viernes, 31 de octubre de 2008

Pancho Venereo

Pancho tenía la costumbre de tomarme por sorpresa y desafortunadamente esta vez me sorprendió al pasar por el edificio del CECUE y me topé con un altar de muertos dedicado a él. Les agradezco a los alumnos que hayan tenido el gesto de honrarlo de esa manera.

Pancho fue mi compañero en la facultad, él ya había estudiado filosofa y letras cuando entró a estudiar una segunda carrera; licenciado en ciencias computacionales. Yo estaba en física pero compartimos muchas materias desde primer semestre: calculo I,II, III y IV, Geometría analítica, álgebra y me imagino que algunas materias más de matemáticas que de momento no recuerdo.

El era mayor que el resto de la clase, ya estaba casado y con hijas y por lo mismo era un gran punto de apoyo, porque daba una visión madura a muchos problemas y discusiones. Yo, irreverente que siempre he sido, lo desacralizaba diciéndole Pancho Venereo en lugar de Venegas que era su apellido. Y nomás se sonreía y me tenia paciencia.

Lo recuerdo con su bolita: Concha, Eloisa, Vicky, fumando y con su sonrisa franca y su gran bigote. A veces hablábamos de matemáticas pero no recuerdo que fuera un fanático, tampoco lo recuerdo jugando ajedrez como aparece en su altar. Lo que si recuerdo es que era un gran conversador.

Luego yo me atrasé en la escuela y el siguió avanzando con el mismo grupo. Ya no platicamos tanto como cuando éramos compañeros pero nunca dejamos de tocar base de cuando en cuando.

Cuando salimos de la escuela nos encontrábamos de vez en vez en eventos relacionados con la industria del software e invariablemente terminábamos hablando sobre la falta de complejidad en los proyectos que atacábamos en la región. Nunca supe a ciencia cierta que puesto tenía en aquellos días, había cosas más interesantes que platicar que la pompa y circunstancia del protocolo en la U.A.B.C.

Un día me lo encontré bastante delgado en el café tomas de la calle diez y lo saludé efusivamente como era mi costumbre Pancho Venéreo! le dije y volteo a verme y me dijo Tu cara se me hace conocida pero no me acuerdo de tu nombre. Y se me vino la noche encima. ¿qué te pasó Pancho? le pregunté y me empezó a contar de su enfermedad. Mi amigo, ese hombre inteligente de comentarios ácidos y sonrisa franca se había ido y no sabíamos si iba a regresar.

Ahora que me entero accidentalmente de su muerte no puedo dejar de sentir nostalgia y un poco de coraje por todas las conversaciones que nunca pudimos tener.

Pancho, donde estés Un abrazo!

domingo, 19 de octubre de 2008

compa ¿y esa carabina que?


Esta es la crónica de mi primer viaje a Ajijic, tal vez se preguntarán ustedes que fui a hacer a un pueblito con tantos puntos en su nombre que parece escandinavo en vez de estar a orillas del lago de chapala. Pues bien, fui a visitar a mis compas Beto y Lauro, esto tal vez necesite muchas más explicaciones empezando por quienes son el Beto y el Lauro, pero esa es otra historia que tal vez algún día será contada, por hoy basta saber que son mis compas que vivían hace 10 años en Ajijic.
Llegué al aeropuerto de Guadalajara como a las tres de la tarde, realmente esperaba que alguien hubiera ido a recogerme pero nada, mala suerte. Y ahí les voy a pedir información turística. Señorita ¿como hago para llegar a Ajijic? Necesita tomar un taxi, me respondió. Fui, pagué mi boleto del taxi, 80 pesos, debe de estar bien cerquita pensé. Y ahí les voy en el taxi, y pasaron muchos kilometros y acostumbrado a lo que cobran los taxistas en Tijuana pensé que me estaba llevando a algún lugar despoblado para asaltarme en cuanto se baje de la carretera le parto su madre. me dije. Pero no, simplemente era barato, al rato de caminar vi un letrero que decía Chapala 10 km, Ajijic 18 Km, Ok, todo va bien.

Y entramos al pueblito, precioso, con una entrada que parece un arco largo de arboles que se unen y el taxista lanza la pregunta que me trae de nuevo al mundo ¿para donde joven?. Y la verdad es que no tenía ni idea, no traia direcciones de nadie, nomás agarré el avión encomendado a la virgen de pueblo chico. Más enfrente dije y en eso la virgen me socorrió, vi al Lauro saliendo del restaurant de Bruno, aquí es carnal, párate. El Lauro me vió se rio y dijo El Ponshho en Ajijic y pues ya saben, la típica, ¿que ondas?, ¿como estas? que bueno que viniste. Vente vamos al camaleón, ahí está el Beto. Y ahí vamos, jamás había entrado a un bar con tantas obras de arte y de mero atras salió el Beto, pero no era el mismo Beto que conocí en Ensenada, era uno mucho más gordito y me costó mucho trabajo reconocerlo.

Estaban arreglando el camaleón porque iba a haber un evento cultural, El Lauro iba a cantar, había exposición de pintura, los maderos de San Juan iban a tocar y el Lalo Quimixto iba a leer su poesía. El Lauro se regresó a trabajar y yo me quedé en el camaleón conociendo en persona a toda esa gente que conocía por carta o por referencias, la Raque, la Sofía, el Ivon, el Fito, etc.

Total que el borlote empezo, platique y platique, tome y tome, alguien traía un guaje con pulque y nos lo tomamos todito y le seguimos con tequila. Traíamos un desmadre hermoso, el Lauro cantó y todo mundo le aplaudió mucho, Lalo Quimixto declamó Soy de la estirpe vagabunda, tengo 28 años. Los maderos de San Juan tocaron y la verdad no recuerdo quien más participó. Me acuerdo de la Sigli, ohh si me acuerdo de la Sigli. No se ni como estuvo que empecé a platicar con ella, total que le dije que era físico y ella pensó que de ahí de Guadalajara, total que después de una plática digna de una comedia de equivocaciones del cine mexicano, caimos en cuenta que yo era el Poncho y ella era la Sigli. Me imagino que debo de habermela pasado el resto de la noche platicando con ella, digo, es lo que tiene sentido ¿no?

Salimos quien sabe a que horas del camaleón y nos fuimos a las banquitas que están cerca del lago, ahí estuvimos platicando otro rato la Raque, Carmelo, Sigli, y yo. Al final de la noche fuimos a dejar a las muchachas a casa de Raque, buenas noches y que Dios las bendiga, sigan conservandose guapas y encantadoras. Y 5 minutos después que nos detiene la polecia. LLegaron en un pickup blanco como con 5 polecias en la caja y 2 enfrente, nos echaron las luces y se bajaron bien fieras, y nosotros ahogados a las 5 de la mañana y con cara de delincuentes. Y que me pone uno en la panza el cañón de su rifle todo oxidado al grito de ¿que traen?. compa ¿y esa carabina que? ¿se la robaste al maistro de la feria?, le dije mientras me atacaba de la risa de mi ocurrencia. Y pues el pobre polecía se me quedo viendo con cara de ¿ahora que hago?, si ya hasta me sentía comando?. Y que se baja el comandante
¿que pasó joven?,
nada oficial que aquí su compañero me quiere pegar el tetanos. Y otra vez la risa
¿de donde vienes?, me preguntó, me imagino que por mi acento,
turista de tijuana
,
¿y donde te estás quedando?,
en casa de mi compa Betorock
.
Total que agarramos la plática, que si el grupo táctico, que si el narcotunel, que si estaba muy dificil para sacar la visa y mientras tanto al Carmelo, que por ser rockero y de Guanatos era doblemente sospechoso de quien sabe que, lo estaban registrando de rodillas enfrente de la patrulla. Vayanse con cuidado muchachos, los cholos son bien peligrosos aquí. Bueno, yo les notifico a los mis buenos vecinos de los módulos en Tijuana, pensé decirle pero me venció la prudencia.

Al día siguiente nos la pasamos toda la tarde platicando y tocando música en casa de Beto, el Ray y yo concluimos que nos gustaba la Sigli. Ya de noche los maderos y el Lalo Quimixto se fueron al lago y regresaron con una tina de charales y no se que otras cosas que le tumbaron a unos pescadores. ¿y que mejor lugar para separar el pescado del resto de cochinero que la sala de Sofía?. Pues tómala que le hacen un tiradero como a las 2 de la mañana y pues ni modo, a reirse de la situación.


Los siguientes días hubo menos pachanga y mucha más conversación, retomando temas con el Beto, conociendo a Sofía y a Raque, al Ivon. Por las mañanas un desayuno en la fonda Ajijic y unas cervecitas oficiales por las tardes en el camaleon. Venía de una temporada de mucho trabajo y estaba física y mentalmente agotado y Ajijic me sirvió para poco a poco ir recuperando la tranquilidad perdida.

La Sigli llego un par de veces de visita y nos pasamos las horas platicando en las banquitas de a un lado del muelle, recuerdo a lo lejos que me platicó de un sueño que tuvo de unos barcos voladores dentro de una esfera. Mmmm ¿no les hace sentido?, en ese momento les aseguro que lo tenía. Sigli es pintora y en el camaleón estaba expuesto un cuadro suyo de una mujer marina, la mujer con cuernos le llamaba ella y yo la telepateaba para que me lo regalara o de perdida me diera un beso pero de nuevo la suerte no estaba de mi lado.


Un día quedamos de vernos en Chapala despues de que saliera de trabajar en Guadalajara. Y tomé el camion a Chapala y en la terminal de camiones la esperé a que llegara a la hora convenida. Y como suele suceder en estas historias, no llegó. Yo llevaba un libro de Umberto Ecco así que tenía en que entretenerme. Pregunté con que frecuencia llegaban los camiones de Guanatos. Cada media hora, me informaron. Y me dispuse a esperarla y así pasaron las horas y las paginas y ya noche regresé a Ajijic con el corazon estrujado. Tal vez para mi descargo valga la pena hacer notar que los celulares no eran de uso común todavía.


Ajijic es un pueblo de artistas, está lleno de galerias y por ende de pintores. De la clica el pintor más afamado era el Chivo, Isidro Xilonzochitl que pinta unos cuadros medios pachecos pero muy curas. El era discipulo de Dionisio, el nicho, nichaman tambien le llamaban porque tiene pasión por invocar a los espiritus y cuenta que una vez que se subió al cerro a comer peyote se convirtió en venado. Igual en ese viaje fue la primera vez que comí peyote. Un día llego el Lauro por mi a dar la vuelta en bicleta, después de un rato sacó un par de peyotitos y me dio uno. El sabía que yo tenia ganas de experimentar con alucinogenos y que mejor lugar que ese pueblo mágico diría un chilango. Total que me lo comí y despues de andar mucho rato le dije al Lauro

Carnal, no siento ni madres,

es que estaba muy chiquito,

bueno, ni modo.

Y llegamos a casa de la profe Laura y pues a platicar, empiezó a llover y de repente la lluvia ya no eran gotas sino grandes hojas de vidrio que al caer se estrellaban y al rebotar se convertian en gotas. Ahí caí en cuenta que estaba todo empeyotado. Me dio mucha pena, me despedí atropelladamente y me fuí. En ese estado la lluvia cayendo en mis brazos daba una sensación loquisima y yo queriendo analizarlo todo. Un par de días más tarde subí al cerro y me comí un peyotote, la crónica de esa tarde se las voy a quedar a deber. Lo siento, demasiado colores. Sin embargo no me convertí en venado, de nuevo la mala suerte.


Ajijic no estaría completo sin el León y Natalia, es decir el hijo de Beto y Sofia la hermanita del Lauro. Ellos iban juntos en el kinder y por esos días iban a salir en una obra de teatro conmemorativa del día de la raza. El León salio de Tierra a la vista y Natalia de la Reina Isabel, por supuesto. Y fuimos de mitoteros a ver a los enanos, que se portaron muy serios y muy en su papel durante toda la obra, pero en cuanto se acabó y les dijeron que ya se podían salir Natalia me brincó encima Poncho! y el Leon atacado de risa me decía Poncho ponchado.


Y así pasaron 15 dias en el paraiso y había que regresar a trabajar a Tijuana. He regresado varias veces. Ahora Lauro ya no esta ahí, a Sigli no la volví a ver, el Leon ya va en la secundaria y el camaleón ahora tiene una pintura horrible por fuera, el pueblo sigue precioso y cada que voy me regreso con la ilusion de poderme quedar al menos otros 15 días o unos años.