lunes, 17 de diciembre de 2018

El camino a las 185

Ayer cumplí mi primer mes de dieta, la primera meta era llegar a las 205 lbs y lo logré, la siguiente meta es llegar a las 185 lbs para el 15 de diciembre, hoy es 15 de agosto así que tengo que bajar 5 libras por mes para llegar, lo cual se siente perfectamente alcanzable.

Llevo años entrenando artes marciales y sin embargo empecé este año pesando 222 libras, es decir, estaba bien gordo. ¿Y por qué estaba tan gordo?, pues por harto, ¿por qué va a ser? Galletas, conchitas, tortillas de harina, chocolates y un largo etcétera formaban parte de mi dieta diaria. La primera llamada de atención fuerte fue una foto con unos amigos, podré tratar de adornarlo todo lo que quiera pero la verdad es que estaba tan gordo que parece que voy a tener perritos.
Mario, Celia y yo
De esta foto ya hace un año, quiero pensar que ya no estoy así, pero me voy a guardar la foto del después para cuando haya logrado mi meta.

La segunda llamada de atención fue otra foto, ahora arriba de un cerro, un día que fui a caminar con mi compa Chema Ruiz. Ese día caminamos mucho, tal vez unos 16 kilómetros y no terminé agotado, es decir, la condición física estaba ahí, pero fue muy claro que andaba cargando de perdida más de 20 kilos de sobrepeso.  Y por primera vez en mi vida empecé a considerar seriamente ponerme a dieta. El ejercicio ya no es suficiente para mantener mi ritmo de tragar tanta engordadera. Y ustedes podrán decirme el rollo de que tienes que aceptar tu cuerpo como es y quererte a ti mismo y todo eso. Y lo único que puedo replicar es que tengo ganas de estar más delgado y punto, no pienso hacer un tratado filosófico para encontrar mis motivaciones, así es y como dijo el poeta, ya, se chingó.

En la meseta
El principal problema que encontraba con el asunto de la dieta es mi estilo de vida, por lo regular me levanto tarde, con el tiempo muy limitado para irme a trabajar, a mediodía como en la calle y llego tarde a la casa después de entrenar, sin mucho tiempo para ponerme creativo con la cena. Así que el asunto este de contar calorías y prepararme comidas especiales se me hacía demasiado complejo. Anduve días pensando en ir con una nutrióloga pero antes de que tomara la decisión una amiga me evangelizó en el asunto de la dieta de ayuno intermitente y me pareció algo que funcionaría bastante bien para mi situación.

No está en mi capacidad explicarles cómo funciona todo el asunto, la verdad es que no me volví en un evangelizador, para mí lo importante son las reglas básicas: No comes durante 16 horas, tienes una ventana de 8 horas para comer, le bajas a los carbohidratos y azúcares y dejas que la naturaleza haga su magia. Si quieren leer un poco sobre esto les dejo el link del único artículo que he leído sobre esto. Es decir, le entré por pura fe, sin mayor conocimiento del tema

https://evolve-mma.com/blog/4-surprising-benefits-of-intermittent-fasting/

Otra cosa que es importante notar son las excepciones que le hice a la dieta, no pensaran ustedes que iba a dejar de comer tortillas de harina, ¿o sí?, bueno, el caso es que me puse como límite 5 tortillas a la semana y también le bajé a las frutas dulces, pero mantuve la sandía sin restricciones. La sandía es un vínculo que tengo con mi apá y no estoy dispuesto a dejarlo. Papas y zanahoria como poco, igual arroz y frijoles, no los eliminé de mi dieta pero sí le bajé a su consumo.

Los primeros 3 días fueron realmente sencillos, el cuarto y quinto día sí lo resentí, un poco de mareos y debilidad, pero mi amiga me había dicho que eso sucedería en lo que mi cuerpo se acostumbraba al nuevo régimen, así que no me preocupé gran cosa. Después del sexto día empecé a recuperar la energía y para mi sorpresa al octavo día ya me sentía normal y había bajado 6 libras. ¡6 libras!, ahí fue cuando le agarré el amor a este asunto.

Agosto 22: Venciendo la curiosidad de pesarme. Sí me siento menos panzón.
Agosto 28: Sigo con la curiosidad de pesarme, probablemente lo haga mañana porque el jueves no estoy seguro de poder ir al gym. No me siento tan seguro de ir en buen camino a la próxima meta intermedia, 200 lbs para el 15 de septiembre. A ratos me siento muy bien y a ratos me desespero de que todavía estoy bien pinche gordo. Los últimos días ha estado fuerte el antojo de una galleta pero me he mantenido firme. Seguiremos reportando

Septiembre 13: A pesar de que le metí sus goles a la dieta llegué a la meta de 200 lbs. Apenitas pero lo logré. Siguiente meta, 195 libras el 15 de Octubre.
Septiembre 15: Con lo del grito y la pelea, le metí varios goles a la dieta. El lunes me pongo serio de nuevo.
Septiembre 21: Me puse un pantalón que tenía años que no me entraba. Nice!
Septiembre 23: Corrí fuerte ayer sábado y hoy domingo salí a pegarle al costal. Pero me pasé con un par de tortillas de harina en el conteo semanal. Muy mal, mi chavo. Pero siento que voy bien para la siguiente meta. En una semana toca pesaje.
Septiembre 28. En teoría no me tocaba pesarme hasta el lunes, pero aproveché la ida al gym en viernes y como me siento que avancé quería corroborar. Y sí, 196 lbs! 12 días antes de la meta del 15 de octubre. Saliendo pasé al 7-eleven por un agua mineral, y vi la fila de chocolates llamándome como sirenas a marino, y es que soy muy chocolatero y solo me he comido un chocolate en dos meses y medio, merezco abundancia me dije, pero al fin triunfó la fuerza de voluntad y solo compré mi agua.
Septiembre 29: Sí me merezco abundancia y me compré un chocolatito, es que decía 70% cacao y no pude resistirme.
Septiembre 30: Tenía planeado comprarme un short bien chingozote, pero luego pensé posponer la compra hasta diciembre para comprarlo de una talla más chica. Ahora aunque quiera, tuve que cambiar la computadora y me quedé piojito

Octubre 9: Fui a la fondita y no había comida corrida. Me tuve que comer unas enchiladas. Pos ya qué!
Octubre 10: Me estrené una camisa que me había comprado slim fit por error. No la quise cambiar porque me gustó mucho y pensé que algún día bajaría de peso para poderla usar. Hoy fue ese día. Duró un poco más de un año para estrenarse. Le metí gol a la dieta con una rebanada de pastel, pero solo una y no muy grande.
Octubre 11: Terminé el día muy cansado y me dije merezco abundancia y me comí dos tamales. Sorry but no sorry.
Octubre 15: Día de pesaje, como sentía que venía muy bien le metía más goles de los que debía a la dieta y apenitas de las 195 lbs. Ni modo, que me sirva de experiencia.
Octubre 28: El aumento al ejercicio se está notando. Tengo el abdomen duro como cuando estaba en la prepa.

Noviembre 2: Las tradiciones no tienen calorías. Pan de muerto!
Noviembre 6: No me fue mal en el pesaje, capaz que sí alcanzo la meta de 190 lbs para el 15
Noviembre 15: Fallamos en el pesaje gente, la báscula marcó inflexible 192.5 lbs. Vamos all in en diciembre a las 185
Noviembre 22: Ya le aumenté de nuevo al ritmo del ejercicio para recuperar el paso

Diciembre 5: Esto es muy difícil, con el frío y los antojitos ya recuperé algunas libras perdidas. No me he querido pesar pero al menos no he sentido que he engordado, solo que me estanqué.
Diciembre 15: Malas noticias gente, me enfermé de gripe y no he podido ir al gym y por lo tanto tampoco hubo pesaje final. La báscula se quedó en 192 lbs en el último pesaje. Ya empezó el break navideño de la dieta. Espero no esté muy fuerte el rebote. Tenía pensado subir una foto para hacer el antes/después, pero se las debo para cuando llegue a las 185.

Seguiremos informando






lunes, 10 de diciembre de 2018

La Princesa Panquecito

Era una hermosa tarde de otoño cuando la princesa Panquecito bajó del camión. Se acomodó el pelo y alegremente emprendió la marcha hacia su nuevo hogar. De equipaje solo llevaba su mochila, la mudanza llegaría el día siguiente, así no tenía gran cosa de que preocuparse y caminó tranquilamente hacia su casa, saludando sus nuevos vecinos y a los perros que ladraban a su paso.

Al cruzar la plaza se topó con el Duende Patas de Bolillo que iba a la tienda por leche que le había encargado Paulina la Hechicera.

- Hola, cómo te llamas? le preguntó el duende
- Soy Panquecito, respondió la princesa sonriente. ¿Tú eres un duende verdad?
- Sí, ¿cómo lo supiste?
- Es un truco que tengo, sé detectar a los seres mágicos
- Ah, pues yo soy el Duende Patas de Bolillo
- Mucho gusto Duende
- No te había visto por aquí
- Acabo de llegar, ahora voy a vivir aquí
- ¿Y qué vas a hacer?
- Voy a poner una panadería, cuando esté lista te voy a invitar unas galletitas con chispas de chocolate


Al oír esto, al duende se le paralizó el corazón y sin decir una palabra más, salió corriendo ante la mirada extrañada de la princesa Panquecito.

- ¡Don Beto, Don Beto!
- ¿Qué pasa Duende?, ¿por qué vienes tan agitado? 
- Es que acaba de llegar una muchacha al pueblo y dice que va a poner una panadería
- Qué bueno
- Pero Don Beto, ¡le va a hacer la competencia!
- No te preocupes, para todos sale el sol, anda, lávate las manos y ayúdame en vez de andar de preocupón
- No puedo Don Beto, le tengo que llevar leche a Paulina, pero al ratito vengo a ayudarle
- Anda ve, y llévale una conchita y una oreja a Paulina para que acompañe su leche, dile que le mando muchos saludos
- Voy y vuelvo Don Beto, dijo el duende y salió corriendo de nuevo

Al día siguiente nuestro duendecillo vio llegar el camión de la mudanza con las cosas de Panquecito, quien estaba atareada limpiando el patio de su nueva casa. Bajaron muchas cajas y muebles y al final, el horno y todos los enseres para la panadería. Como fueron muchas cosas los hombres de la mudanza quedaron muy cansados; Panquecito les invitó una jarra de limonada y se sentó con ellos en el patio a tomar limonada y descansar un poco.

El duende, que miraba todo esto desde la banqueta de enfrente tenía ganas de ir al mitote, pero creía que Don Beto podía sentirse traicionado si se volvía amigo de la princesa Panquecito. En ese momento la princesa lo vio y lo saludó con la mano. El duende, al verse descubierto de nuevo no atinó a hacer otra cosa que salir corriendo.

Pasaron los días y la panadería de Panquecito poco a poco iba tomando forma, primero pintó toda la casa, luego acondicionó el cuarto del horno, después convirtió un cuarto en una pequeña tienda para recibir a los clientes, además unas mesas y sillas en el patio para que pudieran sentarse a comer y platicar tranquilamente, y por último colgó un gran letrero Panecitos y Galletas: abierto los jueves y a un lado otro más pequeño Mañana gran apertura, ven por una galleta gratis

Al día siguiente encontramos al duendecillo escondido espiando a ver quién entraba a la panadería de Panquecito, los vecinos pasaban por enfrente con curiosidad pero no se atrevían a entrar, les daba pena con Don Beto, que era una persona muy querida en el pueblo. Pasó una hora y ni un solo cliente había entrado a probar las galletas de Panquecito. El duende no sabía qué pensar, por un lado era amigo fiel de Don Beto, pero por otro el aroma de las galletas y los pays que le llegaba lo tenía hipnotizado. En eso, vio una figura conocida caminar por la acera de enfrente; era Don Beto, que sin dudarlo atravesó el patio y entró a la panadería. Pasaron unos minutos que al duende, curioso como era, le parecieron horas, y Don Beto y la princesa Panquecito salieron platicando y riéndose como si fueran amigos de toda la vida. Don Beto traía un par de tazas de café y la princesa un pequeño pay de manzana. Se sentaron a compartirlo en una mesa del patio y Don Beto gritó

- Duende, ven por una rebanada de pay, ¡está bien bueno!
- Don Beto, ¿Cómo sabe que el duende anda por aquí?
- ¡Ja! ya lo conocerás, él siempre anda metido en cuanto mitote hay en el pueblo

Y sí, tal y como Don Beto sospechaba, el duende salió corriendo de atrás de un árbol más que listo para comerse una generosa rebana de pay.

Con el paso de los meses la panadería de Panquecito empezó a tener más clientes; sus galletas, panquecitos y pays se volvieron famosos en el pueblo y Don Beto era de sus clientes más fieles. El duende también iba todos los jueves a ayudarle y salía con una bolsita de galletas que le llevaba a Paulina que también se había vuelto amiga de Panquecito.

Llegó diciembre y la navidad tenía de nuevo al duende en una encrucijada, siempre la pasaba con Paulina la hechicera pero en esta ocasión le preocupaba que Panquecito, siendo nueva en el pueblo, no tuviera con quien pasarla. Empezó su recorrido de nochebuena, primero fue a visitar a Issac y Natalia que estaban muy nerviosos pensando en qué les traería Santa Clos, luego, por no dejar fue a buscar a Chema el Viejo, pero no lo encontró; como siempre, había salido a ver a sus hijas. Astor y Lorenzo estaban muy ocupados preparando un nuevo truco para la función de año nuevo y no le hicieron mucho caso. Don Beto tenía visitas de familiares y también estaba muy atareado horneando el pavo y unos pasteles. Y así fue visitando a todos sus amigos con el plan de ir con Panquecito justo antes de ir con Paulina, tal vez la podría acompañar a cenar para que no estuviera sola. Pero cuando llegó con Panquecito se encontró con la casa cerrada y las luces apagadas. Se sentó en la entrada de la casa y se puso a pensar en dónde podría estar. Pasaron varios minutos y un grito lo trajo de vuelta a la realidad

- Canijo duende ¿todos los años va a ser lo mismo?
- ¡Paulina!
- Vámonos para la casa, ándale

   Al llegar a la casa de Paulina, grande fue la sorpresa del duende al encontrarse a Panquecito con el delantal puesto bien afanada preparando la cena

- Qué bueno que llegaron, pónganse calientitos, ahorita les preparo una taza de chocolate
- ¡Panquecito!, qué alegría que vas a pasar la navidad con nosotros. Paulina y ¿Lord Quesadilla va a venir? 
- No, no me tiene tan contenta ahorita, no lo invité
- Ni modo, dijo el duende aliviado, ya no le tenía tanto miedo a Lord Quesadilla pero lo seguía poniendo nervioso
- Ven a hacerte bolita conmigo dijo Paulina mientras le mostraba una cobijita. El duende prendió la tele, puso las caricaturas y se acurrucó en el regazo de Paulina, quien lo tapó con la cobija y se puso a hacerle piojito.

Desde la cocina Panquecito miraba la escena con ternura mientras servía el chocolate caliente y pellizcaba una de las galletas que había hecho Paulina. Esta será una feliz navidad se dijo mientras se sentaba con el Duende y Paulina a ver las caricaturas en lo que se horneaba el pavo.






lunes, 5 de noviembre de 2018

Sonia

Anoche velamos a la Sonia.

Su muerte, terrible e inesperada nos golpea a todos. Somos ramas de un mismo árbol, amistades que empezaron hace 70 o más años y permanecen y se renuevan durante generaciones. Crecimos juntos, algunos en el colegio, otros en la primaria; fuimos al mismo catecismo y al cine Kugue. De niños jugamos los mismos juegos y más grandes fuimos a las mismas fiestas. Compartimos memorias muy felices, como las tardes de visita en casa de mi nana Chuy o de juegos en el Tic tac. Por eso la muerte de Sonia nos pega a todos. Porque al dolor personal se suma el de los amigos; algunos más, otros menos dependiendo de su cercanía, pero no solo es una rama; es todo el árbol el que siente el golpe y cruje.

Anoche, a pesar de que estábamos en Tijuana, fue una reunión de una gran familia. Desde los chicos como Fanny la hija de Edel, Mayté la hija de Juan Pablo y Paty, o el Marquitos, que me saludó sin saber quien soy, y que mi mamá era muy amiga de su abuelo. Hasta los mayores como Carmelita la mamá de Sonia o Elsa Bremer. Y dentro de toda la pesadumbre existe la alegría del reencuentro; las viejas anécdotas con el Rigo, la pena de no reconocer a gente tan querida como Santa, el gusto de platicar con la hija de Chabelita y el Rigo y verla convertida en toda una profesional. Saludar al Yogui, al profe Raúl Zúñiga, a la Eloy, al Gerardo, al Jorge Bremer, a Lupita y Lucy Beltrán, a Rosaura Allup. Y por supuesto a Lorena; quiero pensar que la presencia de tanta gente que la quiere le sirvió, aunque sea un poco, para ayudarla a pasar tan amargo momento.

Sonia, amiga. Te vamos a extrañar. Ve con Dios

lunes, 8 de octubre de 2018

La Venustiano Carranza

Crecer en la Venustiano Carranza fue extraordinario; con esto no pretendo decir que mi calle era mejor a las otras, lo más probable es que en todas las calles del pueblo la vida haya sido más o menos la misma. Lo que quiero decir, es que tuvimos una infancia muy feliz.

La Venustiano Carranza era una calle muy ancha, en esa época no había camellones y las casas no le habían robado terreno a la calle con sus bardas; así que teníamos mucho terreno para jugar. Además éramos muchos chamacos así que se armaban buenos equipos. Ustedes disculpen si me falta alguno pero no quiero dejar de mencionar a mis amigos de la cuadra: El Chema, Panchito y Memo Ruíz, El Rey, Cascarrabias, Quito y Chuchín Villavicencio, Nachito Salgado, El Quichuli y Baby Espinoza, El Neto Ávila, Arturo Tiburón, Paty, Toño y Raúl Gallitos, El Pulpo, El Nica. También a veces llegaban los compas de la rueda y la colonia a acoplarse a los juegos.
Con el Pedro, frente a mi casa

Había juegos que de alguna manera misteriosa se concentraban en temporadas. Así, había temporada de trompos, canicas, papalotes, futbol, wantitú, bicicletas, beisbol, y muy de vez en cuando shangai. En esos días las calles no estaban pavimentadas, así que podíamos jugar canicas y trompo en cualquier lado. De las canicas mis juegos favoritos eran el cuadrito y los hoyitos. Del trompo uno donde hacíamos un círculo como de un metro de diámetro, cada quién ponía un peso en el centro y nos íbamos turnando para tratar de sacar las monedas con el trompo. Obvio que moneda que sacabas te quedabas con ella, lo cual hacía el juego doblemente divertido.

Cuando había temporada de papalotes el juego era muy sencillo, se trataba de volarlo lo más alto que pudieras sin que se te fuera a la milpa, y lo comparábamos con la torre de comunicaciones que estaba frente a mi casa. Los papalotes los fabricábamos nosotros y era muy mal visto que alguien comprara uno. Eran muy básicos, hechos de papel periódico y con cola de trapos amarrados. De todos, los del Chale eran famosos, porque eran los más grandes.

El wantitú era un juego de escondidas con un bote y una base. Nos gustaba jugarlo de noche para que hubiera muchas equivocaciones; además, nos cambiábamos la ropa para confundir y aventábamos galones llenos de tierra y con la parte superior cortada para que el desastre aumentara la confusión y tratar de llegar a la base. Como verán, nos tomábamos el asunto muy en serio.
La Torre

Cuando jugábamos futbol, las porterías eran en un lado y otro de la calle, un par de piedras y listo. Ya saben ustedes las típicas reglas: Vale portero ambulante, mano sobre gol es gol, el gordito a la portería, etc.

Beisbol era lo que más jugábamos. Si eramos poquitos jugábamos al que cacha, batea. Si completábamos dos equipos, nos íbamos a jugar al baldío de atrás de mi casa, era un terrenote y la cerca de la Amado Nervo nos servía para marcar el jonrón.

Mención especial merece la casita en el árbol que hicimos atrás de la casa del Arturo Tiburón. Hechiza a como dios nos dio a entender, con tablas conseguidas de quién sabe dónde. Era una gran casa que hasta llegó a tener dos pisos. Le amarramos unos cables al árbol y teníamos una batería para darles corriente si se quería subir alguien no autorizado. A lo lejos me parece recordar que a mi compa Chema Ruíz le echaron corriente cuando se iba subiendo, por los toques se cayó y se dio un madrazote. Después nos dio por brincarnos la barda de la primaria a la hora del recreo para ir a la casita; esto provocó que el prefecto o algún maestro de la primaria nos tirara la casita a hachazos. No recuerdo a ciencia cierta quién fue y tan solo puedo decirle... pinche bato gacho.

Ahora la Venustiano Carranza está bien bonita; enconcretada, con palmeras en medio y todas las casas con sus bardas blancas como en la colonia, hasta parece San Diego. Pero es una calle para adultos; yo estoy agradecido que en mi niñez me haya tocado esa calle ancha de tierra, con mucho espacio para jugar,  hacer amigos y ser feliz.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Polo

Sin lugar a dudas Polo es una leyenda; formó incontables generaciones de ingenieros en el Cetys con candor y entusiasmo ejemplar. Su reciente fallecimiento me tomó por sorpresa, nunca fuimos cercanos, pero siempre le tuve admiración y respeto, y lamento no haber estado más al pendiente de su estado de salud.

A Polo lo conocí en una de las primeras reuniones de la comunidad .NET de Tijuana, habló sobre cómo conectar aplicaciones en Flash con web services. El ejemplo que eligió no era muy bueno para convencer a nadie de darle una oportunidad a la tecnología. El componente de Flash hacía una llamada a un web service para que hiciera algún tipo de cálculo y el resultado se desplegaba en el componente. Recuerdo mucho escepticismo en la sala, les digo, el ejemplo no era bueno, aunque el concepto sí.

No lo volví a ver hasta que fui a pedir trabajo como maestro en Cetys. Primero me entrevistó el doctor Salas y después me mandó con Polo para la entrevista técnica. Polo me recibió en su oficina con su tradicional sonrisa. No hubo tal entrevista, nos pusimos a platicar acerca del futuro de la nube y al final solo me dijo Bienvenido maestro, le mando su horario por correo. 

Leopoldo Uribe
Polo ya estaba grande pero no perdía el gusto por aprender, la nuestra es una profesión en la que no puedes estarte quieto un par de años porque el futuro te alcanza y Polo no estaba dispuesto a quedarse atrás. Digo, estamos hablando de una persona que tomó clases con el mismísimo Dijkstra y se sacó A, no pensarán que se iba a rendir ante python o una tarugada así.

Durante el tiempo que di clases en Cetys convivimos con cierta frecuencia, invariablemente hablábamos de tecnología y me preguntaba por el desempeño de mis alumnos y sonreía orgulloso como tío cuando le daba buenas noticias.


La última vez que lo vi fue después de su jubilación como maestro, me lo encontré en Arkus junto con el Ángel, quien animado me dijo que tal vez el maestro se uniría a la empresa como mentor; no sucedió así, no sé por qué, tal vez ya tenía ganas de descansar y dejar de batallar con chamacos latosos. Era buena idea, estoy seguro que hubiéramos disfrutado de su presencia.

En su misa de despedida me encontré a varios amigos. antiguos alumnos dolidos por la pérdida. Estoy seguro que Polo desde el cielo estaría sonriendo, satisfecho por haber contribuido a educar a tanta gente de bien; ingenieros que ahora llevan por todo el mundo la semilla que él plantó y seguirá dando frutos por muchos años.

Polo fue una persona buena, generosa e importante, que no les quepa duda alguna.

domingo, 16 de septiembre de 2018

El canal, la pocita y la isla

Cuando era niño, todos aprendíamos a nadar en el Canal, y era casi tan natural como aprender a caminar, simplemente tenías que hacerlo, no había opción. A mí me agarró mi apá y me aventó al centro del canal. Cuando salí a como dios me dio a entender, me volvió a agarrar y ahí voy volando de nuevo al agua. Y así fue mi curso intensivo de natación.

El Canal
El canal se llenaba de chamacos en los días calurosos de verano, había un trampolín improvisado y los más valientes eran los que se aventaban clavados desde ahí. Otro de los grandes retos era atravesar de lado a lado la parte más ancha, pegada a la calle, a lo lejos me parece recordar que le decíamos el comal. Confieso que hasta donde me alcanza la memoria, nunca me atreví.

La Pocita
Ya cuando íbamos en la secundaria cambiamos el canal por la Pocita, ahí llegábamos en bicicleta y a
veces, muy de vez en cuando, conseguíamos un carro prestado para ir a nadar. En la pocita era más común ver familias completas disfrutando del agua fresca, con los niños correteando en las zonas más bajitas sin mayor peligro, excepto que una jaiba les agarrara un dedo.

La Isla
Ya en la prepa te graduabas a ir a nadar a la Isla. Ahí el reto era aventarte clavados de los gaviones o de la estructura metálica que unía los dos gaviones centrales. No era sencillo tirarte por primera vez, el agua se miraba oscura y fría, anunciando un fondo lejano. Pero de nuevo, si ya habías llegado hasta ahí, era algo que tenías que hacer; agarrabas aire y valor de donde se pudiera y te aventabas a como Dios te diera a entender.

Una vez pasado el susto inicial, salías del agua jubiloso por el choque de adrenalina y repetías el proceso tres o cuatro veces más, hasta que iba desapareciendo la emoción, señal de que era momento de descansar, y algunas veces, de tomarte una cerveza.


martes, 7 de agosto de 2018

Mi apá

Mi papá me enseñó a pescar, a cazar, a dormir en el monte, a limpiar pescado, a manejar, a nadar, a jugar y amar el beisbol, a disfrutar del té y las películas mudas. Nos emocionamos con Valenzuela y me pasó su sangre azul. Me enseñó que los tiburones son mansitos y que el botete si sabes cortarlo no hay problema para comerlo. Con él comí: machaca, venado, caguama, almejas, sandía, higos y pan de Cachanía. Él me sacó las espinas del talón  con su navaja cuando pisé un erizo, y me iba a ver jugar beisbol y basket sin importarle si ganaba o perdía.

Viajamos juntos y conocí sus amigos y sus historias. Llegamos a ranchitos de desconocidos a tomar café y compartir el pan de Cachanía. Subí y bajé su lancha del carro decenas de veces. Madrugamos para pescar y le cambié las llantas y el aceite a su carro. Le perdí sus herramientas y lo acompañé de madrugada a tomar café en el mercado de Cachanía.Visitamos a Doña Chuy y mi madrina China. Comimos pay de manzana y su receta secreta de carne en salsa verde que solo preparaba para los viajes.

Me gritó mucho y me quiso mucho.

Pedro Cervantes en La Isla