés, es el espíritu de la ciudad el que moldea a sus habitantes. Tijuana es una ciudad de perdición y redención. Aquí llega mucha gente en busca de una segunda oportunidad, y si entiendes su alma, la ciudad te la dará. Es una ciudad de migrantes que se reinventa continuamente y la promesa de que si le chingas duro vas a mejorar está en el centro de nuestros valores. Es una comunidad muy horizontal donde la gente de mucho dinero empezó de carnicero o fiando ropa de fayuca. Por decirlo de alguna manera no existe el dinero de alcurnia y esto transforma nuestra visión de ver la vida. Si quieres, puedes, no necesitas herencia. En eso creemos.

Hace unos días en una maquiladora vi un migrante Haitiano con su uniforme de supervisor. Seguramente esa misma persona llegó a Tijuana hace un par de años sin un penny en la bolsa, empezó en la línea de producción y ahí va avanzando. Con su español mocho este hombre representa lo mejor nuestro espíritu.

Tijuana es afortunada de no ser capital del estado, así no cae en la tentación de depender del dinero del gobierno. No llega dinero gratis, hay que chingarle, eso nos mantiene alertas.

¿Tijuana es una ciudad peligrosa? sí, sin duda, no pienso faltar a la memoria de Gabriel ni a la de tantos amigos y conocidos muertos y secuestrados, negándolo. La violencia es curiosamente compleja; no es igual la violencia de Tijuana que la de Ecatepec ni nuestra violencia del 2008 es la misma que la actual. Ya lo resolvimos una vez y lo volveremos a hacer.

Tijuana no es la tierra prometida, no cae maná del cielo ni los sueldos en dólares se encuentran en cada esquina, pero volteas y te encuentras por todos lados gente empezando con su changarrito, con dos trabajos, con algún proyecto, organizando algo o levantándose a las 4 de la mañana para cruzar al otro lado a chambear. No es fácil, pero se puede, en eso creemos.

Tijuana es fea? sí, les puedo conceder eso.