martes, 28 de marzo de 2017

Blanquita y la pesadilla de los trámites

Ya he confesado en repetidas ocasiones que fui uno de los peores estudiantes que la facultad de ciencias de la UABC tenga memoria: estiré el reglamento todo lo que pude, no me extrañaría tener el record del mayor número de exámenes extraordinarios de la facultad, y por supuesto que tuve mi buena dosis de problemas con algunos maestros. De algún modo milagroso terminé la carrera y tengo muchas personas a quienes agradecerle. Una de las principales es Blanquita.
Blanca era un gusto adquirido, no era fácil tratar con ella de entrada, tenía un carácter duro y hablaba golpeado, sobre todo a los estudiantes de los primeros semestres que siempre traíamos un desmadre con los trámites y ella era la encargada de resolvernos la vida. Sin embargo, una vez que pasabas la corteza de sus regaños encontrabas una persona empática que se preocupaba por ayudarte. Quiero pensar que yo era de sus consentidos, aunque esto no me eximía de mi buena dosis de reclamos cada que llegaba tarde a inscribirme o algún otro trámite extraordinario.

La burocracia de la universidad siempre ha sido densa e irracional y le estoy muy agradecido de que me haya ayudado a sortearla.

La carta de pasante
Cuando terminé la carrera mi primer empleo fue en el Observatorio Astronómico Nacional, ahí nomás cruzando la calle. Afortunadamente empezaría a trabajar en cuanto terminara la escuela, lo único que necesitaba para firmar contrato eran los documentos de rigor y mi carta de pasante, la cual fui a solicitar en enero en cuanto regresaron de vacaciones los de escolar. Ya tenía un par de días trabajando en el entendido que me pagarían mi sueldo retroactivo en cuanto entregara mi carta de pasante, que en ese momento no tenía idea de cuánto tiempo se podía tomar.
Llegué a escolar y pregunté qué se necesitaba para solicitar la carta de pasante

- De qué escuela vienes?
- De la facultad de ciencias
- Ah, no te preocupes, ya Blanca nos pasó sus datos y ya pedimos las cartas de todos ustedes
- Entonces qué necesito?
- Necesitas traerme: dos fotos tipo título, tu certificado de secundaria, el de preparatoria, tu cárdex, constancia de servicio social y tu último recibo de pago
- Ok, gracias

Fui a tomarme las fotos y cuando me las entregaron regresé a escolar

- Aquí traigo mis fotos y mis documentos, pero el certificado de secundaria no lo encontré, no se habrán quedado ustedes con el?
- Deja checo.  Y se fue a su computadora y muy sonriente me dijo,
- No, nos lo entregaste en tal fecha y te lo devolvimos en tal fecha, aquí tengo una copia digitalizada
- Ah muy bien, entonces ya no lo necesitas verdad?
- Sí, sí lo necesito
- Pero para qué? si tienes registro de que te lo entregué y lo tuviste dos años archivado y tienes la copia en tu computadora
- Es que es requisito
- Pero si te estoy entregando el de la prepa
- Es que es requisito  y empezó a repetir esto como mantra cada vez que le quería objetar algo
- Bueno pues, aquí están los otros papeles, deja veo cómo lo consigo

Avisé en el Observatorio que se iba a demorar mi carta y me dijeron que por ellos no había problema pero que no me iban a poder pagar hasta que la presentara, aunque eso sí, me darían mi chequesote retroactivo.
Le hablé a mi amá y le expliqué la situación; por supuesto en Guerrero Negro no se iba a poder solucionar esto así de fácil, así que le habló a la profesora Ramona a La Paz para que le hiciera el favor de corretear el documento. Por fin, dos meses después recibí mi flamante certificado de secundaria e inmediatamente fui a continuar mi trámite.
- Buenos días
- Sí?, qué se te ofrece
- Hace un par de meses vine a solicitar mi carta de pasante pero no tenía mi certificado de secundaria
- Ah sí, ya me acordé de ti.
- Bueno, aquí lo traigo para que ya por fin la puedas pedir
- A ver pásamelo
  me dijo mientras con la mano derecha abría un cajón. Lo tomó con la izquierda y sin apenas verlo lo metió en un folder que acababa de sacar y muy sonriente me lo entregó.
Yo estaba confundido, por qué me acababa de regresar mi certificado?, qué no lo iba a necesitar para pedir mi carta de pasante?, acaso no era un requisito indispensable? Con todas estas preguntas en la cabeza abrí el folder para encontrarme con todos mis documentos incluyendo mi carta de pasante ya sellada.
- Oye qué es esto?
- Pues tu carta de pasante
- Si ya la tenías lista entonces para qué querías mi certificado de secundaria?
- Es que es requisito
- Óyeme, me tuviste dos meses y medio sin cobrar mi sueldo por este papel que realmente no ocupabas para nada?!
- Es que es requisito

Aquí la empecé a insultar. Feo. Y no me arrepiento. Y salió su jefe. Y lo insulté más feo. Y tampoco me arrepiento.

El examen profesional 
Año y medio después estaba terminando mi tesis para titularme. Esto era importante porque el Observatorio me estaba exigiendo que me titulara para renovarme mi contrato así que me tenía que poner pilas. Ya con la tesis terminada, firmada por mis asesores y el valor por delante empecé con los trámites.
Fui con Blanca a que me iluminara y me dio una larga lista de requisitos por cubrir para que me pudiera dar la fecha para el examen. Ahora bien, tenía que apurarme porque el papeleo lo tenía que terminar dos semanas antes de que salieran de vacaciones, si no, no me podrían dar fecha para mi examen hasta que regresaran y esto implicaba no estar titulado para la fecha de mi recontratación en el observatorio así que la iba a pasar un mes desempleado si no me apuraba.
El recibo de no adeudo del almacén de física y el del Dadyr fueron los más fáciles de conseguir. En sorteos me hicieron dar un par de vueltas pero finalmente no tuve mayor problema.
En biblioteca fue donde empecé a batallar; primero resultó que las tesis no habían sido encuadernadas correctamente y no me las aceptaron. A volver a imprimir y empastar todo. Finalmente llegué con las tesis empastadas como Dios manda. Y el diálogo con el responsable fue más o menos así

- Ahora sí ya traigo las tesis bien
- Muy bien, cuándo dices que es tu examen?
- No sé, me dan fecha cuando termine todos los trámites
- Uhh, no te las puedo recibir entonces
- Por qué?
- Es que necesito saber el día de tu examen para poderte recibir las tesis
- Oye pero me están pidiendo el recibo de que ya te entregué las tesis para poderme dar fecha
- Lo siento pero no te las puedo recibir, es un requisito que me des la fecha
- Es en serio?
- Sí, claro que es en serio
- Bueno, a ver cómo le hago

Y lo que hice fue esperarme al turno de la tarde para que me atendiera otra persona

- Buenas tardes, vengo a entregarte mis tesis, ya voy a hacer mi examen
- Felicidades, cuándo es tu examen?
- El 21 de Junio 
mentí sin parpadear
- Ok, aquí tienes tu recibo, mucha suerte
- Gracias!

Ya estaba un paso más cerca de mi objetivo ahora seguía el recibo de no adeudo del almacén de Biología, el cual pensé que no sería mayor problema porque nunca había sacado nada. Kafka soltó una carcajada desde ultratumba.

- Qué ondas compa?, vengo a sacar mi recibo de no adeudo
- órale, cómo te llamas?
- Alfonso Paredes
- Deja te busco, aguántame tantito
- Va

Y ahí lo tienen al muchacho buscando mi nombre en el cajón lleno de libretitas amarillas donde guardaban el registro de cada estudiante.

-Oye no estás aquí en mis libretas
- No porque estudié física y nunca saqué nada de aquí.
- Entonces no te puedo dar el recibo
-  Por qué?, si no te debo nada
- Para poderte dar el recibo necesitas estar en mis libretas
- Ok pues y qué tengo que hacer para estar en las dichosas libretas
- Tienes que traerme dos fotografías tamaño infantil y tu último recibo de pago.

Yo previendo ese tipo de cosas llevaba un paquetito de fotografías en la cartera y el dichoso recibo de inscripción que por alguna extraña razón te lo pedían para todo.
- Aquí está compa
Y ahí tienen al bato este poniendo mi nombre en una libretita nueva cuando de repente

-Oye este recibo de inscripción no te va a servir
-Por qué?
- Es que  ya está vencido, ocupo el de este semestre
- Bato yo terminé la escuela hace año y medio, me voy a titular, no puedo darte un recibo de este semestre
- Pues este no te sirve
- Entonces quieres que me vuelva a inscribir?
 
Se me quedó viendo sin contestarme, estoy seguro que tenia ganas de decirme que sí pero al mismo tiempo sabía que era una pendejada así que solo me miraba sin atinar a decir palabra alguna.
Sin poderlo creer me salí del almacencito tratando de poner en orden mis ideas, y en eso veo pasar al director

-Faustino!, ven hazme un paro
- Qué pasó Poncho?
- Este wey que no me quiere dar un recibo de no adeudo
-Les has de haber roto 3 probetas
- No, no le debo nada
-Y entonces?
- Verás pásale a que te explique
Y desde afuera oí que le decía
-Dale su recibo a este cabrón, si lo que quiero es ya no verlo aquí!

Esto con un tono jocoso, así que voy a suponer que lo decía jugando, el caso es que ya solo me faltaba pagar mi derecho de examen. Inmediatamente fui a pagarlo pero me salieron con que ocupaban una carta de la facultad.
- Carta de qué
- Eres de ciencias verdad?
- Sí
- Ve con Blanca, ella ya sabe 

Y ahí les voy
- Blanca, oye me dijeron en finanzas que ocupan una carta de la facultad para poderme cobrar lo del examen
- Ven mañana por ella Poncho, a mediodía ya va a estar
- Va, nos vemos mañana

Al día siguiente ahí estaba mi famosa carta ya firmada. La abrí de pura curiosidad para ver de qué se trataba el asunto. Y pues nada, quesque a la facultad le constaba que no le debía nada a la universidad. Ah canijo!, cómo le puede constar eso a la facultad si uno paga en finanzas? pero bueno, allá ellos y sus ondas. De ahí me fui derechito a pagar el examen, pero ya eran más de las 3 de la tarde y ya no atendían en la caja, solo me recibieron la carta y verificaron en un cuadernito scribe que no estuviera ahí mi nombre. Al día siguiente llegué a la una y me recibieron con la novedad de que quien cobraba ya se había ido a hacer no sé qué.

- Y cuando regresa?
- Ya hasta mañana
- Ok, entonces a qué horas lo encuentro?
- Toda la mañana hasta las 2

Y al día siguiente llegué a las 11, mi cálculo era llegar justo a la mitad de su jornada laboral para que no fuera ni muy temprano ni muy tarde.

- Buenos días
- Bueno días joven
- Ahora sí vengo a pagar lo de mi examen
- Fíjese que no vino la muchacha y no hay quien cobre, ahora hasta el lunes
- No
- No qué
- No es posible, me tienes que cobrar hoy. Hoy es mi último día disponible para hacer este trámite y que me den fecha a tiempo para titularme y que me recontraten, así que me tienes que cobrar hoy si no me voy a quedar desempleado.
- Ya te dije que no vino la muchacha que cobra
- Me vale madre, a mi me cobras a ver cómo, estoy viniendo en horas laborales y me tienes que cobrar
- Pues yo no te puedo cobrar y no hay nadie aquí que haga eso. Regresa el lunes, si quieres
- Pues me vale una chingada!, no les estoy pidiendo ningún favor, hagan su trabajo con una rechingada

Como notarán, ya estaba bien encabronado, y en eso salió el jefe del departamento a ver por qué estaba insultando a sus muchachos.

- A ver muchachito, qué trae?, esas no son formas
- Pues tampoco son formas que me traigan como pendejo, y su gente que no quiere hacer su chamba

Y le expliqué como estaba todo, y se encabronó

- Yo le voy a cobrar
- Muchas gracias
- No jefe, espérese, yo le cobro dijo algún acomedido por ahí
- Ahora sí verdad?, ni madres, ahora le cobro yo. Ven para acá para que me ayudes

Y se puso el doño enfrente de la computadora a usar el programa de cajas, probablemente nunca lo había visto antes porque no sabía ni que picarle

- Dónde le pico
- Deje jefe, yo le cobro al muchacho
- Que le voy a cobrar yo ya dije, solo veme diciendo donde picarle

Y batallando y todo el señor me cobró, le temblaban los cachetes de lo encabronado. Cuando terminó me dijo
- Listo joven, mucha suerte en su examen
- Muchas gracias!

Y al ir saliendo escuché que les decía
- Ahora sí me van a oir!

Llegué a la facultad, me dieron mi fecha a tiempo, hice mi examen, lo aprobé y todo pero no me quedaron ganas de hacer el trámite de mi título.
 

El título
Muchos años después por azares del destino estuve trabajando en Softek en las instalaciones de la universidad y se me ocurrió que tal vez no sería tan mala idea solicitar mi título y ahí les voy a tratar de hacer el trámite. Llegué con la señorita, le expliqué mi situación y le pedí los requisitos. Cuando me dijo que necesitaba la constancia de servicio social fue donde se atoraron las cosas.

- Eso suena a un papel que tal vez no tenga
- Es que es requisito
- Sí, entiendo, pero me lo pediste para darme mi carta de pasante, luego otra vez para el examen profesional y además es un papel que me da la universidad, ustedes lo tienen que tener, ustedes me lo dieron.
- Pues no, no lo tengo
- No le puedes preguntar a tu computadora a ver si lo hice?
- No. 

En este momento ya había decidido que no iba a terminar el trámite así que dinamité la conversación
- Mira, deja te explico para que sirven las computadoras, les mete información adentro para que cuando la necesites la puedas consultar, ese es su propósito. Pero bueno, si no tengo la constancia que me sugieres que haga
- Pues yo creo que lo vas a tener que volver a hacer
- Que tengas buenos días

Y así hasta la fecha sigo sin título.

Solíamos bromear que el día que Blanca se jubilara la facultad se iba a caer a pedazos porque ella era quien la sostenía. Me da gusto que esto no haya sido así, pero por si las dudas, si van a la facultad no se recarguen muy fuerte en las paredes, no vaya siendo.

martes, 21 de marzo de 2017

Despedida a Francisco Juárez

Querido amigo

Lamento no estar ahí hoy para acompañarte en tu ceremonia de retiro pero tú tienes la culpa. Luchaste tanto por tratar de convertirme en una persona responsable que hoy no puedo cancelar una entrega para estar contigo sin sentir que traiciono tu legado.

Oh Dios sí me gustaría estar ahí; contar algunas anécdotas con los amigos, reirnos a gusto y dejar que nos invada un poco la nostalgia. De todos modos deja aprovecho la ocasión y aunque sea a la distancia permíteme contarte algo.

En una de tantas visitas al auditorio de Tijuana, en una función de lucha libre me tocó ver el homenaje de retiro de un luchador. Fue un evento sencillo, no era un luchador famoso pero sí un hombre que había logrado más de 30 años de carrera sin perder su máscara y esto estoy seguro que para él era un orgullo. Cumplió con su última lucha; ya lento, sin grandes reflejos ni hazañas acrobáticas pero sí con la dignidad de un profesional hasta el último minuto. Después de la lucha el anunciador convocó a todos los luchadores que participaron esa noche. Se llenó el ring; desde los fortachones de la lucha estelar hasta los escuálidos jovencitos de la primera lucha. Estos volteaban al público como tratando de entender lo que estaban sintiendo. Fue un momento muy emotivo, el luchador levantó el reconocimiento que le acababan de entregar por su trayectoria y con la voz entrecortada dio unas palabras de agradecimiento que fueron recibidas con una fuerte ovación. La última.

Y hoy así estarás tú, me imagino con la misma emoción, con la satisfacción del deber cumplido. Andarán tal vez por ahí rondando algunos de tus actuales alumnos quienes, como luchadores de primera lucha, estarán tratando de entender qué se siente estar enfrente del pizarrón por más de 30 años.

Espero que ahora tengas más tiempo para visitar a los amigos, tenemos ganas de verte. Supongo que extrañarás un poco la facultad y que la facultad te extrañará a ti. Pero no te preocupes, ya cumpliste. Formaste a mucha gente de bien.

Por todas la enseñanzas, los consejos, el apoyo y por supuesto también por la carrilla; gracias, muchas gracias.

Un abrazo

El PPP


martes, 14 de marzo de 2017

Tercia de ases

El Chema y el Juan Pablo han sido mis amigos toda la vida y tenemos muchísimas anécdotas que recordar, sin embargo muchas de ellas no estoy tan seguro que sea conveniente que se enteren nuestros hijos; pero rascándole un poco encontré unas que les puedo compartir sin problemas (espero).

La palabra de Dios.

En aquellos tiempos ochenteros se empezaron a popularizar los cassetes y los cartuchos de 8 tracks estaban por desaparecer rápidamente. El problema es que no había manera de pasar la música de tus 8 tracks a los nuevos cassetes y esto no era un inconveniente menor.

Al Prieto Ruiz, papá del Chema, el Panchito su hijo le compró una grabadora y se dispuso a hacer lo que todos hacíamos en esos tiempos, poner las bocinas del estereo cerquita de la grabadora nueva para poder grabar en un cassete la música de los 8 tracks. El problema con este método es que todo ruido exterior también se quedaba grabado, así que había que hacerlo con mucho cuidado y de preferencia cuando la casa estuviera sola. Ese día el Prieto estaba grabando y nos tuvimos que salir espichaditos de la casa del Chema pues si bien el Prieto no era demasiado corajudo cuando se enojaba  se ponía intenso el asunto. Así que el no hacer ruido estaba el mejor de nuestros intereses.

Total que al salir de la casa rumbo al gimnasio nos encontramos a un muchachito testigo de Jehová y por supuesto que nos quería predicar pero el Chema le dijo

Mira, nosotros tenemos un compromiso muy importante pero ahí adentro de la casa está un señor que le interesa mucho la palabra de Dios pero tócale fuerte porque es medio sordo y no te va a oír

Y ahí va el pobre muchachito y nosotros nos quedamos escondidos atrás de un carro para ver la regañada que seguro se avecinaba

Señor, señor! Le traigo la palabra de Dios!

Se oyeron los gritos y diez segundos más tarde el Prieto lo llevaba de las orejas para afuera bien encabronado y nosotros atacados de la risa sin salir de nuestro escondite.


Corte de pelo a traición

Cuando salimos de la secundaria por fin teníamos la libertad de dejarnos crecer el pelo tan largo como quisiéramos y por supuesto decidí dejármelo largo como el Buki. A mi abuela esto no le hizo gracia y diario me presionaba para que me lo cortara, sin mucho éxito pues yo era bastante terco.

Por allá por noviembre le empezó a subir de tono y los reclamos se fueron convirtiendo en amenazas de cortarme el pelo mientras dormía. Una noche sentí que ya era muy en serio el asunto y me puse un sleeping bag como forro para protegerme antes de dormir y el Chema me puso una cobija encima para que no se me notara. Más tarde escuché los pasos de mi abuela que entró espichadita para no despertarme, me empezó a buscar la cabeza pero se topó con el sleeping. No me dijo nada y se salió tal y como había entrado.

Al día siguiente sospeché que iba a regresar con ganas de venganza, así que no solo me puse el sleeping bag, sino que le pedí al Chema que no solo me echara la cobija encima sino que además me amarrara a la cama. Y sí, tal y como lo predije, en medio de la noche llegó mi abuela con las tijeras en la mano, de nuevo me buscó el cabello pero esta vez sí se enojó de a deveras cuando no encontró forma de trasquilarme. Prendió la luz y descubrió el sleeping y me dice
¡Como eres simple, ni que te fuera a hacer algo!
¿Ah sí? ¿y esas tijerotas entonces para que las quieres?  le dije asomándome por un huequito que le había descosido a la orilla del sleeping para poder respirar. Y que se enoja más y me empieza a dar de cintarazos pero con la cobija y el sleeping obvio que no me dolía y nomás me estaba riendo. Y entonces me quiso jalar de los pies, pero el Chema había hecho un buen amarre y no me pudo sacar de mi protección. Así que al día siguiente no le quedó de otra más que llegar a una negociación y a cambio de unos pasteles accedí a cortarme el pelo antes de los quince años de la Adriana.


La última travesura

Con el paso de los años uno deja de hacer diabluras y nosotros ya no estábamos tan chamaquitos, tal vez tendríamos unos 21 o 22 años o quizá un poco más. Los tres estábamos estudiando en el norte y en esas vacaciones de diciembre coincidimos en el pueblo y andábamos de vagos como en los viejos tiempos; caminando, platicando, riéndonos. Felices, como es la vida de estudiantes.

Si bien seguíamos siendo muy amigos la verdad es que en ese tiempo Chema y Juan Pablo se habían distanciado un poco pero esa noche se sentía como los antiguos tiempos en la prepa. Tal vez por eso a alguien, no recuerdo a quién, se le ocurrió que sería buena idea hacer una travesura como las de antes. No hallábamos que hacer, nuestra mente que antes se desbordaba de ideas, ahora estaba más bien atrofiada. Despues de un rato de cavilar sin éxito nos encontramos a un velador dormido en su camioneta y ahí se nos iluminó el cerebro. Rodeamos la camioneta mientras el velador roncaba bien a gusto. Ya se miraba un poco grande el señor pero eso no nos importó, es una travesura inocente pensamos. Contamos hasta tres y al mismo tiempo le empezamos a pegar en las ventanas gritando incoherencias. Imediatamente después salimos corriendo cada quien en diferente dirección para que no se le ocurriera seguirnos, lo cual por supuesto no sucedió, bastante asustado debe de haber quedado el pobre señor.

Nos reunimos afuera del kinder y nos fuimos a dormir riéndonos, felices aunque un poco apenados, eso sí.

domingo, 12 de febrero de 2017

La Prepa y el Rulo

Cuando iba a entrar a la prepa corría el rumor que la iban a cerrar, esto por supuesto que no me hacía ninguna gracia, mis mejores amigos iban a entrar ahí y además quedaba a una cuadra de mi casa. Hubo juntas, presión y afortunádamente la prepa se quedó en el mismo lugar y eso fue lo mejor que me pudo haber pasado.

Para empezar la prepa solo tenía turno vespertino y lo mío nunca han sido las levantadas temprano, entrábamos a las cinco de la tarde y salíamos a las diez quince y eso era formidable. Además las clases eran otro rollo muy diferente a la secundaria y esto me hacía sentirme grande. En primer semestre tuve puros buenos maestros. recuerdo con especial cariño a la maestra Alicia Romero aunque reprobé realmente disfruté su clase. El Raúl Lyle era el director, después me daría clases en segundo semestre pero de eso hablaré más adelante.

El Rulo estaba muy jóven para ser director aunque supongo que no debe de haber sido un puesto muy competido; el sueldo no debe de haber sido atractivo y batallar con una escuela cuya existencia estaba en la cuerda floja me parece que era más un apostolado que un trabajo. Pero así se ha ido construyendo nuestro pueblo, a base de terquedad y sudor de voluntarios.
El Rulo circa 1985


El Rulo era buen director, era raro que hubiera problemas o que los maestros faltaran. Todo estaba limpio y sin grafitti, y aunque parezca un detalle menor, en el baño siempre había papel, algo que rara vez sucedería en mi facultad en la UABC.

En segundo semestre me dio clases, no recuerdo de qué pero debe de haber sido alguna materia de ciencias sociales. Como maestro era regular, ni muy bueno ni muy malo. Lo más memorable era la costumbre que tenía de pararse en la orilla del templete y estarse balanceando durante toda la clase. Pensábamos que tarde o temprano terminaría por darse un chingadazo pero esto por alguna extraña razón nunca sucedió.

Ese semestre me dio por no asistir a clases de matemáticas con el profesor Rojo, esto es tema de otra historia pero por hoy vamos a dejarlo en que después de tres meses sin asistir el Rulo decidió que era momento de notificar en mi casa. Ese día antes de salir me llamó a su oficina y no me sermoneó, simplemente me entregó un sobre y me dijo que no regresara hasta que no viniera mi mamá a hablar con él.

Cuando llegué a la casa leí la nota y pues sí, me había suspendido de la prepa. Por supuesto que no le di la carta a mi mamá, si me iban a correr no iba a ser así de fácil. A la tarde siguiente llegué a la prepa como si no hubiera pasado nada. Para mi mala suerte solo habría dado un par de pasos dentro del edificio cuando me encontré de frente con el Raúl.
Carta de suspensión

- ¿No te había corrido yo a ti? me reclamó serio pero no enojado.
- No seas simple Rulo, ya voy a entrar a clases con Rojo, no la hagas de tos. Le respondí y seguí caminando hacia mi salón sin voltear ni detenerme, en la esperanza de que no me hablara para correrme ahora sí en serio. Entré a mi salón y no volvimos a tocar el tema

Como ya les dije el Rulo era buen director, siempre nos apoyó en cuanto mitote anduviéramos metidos: ajedrez, atletismo, club de teatro, fiestas, grupo musical, futbol y por supuesto al equipo de basket. Sí había que rogarle y negociar pero siempre fue razonable, no lo mareaba estar en una posición de poder como les sucede tan comunmente a los maestros. Cuando algo se podía nos apoyaba sin mayor trámite; cuando no se podía nos lo decía sin mayores ceremonias. Tal vez por esto le teníamos mucho más respeto a su persona que a su posición.

De las actividades de compartía con nosotros creo que sus favoritas eran el ajedrez y el atletismo. El ajedrez obvio le venía de sangre pues Don Ricardo, su papá, era el mero capo del ajedrez en el pueblo. El Raul no era tan bueno pero si lo suficiente para ganarnos la mayoría de las partidas. Pero creo que correr le gustaba más. Un tiempo nos dio por correr diez kilómetros y nos pusimos medio serios con respecto a esto. Nos íbamos el fin de semana a acampar a la laguna Manuela, corríamos un poco antes de que anocheciera, acampábamos y a la mañana siguiente nos levantábamos muy temprano, en el carro el Rulo nos dejaba cerca del entronque y nos íbamos corriendo hasta el campamento en la playa. Subíamos los cerros de dunas, llegábamos al faro y después regresábamos al campamento. Todo iba bien hasta que nos llevamos un tequila para la noche y el Rulo nos descubrió y se acabaron los entrenamientos de fin de semana.

En mi ultimo año de la prepa ya le teníamos mucha confianza al Rulo y en general a la mayoría de los maestros, así que ir a la escuela era un poco como ver a tu familia extendida. Ya habíamos pasado las químicas con Rosalinda, y para mi fortuna ya no llevaba dibujo técnico sino mecanografía con Rosalva Meza, así que no recuerdo alguna materia particularmente difícil sino más bien las noches de trova después de clases, las mañanas de basketball con el gimnasio para nosotros, la rivalidad con el Cet del Mar y los Guerreros, fiestas, y por supuesto los nervios y las discusiones acerca de lo que estudiáriamos. Fueron días hermosos.

Cuando salí de la prepa el Juan Pablo y el Chema se quedaron todavía otro año, habían caído víctimas de las clases de química y se convirtieron en los consentidos del Raul, de esto podrían salir otras historias pero vamos a dejarlas para una mejor ocasión.



lunes, 16 de enero de 2017

Irina

Siempre fui un tipo solitario, más bien tímido, tal vez por eso nunca tuve suerte con las mujeres. Sí bien tuve un par de novias en cuanto las cosas empezaban a ponerse serias algo salía mal y terminábamos. Puede sonar a cliché que las historias siempre tienen dos versiones pero es cierto y en mi caso en cuanto empezaba a sentir que me querían controlar salía huyendo.

En general me sentía tranquilo con mi soledad pero ustedes saben que el cuerpo tiene sus necesidades y a veces en las noches de frío no entiende de razones. Así que un buen día decidí comprarme una robot sexual. Real Doll se había asociado con una compañía nueva de robótica de unos ingenieros jóvenes y muy inteligentes y habían sacado al mercado una nueva serie de muñecas robóticas que ya podían caminar, subir escalones y hablar como si fueran humanas. Transferí dinero a mi cuenta de pay pal y me puse a ver el catálogo. No me costó mucho trabajo elegir una muñeca de tez blanca, ojos verdes, voluptuosa y casi de mi estatura. Hice el pago electrónico y el recibo decía que en dos semanas más estaría recibiendo el paquete en mi casa.

Un sábado por la mañana recibí el paquete, pensé que vendría desarmada pero no, era una gran caja con la muñeca en una sola pieza. Firmé de recibido y con curiosidad y morbo procedí a sacarla de la caja. Como pude la senté en el sillón, pesaba tanto como una mujer normal, sus fabricantes habían hecho todo lo posible para que no pareciera una muñeca sino una mujer verdadera. En la caja venía un pequeño instructivo para activarla. Primero se instalaba una aplicación en el teléfono, se ingresaba el número de serie de la muñeca y algunos detalles de configuración como el idioma, el acento, su nombre y después se pasaba por un proceso de entrenamiento con mi voz para que aprendiera a obedecer solo a su dueño.

Después de unos quince minutos ya estaba lista. Le puse Irina y hablaba español con un acento ruso bastante sexy. Presioné el botón de encendido, se levantó y dio unos pasos torpemente como si se estuviera calibrando, me dijo Hola y caminó hacia mi, ahora si, de forma completamente natural como cualquier persona. La abracé y le di un beso, su piel se sentía casi normal. Me sorprendió que no estuviera fría, hasta esos detalles habían cuidado. Así, impresionado y emocionado procedí a disfrutar de mi recién adquirida compañera.

Irina no era un robot tonto, todo lo contrario, conforme pasaban los días iba evolucionando y cada vez su comportamiento era más complejo y a ratos me descubría teniendo conversaciones con ella sin recordar que era un robot. Y es que la arquitectura de su software era tal que aprendía de su entorno y además cada mes puntualmente recibía actualizaciones. Se sentaba, cerraba los párpados y se quedaba totalmente quieta mientras emitía un sonido electrónico que funcionaba de aviso que estaba siendo actualizada y que no se podía mover.

En diciembre salió a la venta una actualización de software para que hiciera también las labores domésticas. Curioso, nunca pensé en ella como una sirvienta pero la actualización no estaba cara y ciertamente la casa se vería mejor un poco más limpia. Di click al botón de comprar y al día siguiente cuando llegué de trabajar el piso estaba recién trapeado y todos los platos limpios
Irina


Los meses fueron pasando y entre el aprendizaje y las actualizaciones Irina parecía cada vez más humana. En las tardes que regresaba a casa me la encontraba sentada en la sala tranquilamente leyendo un libro. Me parecía muy extraño verla leer pero nunca le pregunté nada; curiosamente a pesar de ser una máquina me parecía una invasión a su privacidad. Platicábamos un buen rato y después me preparaba la cena. A veces jugábamos ajedrez pero no era tan divertido porque no le costaba ningún trabajo ganarme y se aburría un poco.

Un sábado se me ocurrió que no sería tan mala idea salir como si fuéramos una pareja normal. Salimos a caminar a la playa e Irina iba feliz de salir de la casa, se mojó los pies en la playa y hasta corrió un poco. Después fuimos al cine, me sentía un poco incómodo de que alguien notara que era un robot, sin embargo creo que más bien nos miraban porque era raro ver de la mano a una mujer tan guapa con un hombre mucho mayor. Irina no lo notó o no le dio importancia. Nos sentamos a ver la película como cualquier otra pareja. Me gustó esta película dijo tranquilamente al salir como si fuera la cosa más natural del mundo y me abrazó bien fuerte. Debo de confesar que nunca había sido tan feliz.

Teníamos un poco más de un año juntos cuando recibí una llamada de unos amigos de la universidad que vivían en España e iban a estar de visita en mi ciudad. Sin pensarlo les ofrecí hospedaje y ellos aceptaron de inmediato. Eran muchos años sin vernos y teníamos mucho de que platicar. Pero estaba el asunto de Irina, ¿qué iba a hacer con ella?. No tenía ganas de dar explicaciones; además ¿qué les iba a decir?, ¿que vivía con una robot y que fuera del trabajo prácticamente solo hablaba con ella?. Así en un dos por tres decidí apagarla mientras estuvieran mis amigos en casa.

Irina se sorprendió un poco cuando me vio sacar del cuarto de los trebejos su caja, no la había vuelto a ver desde el día que la encendí. Dejé la caja en el piso y con el teléfono en mano voltié a verla. Me miró fijamente con un gesto de tristeza cuando se dió cuenta que la iba a apagar; no pude evitar sentirme culpable pero de todos modos procedí de acuerdo al plan; la puse en su caja, la arrastré al cuarto de los trebejos y la dejé ahí junto con las cajas de adornos de navidad que tenían años sin usarse.

Cuatro días después la volví a encender.
¿Cuántos días me tuviste apagada?
Cuatro, es que estuvieron unos amigos de visita y tenía mucho tiempo sin verlos
¿Y? ¿te avergüenzas de mi?
 No es eso, es que es complicado,
¿Es complicado?, a ver, explícame la complicación
Mira, es que... bueno ya pues, perdóname no pensé que te fuera a molestar
Te perdono pero ni creas que se me va a pasar el enojo así de fácil 

La vida retomó su curso casi normal, pero hubo algunos cambios en el comportamiento de Irina. Empezó a hablarme al trabajo en vez de al celular, como si quisiera asegurarse que estuviera ahí. Si a las ocho no había llegado a la casa invariablemente sonaba mi celular con el consabido ¿a qué horas vas a llegar?, ya es muy tarde para que estés trabajando.

No salía con frecuencia de la ciudad por cuestiones de trabajo, pero esta vez iría a un curso a Canadá y estaba bastante emocionado, no conocía Vancouver y además necesitaba unas vacaciones.
Oye bonita, voy a salir de la ciudad por unos días, voy a Vancouver a un curso
¿Me vas a apagar?
No, ¿por qué, ¿quieres que te apague? pregunté sorprendido
¡Haz lo que quieras! me respondió mientras se daba media vuelta y se metía al cuarto dando un portazo.

A mi regreso de Vancouver su comportamiento se tornó aun más paranoico, ya no pasaba la noche acostada a mi lado sino se quedaba sentada a un lado de la puerta vigilante. Quise desactivar esto mediante la aplicación pero no funcionó.

Al día siguiente durante el desayuno me espetó
Me quisiste cambiar la configuración anoche
Sí, has estado muy intranquila y quise ver si podía mejorar esto 
Pues no me gusta eso y me desactivé esa función  dijo retadora
Tomé aire, reflexioné en silencio cerca de un minuto y le respondí
Ahorita regreso voy por unos cigarros
A Irina esto le pareció un poco raro porque sabía que nunca he fumado. Tal vez si fuera un poco más humana habría entendido.

martes, 13 de diciembre de 2016

Regalos Olivia

Uno de los primeros recuerdos de mi vida y el primero de la tienda de mi amá es de antes de que esta estuviera en el local que ustedes conocieron. Regalos Olivia empezó pequeñito en un cuartito en lo que ahora es la entrada de nuestra casa. Recuerdo un anaquel de tablas con poquitos dulces y haberle pedido a mi mamá si podía agarrar un paquetito de bolitas de colores rellenas de chocolate y que me dijo que sí. Eso es todo, un breve recuerdo, casi como una postal. Tiempo después vino la compra del local para la tienda al Sr. Ibarra que estoy seguro algunos recordarán como El Lengua de Trapo. A un lado tenía la panadería y del otro la tienda del Carnitas

En la tienda mi mamá vendía artículos para el hogar, como vajillas azucareras y cosas de esas. También tenía su sección de perfumes, otra de joyería de fantasía, relojes, por supuesto juguetes pero mi sección favorita eran las revistas. Eran otros tiempos y nos entreteníamos de otra manera y mi mamá vendía muchas revistas. Lo que más se vendía era el Kalimán, al desempacar la revista lo primero que había que hacer era separar los apartados de los clientes regulares, del Kalimán recuerdo que le guardábamos el suyo al Toto, al Porfi y también al Alfredo Romero para que nos llevara a vender las asaderas tan buenas que hacían en su rancho. El Kalimán por mucho era mi revista favorita. Salía semanalmente y las aventuras duraban unos 30 episodios, casi al final de cada aventura cuando las cosas ya se estaban poniendo muy feas para Kalimán me ponía muy nervioso de que lo fueran a matar y se acabara la revista, pero casi al terminar una aventura partían la revista en dos y empezaban con la nueva aventura antes de terminar la anterior. Esto me hacía sentir aliviado de que al menos iba a haber una historia más.

Había varias otras revistas en el mismo formato que el Kalimán, las dos más famosas eran el Aguila Solitaria y por supuesto el Lagrimas y Risas. Esa no la leía pero hasta la fecha recuerdo que la historia de Rarotonga hizo época. Me gustaba mucho también Batú, que venía en un formato de bolsillo pequeñito. Inolvidable también el Chanoc y las aventuras de la Bruja Hermelinda y el Brujo Aniceto; menos cerca de mi corazón pero tampoco me perdía estaban: la revista Duda llena de ovnis y fenómenos inexplicables, la Zorra y el Cuervo, la Pequeña Lulú, el Pato Donald, y el Condorito. Mención especial merece la Familia Burrón, favorita de mi mamá y que he leído toda la vida, desesperándome por el poco carácter de don Regino, riéndome de las locuras de Borola que por más que la vida le jugara chueco se pandeaba pero no se rompía. Increíble su aventura cuando hizo un helicóptero de madera con el motor de la licuadora que siempre la sacaba de apuros. Podría hacer un recuento de todos sus personajes pero eso será historia de otra ocasión.

Las fotonovelas también tenían mucho éxito, casi todas eran historias de amor con excepción de la fotonovela del Santo que se peleaba contra los malos en fotos a blanco y negro. De las revistas políticas recuerdo el Siempre y los primeros años del Proceso. También vendía revistas para mujer como el Cosmopolitan, Vanidades y Kena. Lo que nunca pude entender por qué se vendía tanto era el Alarma, revista de nota roja con un lenguaje muy peculiar y con más sangre que tinta.


La navidad era una época especial para mi familia y para la tienda. En aquellos tiempos eran épocas de mucho trabajo. La sala de la casa se llenaba completamente de cajas hasta el techo y había que desempacar, verificar que coincidieran los pedidos, checar apartados, ordenar todo en la tienda. Llegaban todo tipo de cosas pero a mí lo que más me emocionaba por supuesto eran los juguetes. La verdad es que en ese sentido fui privilegiado. Tenía un chorro de juguetes, sobre todo soldaditos de plástico, aunque esos no eran regalos de navidad, cada que podía le pedía una bolsa de a dólar a mi mamá, y llegué a tener dos ejércitos de regular tamaño que poníamos a combatir usando canicas como artillería.

La tienda en esos días era un hervidero de gente, durante todo el año la tienda la atendía mi mamá ayudada primero durante unos años por Lidia Verdugo y después Socorro La Güera Valencia. Pero en la temporada navideña siempre le ayudaban algunas muchachas, a veces hasta 6 porque era mucho lo que había que empacar. Recuerdo, aunque pudiera equivocarme a Cristina Zamora, Paty Davis, Lupita German, Lupita Sánchez. Disculpen las que me faltan, fue hace muchos años.

El mero 24 mi mamá siempre cerraba más tarde y llegaba muerta a la casa a cenar, ya saben, el tradicional pavo con un relleno que le quedaba riquísimo a mi abuela, llegaban amigos a saludar a la casa o nosotros salíamos un rato. Mi padrino Agustín Martínez y mi madrina China, Wulfrano Mendoza, Salvador Cruz, los Baiza, Pancho y Estela Ibarra, Rodolfo y Lety Ríos son algunos de los amigos que recuerdo que veíamos en esas fechas.

Para mi mamá creo que la tienda no fue nunca un negocio sino un pretexto para ver a sus amigas. Todas las mañanas salía rumbo a la tienda con su jarra de café para las visitas. El grupo de amigas no siempre sería el mismo pero si llegaban a la tienda a las 11 de la mañana seguro encontraban a dos o tres amigas tomándose un café y comentando las novedades del pueblo. Muy probablemente serían Tere Baiza, Toñita Flores, Estela Patiño o Lety Ríos, pero como les digo, a lo largo de tantos años fueron muchas amigas las que circularon por ahí. Ahora la tienda ya está cerrada y mi mamá vive en Ensenada, pero a sus amigas las sigue teniendo en el corazón y les habla cada que encuentra pretexto, aunque ya no tomen café juntas.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Los amorosos en Tijuana

Llegué a Tijuana unos meses antes del primer festival hispanoamericano de guitarra. En aquellos tiempos Ensenada ya era una ciudad con una vida cultural rica y de Tijuana no sabía muy bien qué esperar. El primer evento al que asistí fue a dicho festival; iba a tocar Pepe Romero así que me supuse que el Cecut iba a estar abarrotado. Nada más lejos de la realidad. La sala estaba prácticamente vacía, tal vez seríamos unas 10 personas, 15 exagerando. Pepe se había cortado un dedo y nos pidió disculpas porque iba a batallar para tocar pero no se rajó. Fue un concierto muy bonito, ahora sí que íntimo, como diría una doña pretensiosa; éramos tan poquitos que, como si estuviéramos en un bar hubo hasta complacencias y un par de bromas con el público. Salí confundido; era Pepe Romero, de los Romero ¿y fueron diez personas a verlo?, ¿en serio este es el público de este pueblo?

Tiempo después, no recuerdo cuánto, en el Cecut se iba a presentar Jaime Sabines a leer su poesía. El evento empezaba a las 5 de la tarde y yo a las 4:45 todavía estaba en la oficina. En esa época trabajaba en Otay, cerca de la garita y el Cecut no me quedaba cerca, pero no me preocupé, si para un evento de guitarrra no fue nadie, seguro que a una lectura de poesía menos van a ir. Supuse que el evento empezaría tarde y que habría lugar de sobra para sentarme.

Llegué al Cecut a las 5:15 aproximadamente y había una turba en la entrada. Las puertas estaban cerradas y ya no podía entrar nadie. ¿Qué pasó?, ¿acaso están regalando billetes de 20 dólares?. Tal vez estaríamos unas ciento cincuenta personas tratando de entrar a la sala principal del Cecut, muchos gritando y reclamando ¡Queremos cultura!. Estabamos incrédulos de lo que estaba sucediendo, ¿en serio no íbamos a poder entrar?. Y empezaron los empujones y los gritos aumentaron de tono.
Abran la puerta putos!, queremos cultura!
Y empezaron a empujar la puerta y como en concierto de rock hubo portazo. No les quedó de otra a los del Cecut que abrir la puerta.

Cuando entré a la sala Don Jaime ya estaba en el escenario, sentado en una mesita sencilla, con un vaso de agua y en sus manos un ejemplar del Nuevo recuento de poemas. Por supuesto que ya no había asientos libres, los intrusos nos sentamos en el pasillo tratando de ocupar el menor espacio posible para que cupiéramos todos. Un maestro idiota se quiso poner a explicarle a sus alumnos algo pero lo callamos de inmediato. Habrase visto la imprudencia.

Don Jaime leía y todos calladitos escuchando sus versos tan familiares, compañeros de amores y de tristezas. Impresionado de estar viendo una leyenda perdí la noción del tiempo. Cuando terminó de leer hubo la oportunidad de pedirle un autógrafo. Se hizo una fila larga, larga, larga. Yo no llevaba libro para que me autografiara pero aproveché que todo mundo se levantó para sentarme cerca del escenario y estuve un rato viéndolo firmar y pensando en lo mucho que me había sorprendido Tijuana esa tarde.