lunes, 3 de enero de 2022

El Onasis

El Onasis siempre fue mi amigo a pesar de la diferencia de edad; no sé si fue el beisbol o lo traviesos lo que nos unió, pero desde que vivíamos en Guerrero Negro jugábamos beis y hacíamos babosadas y nos reíamos muy a gusto. Aunque cuando convivimos más fue en nuestros días de universitarios. Aquí les dejo tres bonitas anécdotas de esos tiempos.

Tú, tú y tú 

Onasis Talamantes
Como ustedes bien saben, el Onasis era muy bueno para pichar y en Ensenada jugaba con el equipo de la UABC. En la ocasión que les voy a contar, andaba en un nacional de universidades e iba a ser el picher abridor de la final. Un día antes del juego estaba acostado en un catre a un lado de la piscina del hotel. Ya había varios botes vacíos a su lado. En eso pasó el rector, junto con el director del Dadyr (departamento de deportes de la UABC), y el Güero Martinez, que creo que en esos días era algo de bienestar estudiantil. Oye, ¿ese no es tu picher estrella, el que va a abrir mañana? le preguntó el rector al del Dadyr, y este respondió tartamudeando, Ahorita le voy a hablar a su entrenador. 

El Onasis había escuchado la conversación y les dijo, no, no, no, al Sibori ni lo molesten, y les voy a dar tres razones: una, no me está pichando las cheves, dos, no me está haciendo manita de cochi para que me las tome, y tres... después de batallar un poco, no pudo encontrar una tercera razón y finalizó,  además tú, tú y tú chinguen a su madre, les dijo al rector y compañía. El día siguiente pichó su último juego para la UABC

Los Choyeros

Resulta que una vez se nos ocurrió hacer equipos de softbol y basket para el torneo intramuros de la UABC con pura raza de Guerrero Negro. Tal vez se me pase alguno pero hasta donde recuerdo estábamos: El Gabino, la Foquita, el Tony, el Onasis, el Pepe Ibarra, el Nando, el Baiza, el Pizcuacho, el Cuak y yo.

El primer día nos tocó doble juego, primero de basket y luego de soft. El de basket lo perdimos apenitas, pero en el de soft nos pusieron una chinga unos batos de contabilidad y administración. El Onasis los conocía y nos dijo que eran puro bato de la selección. De cualquier modo no nos deprimimos y nos fuimos muy contentos a echarnos unas cervezas a la casa del Onasis por la Ruiz. No sé a quién se le ocurrió rentar una película, y con pizza y cerveza en mano nos dispusimos a ver Los pelotones de mi general. Ya saben, éramos pura gente fina y conocedora.

Y pues ahí nos tienen rumiando las derrotas de la mejor manera posible cuando oímos al Gabino hablando al radio

- Buenas tardes señorita, quisiera ver puede mandar un saludo
- Sí, cómo no, ¿a quién?
- Somos un equipo deportivo de Guerrero Negro, en Baja California Sur, vinimos a competir en softbol y basketbol y hoy quedamos campeones en ambas cosas
- ¿Y cómo se llama el equipo?
- Somos los Choyeros de Guerrero Negro
- Va pues un saludo para los Choyeros, un equipo que vino de lejanas tierras a competir, ¡y se va con primeros lugares!

 Y mientras tanto nosotros atacados de la risa y la Nina haciendo corajes con el Onasis quién sabe por qué

Incendio en el aeropuerto

Esa vez el Onasis había ido al oculista a que le hiciera quién sabe qué cosa y Zarina no lo dejaba salir y ya tenía días encerrado y estaba muy, pero muy enfadado. Total que me habló por teléfono al trabajo y urdimos un plan. Iba a pasar yo por él y le íbamos a decir a su mamá que me tenía que acompañar a la biblioteca a sacar un libro porque mi credencial de estudiante estaba vencida y no la había renovado todavía. 

Llegué por el Onasis con la cara más inocente que tenía, Zarina me echó una mirada de desconfianza pero finalmente accedió a darle permiso, sospecho que el hecho de que mi mamá fuera su comadre influyó en la decisión. Por supuesto que no fuimos a la biblioteca sino nos fuimos derechito al Hussong's. Nos sentamos en la barra y pedimos un par de bohemias. Era temprano, tal vez las cuatro de la tarde y el changarro estaba solo, así que el bar tender estaba con un ojo al gato y otro al garabato poniéndole atención a nuestra conversación, y es que nos estábamos riendo muy a gusto. La anécdota que me estaba contando era de cuando trabajó en Exportadora de ayudante de soldador o algo similar, y una tarde estaba chambeando en el hangar del aeropuerto del pueblo. Una chispa provocó un pequeño incendio y el jefe le pidió al Onasis que llevara agua para apagarlo, pero con los nervios por el incendio en vez de ir a buscar agua tomó una cubeta con un líquido transparente que se encontró a la mano. Para su fortuna algo lo hizo ser un poco precavido y en vez de aventar toda la cubeta de golpe, tomó un poco con la mano y lo aventó al fuego. El problema es que no era agua sino turbosina, y el incendio creció enormemente. Cuando el Onasis dijo esto y yo me carcajeaba de la risa, el bar tender preguntó riéndose ¿Quién fue ese pendejo? Yo, respondió el Onasis con una sonrisa incómoda. Ah dijo el bar tender y se fue para el otro lado de la barra después de haber metido la pata.

Total que finalmente pudieron apagar el incendio pero se quemó toda una pared del hangar. Llegó el ingeniero Bremer cuando todavía estaba echando humito. Preguntó qué había pasado y pues le dijeron la verdad cruda y dura. Se le quedó viendo al Onasis y le dijo Te me haces conocido. Soy hijo del Tita. Esto terminó por salvarlo y no lo corrieron.

Salimos del Hussong's como a las 9 y le di raite a su casa, con lo que no contaba es que se iba a hacer loco y no iba a entrar. Cuando me fui se esperó un momento y se regresó a la Primera y Ruíz. Al día siguiente me platicó que llegó a su casa como a la una. Por supuesto que nunca volví a pedirle permiso a Zarina de que lo dejara salir a jugar.