miércoles, 4 de octubre de 2017

La muerte del Obispo

Siempre pensé que Dios me había jugado una mala broma cuando decidió concederme este don. Pero ¿quién soy yo para cuestionar sus designios? Debo de haber tenido unos 10 años cuando empezó a manifestarse, pero fue hasta los 18 que terminó de madurar hasta tomar su forma actual.

Tal vez lo correcto sería llamarla maldición en vez de don pues nunca me había traído otra cosa que desgracia y dolor. Y es que puedo leer los pensamientos de otras personas, pero solamente cuando están pasando por momentos de gran tensión y angustia. Y esta se me contagia, como si el leer sus pensamientos les sirviera de desfogue y su pena fuera menor al compartirla. Pero a mí me deja agotado púes voy por la vida amortiguando penas ajenas sin poder evitarlo.

A Jana la hija de mi vecina la conozco desde pequeñita, siempre ha sido una niña muy linda y estamos muy encariñados. A veces cuando su mamá tiene que salir la deja conmigo y nos divertimos mucho leyendo cuentos o jugando. Estar con ella es un descanso pues siempre está de buen humor y me contagia de alegría, lo cual me ayuda a liberar las tensiones y temores que voy levantando por la calle durante el día.

Jana acaba de cumplir diez años y Helga, su mamá, la empezó a mandar al catecismo como es normal en los niños de esa edad. Helga estaba feliz y orgullosa pues el obispo se había encariñado con Jana y le daba clases especiales cuando los demás niños ya se habían ido. A Jana esto no le parecía tan divertido y con el paso de los días empecé a sentir su angustia. Sin embargo no podía leer sus pensamientos. Esto me tranquilizaba un poco pues suponía que no debía de ser nada grave. Además no estaba seguro de que fuera algo relacionado con el catecismo, tal vez era simple coincidencia y tuviera problemas en la escuela o en su clase de cerámica.

Como no podía leer sus pensamientos y cada vez la sentía más angustiada, intenté que me contara qué le pasaba, pero ella simplemente me miraba fijamente y me abrazaba. Y así fui sintiendo su dolor cada vez más fuerte y más oscuro. Había días en los que me quedaba tirado durante horas después de abrazar a Jana, sin fuerzas y con ganas de llorar sin saber por qué, tan solo estaba seguro de que le estaba pasando algo malo.

Llegaron las vacaciones y Jana se iría a pasarlas a casa de unos tíos en otra ciudad.  Llegó muy contenta a despedirse y antes de abrazarme me dijo, Ahora sí te voy a decir. Y antes de pudiera preguntarle algo me abrazó y le abrió la llave a sus pensamientos. Entonces lo vi todo, en su completa, cruel y terrible inmundicia.

Horrorizado la tomé de los hombros y la vi a los ojos, 
- No te había dicho nada porque te estaba cuidando. No te preocupes, iré de vacaciones y estaré bien.
- Cuando regreses también estarás bien, apenas si atiné a decirle
- Yo sé, me respondió y salió corriendo sonriente, pues Helga le gritaba que se apurara.

Pasé los siguientes dos días encerrado llorando. En cuanto recuperé mis fuerzas salí a la ferretería y compré un marro de construcción, grande y pesado. Esperé a que oscureciera y entré a casa del obispo por el jardín trasero. Para mi fortuna la puerta de la cocina estaba sin llave y se alcanzaba a oír el ruido de la lavadora, supuse que la sirvienta estaría ahí y procurando no hacer ruido procedí a la búsqueda de la habitación del obispo.

Fue sencillo encontrarla, la casa si bien era elegante, no era demasiado grande. Tres recamaras, biblioteca, cuarto de oración, sala, cocina, comedor y cuarto de lavar. Entré al cuarto y me escondí detrás de la cortina a esperar que llegara el obispo. Los minutos corrían lento pero no me iba a desesperar. Que se tardara lo que quisiera, el resultado será el mismo. Finalmente llegó, lo oí desearle las buenas noches a su sirvienta y después cambiarse de ropa para dormir.

Prendió la lámpara de noche, se sentó en la cama y se dispuso a rezar. Lo observé un par de minutos rogar por el perdón de sus pecados. Sigilosamente salí de mi escondite, no me vio venir pues tenía los ojos cerrados y estaba concentrado en su oración, lleno de divino fervor. El primer marrazo se lo di en una rodilla. Cayó al suelo gritando retorciéndose del dolor sin saber todavía que estaba sucediendo. Me di la vuelta y caminé hacia la puerta, era una puerta grande, pesada y vieja, como de hacienda. Corrí el cerrojo y proseguí con mi tarea.

El obispo gritaba como marrano y me preguntaba por qué hacía eso. Yo no tenía humor de hablar con él, levanté de nuevo el marro y le destrocé la otra rodilla. Los marrazos caían sobre sus piernas uno tras otro a un ritmo constante, su terror fue aumentando hasta que pude leer su mente. Supongo que ya se habría dado cuenta que no iba a salir con vida pues lo que vi fue una larga colección de actos terribles que desfilaban a lo largo de la vida de tan infausto personaje.

Cuando dejé de darle en las piernas y los marrazos subieron a su torso el obispo ya no tenía fuerzas para gritar, afuera de la habitación, sin embargo, la sirvienta seguía gritando como loca y me advertía que la policía ya venía en camino y que Dios no me perdonaría lo que estaba haciendo.

Finalmente veinte minutos después llegó la policía; yo ya había terminado con la cabeza y me estaba asegurando de que no le quedara un solo hueso sano.
- ¡Abre la puerta y deja salir al obispo! ladró el policía desde afuera
- El señor obispo ya está con su creador le respondí tranquilamente
- ¡Abre la puerta y sal con las manos en alto o vamos a entrar por ti!
- Pasen si quieren, pero aquí nos vamos a morir todos y que Dios nos perdone dije tomando el marro con mi mano izquierda mientras con la derecha me santiguaba.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ya vienen

Ve con Bill, me dijeron. Solo iba de paso por este pueblo polvoriento pero no podía regresar con las manos vacías, después de tantos días fuera Nancy no me lo perdonaría.
La tienda de Bill y Martha no era otra cosa que un galerón lleno de chácharas de todo tipo pero ellos se sentían muy orgullosos de ésta. ¿Que cómo lo sé?, sencillo, me gusta platicar con la gente y Bill y Martha resultaron ser un par de viejitos de lo más agradables. Entré a la tienda y les pedí consejo de qué llevarle a mi esposa, sus recomendaciones no me gustaron tanto, pero me enteré que llevaban 40 años de casados, su casa estaba a un lado de la tienda y esta la habían recibido como regalo de bodas. Martha es una señora muy agradable, me invitó una rebanada de pastel de zanahoria y un café antes de dejarme vagar por su tienda.

La tienda tenía varios pasillos y algunas vitrinas, podríamos decir que había algo de orden en el caos. Había una sección de instrumentos musicales, otra de perfumes, una sección de adornos para el hogar de donde tomé un plato pintado a mano que estoy seguro que a Nancy le gustará. Me entretuve un rato viendo los utensilios de pesca y de ahí tomé un casco de plástico naranja del que me enamoré.

Estaba entretenido viendo los libros cuando entró un tipo alto y delgado. Lo vi discutir acaloradamente con Bill. Durante un momento el hombre se calló y Bill le soltó un discurso interminable de lo que significaba la tienda para él y Martha, contarle anécdotas de sus hijos jugando en la tienda, de navidades y cumpleaños ante la mirada impasible del tipo. Después de escucharlo tranquilamente empezó a sacar gruesos fajos de billetes de 100 dólares de su maleta. Ponía un fajo sobre el mostrador y miraba a Martha, esperaba unos cuantos segundos y procedía a sacar otro. Así estuvo hasta que se juntó una gran pila de dinero y Martha no aguantó más y soltó el llanto. En este momento el tipo simplemente dijo Gracias, tomen su dinero y váyanse por favor. Fui testigo de esta escena sin moverme ni decir nada y no estaba seguro que el tipo se hubiera dado cuenta que yo estaba ahí, pero en cuanto Bill y Martha salieron de la tienda volteó hacia mí y me dijo con voz autoritaria Tome lo que quiera y salga, vamos a derribar todo. Metí el plato y el casco en una bolsa, agarré un libro a la pasada y salí de la tienda apresuradamente.

Ni bien había salido cuando un par de pick-ups con 10 hombres con herramientas de construcción se estacionaron fuera de la tienda. El tipo alto salió y les ordenó Empiecen a tirar la tienda, la casa puede esperar, denles tiempo a que saquen sus cosas. Y los trabajadores con marro en mano empezaron a derruir todo.

Ya era tarde y estaba algo cansado, además el asunto este de la tienda había despertado mi curiosidad, me quedé un buen rato viendo como caían uno tras otro los marrazos sobre la tienda, implacablemente sin importarles las historias que estuvieran ahí encerradas, los recuerdos atesorados y la identidad de un pueblito de carretera. Los vecinos se juntaron a ver el espectáculo, nadie decía nada, tan solo los más grandes, sesentones, mostraban alguna expresión en sus rostros y con los ojos vidriosos se despedían callados de sus recuerdos. Pasada una hora decidí que ya había visto lo suficiente y me fui al hotel del pueblo a pasar la noche.

Ya amaneció y es hora de agarrar camino. Desayuné un par de huevos en la cafetería del hotelito. El café está sorprendentemente delicioso y la mesera lo sabe. Me mira con una sonrisa de orgullo mientras yo le daba los primeros sorbos a la taza. No había mucha gente en la cafetería, un par de mesas con comensales desayunando apresuradamente. Se notaban nerviosos y por lo que alcancé a escuchar Bill y Martha habían abandonado el pueblo la noche anterior sin despedirse de nadie y con rumbo desconocido.

Fui a ver qué había pasado con la tienda de Bill antes de tomar carretera y para mi sorpresa ya estaba todo derruido y solo quedaban unos cuantos escombros y su nuevo propietario sentado en una banca. Solo, en silencio.

Me ganó la curiosidad, estacioné mi carro y me dispuse a platicar con el hombre. Buenos días, le dije, el tipo procedió a mirarme por un par de segundos sin responder.
¿Qué pasó? ¿Por qué la urgencia de demolerlo todo? Pregunté sin mayor preámbulo. Esta vez volteó a verme fijamente y con una mirada triste me dijo
¡Ya empezó, ya vienen y no puedo desobedecerlos!
Y acto seguido empezó a sollozar.

jueves, 31 de agosto de 2017

Ángeles de bata blanca

No conozco a nadie de la esfera exterior, cuando a veces los veo que vienen a cambiar una máquina o reparar algo me da un poco de penita, eso de que sean nuestros esclavos creo que no está bien, al menos eso pienso. Nunca les he puesto mucha atención, pero este ángel que vino ayer a la casa me miraba diferente y eso me puso nerviosa, debería de poder denunciarlo o algo. Llegó con su maquinita de colores, me dijo que tenía que tomar algunas mediciones, no entendí muy bien de qué, cosas de ángeles. Quedó que regresaría pero no me dijo cuándo. Espero que sea pronto.

No me gusta ir a la esfera interior, la gente de ahí siempre me ha parecido carente de alma, contenedores vacíos con sensores para responder a cuanto estímulo se les atraviese sin mayor rastro de humanidad. No es que me sienta superior a ellos pero desde la separación de las esferas las diferencias entre ambos no han hecho sino aumentar y cada vez es más difícil encontrar coincidencias y sentirnos miembros de una misma especie. Esta vez me asignaron a tomar medidas de consumo energético en una casa que muestra lecturas muy por debajo del promedio. Los sensores no reportaban ninguna anomalía así que decidieron que alguien debía ir a revisar esto personalmente. Todo parece estar en perfectas condiciones, las máquinas funcionan a la perfección y aunque probablemente haya sido innecesario, recalibré los sensores principales y secundarios. La dueña de la casa es diferente, su mirada no revolotea por todos lados como es común en la esfera interior, cuando le hablé me puso mucha atención aunque no estoy seguro que me haya entendido todo lo que le dije. No debería de ser necesario que regrese a revisar las lecturas, todo está funcionando a la perfección, pero nunca está por demás asegurarse. En un par de semanas volveré a verla; no, tal vez sea mejor la próxima semana.

Los habitantes de la tierra se dividieron hace un poco más de cien años, en el 2084, justo 20 años después de que las máquinas hicieran innecesario el trabajo humano. El dinero dejó de tener razón de existir, todo, absolutamente todo se volvió gratis; y si ya no necesitabas trabajar ¿qué sentido tenía recibir un pago?. Los primeros años fueron un poco caóticos hasta que se implementó la separación de las esferas. Estas no son esferas reales sino tan solo un nombre que se le dio a cada región. En la esfera interior vive la gente que decidió no trabajar ni estudiar. Sus responsabilidades son mínimas y siempre están conectados a alguna pantalla. En la esfera exterior viven los responsables de que todo siga funcionando y mejorando. Ahí viven los ingenieros y científicos, filósofos pintores y poetas, los historiadores y maestros. La vida en la esfera exterior es mucho más pausada, sin los monitores omnipresentes de la esfera interior, el silencio es apreciado y es común ver a la gente sentada en los parques leyendo.

La separación entre esferas es casi inexistente, una caseta en la orilla de las ciudades donde declaras de que esfera eres ciudadano al entrar, y hacia dónde vas al salir. Esto más bien por motivos de organización que de control, los países dejaron de existir junto con el dinero y cada quien es libre de viajar y vivir donde quiera, el conteo simplemente se lleva para garantizar que todo mundo en cada ciudad tenga los recursos para vivir cómodamente. Es común que los habitantes de la esfera exterior visiten la esfera interior para revisar que todo esté funcionando de manera adecuada, instalar nueva maquinaria y tratar de detectar posibles problemas. Como siempre que visitan la esfera interior visten batas blancas de laboratorio sus habitantes los llaman ángeles, y algunos les atribuyen ciertos poderes mágicos con los que logran comunicarse con las máquinas. Los habitantes de la esfera exterior llamaban a los de la esfera interior hermanos menores o simplemente hermanos. Esto era para no olvidar que a pesar de la diferencia de intereses son de una misma especie y es su responsabilidad cuidarlos como si fueran sus hermanos pequeños. Aunque la verdad es un poco menos romántica, muchos hermanos piensan que los ángeles son sus esclavos y por eso están obligados a trabajar para mantener sus ciudades funcionando. Por otro lado los ángeles miran a los hermanos como si fueran sus mascotas y les divierte como reaccionan a los cambios que inducen en sus ciudades y forma de vida.

Además de las esferas también existe la Franja. La gente de ahí es diferente, totalmente desconectada de las esferas y de la tecnología, se cree que viven de la caza y pesca como en los tiempos ancestrales pero nadie está seguro. A los hermanos no les importa y los ángeles les tienen un respeto especial y tal vez podría decirse que algo de admiración y es muy raro que violen su privacidad.

La migración entre regiones no es muy común aunque no exista nada que lo impida. A veces alguien de la Franja se muda a la esfera interior cansado de batallar por la comida y más frecuentemente ángeles se mudan a la esfera interior para no seguir trabajando aunque la mayoría de las veces después de un par de meses se les ve de regreso en su esfera. En un par de ocasiones ángeles se mudaron a la franja y nunca más se supo de ellos. Lo que nunca ha sucedido es que habitantes de la franja o hermanos se hayan mudado a la esfera exterior. Podríamos aventurar varias hipótesis de por qué no ha sucedido esto, pero la verdad simple y llana es que nadie a emigrado a la esfera exterior.

--Hola
-- Hola
Estuvieron unos segundos sin saber qué decir hasta que Heberto pudo articular un par de palabras
-- Soy yo
-- Sí ya vi, respondió Ana un poco nerviosa de encontrarse sola de nuevo con este ángel
-- Vine a revisar que todo esté bien
-- Nada ha fallado
Heberto entró en pánico, no tenía motivos para estar ahí y él lo sabía, había checado las lecturas de consumo de la casa de Ana todos los días y aunque el consumo seguía bajo no había nada que indicara algún desperfecto. En ese momento todo se le aclaró, no le interesaban las dichosas lecturas, ni los sensores ni nada sino Ana; y ella le estaba diciendo que se fuera. Heberto hizo el ademán de retirarse cuando el mismo miedo golpeó a Ana como un marro en la nuca
-- ¡No te vayas, pasa a revisar! escuchó Ana su voz, sin estar segura de haber sido ella quien pronunció esas palabras. Su espíritu abandonó su cuerpo por unos segundos.

Ambos respiraron aliviados mientras Heberto entraba a casa de Ana, haciéndose nudos sin saber muy bien qué decir ni cómo comportarse.

-- No tienes ninguna pantalla prendida, ¿segura que todo funciona bien?
-- Sí, cuando estoy aquí en casa muchas veces no prendo nada, me gusta dibujar y las pantallas me distraen demasiado
-- Entiendo, esa es la razón por la cual tus lecturas aparecen bajas
-- ¿Y eso es malo?, perdón, soy una maleducada, ¿quieres que prenda algunas pantallas?, ¿quieres ver algo? ¿llevas mucho desconectado? acá está el cable de estabilidad
-- No, no, tranquila todo está bien, es solo que acabo de entender qué es lo que pasa con tu casa
-- ¿Eso quiere decir que ya todo está arreglado?
-- Sí, no te preocupes. Me decías que te gusta dibujar
-- No soy muy buena pero me hace sentir muy bien, empecé a dibujar de niña como juego y no he dejado de hacerlo ¿quieres que te enseñe mis dibujos?
-- Sí por supuesto
-- Prepara un té en lo que voy por mis cosas y dicho esto subió las escaleras corriendo con la felicidad desbordándose por todo el cuerpo. Cuando bajó Heberto la esperaba con un par de tazas humeantes de té.
-- ¿Te gustó mi máquina para el té? esta es nueva y es diferente, ¿ya la conocías?
-- Sí, yo participé en su diseño dijo Heberto muy orgulloso de poderle presumir su utilidad
-- ¿Qué quieres decir con que participaste en el diseño?
-- Mmm haz de cuenta que hice los dibujos con las instrucciones para que la máquina que construye estas máquinas sepa cómo hacerlas

Ana se quedó seria pensando, nunca se había preguntado cómo se hacían las cosas, si necesitaba algo solo lo tomaba de la tienda, las máquinas ya sabían cómo fabricar todo. Heberto la observaba preguntándose qué estaría pensando. No quería parecer un pedante y dar explicaciones innecesarias, a decir verdad no sabía cuál era el tono correcto para comunicarse con un hermano menor, nunca había cruzado más de tres palabras con uno. Ana miraba la taza de té frunciendo un poco el ceño con la mayor concentración de la que era capaz y de pronto a Heberto se le escapó

-- Eres perfecta
--  ¿Tú crees? dijo Ana riendo mientras Heberto moría de la vergüenza
-- Sí, pero no te rías, ya mejor enséñame tus dibujos
-- Mira, este es mi favorito dijo mientras extendía una gran hoja blanca. El dibujo mostraba a una niña en el campo volando una cometa y a un lado una familia merendando.
-- ¿Eres tú?
-- Sí, ¿te gusta?
-- Es hermoso
-- Es tuyo, te lo regalo
-- ¿En serio?
-- Sí, claro, si lo quieres
-- Por supuesto, lo voy a enmarcar y lo voy a colgar en mi estudio

El dibujo realmente era bello, trazos fuertes y toscos en su mayor parte y con algunos elementos un poco desproporcionados dibujados con gran detalle y delicadeza para resaltar su importancia. Heberto pensó que a más de un pintor de la esfera exterior le gustaría ser capaz de hacer algo así.

Y así estuvieron horas tratando de encontrar coincidencias en sus vidas tan diferentes. Ana riéndose de Heberto y él sintiéndose apenado de no saber cómo reaccionar

-- Ana, ya me voy
-- ¿Cuándo vas a regresar a revisar mi casa?
-- Todo está funcionando bien, no necesito regresar a
 eso
-- Bueno, entonces ¿cuándo vas a regresar a verme?
-- No, ahora te toca a ti ir a visitarme dijo Heberto para sorprenderla y sacarla de su zona de confort
-- ¡Huy!, ¿vives en ciudad K? 
-- Sí
-- Dame unos días para agarrar valor y te veo allá

Las relaciones entre personas de diferentes esferas son sumamente raras, aunque de nuevo tampoco hay nada que las prohíba. La comunicación era el principal problema, hay muy pocos puntos de coincidencia y aunque la atracción física exista las relaciones interesferas suelen ser muy fugaces por culpa del aburrimiento.

-- ¿A dónde va señorita? 
-- A ciudad K a visitar a un amigo
-- ¿Tiene un amigo ángel?, es usted muy buena. Que tenga una bonita tarde y que se divierta
-- Gracias, ¡lo haré!

Ana tomó su cápsula y 15 minutos después estaba llegando a la estación de ciudad K. Heberto la estaba esperando. Ya había notificado al guardia así que Ana entró directo sin que le preguntaran nada. Esta era la primera vez que Ana estaba en ciudad K, y aunque muchas veces había visto videos la realidad era mucho más imponente de lo que esperaba.

Lo primero que la impactó fue la quietud, casi no había ruido en las calles y los monitores tan comunes en ciudad Z aquí eran prácticamente inexistentes. Tampoco había mucha gente en la calle y muchos iban caminando lo cual es totalmente extravagante si le preguntan a alguien de ciudad Z.

Heberto, ¿por qué son pobres?
¿Pobres? ¿Quiénes? 
Ustedes, los ángeles
¿Por qué piensas que somos pobres?
Es que no tienen tantas cosas como nosotros
Heberto reflexionó un momento y respondió despreocupado
No es que seamos pobres, es que somos diferentes, no necesitamos tantas cosas. Pero tenemos algunas cosas que no existen en ciudad Z. Verás, vamos a ver si encontramos a Will, y la tomó de la mano y caminando la llevó a la famosa cafetería del Bosco.

Ana nunca había estado en una cafetería porque en ciudad Z tenía muchas décadas que no había una. Entraron y se encontraron a Will sonriente atrás de la barra de café y Tom su hijo al pendiente de una tostadora antigua.

-- Hey Will, qué bueno que estás aquí
-- Un gusto verte Heberto, señorita, a usted no la conozco pero sea bienvenida a mi humilde cafetería
-- ¿tú cafetería?, ¿qué es una cafetería?, perdón, perdón, yo siempre tan maleducada, mucho gusto soy Ana y soy amiga de Heberto
-- ¿Amiga de Heberto y nunca había venido a mi cafetería?
-- Ana es de ciudad Z, es la primera vez que me visita
-- ¿De ciudad Z eh?, ¡una turista!, bienvenida, deja te preparo la especialidad de la casa

Will le dio un jarro de barro con café de olla a una asombrada Ana que no conocía el barro ni las cosas hechas a mano. La cafetería del Bosco era un lugar concurrido y pronto llegaron más amigos de Will y alguien destapó una botella de vino y aquello se convirtió en una pequeña fiesta en honor la turista de ciudad Z.

-- Heberto, no me siento bien
-- ¿Qué te pasa? preguntó Heberto sin ocultar su preocupación
-- Llevo todo el día desconectada, no estoy acostumbrada a estar así, ¿dónde está el cable de estabilidad?
-- Nosotros no los usamos, pero en la central de transporte debe de haber, vamos

Se despidieron apresuradamente, tomaron una cápsula local y unos minutos después Ana estaba conectada un cable de estabilidad y ya se sentía un poco mejor. El asunto con los cables de estabilidad es que los hermanos menores están tan acostumbrados a recibir mensajes, videos e interrupciones constantemente, que si pasan demasiado tiempo en ambientes tranquilos su cerebro pierde el balance y es necesario que se conecten a los cables de estabilidad para recibir pulsos de alta frecuencia que obligan al cerebro a trabajar a marchas forzadas para recuperar su estado normal. Después de unos minutos Ana ya respiraba tranquila, conversaron unos momentos más y después ella tomó su cápsula de regreso a ciudad Z.

-- ¿Cómo le fue en ciudad K señorita?
-- ¡Maravilloso!
-- ¿Entonces va a regresar pronto?
-- Van a venir a verme respondió Ana con una sonrisa pícara


Y ahí estaba Heberto dos días después, feliz aunque un poco aturdido de los monitores por todos lados en ciudad Z. Intentaron pasear como en ciudad K pero fue imposible, el ruido constante y las decenas de cosas intentando robar su atención los estaban poniendo de mal humor. Finalmente abandonaron la idea de pasear y se fueron a casa de Ana, donde sin mayor preámbulo procedieron a quitarse la ropa.


-- ¿A dónde va señorita? 
-- A ciudad K ¡a vivir!
-- ¿vivir?, ¿qué quiere decir con vivir?
-- ¡vivir!, dormir, comer, trabajar, amar, ¡todo!
-- Está loca, pero ¡mucha suerte!

Habían pasado algunos meses desde que se conocieron, y cada vez era más frecuente que Ana se quedara a dormir en ciudad K, ya conocía a los amigos de Heberto y hasta estaba considerando un trabajo. Se mudó un viernes y la recibieron con una fiesta en el café de Will; Brynja cocinó un cerdo al horno y hubo música en vivo. Rieron, cantaron y celebraron hasta tarde. Al día siguiente Heberto preparó el desayuno y Ana empezó a leer su primer libro. Así empezó la vida de Ana en la esfera exterior.

Fueron días muy felices para Ana; la esfera exterior era un mundo completamente nuevo. Leyó sus primeros libros, Will le encargó unos cuadros para decorar la cafetería y por las tardes caminaba con Heberto por el bosque. El único problema eran los mareos tan fuertes por la desintoxicación de su cerebro que se resistía a tanta quietud. Heberto le ofreció poner un cable de estabilización en su casa pero Ana se rehusó. Quería pasar por ese proceso lo más pronto posible y ser una ciudadana de K completamente.

Una tarde la atacó un mareo sumamente fuerte mientras bajaba la escalera de la casa, tropezó, dio un par de tumbos y quedó tirada con el cuello roto. Inmediatamente se encendieron las alarmas de la casa y una ambulancia llegó en un par de minutos. Lo mismo que Heberto que estaba a solo unas cuadras y llegó corriendo. Pero ya no había nada que hacer. Ana estaba muerta.

Después de unos días de deambular por ciudad K con el corazón roto Heberto decidió mudarse a ciudad Z. Un poco por nostalgia otro poco para que el ruido le entumeciera el cerebro y disminuyera el dolor. Llegó con sus cosas a casa de Ana pero realmente ahí no había gran cosa para recordarla. Su vida juntos la habían hecho en K. Al principio los monitores y el bombardeo constante tuvieron el efecto esperado de ayudarle a no tener a Ana tan presente, pero a cambio su cerebro estaba constantemente cansado e igualmente las nauseas lo atacaban a cada rato. Tropezó y cayó, no se lastimó pero se quedó tirado un rato pensando en la ironía mientras la gente le pasaba por un lado sin prestarle mayor atención.

Días después el guardia de la frontera lo vio venir con sus pasos cansados y mirada triste.El detector no pudo detectar su identidad así que supo que era un ángel.
-- Buenos días, ¿hacia dónde se dirige?
-- Hacia la franja respondió Heberto mientras le entregaba su documento de identificación
El guarda apartó la mirada de la credencial sin ocultar su sorpresa, en todos los años que llevaba en la frontera nunca le había tocado alguien que fuera a la franja.
-- ¿A la franja?
-- Sí
-- Oiga, ¿pero por qué? 
-- Quiero aprender a vivir dijo Heberto mientras se alejaba sin esperar a que el guardia le devolviera su credencial.

sábado, 22 de julio de 2017

Jeremías el Sapo Majadero

Jeremías era un sapo muy malo. Siempre andaba buscando como molestar a las ranas y a los sapos más chiquitos. Como era el sapo más grande de todo el arroyo le gustaba aprovecharse de eso y no dejaba al resto de los sapos y ranitas vivir en paz.

El duende, que a veces se aburría en la escuela y prefería ir a visitar a sus amiguitos, ese día encontró a los sapitos muy tristes porque Jeremías estaba más tremendo que de costumbre y no los quería dejar meterse al arroyo a jugar, y estaba haciendo mucho calor. Cuando el duende escuchó esto se enojó mucho y fue a hablar con Jeremías.

Lo encontró muy contento en medio de un charco bailando y silbando como si no pasara nada, pero cuando vio el ceño fruncido del duende se asustó y dejó inmediatamente de bailar.
--Ven conmigo Jeremías dijo el duende con tal voz de mando que Jeremías no se atrevió a replicar. Empezaron a caminar siguiendo el arroyo. Caminaron en silencio mucho, mucho, mucho, hasta que llegaron a un lugar donde había una poza de agua estancada. Era un sitio solitario y no se miraba ningún otro animalito en los alrededores. Solo unas grandes piedras, algunas palmeras del desierto y un silencio incómodo.

El duende se sentó y se quedó viendo a Jeremías sin decir palabra. Jeremías estaba bastante asustado pues sabía que el duende lo podía golpear ahí y nadie iba a darse cuenta. Además como era un sapo muy majadero lo más probables es que nadie quisiera ayudarle de todos modos.

Después de unos minutos finalmente el duende habló
-- ¿Estás asustado?
-- Sí, ¿por qué me haces esto? 
-- ¿Ahora ves cómo se sienten las ranitas cuando las molestas?

Jeremías no respondió, simplemente se puso muy serio y emprendió el camino de vuelta a casa.
Las ranas no volvieron a quejarse de Jeremías. Ahora cuando el duende iba al arroyo lo miraba jugando solo sin molestar a nadie. Meses después, una tarde particularmente calurosa el duende se encontró a Jeremías en medio de todas las ranitas; se preocupó porque pensó que había empezado a molestarlas de nuevo hasta que una ranita sonriente le gritó

-- Ven! duende, estamos jugando muy a gusto con el agua fresca

Y Jeremías, en medio de todas las ranas, sonriente por tener muchos nuevos amiguitos

sábado, 15 de julio de 2017

Maryam

Supe de la existencia de Maryam Mirzakhaní cuando ganó su medalla Fields. Este no es un logro menor, las medallas Fields son el equivalente al premio Nobel en las matemáticas, con la diferencia de que no se entregan cada año sino cada cuatro y no es solo una sino pueden ser hasta cuatro premiados. A pesar de no ser tan famosas como un Nobel son el máximo galardón al que un matemático puede aspirar.

Hay algo especial en la medalla de Maryam, y es que es la primera medalla otorgada a una mujer en toda la historia de tan prestigioso premio. Además por si fuera poco Maryam es de nacionalidad Iraní. Nacida y criada en Teheran. Dejen reposar esto durante cinco minutos.

No voy a presumir que entiendo la importancia del trabajo de Maryam, si bien estudié física y las matemáticas las tengo muy cerca de mi corazón, estas son una ciencia muy amplia y compleja
como para que un aficionado casual la entienda. Así, si me preguntan si ella es más importante que Paul Erdős no tendría la mínima base para responder.

Tampoco puedo presumir que entiendo lo difícil que debe de haber sido para una mujer en Irán
educarse en matemáticas. Es una sociedad tan cerrada con tantas restricciones y prejuicios que simplemente llegar a la universidad debe de ser un logro por si mismo.

Igual el ambiente de las matemáticas no tiene un piso parejo y tal vez por esto mismo solo una mujer haya ganado la medalla. Igual no puedo decir que entiendo lo que es batallar en una profesión dominada por hombres.

Lo único que medio entiendo, porque sé de las largas horas de trabajo que se requieren para dedicarse a la ciencia, es que debe de haber trabajado mucho. Y debe de haber sido muy brillante y muy comprometida con su trabajo. Tanto que nunca quiso ser la imagen de la mujer en las matemáticas porque esto la distraería de sus investigaciones aunque tal vez esto le hubiera traído más fama y dinero.

Hoy falleció a sus apenas cuarenta años y esto me pone muy triste, porque perdimos alguien que representa nuestros mejores valores. Y porque deja a una hija pequeña que seguro extrañará mucho a su madre


sábado, 1 de julio de 2017

Felipero

Esta historia no empieza por el principio, y es que recordar los días en Rhinocerus es algo intenso, por decir lo menos. Aquello fue caminar en fuego y tocar el cielo a la vez. Una historia así, no es posible escribirla de una sentada y en orden; sus capítulos irán brotando poco a poco y tal vez algún día se unan como retazos de colcha de viejita.

Por aquellos días, 2003 o 2004 tal vez, Tijuana estaba dando sus primeros pasos en la industria del software y CANIETI organizó un gran evento que se llamó IT Americas o algo así rimbombante y de mucho caché. Era una especie de encuentro de negocios al que asistió gente de todo el país. Había un salón grande en el hotel Camino Real con booths de empresas de la región. Telnor y CICESE tenían un par de espacios inmensos y la UABC ocupaba un tercer lugar no muy distante.

También hubo algunas conferencias, de las cuales la principal era la de Felipe Sánchez Romero, director general de Microsoft para Latinoamérica. Felipe era el rockstar del evento, era Bono visitando un ranchito, pues como les digo, la industria de IT en aquella época era practicamente inexistente en Baja California.

Por una afortunada coincidencia Felipe era amigo de Jorge Sánchez, nuestro socio, y Jorge lo recogió en el aeropuerto y Felipe accedió a platicar unos minutos con nosotros en privado. El hotel sede era el Camino Real, ahí conseguimos una pequeña sala sin proyector ni pantalla, es más, ni Internet tenía. ¿pueden creerlo?, así de avanzado estaba Tijuana. Le mostramos las aplicaciones de escrito, le platicamos de lo que estábamos haciendo en web y los planes que teníamos para móvil y la integración de servicios. Los 20 minutos que nos había prometido se convirtieron en dos horas, le soltamos toda la visión que traíamos de la integración de móvil y web y como los servicios web con información local cada vez tendrían un papel más preponderante.

Le gustó lo que oyó, nos ofreció su apoyo pero en ese momento no sabíamos que esperar, excepto una palmadita en la espalda. Nos regaló dos años de soporte técnico del que vale caro, y lo usamos unas tres o cuatro veces. Levantábamos el teléfono, dábamos el código que nos regaló y acto seguido nos atendía un ingeniero de Microsoft por el tiempo que fuera necesario sin que jamas nos cobraran un peso.

Sin Internet no había mucho más que mostrarle y Felipe se tenía que ir a cenar con el gobernador y los empresarios más importante de la localidad. Nosotros salimos de ahí muy emocionados por la validación de que íbamos por el camino correcto.

Al día siguiente entramos a su conferencia magistral; en un salón grandote y lleno de gente presentó un video con la visión a futuro de Microsoft. Video lleno de ideas futuristas que hoy nos resultan cotidianas. En un momento de la presentación dijo que le auguraba mucho éxito a la región y volteando hacia nosotros sonriendo dijo que se iba gratamente impresionado con una empresa de la ciudad que le había tocado conocer y que tenía excelente tecnología pero que el reto ahora era que ejecutaran estrategias de marketing de manera correcta. No dijo nuestro nombre, lo cual hubiera estado genial, pero después nos destapó. Se terminó la conferencia y nos fuimos a nuestro booth, que no era otra cosa que una mesita minúscula en el rincón más piojoso de la expo, con un monitorsito flat de 18 pulgadas. Pero con Internet...

A Felipe le dieron el tour de la expo como si fuera Ricky Martin en Miami. Gran comitiva atrás de él y un par de cámaras de televisión filmándolo. Cuando ya iba a llegar con nosotros escuché que le dijo su asistente

-Ya vámonos Felipe, nos va a dejar el avión
- Espérate, deja te muestro una empresa chingona

Y dicho esto se saltó uno o dos booths y llegó con nosotros y me saludó

- Qué tal Alfonso, ¿cómo estás?
- Muy bien Felipe, un gusto saludarlo
- ¿Viste que les eché porras en mi plática?
- Sí, muchas gracias, fue muy emocionante
- ¿Qué me vas a mostrar hoy que sí tienes Internet? 
- Mire, esta es la aplicación web que le decía, en este mapa puede buscar direcciones y le muestra todas las opciones aunque tenga faltas de ortografía, porque, ¿quién sabe escribir Cuauhtémoc? 

Le dije mientras buscaba algo como kuautemoc y le mostraba los resultados.

- Pero apenas empieza lo interesante -añadí- imagínese que necesita un dentista, solo hace la búsqueda y le muestra la ubicación de los dentistas cercanos y sus datos de contacto, ¿ve? aquí estamos y aquí en el mapa están los dentistas de la zona
- ¿Estos datos son reales?
- Sí, levantamos un censo
- ¿Y qué sigue después de esto?, me preguntó para que me luciera, pues de esto ya habíamos hablado
- Sigue llevar esto al teléfono, ahí es donde serán más útiles los mapas
- ¿Ves? le dio a su asistente, Te dije que esta era una empresa chingona

Procedió a despedirse y mientras se alejaba hizo una pausa, se volteó pensativo y me dijo

- Tú vas a ser un hombre muy rico

Se dio la media vuelta y se fue. Y yo ... todavía no pierdo la fe

viernes, 28 de abril de 2017

La Madre Refugio y el Padre Mario

La madre Refugio para mi era la representación de la bondad. Supongo que debe de haber sido mi maestra de preprimaria en el Colegio México. Y les digo supongo porque la verdad no recuerdo, lo que si recuerdo es siempre haber tenido un gran cariño por ella, mirarla era una fiesta, siempre con su sonrisa alegre y siempre muy cariñosa.

Les tengo que pedir disculpas, hay muchas cosas que no recuerdo; creo, pero igual no estoy seguro, que me dio clases en el catecismo, estoy seguro que ella no fue la principal catequista, pero allá a lo lejos la recuerdo hablándonos sobre Jesús.

La primera comunión la hice con el padre Mario Balbiani, de aquellos famosos misioneros Combonianos, igual de él tengo buenos recuerdos. Siempre amable y sonriente con nosotros de niños. Después se fue a Loreto y no entendía en aquella época por qué no regresaba de cuando en cuando a visitarnos si en el pueblo se le apreciaba tanto.

Con el paso de los años ya no miraba tan seguido a la Madre Refugio, solo de cuando en cuando en misa y después, cuando ya estaba estudiando en la universidad a veces en vacaciones iba a visitarla al colegio y siempre me recibió con una sonrisa.


 Nunca se me ocurrió que se fuera a ir del pueblo pero a fin de cuentas era una religiosa y tenía sus reglas que cumplir. Ya estaba grande cuando se fue, supongo que a una casa de retiro donde pudieran cuidarla mejor. Me hubiera gustado ir a verla pero lamentablemente nunca tuve oportunidad. Sin embargo la tengo en mi lista de las personas que hicieron mi infancia muy feliz!