miércoles, 16 de mayo de 2018

Danielita

Siempre supe que esto iba a suceder, así es la vida, y para eso los cría uno; para que sean fuertes, independientes y que se vayan de casa. Pero de todos modos podrían ser más considerados y venir de visita más seguido, no es como si vivieran tan lejos. Bueno, Danielita sí , tan linda mi niña y tan buen marido que se consiguió. Seguro que si ella estuviera aquí vendría diario a verme. Pero Renato y Diego ni sus luces, nomás cuando se les ofrece algo vienen. Algún día van a llegar y van a encontrar a su pobre madre muerta y entonces sí lo van a sentir.

A veces me siento un poco sola y por eso me pongo a renegar, pero les debo de ser sincera, también es un descanso llegar de la oficina y no tener que batallar a nadie. Pero sí los extraño. Al que no extraño para nada es al inútil de mi marido, ¡qué bueno que se murió el muy cabrón!.

martes, 15 de mayo de 2018

Mr. Márquez y Rosalinda

Mr. Márquez
El profe Márquez era la mismísima esencia de lo cool. Era como una embajada andante de Nueva York, Manhattan aparecía un metro enfrente y desaparecía a un metro atrás de sus pasos. Con su sonrisa a flor de piel, el comentario certero a veces con un poco de sarcasmo y un ligera afición por las teorías de conspiración, lo hacían uno de mis maestros favoritos. 
Fue mi maestro de inglés en tercero y cuarto semestre de la prepa. Tenía un método muy particular de enseñar, nos obligó a esforzarnos al máximo, tuvimos que leer a Kafka en inglés, artículos del New Yorker, poemas de Walt Whitman, es decir, cosas complejas que nos obligaron a extender nuestras habilidades. No sé que tan correcto sea este método pero a mí me motivó a superarme y en cuarto semestre leí, diccionario en mano, mi primer libro en inglés; The sound and the fury de William Faulkner.
En la fiesta de graduación

Con Mr. Márquez aprendí de música y a apreciar la calidad de unas buenas bocinas. Escuché a OMD, Manhattan Transfer, The Cure y una larga lista de música que para mí era desconocida. Conocí el GQ y la pintura de Modigliani. El profe era sofisticado pero no un snob, podía tomarse una tecate roja con nosotros y reírse de nuestras babosadas.

Años después lo tuve de compañero en Samex en Tijuana y compartimos durante muchos meses oficina. Allí me enseñó a tener paciencia y no ponerme de mal humor cuando las cosas no salieran bien en el trabajo. El usaba un programa que escribí y que tenía un error que nunca pude resolver; a veces después de un rato de estar trabajando se cerraba sin previo aviso. Entonces el profe sonreía y me decía ya se cansó la hermana computadora, la apagaba e iba por un café y a platicar un rato en lo que la hermana computadora descansaba. Regresaba sonriente, prendía la computadora y seguía trabajando como si nada hubiera pasado.

En esos días platicábamos mucho de cine y nos recomendábamos películas y libros, platicábamos de Guerrero Negro y él pensaba que algún día volvería a trabajar a Exportadora. Algo que en esos días me parecía muy curioso es que no tuviera carro, pero su corazón Neoyorquino lo hacía caminar mucho y utilizar el transporte público. Esto no lo entendí hasta muchos años después.

Lamentablemente falleció hace algunos años mientras estaba de vacaciones. Le dio un ataque cuando se alistaba para ir al teatro. Sus amigos lo seguimos extrañando.

Rosalinda Flores

La profe Rosa era legendaria en la prepa, desde que entrabas ya sabías que tenías que estar preparado para lo peor. Ella daba Química y era dura como ella sola. No era mala, era justa pero la clase tenía un nivel mucho más alto que al que está uno acostumbrado y eso traía como consecuencia una gran cantidad de reprobados.

El primero que sintió de que tan fuerte venía el asunto fue mi compa Chema. Como la fama era que química era la materia más difícil, me compa asumió el reto y dijo fuerte y claro que él quería ser químico y durante el primer mes de clases se encerró por las tardes a estudiar química. Llegó el primer examen y con el un 3.5 para mi compa. Pero todavía no perdía la fe y el siguiente mes siguió estudiando como si no hubiera un mañana pero el resultado del segundo parcial no fue mucho mejor, a lo mejor alcanzó el 4, pero no estoy seguro. Ahí tiró la toalla y volvió a sus hábitos normales y terminó como tantos otros haciendo un Moulinex.

En aquellos días en que la tele mandaba en la publicidad masiva, transmitían un comercial muy frecuentemente; un picador de verduras eléctrico, el mentado pica-lica moulinex, es muy fácil, solo tienes que hacer uno, dos, tres y la cebolla está lista. Y así a los que reprobaban química I, II y III les decíamos que habían hecho un moulinex, ¡y no eran pocos!
Q.F.B. Rosalinda Flores

En primer semestre había que batallar con la nomenclatura inorgánica y aprenderse todas las valencias, no era fácil y requería muchas horas de estudio a las que no estábamos acostumbrados. En tercer semestre era química orgánica y aunque se me hizo más fácil tampoco pude sacarme un 100. Y es que Rosalinda calificaba del 0 al 100 y su cien era algo mítico, como un unicornio. La única vez que supe que alguien se sacó un 100 con ella en química fue el Machetes, e hicimos una carnita asada para festejar el suceso.

La profe se llevaba bien con nosotros, a pesar de ser dura la respetábamos por ser justa, si le chambeabas seguro tendrías resultados, su clase no era aburrida pero tampoco demasiado amena, era lo más parecido a un clase de universidad que se puedan ustedes imaginar. De cuando en cuando se aventaba alguna broma, de la que nos reíamos mucho porque pensábamos que nadie se iba a reír porque era terriblemente mala para contar chistes.


El Cruz y yo nos hicimos muy aficionados a la química y nos pasábamos largas horas en el laboratorio y la profe nos consentía prestándonos la llave para que experimentáramos libremente. Hasta que un día nos cachó mientras intentábamos hacer nitroglicerina y ahí se acabó el corrido, jamás nos dejó volver a poner un pie en el laboratorio, lo cual no estuvo tan mal, capaz que explotábamos toda la prepa y nosotros con ella.

El Cruz estudió Química y yo Física, en gran parte por la motivación que ella nos dio. Creo que el resto de mi generación estaría de acuerdo con que ella nos enseñó a estudiar fuerte y nos preparó para los retos de la universidad. Y por ello, le estoy muy agradecido.


lunes, 2 de abril de 2018

Mugica, yo ya cooperé

Al A.... lo detuvo la policía municipal mientras manejaba por el Blvd. Díaz Ordaz, lo que parecía una infracción de tránsito rutinaria no era tal; a golpes lo subieron a la patrulla y se lo llevaron a una casa de seguridad donde lo tuvieron secuestrado durante treinta días. No fue casualidad, sabían perfectamente quién era y qué querían de él. Lo tiraron amarrado en un cuarto vacío y así lo dejaron durante el tiempo que estuvo ahí. No lo dejaban ir al baño, se orinaba y defecaba encima de la ropa y a veces lo bañaban a manguerazos de agua fría para limpiarlo. Cuando por fin lo soltaron, tenía llagas por todos lados; traumado  y aterrorizado dejó la ciudad en cuanto pudo, para nunca más volver. Así era la policía en aquellos tiempos.

Para nosotros eran tiempos de vacas gordas, el negocio empezaba a despuntar y me acababa de comprar un carro del año, no lujoso pero sí un buen carro. Solíamos comer en buenos restaurantes de la zona río y andar de camisa blanca y corbata de diseñador. Una de estas tardes iba caminando por enfrente de La Espadaña en el corazón de la zona río, hablando por teléfono con un amigo y sin poner mucha atención a mis alrededores, cuando intempestivamente una van blanca destartalada se estacionó a un lado mío. Traía la puerta lateral abierta y vi que venían 6 o 7 policías municipales con armas largas; en aquellos años la policía municipal todavía no tenía autorizado el uso de armas largas y los que vivimos en Tijuana recordamos tanta leyenda negra de las vans blancas que servían para levantar gente. El tiempo se me detuvo, alcancé a decirle por teléfono a mi amigo yo creo que me van a levantar, bajito para que no me escucharan, no fueran por alguien más y yo dándoles ideas. Seguí caminando y pensé que sea lo que Dios quiera y bueno, Dios no quiso que me levantaran y tan solo viví los 3 o 4 segundos más largos de mi existencia.

Meses después, una noche regresando de la quinceañera de la Karla, me tocó un retén de la policía municipal enfrente del parque Morelos. Ya era noche, mi carro nuevo y recién lavado, además venía de traje, es decir, me miraba sumamente sospechoso de traer dinero. Se me acercó un policía sonriente y bonachón que me preguntó a quemarropa de dónde venía y si había tomado. Solo me había tomado un whiskey y algunos vasos de agua mineral así que pensé que no tendría porqué preocuparme. Nos va a tener que acompañar a que le hagan un análisis de alcohol me dijo con una sonrisa como si me estuviera ofreciendo un celular en plan o algo similar muy cotidiano. Por supuesto que me resistí alegando que no venía alcoholizado. ¿Es usted químico o doctor? ¿no?, entonces me va a tener que acompañar a que le hagan su análisis. Me bajé del carro y pedí hablar con su comandante y ahí estuve esperando unos 10 minutos a que se desocupara el ladrón en jefe, Mugica se apellidaba el policía que me detuvo según se leía en su plaquita en la camisa del uniforme, era un tipo agradable y bromista, lo cual no lo hace menos delincuente. De pronto me dijo mira, el comandante no te va a atender, lo que va a suceder es que te vamos a llevar a la 8 con el químico a que te revise, el examen cuesta 800 pesos y te van a sacar sangre con una jeringa reciclada, y eso quién sabe a qué horas sea porque a los detenidos los llevamos primero a pasear.

Claro como el agua. Iniciamos la negociación, para mi mala suerte solo traía dos billetes, uno de 100 y otro de 500, intenté darle el de 100 y soltó una carcajada,

- No jefe, si agarro solo 100 pesos el detenido voy a ser yo 
- No la chingues Mugica, hazme un paro 
- Páseme los 600 me dijo mientras me entregaba un billete de 200
- ¿De perdida me vas a dar factura?
- Jajajajajaja que le vaya bien jefe, váyase con cuidado 

Y así, con 400 pesos menos en la bolsa me pude ir a dormir.

Días después bajando la rampa del Cetys como a las 10 de la noche me topé con el mismo retén, otro policía empezó con las preguntas cuando veo al Mugica en la línea de a un lado
- Mugica!
- Eit!
- Oye dile a tu compa que yo ya cooperé
- Ah sí, déjalo pasar, es compa, ya cooperó

Y así era la vida en la Tijuana de Hank y Algorri 


lunes, 26 de marzo de 2018

La leyenda del Ejidatario Joe

Joe llegó a Obregón una calurosa tarde de agosto. Estacionó su pick-up afuera de un hotel, se bajó con su sombrero puesto y sus lentes para el sol, miró hacia todos lados examinando el lugar y con un gesto de aprobación procedió a entrar a registrarse.

Un par de años después Joe ya no era precisamente un fuereño, había comprado algunas hectáreas de tierra fértil y se dedicaba a plantar papa cerca de Quetchehueca. Todavía seguía siendo un foráneo y tal vez lo sería para toda la vida, pero ya tenía un par de amigos y había aprendido a hacer tortillas de harina. Le gustaba caminar por las calles del pueblito y saludar a todo mundo en su español medio mocho que los lugareños le respondían divertidos.

Para los lugareños era un misterio  por qué Joe había dejado su natal Texas y se había mudado a Quetchehueca; incluso Joe no estaba muy convencido de las razones que se daba cuando trataba de explicarse su mudanza a Sonora; a veces extrañaba su rancho, pero recordaba a sus vecinos y procedía a servirse una taza de café, sonriente por su decisión.

Adelina tenía un par de años de haber enviudado cuando comenzó a tratar a Joe. Lo conoció en una junta ejidal de esas a las que Joe le gustaba tanto asistir. Joe no era miembro del ejido, pero quería serlo, pensaba que ese era el último paso para que dejaran de considerarlo un fuereño. El problema es que las tierras de Joe no eran ejidales y no existía un procedimiento legal para reintegrarlas al ejido. Eso no desanimaba a Joe que cada quince días puntualmente iba a Obregón a hablar con el abogado para ver si había manera de que lo incorporaran al ejido. En Quetchehueca encontraban muy divertida la insistencia de Joe y como suele suceder en lo pueblos pequeños le pusieron un apodo; El Ejidatario Joe. Esto hizo a Joe muy feliz pues lo hizo sentirse más del pueblo y en la entrada de su rancho mandó poner un gran letrero de madera y hierro que se leía; Ejidatario Joe, Rancho Sonorense

Una tarde pasó Adelina caminando por afuera de la casa de Joe, él estaba en el porche viendo la vida pasar; como era un hombre amable, la saludó y le invitó una taza de café y unas coyotas, Adelina aceptó divertida y se quedó un par de horas platicando, riéndose y haciéndole muchas preguntas a Joe que le respondía muy serio. A Adelina le gustaba estar con Joe, dentro de su seriedad tenía un humor extraño que la hacía reír mucho y además trataba muy bien a su hijo; así, poco a poco empezaron a pasar más tiempo juntos hasta que terminaron casados como Dios manda.

Como se casaron por bienes mancomunados y las tierras de Adelina eran ejidales, ahora sí Joe era un ejidatario hecho y derecho y se sentía muy orgulloso cuando opinaba en las juntas ejidales, con su español ya casi perfecto, pero todavía con un acento que lo delataba como gringo y no como güero de rancho.

Pasaron seis años cuando una tarde llegó una troca con dos de los antiguos vecinos de Joe a visitarlo, se veían preocupados y algo importante tendrían que decirle pues habían hecho el viaje desde Texas. Joe los abrazó con gusto pero cuando empezaron a hablar Joe se asustó pues no entendía nada

- Joe, ¿qué pasa?, ¿qué quieren estas personas?
- No te preocupes, son mis amigos de Texas
- Ahh y ¿qué quieren? 
- No sé, no les entiendo
- ¿Qué quieres decir?
- Se me olvidó el inglés
- ¿Cómo que se te olvidó el inglés?
- ¡Pues se me olvidó! ¿qué quieres que te diga?

Adelina, como buena anfitriona sonorense, los invitó a pasar a cenar, todos estaban muy confundidos pero a como Dios les dio a entender quedaron en verse al día siguiente en Obregón donde el notario los ayudó a comunicarse y Joe les firmó la carta poder que sus amigos requerían para hacer un camino que atravesara sus tierras en Texas.

 Al día siguiente ya de vuelta en casa, Joe se sentó como acostumbraba en el porche a tomarse un café y Adelina le preguntó preocupada

- Joe ¿te sientes bien?
- Sí, ¿por qué?
- Se te olvidó el inglés
- Ah sí, no importa
- ¿no importa?
- no, ven, siéntate aquí conmigo
- deja voy por mi café
- aprovecha el viaje y sírveme otro poquito

Y así, Adelina regresó con un par de tazas de café, se sentó con su marido, y no se volvieron a preocupar más del asunto.

 


domingo, 11 de marzo de 2018

El sueño Tijuanero

Tijuana es fea? sí, les puedo conceder eso.

La belleza de Tijuana es interior. Y contrario al mito, lo mejor de Tijuana no es su gente, es al revés, es el espíritu de la ciudad el que moldea a sus habitantes. Tijuana es una ciudad de perdición y redención. Aquí llega mucha gente en busca de una segunda oportunidad, y si entiendes su alma, la ciudad te la dará. Es una ciudad de migrantes que se reinventa continuamente y la promesa de que si le chingas duro vas a mejorar está en el centro de nuestros valores. Es una comunidad muy horizontal donde la gente de mucho dinero empezó de carnicero o fiando ropa de fayuca. Por decirlo de alguna manera no existe el dinero de alcurnia y esto transforma nuestra visión de ver la vida. Si quieres, puedes, no necesitas herencia. En eso creemos.

Hace unos días en una maquiladora vi un migrante Haitiano con su uniforme de supervisor. Seguramente esa misma persona llegó a Tijuana hace un par de años sin un penny en la bolsa, empezó en la línea de producción y ahí va avanzando. Con su español mocho este hombre representa lo mejor nuestro espíritu.

Tijuana es afortunada de no ser capital del estado, así no cae en la tentación de depender del dinero del gobierno. No llega dinero gratis, hay que chingarle, eso nos mantiene alertas.

¿Tijuana es una ciudad peligrosa? sí, sin duda, no pienso faltar a la memoria de Gabriel ni a la de tantos amigos y conocidos muertos y secuestrados, negándolo. La violencia es curiosamente compleja; no es igual la violencia de Tijuana que la de Ecatepec ni nuestra violencia del 2008 es la misma que la actual. Ya lo resolvimos una vez y lo volveremos a hacer.

Tijuana no es la tierra prometida, no cae maná del cielo ni los sueldos en dólares se encuentran en cada esquina, pero volteas y te encuentras por todos lados gente empezando con su changarrito, con dos trabajos, con algún proyecto, organizando algo o levantándose a las 4 de la mañana para cruzar al otro lado a chambear. No es fácil, pero se puede, en eso creemos.

Tijuana es fea? sí, les puedo conceder eso.

martes, 27 de febrero de 2018

La Bella y La Ginebra

Mi mamá siempre fue muy perrera, desde chica y hasta la fecha. Cuando se vino a vivir a Guerrero Negro se trajo a la Ginebra, su perra, desde Jalisco. Para ella los perros son un miembro más de la familia, así que lo natural era mudarse con todo y perra sin importar la distancia.
La Ginebra era famosa por brava, no sé a cuantas personas mordería pero muchas personas le tenían miedo. Yo solo recuerdo cuando mordió a Doña Lucía Rocha, mamá de Lucy Beltrán, atrás de la casa de la Venustiano Carranza.
Pedro y la Ginebra
Dice mi mamá por defenderla, que era una perra muy protectora y que una vez cuando tenía como cuatro años me salí de la casa y me fui hacia el monte sin que mi abuela se diera cuenta. Cuando se dieron cuenta de mi ausencia y no me encontraban cerca de la casa se organizó una búsqueda con muchos hombres pero no podían dar conmigo. Finalmente después de mucho buscarme escucharon los ladridos de la Ginebra que se había quedado conmigo todo ese tiempo en el monte protegiéndome.

Cuando falleció la Ginebra llegó la Bella a la casa. Esa perra era todo un personaje, la pura vida social. Llegó a la casa como un regalo para mi tía Yochi, pero como era de muy buen diente no le tomó mucho rato darse cuenta que en realidad era con mi mamá con quien quería estar, pues mi amá siempre fue muy buena para consecuentar a sus perros.

La Bella siempre acompañaba a mi amá a la tienda, se la pasaba de tapete a un lado de la entrada y solo se movía para saludar a algún conocido o por las tardes que iba a la panadería vecina por su
La Bella
conchita y hojaldre. Tenía su cuenta abierta en la panadería por dos panes diarios, puntualmente a las 6 de la tarde rascaba la puerta y la empleada salía a entregarle sus panes. Tenía la panza tan puntual que decía la morra de la panadería que se podía ajustar el reloj con la llegada de la Bella a la panadería.

La mayoría del tiempo era de un carácter dulce, solo recuerdo una vez que le gruño a alguien y fue afuera de la panadería. Resulta que un tipo llegó a comprar mucho pero mucho birote, subió un par de bolsas a su carro y se regresó a la panadería por las bolsas faltantes y dejó la puerta abierta para no batallar al subir las bolsas restantes. Esta oportunidad la aprovechó la Bella para subirse al carro a atascarse con el birote del pobre hombre.
Cuando este regresó quiso bajar a la perra del carro antes de que empezara con la segunda bolsa y la jaló de la cola; grave error, la Bella enojada no sé si por el jalón o por la interrupción en su comida, se volteo y le rugió en la cara. El tipo retrocedió asustado y tuvo que ir mi mamá a bajarla y por supuesto pagar el pan siniestrado.

La Bella tenía un sentido social muy desarrollado, a ratos parecía señora de sociedad. Cuando Pancho Ibarra cayó en cama enfermo la Bella todas las tardes iba a visitarlo hasta que se alivió. Esto, seguro lo aprendió con mi mamá pues la acompañaba a todos lados, siempre caminando por enfrente asegurándose de estorbar. Así le gustaba caminar a la Bella.

lunes, 22 de enero de 2018

La rifa del tigre

Era la primera vez que le tocaba una cuenta tan grande, la agencia de marketing para la que ahora trabajaba ya había hecho este tipo de cosas pero él era nuevo ahí y no alcanzaba a distinguir si el entusiasmo de los compañeros era real o no. Los veía apurar sus copas, entonar brindis de éxito y muchas risas, pero a los más antiguos de la oficina de pronto parecía que se les olvidaba que tenían que sonreír y un dejo de preocupación se les asomaba en el rostro.

Tan solo tenía un par de días en esta agencia, todavía no terminaba de acomodarse y apenas si conocía a su nuevo jefe y algunos compañeros. No era un novato en el área, pero siempre había trabajado para agencias chicas y aunque al principio estuvo bastante renuente al cambio lo trajeron a a punta de billetazos. La calidad de su trabajo vale la pena la inversión se dijeron los socios y él se dijo No es una mala agencia, tiene prestigio y clientes interesantes, me va a servir para crecer y con esto terminó de convencerse y cambió de empleo.

Se detuvo en una esquina cerca de la mesa de las bebidas, se sirvió otro tequila y se dedicó a observar a sus nuevos compañeros. No era particularmente tímido pero le costaba un poco de trabajo iniciar una conversación. Vio venir a su jefe, whisky en mano y  con la mirada alegre

- Salud!, dijo el jefe, nos sacamos la rifa del tigre, ¿cómo ves?
- Sí, eso parece; complicado pero emocionante. ¿Ya has participado en alguna campaña por la presidencia? 
- Uff sí, nos tocó la de Zedillo, pero ese fue un animal completamente diferente, eran otros tiempos y otras circunstancias. Esta va a estar mucho más competida
- Pero sí tenemos presupuesto ¿verdad? 

El jefe lo miró intrigado por un instante y soltó una carcajada franca

-Se ve que vienes de un changarrito; perdón, perdón no quise faltarle al respeto a Round Box, respeto la calidad de su trabajo pero esto es otra liga. No te preocupes, billetes hay de sobra tú ocúpate de sacar buenas ideas que las vamos a necesitar.
- Me pasas el brief de la campaña y me pongo bien pilas con eso
- No hay nada, estamos en pañales, apenas nos acaban de avisar que el contrato es nuestro
- ¿Y nos dieron el contrato sin haber hecho un pitch de la campaña? 

De nuevo la misma mirada del jefe

- Ya irás aprendiendo cómo funcionan estas cosas

Raúl sopesando la situación tomó un par de segundos antes de preguntar

- ¿Y qué has pensado? ¿Cuál crees que debería de ser el mensaje central de la campaña?
- Hay que posicionar al licenciado con una fuerte postura contra la corrupción
- ¿Contra la corrupción?, ¿estás seguro?, pero si es el candidato del PRI, ¿cómo vamos a lograr un mensaje creíble?
- Con televisión Raulito, con mucha televisión
- ¿Televisión?, pero si ya no estamos en los 90s, con eso no vamos a convencer a nadie
- Siempre ha funcionado
- Pero ya no, ¿no has visto Twitter hoy?, a otro gobernador lo están investigado por desfalcos de miles de millones, ya no sé ni de donde, ya perdí la cuenta, lo único que sé es que es del PRI, ¡no podemos hacer nuestro tema central la corrupción!, hay que buscar otra cosa: el nacionalismo, los tiempos gloriosos del PRI, que es una marca ganadora, qué es la opción responsable ante las locuras de los otros candidatos, hay opciones,  pero no podemos hacer nuestro foco el ataque a la corrupción, ¡va contra los valores de la marca!
- Todo eso que me dices ya lo sé...  El jefe hizo una pausa y se acercó a la ventana a ver pasar una patrulla con los códigos prendidos antes de exclamar con desesperanza
- De perdida el pinche Peña Nieto estaba bonito, pero este wey está re-feo
- ¿Y entonces?, ¿por qué elegir este mensaje?
- Eso quiere el cliente, parece que es idea del licenciado
- No nos la están poniendo fácil
- Pero nos van a pagar una tonelada de dinero, así que dale para adelante sin hacer gestos 

Raúl le dio otro trago a su tequila, suspiró y dijo

 - ¿Cómo vamos a hacer para que gane este wey?
- No tengo idea Raulito, no tengo puta idea. 

Dedicado a mi compa centroamericano Raúl Boxer