lunes, 31 de agosto de 2020

San Pedro Mártir: Los primeros días

 El Pepillo siempre fue como mi ángel guardián en aquellos días, él me consiguió mi primera chamba de maestro y él fue quien me recomendó para el puesto de asistente de cúpula, u operador de telescopio como se llama ahora. Me dijo que había una oportunidad en la sierra y que la paga era buena, que si me animaba. No lo pensé tres segundos, inmediatamente le dije que sí.

En Ensenada primero me entrevistó el Paco, que básicamente me dijo que ya había pasado mi solicitud al Dr. Carrasco y que él quería entrevistarme en San Pedro Mártir, así que agarré mis cosas y me preparé para un viaje de 3 o 4 días a la sierra.

Llegamos a medio día justo a la hora de la comida y entramos directo al comedor, ahí me encontré a David Hiriat, un astrónomo que me había dado cálculo IV el semestre anterior.

- ¿Qué pasó Poncho, qué andas haciendo acá?

- Vine a que me entreviste el Dr. Carrasco para el puesto de asistente de cúpula

- Ahhh, qué bien, ojalá que te den el trabajo. ¿Es la primera vez que subes verdad?

- No, acuérdate el año pasado que vinimos de la escuela, aquí andabas

- Tienes razón, pero hace mucho de eso. Mira, puedes comer lo que quieras, pero te recomiendo que comas poquito, como tu cuerpo todavía no está acostumbrado te puede caer mal.

La Toya, Nacho, Pidgeon y Edgar en el comedor
 Yo volteé a ver los contenedores de metal rebosantes de comida y pensé para mis adentros No mames, traigo un pinche hambrero y si no me dan el trabajo quién sabe cuando vaya a volver a comer así, total si me muero ya estaría de Dios.  Y procedí a atascarme varios platos de una cremita de almeja de campeonato. 

En aquellos días se acababan de jubilar los antiguos asistentes de cúpula después de muchos años de trabajo y los dos nuevos asistentes de plano estaban muy novatos; el Gaby era quien llevaba más tiempo en el puesto y apenas tenía dos o tres meses haciéndose cargo del telescopio.  

Me prestaron chamarra y botas y me subí al telescopio con el Gaby a poner la hora sideral; esto es una especie de calibración que se le tiene que hacer al telescopio todos los días antes de usarse, y consiste en apuntar el telescopio a una estrella brillante conocida y actualizar la computadora de control con sus coordenadas cuando ya la tienes bien centrada. Todo esto me estaba explicando el Gaby mientras lo iba ejecutando, solo que hubo un problema; al momento de asomarse por el telescopio, no se miraba absolutamente nada. Todo estaba oscuro y el Gaby no sabía el porqué. 

Los minutos empezaron a transcurrir y el Gaby cada vez estaba más nervioso. Igual yo estaba inquieto, 'no vayan a pensar que yo lo madrié, y no he tocado nada', pensé. Así deben de haber pasado tal vez unos quince minutos y subió el Dr. Carrasco a ver qué estaba pasando, si ya estábamos listos para empezar a trabajar. Con un nudo en la garganta el Gaby tuvo que reconocer que no veía nada y que no tenía idea qué estaba sucediendo.

- ¿Ya checaste las tapas del espejo primario?

- Ahhhhh, eso es, respondió el Gaby apenado, pero al mismo tiempo tranquilizándose de no haber descompuesto nada. Como les digo, él también era novato.

El 2 metros

Finalmente pusimos la hora sideral y empezamos a hacer las primeras observaciones. Yo estaba bien emocionado de ver una galaxia en vivo, y le ponía mucha atención al Gaby en todas sus recomendaciones. Pasadas un par de horas y ya con la chamba desarrollándose normalmente, me habló el Dr. Carrasco para la famosa entrevista. Probablemente ustedes no lo sepan, pero los astrónomos no miran directamente al telescopio, ellos están en un piso abajo cachando los datos desde sus computadoras, tomando café caliente y sin sufrir las inclemencias del tiempo; perrearla con el frío es la chamba del asistente.

Total que bajé y me recibió el Dr. con una serie de preguntas sobre la escuela, en particular le preocupaba que tendría que estar 15 días al mes en la sierra, con las consiguientes faltas. Me hizo algunas preguntas en inglés y unas pocas de astronomía básica. Me preguntó si quería hacer un doctorado en astronomía, y le respondí que quería hacer un doctorado, pero todavía no sabía en qué.

Al final me preguntó por qué debía contratarme, que tal vez me haría más mal que bien por todas las faltas en la escuela. En esa época yo trabajaba de mesero en un bar y me salió del alma decirle 'pues es esto o seguir batallando gringos borrachos en un bar, usted dígame dónde voy a aprender más'

- Tienes razón  me dijo, me estrechó la mano y finalizó Estás contratado

Y así, sin mayor ceremonia, empezó mi aventura en la sierra

lunes, 3 de agosto de 2020

Irina me sigue amando

Este cuento tiene una historia previa que si no han leído tal vez sería prudente que lo hicieran. La encuentran en la siguiente liga
Irina (Primera Parte)

Irina me sigue amando

Habían pasado 20 años desde que la dejé esperándome. Los primeros meses fueron muy difíciles pues debo de reconocer que estaba profundamente enamorado de esa androide; sin embargo, como en veces anteriores, decidí no regresar antes que verme atrapado en una relación en la que quisieran controlarme. Ese eterno estira y afloja nunca me había gustado y no iba a empezar a soportarlo de una máquina.

Sin embargo la amaba, y ese amor me hizo hacerme cargo de ella aunque fuera de forma remota. Nunca dejé de pagar los servicios de la casa; ni sus actualizaciones ni cargos de mantenimiento; por correo le hice llegar una tarjeta para que tuviera para sus gastos corrientes, lo que fuera necesario para que ella estuviera bien y sin problemas. En esos veinte años ella tan solo había solicitado a la fabrica pelo nuevo un par de veces, y un nuevo conjunto de manos. Los pagué sin chistar y ella debe de haberlos recibido sin ningún problema.

Me la encontré una tarde por casualidad, estaba sentada en un parque leyendo tranquilamente, igual de hermosa que la última vez que nos vimos, tan solo había cambiado su pelo, que ahora era rojizo. Yo sin embargo soy otro; ya viejo y cansado, paso mis días leyendo y extrañando un poco del contacto humano al que en mis días de juventud no fui muy afecto.

Me quedé ensimismado viéndola sin atinar bien qué hacer, ella volteó y nuestras miradas se cruzaron. Sonrió y se levantó corriendo hacia mí. Me abrazó fuertemente y casi me tumba. Para mi sorpresa empezó a pedirme disculpas; que si los celos; que ya había cambiado; que le habían actualizado el software; en resumen, que la perdonara y que volviera a la casa. Yo para entonces, después de haberla abrazado durante escasos treinta segundos ya estaba de vuelta enamorado; amor de viejo si ustedes quieren, pero enamorado otra vez.

Llegamos a casa, todo estaba como cuando me fui, me preparó algo de cenar, platicamos un rato como en los mejores días y nos fuimos a acostar. A pesar de que ya no estoy en edad nos desnudamos y tuvimos la que probablemente sea mi última batalla, o tal vez no, veremos qué opina el viagra.

Los días siguientes fueron de fervorosa actividad; entregar mi actual departamento para mudarme de vuelta a casa; vender los muebles; cancelar contratos y hasta comprar ropa nueva para los dos. Era un nuevo comienzo. Hasta luna de miel tuvimos, nos fuimos unos días a pasear a Costa Rica, fue un poco extraño el proceso para los tipos de migración, pero nosotros íbamos de muy buen humor y no nos importó hacer los trámites y responder todas las preguntas de los impertinentes agentes.

Ya han pasado tres años desde que estamos juntos de nuevo y estoy muy feliz; mis días grises ahora están llenos de color. Interminables conversaciones llenas de risa y alegría, paseos por las tardes tomados de la mano y los fines de semana siempre encontramos algo divertido que hacer. Irina se ha convertido en una esposa de las de antes; siempre al pendiente, buena cocinera y de mano curativa para atenderme en todos mis achaques, que a esta edad ya no son pocos.

Este domingo promete ser grandioso, tenemos planes de ir a la playa y después al cine para celebrar nuestro aniversario de que estamos juntos; ese es nuestro ritual en las fechas importantes porque nos recuerda nuestra primera cita, somos un par de cursis. Podría decirse que es el aniversario de que la compré pero tiene mucho tiempo que dejé de verla como un objeto y ahora puedo decirles orgulloso que la siento como mi esposa. Saboreando esto en mi mente, abro las cortinas para dejar entrar a una hermosa mañana de verano y me repito lo afortunado que soy. Irina por lo regular se levanta antes que yo, y cuando bajo ya está listo el desayuno y el café. Pero cosa curiosa, hoy no se oye ruido abajo.

Bajé las escaleras y me recibió el olor a café recién hecho. Irina no estaba ahí pero sobre la mesa me había dejado un mensaje
Ahorita regreso, voy por unos Kotex.


Dedicado con aprecio para mi compa Efra Patiño, que me imagino se habrá reído muy a gusto con el final.

domingo, 19 de julio de 2020

El Rafa en el Reyes

El Reyes es un gimnasio de pelea. Los cuatro pilares, ya saben: box, muay thai, BJJ y lucha. Nada de ondas místicas del zen de las artes marciales, ni meditación ni nada que se le parezca. Recto, gancho, rodilla derecha, doble redonda derecha, switch, rodilla izquierda, redonda izquierda y así todos los días hasta el infinito, que el cuerpo lo haga sin pensar.
Cuando vas llegando te recibe el rítmico pat-pat-pat de los golpes contra las manoplas y como por arte de magia el cansancio del día de trabajo desaparece mientras te pones las vendas.
Gente feliz de entrenar

Tal vez ustedes puedan pensar que este es un ambiente muy rudo lleno de puros batos feos con cara de malos. Bueno, yo sí estoy feo con cara de malo, pero esa es otra historia y es meramente accidental. La verdad es que va gente de todo tipo, con diferentes motivaciones: Peladores profesionales, gente que quiere bajar de peso, morritos que no quieren que les hagan bullying en la escuela, chavas que quieren aprender defensa personal por protección, y otros a los que simplemente nos gustan el deporte de las artes marciales mixtas. Va gente de todas las edades, colores, pesos, y por supuesto de preferencias sexuales. Lo único que tenemos en común es que todos hacemos muchas lagartijas, y cuando digo muchas, lo que quiero decir es... muuuuuuchas.

El Rafa es uno de nosotros. Llegó al gym ya fuera del closet, con sus guantes rosas y su camiseta de la Wonder Woman. Nunca ocultó sus preferencias y nadie le puso peros. Soy una niña delicada, bromea y te tira un chingadazo. No pide un trato especial ni se lo damos, es uno más de la clica.

Un día llegó el Rafa a pedirle al profe Miguel permiso de usar el ring para darse un tiro con unos tipos de una clínica y nos contó todo el mitote. Resulta que el Rafa es estilista y a un lado de su estética hay una clínica médica y tiene una muy buena relación con la esposa del doctor dueño de esta. Un día estaba el Rafa, el doctor, su esposa y varios empleados de la clínica platicando. Salió el tema de que el Rafa entrena madrazos y pues a los batos no les pareció; qué es eso de alguien a quien le gusta disfrazarse de princesa de Disney ande practicando deportes de hombres. No sé si sería la primera vez que hablaban de esto o ya lo tendrían enfadado, pero esta vez las cosas escalaron a un reto; un round de box con cada uno a ver si aguantaba. Ahí intervino la patrona, que no era justo que no hubiera recompensa para el Rafa por pelearse con cinco. Se armó el reto; un round contra cada uno y si aguantaba los cinco rounds cada uno le daría 200 dólares; aceptaron y empezaron los preparativos

El profe le prestó el gym y se fijó la fecha para el pleito. Estábamos terminando de entrenar cuando empezó a llegar la gente, llevaron sillas, sabritones, sodas y algunas cervezas. El ambiente era
El público listo para ver las peleas
festivo y nosotros divertidos porque no sabíamos que iba a haber público, pero al final habría tal vez unas 20 personas viendo los pleitos.

Calentaron y empezaron las hostilidades. El primer round fue contra un familiar del Rafa, se dieron con ganas pero sin odio, todo pasó sin pena ni gloria.

El segundo round fue otra historia; el bato estaba torote, casi de 1.90, fuerte, se notaba que se la pasaba en el gimnasio haciendo pesas, ya saben, macho alfa lomo plateado, y pues no iba a dejar que un jotito le pegara; mucho menos en público enfrente de sus compañeros de trabajo. El Rafa no está ni chiquito ni débil, tal vez mide 1.80 y pues igual las lagartijas se le notan.
Sonó la campana y ahora sí había odio, se empezaron a dar con ganas, hasta que el Rafa lo fintó con un jab arriba y remató con recto a la boca del estómago. Ahí el bato este aprendió en un instante que los chingadazos de las princesitas de Disney también duelen. Lo que siguió fue una serenata de chingazos y el macho alfa se bajó del ring todo atarantado y con la dignidad hecha harapos.
El Rafa listo para pelear

El tercer round fue con un bato flaquito que se notaba que en algún momento de su vida había entrenado, pero estaba muy chiquito y sin cardio suficiente como para poder hacerle algo. Sin temor a equivocarme puedo decir que el Rafa lo indultó; si le hubiera tirado un chingadazo fuerte, capaz que recogemos su cabeza por allá cerca del área de los thai pads.

Yo supongo que en el plan original no estaba que las hostilidades llegaran al cuarto round, porque el gordito que se subió después apenas si se podía mover; 30 segundos más tarde tiró la toalla.

Del quinto pleito ya no les puedo platicar nada, porque quien quiera que haya sido decidió no subirse. Pagó sus 200 dólares sin hacer gestos.

Meses después hubo revancha con el macho alfa. No le fue mejor, pero ya se le quitaron las ganas de molestar al Rafa y entiendo que ahora son buenos amigos.




La moraleja de la historia es sencilla, no molesten a nadie, no porque tal vez sepa pelear, sino porque simplemente es la forma decente de andar por este mundo. Que les valga madre si le gusta vestirse de princesa.

miércoles, 1 de abril de 2020

Visa a Kuwait

Llegamos a la embajada de Kuwait en El Cairo a mediodía, en aquel lejano 2005 no teníamos relaciones diplomáticas entre México y Kuwait y nos iban a dar visa como favor personal del embajador de Kuwait al embajador mexicano, porque eran compas y él abogó por nosotros.

El edificio de la embajada estaba bastante pinche, una larga pared blanca que remataba en una puerta negra de grueso metal. Tocamos el timbre y se abrió una ventanita en la puerta. Un militar nos preguntó qué queríamos y le respondí en inglés con toda la historia. Abrió la puerta y nos dejó pasar.

Entramos a un pequeño patio al aire libre que tenía en el medio un detector de metales, había que pasar por este antes de entrar al edificio de la embajada propiamente dicho. El militar, un jovencito de apenas unos 25 años, nos dijo muy serio mientras nos apuntaba con su AK 47.
- Quítense todo lo que traigan de metal y pasen por el detector, más les vale que no suene.
Estuve a punto de encuerarme, pero me armé de valor y solo me quité: cinto, zapatos y todo lo que traía en las bolsas del pantalón.

Una vez que pasamos el detector, el militar se relajó, bajó el arma y se portó amable. Nos presentó con una muchacha que le iba a hacer saber al embajador que ya habíamos llegado. Nos dejaron solos esperando en un largo pasillo con ventanas pequeñitas y sillas de plástico, que daban la impresión de ser un hospital del IMSS vacío; así de pinche.

Transcurrieron unos veinte minutos hasta que finalmente llegó el cónsul, un tipo delgado, muy amable, que nos hizo saber que él nos atendería por encargo del embajador. Nos invitó a pasar a su oficina, mientras nos explicaba que el trámite iba a tomar más de lo normal por el tema de la falta de relaciones diplomáticas entre nuestros países. En eso reparó en mí y dijo
- oh, trajeron intérprete y le respondí
- no, soy mexicano
- nahh, qué mexicano vas a ser, tú eres del barrio de [inserte aquí nombre de barrio en El Cairo] y dicho esto, me empezó a hablar en árabe
- en serio, soy mexicano,  le respondí mientras le mostraba mi pasaporte. Me lo regresó mientras me examinaba con una mirada divertida de desconfianza.

Atravesamos un patio interior y llegamos a su oficina donde nos invitó un té. Y ahí empezaron mis compas, chingue y chingue con que si en Kuwait había alcohol. Nos trajeron un té riquísimo y de ahí agarré vuelo en la plática con el cónsul. Resultó que alguna vez había venido a Puerto Vallarta a pescar, me recomendó lugares para ir a cenar en Kuwait City, me preguntó cómo era el desierto de Baja California. Y mientras tanto, mis compas chingue y chingue con el alcohol. No, no se puede pistear en Kuwait, ya, contentos?.

Nos trajeron más té y yo encantado, entró alguien y saludó en árabe, como no supe responder, el cónsul me empezó a dar clases de árabe

- Con esa cara no puedes andar en la calle sin saber saludar, además todavía no me convences de que eres mexicano.

Finalmente nos trajeron los pasaporte visados y mis compas todavía necios con el alcohol. Cuando nos íbamos el cónsul me tomó por el brazo y me dijo muy serio

- mira, tus amigos si quieren conseguir alcohol en Kuwait lo van a poder hacer, pero es un riesgo muy grande, no los acompañes.
- no, no te preocupes, mi tiempos de borrachera ya pasaron, no me molesta estar días sin una cerveza
- bueno, espero no te metas en problemas, pero si te metes en problemas, háblale a mi primo, dile que yo te di su tarjeta, él es una persona muy influyente allá y te puede ayudar.

Me dio su tarjeta y la del primo, nos despedimos, me dijo algo en árabe y le respondí en español
- Sale pues bato, muchas gracias por el té!






domingo, 1 de diciembre de 2019

Zarzuela en el Trevi

En tiempos antiguos, cuando todavía existía el hotel Regis, mi mamá y yo éramos clientes fieles del café Trevi. Todos los veranos en las vacaciones llegábamos a comer al café; a mi mamá ya la reconocían los meseros y era amiga de varios; le contaban sus historias, y como a ella le encanta el mitote hasta la fecha las recuerda con alegría.

En estos días que he estado trabajando en la CDMX, me recomendó que no dejara de ir a tomarme un café al Trevi, que el café era bueno. La verdad pensé que después del terremoto lo habrían tirado pero no quise dejar de buscarlo. Para mi mamá tendrá más nostalgia, pero yo también tengo buenos recuerdos de ese lugar.
Interior del Trevi


Y bien, el Trevi sigue ahí; me entero que sobreviviendo a una fuerte embestida gentrificadora, después de sobrevivir el terremoto del 85 espero que esta no lo tumbe. A un lado del Trevi hay una cafetería que lleva de nombre Regis como el hotel, incluso usa el mismo tipo de letra, pero esta no existía en tiempos antiguos. Estaba indeciso entre a cuál de los dos entrar cuando escuché una voz hermosa que venía desde dentro del Trevi. Esto lo decidió de inmediato.

No había piano; una bocina y un teléfono acompañaban a la cantante. Una mujer de unos 45 años cantaba una canción de las clásicas del repertorio popular fino de la música mexicana. Una voz hermosa y mucho sentimiento. Pedí rápido una taza de café y la mesera me vio con algo de enfado.
Terminó la canción y la cantante recorrió la mesa con su copa pidiendo cooperación, cuando llegó conmigo le habían dado apenas unas cuantas monedas. Como me vio aplaudirle emocionado me preguntó si ya me iba a ir, respondí que había entrado a escucharla.

- Bueno, por lo regular solo canto tres canciones, pero si entró a escucharme le puedo cantar un par de canciones más. ¿Qué quiere oír?
- Algo de zarzuela respondí contento recordando a mi mamá, que es gran aficionada al género.

Sonrió y me dijo Aquí tengo algo  y empezó con una hermosa canción, creo que de La Gran Vía, aunque pudiera estar equivocado. Cuando terminó siguió con una de Andrea Bocelli. Las canciones de Bocelli, así como las de José José requieren del cantante cierto valor pues el reto es grande.

A la cantante con su vestido humilde y su bocina medio traqueteada se le notaba que la vida la ha puesto a prueba. Tal vez por ello es capaz de transmitir tanto sentimiento en sus canciones aunque a ratos la técnica le falle.

Terminó de cantar y se acercó a despedirse

-Le gustó?
- Muchas gracias, me has hecho muy feliz le respondí y le di una generosa propina

Me quedé unos minutos a terminarme mi café y saborear el momento que acababa de vivir. El café estaba malito; la experiencia sin embargo, inolvidable

lunes, 17 de diciembre de 2018

El camino a las 185

Ayer cumplí mi primer mes de dieta, la primera meta era llegar a las 205 lbs y lo logré, la siguiente meta es llegar a las 185 lbs para el 15 de diciembre, hoy es 15 de agosto así que tengo que bajar 5 libras por mes para llegar, lo cual se siente perfectamente alcanzable.

Llevo años entrenando artes marciales y sin embargo empecé este año pesando 222 libras, es decir, estaba bien gordo. ¿Y por qué estaba tan gordo?, pues por harto, ¿por qué va a ser? Galletas, conchitas, tortillas de harina, chocolates y un largo etcétera formaban parte de mi dieta diaria. La primera llamada de atención fuerte fue una foto con unos amigos, podré tratar de adornarlo todo lo que quiera pero la verdad es que estaba tan gordo que parece que voy a tener perritos.
Mario, Celia y yo
De esta foto ya hace un año, quiero pensar que ya no estoy así, pero me voy a guardar la foto del después para cuando haya logrado mi meta.

La segunda llamada de atención fue otra foto, ahora arriba de un cerro, un día que fui a caminar con mi compa Chema Ruiz. Ese día caminamos mucho, tal vez unos 16 kilómetros y no terminé agotado, es decir, la condición física estaba ahí, pero fue muy claro que andaba cargando de perdida más de 20 kilos de sobrepeso.  Y por primera vez en mi vida empecé a considerar seriamente ponerme a dieta. El ejercicio ya no es suficiente para mantener mi ritmo de tragar tanta engordadera. Y ustedes podrán decirme el rollo de que tienes que aceptar tu cuerpo como es y quererte a ti mismo y todo eso. Y lo único que puedo replicar es que tengo ganas de estar más delgado y punto, no pienso hacer un tratado filosófico para encontrar mis motivaciones, así es y como dijo el poeta, ya, se chingó.

En la meseta
El principal problema que encontraba con el asunto de la dieta es mi estilo de vida, por lo regular me levanto tarde, con el tiempo muy limitado para irme a trabajar, a mediodía como en la calle y llego tarde a la casa después de entrenar, sin mucho tiempo para ponerme creativo con la cena. Así que el asunto este de contar calorías y prepararme comidas especiales se me hacía demasiado complejo. Anduve días pensando en ir con una nutrióloga pero antes de que tomara la decisión una amiga me evangelizó en el asunto de la dieta de ayuno intermitente y me pareció algo que funcionaría bastante bien para mi situación.

No está en mi capacidad explicarles cómo funciona todo el asunto, la verdad es que no me volví en un evangelizador, para mí lo importante son las reglas básicas: No comes durante 16 horas, tienes una ventana de 8 horas para comer, le bajas a los carbohidratos y azúcares y dejas que la naturaleza haga su magia. Si quieren leer un poco sobre esto les dejo el link del único artículo que he leído sobre esto. Es decir, le entré por pura fe, sin mayor conocimiento del tema

https://evolve-mma.com/blog/4-surprising-benefits-of-intermittent-fasting/

Otra cosa que es importante notar son las excepciones que le hice a la dieta, no pensaran ustedes que iba a dejar de comer tortillas de harina, ¿o sí?, bueno, el caso es que me puse como límite 5 tortillas a la semana y también le bajé a las frutas dulces, pero mantuve la sandía sin restricciones. La sandía es un vínculo que tengo con mi apá y no estoy dispuesto a dejarlo. Papas y zanahoria como poco, igual arroz y frijoles, no los eliminé de mi dieta pero sí le bajé a su consumo.

Los primeros 3 días fueron realmente sencillos, el cuarto y quinto día sí lo resentí, un poco de mareos y debilidad, pero mi amiga me había dicho que eso sucedería en lo que mi cuerpo se acostumbraba al nuevo régimen, así que no me preocupé gran cosa. Después del sexto día empecé a recuperar la energía y para mi sorpresa al octavo día ya me sentía normal y había bajado 6 libras. ¡6 libras!, ahí fue cuando le agarré el amor a este asunto.

Agosto 22: Venciendo la curiosidad de pesarme. Sí me siento menos panzón.
Agosto 28: Sigo con la curiosidad de pesarme, probablemente lo haga mañana porque el jueves no estoy seguro de poder ir al gym. No me siento tan seguro de ir en buen camino a la próxima meta intermedia, 200 lbs para el 15 de septiembre. A ratos me siento muy bien y a ratos me desespero de que todavía estoy bien pinche gordo. Los últimos días ha estado fuerte el antojo de una galleta pero me he mantenido firme. Seguiremos reportando

Septiembre 13: A pesar de que le metí sus goles a la dieta llegué a la meta de 200 lbs. Apenitas pero lo logré. Siguiente meta, 195 libras el 15 de Octubre.
Septiembre 15: Con lo del grito y la pelea, le metí varios goles a la dieta. El lunes me pongo serio de nuevo.
Septiembre 21: Me puse un pantalón que tenía años que no me entraba. Nice!
Septiembre 23: Corrí fuerte ayer sábado y hoy domingo salí a pegarle al costal. Pero me pasé con un par de tortillas de harina en el conteo semanal. Muy mal, mi chavo. Pero siento que voy bien para la siguiente meta. En una semana toca pesaje.
Septiembre 28. En teoría no me tocaba pesarme hasta el lunes, pero aproveché la ida al gym en viernes y como me siento que avancé quería corroborar. Y sí, 196 lbs! 12 días antes de la meta del 15 de octubre. Saliendo pasé al 7-eleven por un agua mineral, y vi la fila de chocolates llamándome como sirenas a marino, y es que soy muy chocolatero y solo me he comido un chocolate en dos meses y medio, merezco abundancia me dije, pero al fin triunfó la fuerza de voluntad y solo compré mi agua.
Septiembre 29: Sí me merezco abundancia y me compré un chocolatito, es que decía 70% cacao y no pude resistirme.
Septiembre 30: Tenía planeado comprarme un short bien chingozote, pero luego pensé posponer la compra hasta diciembre para comprarlo de una talla más chica. Ahora aunque quiera, tuve que cambiar la computadora y me quedé piojito

Octubre 9: Fui a la fondita y no había comida corrida. Me tuve que comer unas enchiladas. Pos ya qué!
Octubre 10: Me estrené una camisa que me había comprado slim fit por error. No la quise cambiar porque me gustó mucho y pensé que algún día bajaría de peso para poderla usar. Hoy fue ese día. Duró un poco más de un año para estrenarse. Le metí gol a la dieta con una rebanada de pastel, pero solo una y no muy grande.
Octubre 11: Terminé el día muy cansado y me dije merezco abundancia y me comí dos tamales. Sorry but no sorry.
Octubre 15: Día de pesaje, como sentía que venía muy bien le metía más goles de los que debía a la dieta y apenitas de las 195 lbs. Ni modo, que me sirva de experiencia.
Octubre 28: El aumento al ejercicio se está notando. Tengo el abdomen duro como cuando estaba en la prepa.

Noviembre 2: Las tradiciones no tienen calorías. Pan de muerto!
Noviembre 6: No me fue mal en el pesaje, capaz que sí alcanzo la meta de 190 lbs para el 15
Noviembre 15: Fallamos en el pesaje gente, la báscula marcó inflexible 192.5 lbs. Vamos all in en diciembre a las 185
Noviembre 22: Ya le aumenté de nuevo al ritmo del ejercicio para recuperar el paso

Diciembre 5: Esto es muy difícil, con el frío y los antojitos ya recuperé algunas libras perdidas. No me he querido pesar pero al menos no he sentido que he engordado, solo que me estanqué.
Diciembre 15: Malas noticias gente, me enfermé de gripe y no he podido ir al gym y por lo tanto tampoco hubo pesaje final. La báscula se quedó en 192 lbs en el último pesaje. Ya empezó el break navideño de la dieta. Espero no esté muy fuerte el rebote. Tenía pensado subir una foto para hacer el antes/después, pero se las debo para cuando llegue a las 185.

Seguiremos informando






lunes, 10 de diciembre de 2018

La Princesa Panquecito

Era una hermosa tarde de otoño cuando la princesa Panquecito bajó del camión. Se acomodó el pelo y alegremente emprendió la marcha hacia su nuevo hogar. De equipaje solo llevaba su mochila, la mudanza llegaría el día siguiente, así no tenía gran cosa de que preocuparse y caminó tranquilamente hacia su casa, saludando sus nuevos vecinos y a los perros que ladraban a su paso.

Al cruzar la plaza se topó con el Duende Patas de Bolillo que iba a la tienda por leche que le había encargado Paulina la Hechicera.

- Hola, cómo te llamas? le preguntó el duende
- Soy Panquecito, respondió la princesa sonriente. ¿Tú eres un duende verdad?
- Sí, ¿cómo lo supiste?
- Es un truco que tengo, sé detectar a los seres mágicos
- Ah, pues yo soy el Duende Patas de Bolillo
- Mucho gusto Duende
- No te había visto por aquí
- Acabo de llegar, ahora voy a vivir aquí
- ¿Y qué vas a hacer?
- Voy a poner una panadería, cuando esté lista te voy a invitar unas galletitas con chispas de chocolate


Al oír esto, al duende se le paralizó el corazón y sin decir una palabra más, salió corriendo ante la mirada extrañada de la princesa Panquecito.

- ¡Don Beto, Don Beto!
- ¿Qué pasa Duende?, ¿por qué vienes tan agitado? 
- Es que acaba de llegar una muchacha al pueblo y dice que va a poner una panadería
- Qué bueno
- Pero Don Beto, ¡le va a hacer la competencia!
- No te preocupes, para todos sale el sol, anda, lávate las manos y ayúdame en vez de andar de preocupón
- No puedo Don Beto, le tengo que llevar leche a Paulina, pero al ratito vengo a ayudarle
- Anda ve, y llévale una conchita y una oreja a Paulina para que acompañe su leche, dile que le mando muchos saludos
- Voy y vuelvo Don Beto, dijo el duende y salió corriendo de nuevo

Al día siguiente nuestro duendecillo vio llegar el camión de la mudanza con las cosas de Panquecito, quien estaba atareada limpiando el patio de su nueva casa. Bajaron muchas cajas y muebles y al final, el horno y todos los enseres para la panadería. Como fueron muchas cosas los hombres de la mudanza quedaron muy cansados; Panquecito les invitó una jarra de limonada y se sentó con ellos en el patio a tomar limonada y descansar un poco.

El duende, que miraba todo esto desde la banqueta de enfrente tenía ganas de ir al mitote, pero creía que Don Beto podía sentirse traicionado si se volvía amigo de la princesa Panquecito. En ese momento la princesa lo vio y lo saludó con la mano. El duende, al verse descubierto de nuevo no atinó a hacer otra cosa que salir corriendo.

Pasaron los días y la panadería de Panquecito poco a poco iba tomando forma, primero pintó toda la casa, luego acondicionó el cuarto del horno, después convirtió un cuarto en una pequeña tienda para recibir a los clientes, además de unas mesas y sillas en el patio para que pudieran sentarse a comer y platicar tranquilamente, y por último colgó un gran letrero Panecitos y Galletas: abierto los jueves y a un lado otro más pequeño Mañana gran apertura, ven por una galleta gratis

Al día siguiente encontramos al duendecillo escondido espiando a ver quién entraba a la panadería de Panquecito, los vecinos pasaban por enfrente con curiosidad pero no se atrevían a entrar, les daba pena con Don Beto, que era una persona muy querida en el pueblo. Pasó una hora y ni un solo cliente había entrado a probar las galletas de Panquecito. El duende no sabía qué pensar, por un lado era amigo fiel de Don Beto, pero por otro el aroma de las galletas y los pays que le llegaba lo tenía hipnotizado. En eso, vio una figura conocida caminar por la acera de enfrente; era Don Beto, que sin dudarlo atravesó el patio y entró a la panadería. Pasaron unos minutos que al duende, curioso como era, le parecieron horas, y Don Beto y la princesa Panquecito salieron platicando y riéndose como si fueran amigos de toda la vida. Don Beto traía un par de tazas de café y la princesa un pequeño pay de manzana. Se sentaron a compartirlo en una mesa del patio y Don Beto gritó

- Duende, ven por una rebanada de pay, ¡está bien bueno!
- Don Beto, ¿Cómo sabe que el duende anda por aquí?
- ¡Ja! ya lo conocerás, él siempre anda metido en cuanto mitote hay en el pueblo

Y sí, tal y como Don Beto sospechaba, el duende salió corriendo de atrás de un árbol más que listo para comerse una generosa rebana de pay.

Con el paso de los meses la panadería de Panquecito empezó a tener más clientes; sus galletas, panquecitos y pays se volvieron famosos en el pueblo y Don Beto era de sus clientes más fieles. El duende también iba todos los jueves a ayudarle y salía con una bolsita de galletas que le llevaba a Paulina que también se había vuelto amiga de Panquecito.

Llegó diciembre y la navidad tenía de nuevo al duende en una encrucijada, siempre la pasaba con Paulina la hechicera pero en esta ocasión le preocupaba que Panquecito, siendo nueva en el pueblo, no tuviera con quien pasarla. Empezó su recorrido de nochebuena, primero fue a visitar a Issac y Natalia que estaban muy nerviosos pensando en qué les traería Santa Clos, luego, por no dejar fue a buscar a Chema el Viejo, pero no lo encontró; como siempre, había salido a ver a sus hijas. Astor y Lorenzo estaban muy ocupados preparando un nuevo truco para la función de año nuevo y no le hicieron mucho caso. Don Beto tenía visitas de familiares y también estaba muy atareado horneando el pavo y unos pasteles. Y así fue visitando a todos sus amigos con el plan de ir con Panquecito justo antes de ir con Paulina, tal vez la podría acompañar a cenar para que no estuviera sola. Pero cuando llegó con Panquecito se encontró con la casa cerrada y las luces apagadas. Se sentó en la entrada de la casa y se puso a pensar en dónde podría estar. Pasaron varios minutos y un grito lo trajo de vuelta a la realidad

- Canijo duende ¿todos los años va a ser lo mismo?
- ¡Paulina!
- Vámonos para la casa, ándale

   Al llegar a la casa de Paulina, grande fue la sorpresa del duende al encontrarse a Panquecito con el delantal puesto bien afanada preparando la cena

- Qué bueno que llegaron, pónganse calientitos, ahorita les preparo una taza de chocolate
- ¡Panquecito!, qué alegría que vas a pasar la navidad con nosotros. Paulina y ¿Lord Quesadilla va a venir? 
- No, no me tiene tan contenta ahorita, no lo invité
- Ni modo, dijo el duende aliviado, ya no le tenía tanto miedo a Lord Quesadilla pero lo seguía poniendo nervioso
- Ven a hacerte bolita conmigo dijo Paulina mientras le mostraba una cobijita. El duende prendió la tele, puso las caricaturas y se acurrucó en el regazo de Paulina, quien lo tapó con la cobija y se puso a hacerle piojito.

Desde la cocina Panquecito miraba la escena con ternura mientras servía el chocolate caliente y pellizcaba una de las galletas que había hecho Paulina. Esta será una feliz navidad se dijo mientras se sentaba con el Duende y Paulina a ver las caricaturas en lo que se horneaba el pavo.