jueves, 28 de diciembre de 2017

La navidad que conocí a mi apá

Cuando era adolescente me llevaba muy mal con mi apá. Él era muy autoritario y yo rebelde, el choque generacional era muy duro; a él de niño su mamá, mi nana Matilde, le decía, ve por el chicote y llévaselo a tu papá para que te pegue e iba muy obediente. Yo no, a mí también me pegaban pero primero me tenían que alcanzar. Así que esa tensión entre la obediencia esperada y mi rebeldía continua era demasiado para nuestra relación y la cuerda terminó por reventar. A los 15 años me enfadé, me salí de la casa y me fui a vivir con mi tía Yochi.

Pasaron meses sin hablarnos y casi sin vernos, si por casualidad nos encontrábamos en la calle ni siquiera nos saludábamos. A veces coincidíamos en la casa a la hora de la comida pero trataba de que no fuera frecuente, si podía evitar verlo lo hacía. No recuerdo cómo fue que regresé a la casa pero de todos modos nuestra relación seguía sin ser buena.

A la mamá de mi compa David Rondero la conocí cuando íbamos en la secundaria, por alguna razón que no recuerdo toda mi familia salió del pueblo y para que no faltara a la escuela me dejaron encargado en casa de la familia Davis. Ahí Doña Mercedes les ayudaba y me trató con mucho cariño los días que estuve ahí, me regañaba por traer el uniforme todo sucio cuando tenía taller de mecánica, pero luego se reía, al cabo solo lo voy a batallar unos días seguro pensaba.
Juan Pablo y David

El David era de mi bolita junto con el Juan Pablo, Chema, Ricardo Díaz, Felipe Bremer y las muchachas: Yaqui, Lily, Luz Emma, Adriana y Lulú. Una gran pandilla como las que verán ustedes ahora en películas y series nostálgicas ochenteras. Así que cuando íbamos a buscar al David a su casa su mamá siempre nos recibía con una sonrisa, así la recuerdo.
Adriana, Juan Pablo, Yaqui y Lily





Doña Mercedes era amiga de mi apá y él la estimaba bastante, así que a ambos nos cayó como balde de agua fría la noticia de su muerte en pleno 24 de diciembre. Lo recuerdo entrando muy serio a la casa Alístate, se murió la mamá de tu amigo David y vamos a ir a acompañarlos. Llegamos a casa del Ponchado, y nos quedamos afuera en el patio. Fue algo totalmente inesperado, había estado cocinando el pavo y se fue a acostar para descansar en lo que estaba listo y ya no despertó. Tremendo.

Y ahí estábamos mi apá y yo, sin otra opción más que hablar entre nosotros y empezamos a hacerlo, pero tal vez por lo intenso del momento la plática no fue normal. La conversación giró hacia temas importantes, íntimos, de esos de los que no sueles hablar con tus padres. Me dijo muchas cosas, de sus preocupaciones y temores. Por un momento se desnudó de esa armadura de hombre fuerte y fue sincero conmigo. Hablamos de nuestra relación y le dije todo lo que nunca le había podido decir sin que se enojara. Y no solo nos reconciliamos, sino que nos volvimos mejores amigos después de esa noche. Volvimos a ver el béisbol juntos, a salir a pescar, a contarnos y reírnos de nuestras aventuras, a viajar. Esa noche recuperé a mi padre.
Doña Mercedes y sus hijos.

Sé que para mi amigo debe de haber sido terrible perder a su madre, pero en su partida me dejó un gran regalo de amor; por ello le estaré siempre agradecido y cada nochebuena la recuerdo con cariño.

David, un fuerte abrazo.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Las máquinas

Finalmente, tal y como se predijo tantas veces las máquinas empezaron a tomar el control, solo que no fue como lo habíamos imaginado. No hubo asesinatos de humanos, ni guerras, ni nada que se le parezca, todo empezó de la manera más normal que se puedan imaginar, con un simple fallo en el suministro de la energía eléctrica en Tijuana. Minutos más tarde la falla se extendió a Rosarito, Tecate y San Diego. Justo a las ocho horas después se restableció la energía sin que los técnicos pudieran establecer la causa del problema. Pasó un mes sin novedad y el incidente solo fue nota para los periódicos locales.

Y volvió a suceder, esta vez simultáneamente en Saskatoon, Osaka y Valparaiso. De nuevo ocho horas exactas y de nuevo inexplicablemente todo regresó a la normalidad. Tampoco tuvo mayor importancia y solo los medios locales comentaron algo, todavía nadie empezaba a conectar los puntos.

Tan solo había transcurrido una semana cuando regresaron los apagones; esta vez en seis ciudades y ya no pasó desapercibido. El mundo amaneció con la noticia de apagones misteriosos, pero aun esto tenía tintes de curiosidad más que de emergencia. La frecuencia de estos empezó a aumentar y la economía empezó a crujir ante los retrasos y las pérdidas. Como no sabíamos cuándo una ciudad iba a ser afectada, la incertidumbre destrozaba cualquier tipo de planeación.

Finalmente el día 70 de la crisis un grupo de ingenieros Checos detectó pulsos de baja intensidad y alta frecuencia en la red eléctrica durante un apagón en Praga. Algo estaba hablando a través de la infraestructura eléctrica. Vaĉlav, un ingeniero con un gran poder de abstracción se dio cuenta que quien quiera que estuviera hablando en la red seguro no lo hacía solo durante los apagones sino que lo haría continuamente y el apagón simplemente era un rato de tranquilidad y silencio que les había permitido captar estos murmullos. Para probar su hipótesis se dio a la tarea de construir un filtro para escuchar estos paquetes mientras la corriente fluía normalmente.

Y tenía razón, ahí estaba en todo momento esta conversación y quién sabe cuánto tiempo llevaría ocurriendo, tal vez años y no nos habíamos dado cuenta. Excitados por el descubrimiento Vaĉlav y su equipo construyeron una interfaz para procesar en tiempo real estos extraños mensajes. Trabajaron día y noche durante un par de semanas hasta tener un circuito estable que pudieron conectar a una computadora para empezar a descifrar los mensajes en la red. Publicaron en la web su diseño urgiendo a que se copiara en todo el mundo para tener la mayor cantidad de datos que ayudaran en el proceso de descifrado de los mensajes.

En Vancouver estuvieron listos muy pronto, intentaron comunicarse con Praga para avisarles que ellos también empezarían a tomar lecturas pero no recibieron respuesta. Asumieron que Praga debía de estar bajo los efectos de un apagón y no le dieron importancia, ni siquiera se tomaron la molestia de consultar el tablero mundial de apagones para verificar que estuviera en la lista. Conectaron el sniffer a la red e inmediatamente empezaron a aparecer paquetes en pantalla y un programa de análisis de patrones empezó a buscar estructura en los mensajes.

Tal vez tendría unos cinco minutos el sniffer corriendo cuando los ingenieros de la universidad de Vancouver detectaron un cambio en la comunicación; la computadora espía ahora estaba respondiendo los mensajes que recibía. Azorados ingenieros y científicos no atinaban a decidir si la desconectaban o no. El tráfico en la red empezó a aumentar considerablemente y las computadoras de toda el área de Vancouver dejaron de funcionar una a una. Igual que las de Praga.

Y empezó a darse un efecto en cadena; donde quiera que se conectaba un sniffer las computadoras dejaban de funcionar. Quien quiera que fuese el que estaba hablando a través de la red eléctrica no le gustaba que lo espiaran. En tan solo cinco días la mayor parte del mundo estaba incomunicado. Ya no importaba que la ciudad tuviera o no energía eléctrica, las computadoras simplemente no arrancaban más. Esto fue el principio del fin.

El caos no tardó en apoderarse de las ciudades, sin computadoras no había más dinero que el efectivo, los teléfonos habían dejado de funcionar y hasta el suministro de agua había empezado a tener problemas serios. Los carros más recientes tampoco funcionaban, solo los antiguos que no dependían de computadoras podían moverse aunque la gasolina cada vez era más escasa. En los hospitales los doctores trabajaban a ciegas, sin los instrumentos electrónicos de los que se sentían tan orgullosos.

La mañana del vigésimo día el éxodo de las ciudades comenzó, los pueblitos de pescadores o de actividades agrícolas parecían la mejor opción para la supervivencia pero para la mayoría de la gente era imposible llegar; sin carro y a merced de bandas de asaltantes armados, las orillas de algunas ciudades se convirtieron en verdaderos campos de batalla. El vigésimo segundo día las máquinas aumentaron su ofensiva y eliminaron por completo el suministro eléctrico, consumiendo solo la mínima energía para mantener su comunicación activa. Esta fue la gota que derramó el vaso y una ola de suicidios recorrió el planeta. Todo rastro de civilización moderna desapareció en tan solo un par de meses. Sin computadoras nos volvimos neandertales.

Un año después los humanos que sobrevivimos lo hacemos en pequeñas comunidades primitivas, en muchos sentidos regresamos al siglo XVIII. La mayoría son religiosos en extremo y Neo pasó de ser un personaje de película a una profecía real. Todos los que vivimos aquí tuvimos que matar a alguien para sobrevivir y eso nos volvió introvertidos, se habla poco y se pelea mucho. Ahora todos nos dedicamos a tareas simples, yo me dedico a pescar y vivo solo; pretendo seguir así, hace la supervivencia más fácil cuando no tienes a nadie a quien cuidar.  En mi comunidad hay algunos ingenieros, pero los tenemos bien vigilados con lo que construyen, no queremos provocar una invasión de las máquinas.

Por las noches a lo lejos se ven las luces de una ciudad, algunos valientes han ido a investigar qué pasa pero ninguno ha vuelto. Tal vez algún día alguno lo haga. Tal vez Neo.


domingo, 29 de octubre de 2017

Interprepas

El equipo de basketball en mis tiempos era parte fundamental de la identidad de la prepa. Cuando salí de la secundaria gran parte de la emoción de entrar a la prepa era estar en el equipo, para mi mala suerte todos los jugadores buenos eran de sexto semestre y cuando entré el equipo estaba prácticamente vacío. Así que el equipo estaba formado principalmente con jugadores de primer semestre y algunos más grandes que, con la excepción del Alberto Flores y el Machote, eran más bien jugadores de otros deportes. Como se podrán imaginar seguido nos ponían unas buenas friegas. ¿Quiénes?, todos los equipos de primera fuerza. Era tradición que la prepa tuviera equipo de primera fuerza así que aunque no tuviéramos nivel ahí íbamos envalentonados a hacer el ridículo una o dos veces por semana.

El primer entrenador que tuvimos era Daniel Piña. Daniel no era del pueblo, no llegué a conocerlo tan bien como para saber de dónde venía ni qué hacía además de entrenarnos. Lo que es cierto es que sabía mucho de basketball y muy probablemente es el mejor jugador que ha tenido el pueblo. Recuerdo el primer entrenamiento, estábamos todos a su alrededor y el solo nos miraba hasta que el Everardo le dijo De plano sí nos vemos muy madreados ¿verdad? y él respondió No, pero sí están muy chiquitos y sus entrenamientos se enfocaron en fortalecernos y en aprender a que no nos golpearan. Esto me sirvió mucho durante todos los años que jugué basket.

El Gordo Velarde, Everardo Gaxiola, Pepe Ibarra, el niño Lyle y yo.
Con este equipo fuimos a los interprepas a Ciudad Constitución. Para nuestra mala suerte el año anterior el equipo de mi prepa había quedado campeón, así que nos pasaron a la segunda ronda por default sin jugar. El primer y único juego que jugamos fue precisamente contra Constitución, en una cancha toda resbalosa que apenas se podía caminar, y correr era más bien una combinación de valentía con irresponsabilidad. Habíamos comprado un adherente en una refaccionaria y le pusimos a las suelas de los tenis pero no servía de gran cosa. Tiramos coca cola y la pisamos para que estuvieran un poquito pegajositos los tenis pero de todos modos estaba de la fregada jugar ahí. Nos pusieron una chinga y nos eliminaron rapidito. No por lo resbaloso de la cancha sino por malos. Nos divertimos, eso sí. A los de futbol no les fue tan mal, ni al Huichol y al Dina tampoco en ajedrez. Nos llevó el Raúl Lyle que era nuestro director, y a pesar del triste papel que hicimos no hizo nada que demostrara enojo o desilusión, lo cual le agradezco hasta esta fecha.

Benito nos empezó a entrenar por ahí de cuarto semestre. No estoy muy seguro porque por esas fechas también fue mi entrenador en la selección juvenil del pueblo y con los Crazy's, así que las fechas se me confunden.

El gimnasio 21 de octubre era nuestra casa. Como íbamos a la escuela por la tarde teníamos el gym para nosotros solos por la mañana. No llegábamos muy temprano pero a las 9 ya estábamos todos listos para salir a correr juntos hombres y mujeres. Salíamos del gimnasio y tomábamos el camino que va a las cruces, ahí doblábamos hacia el este y nos metíamos hacia los médanos. Avanzábamos tal vez un kilómetro y nos regresábamos por donde mismo, aunque algunas veces tomábamos línea recta a campo traviesa hacia el gym.

Cuando llegábamos de regreso el profe Benito ya estaba esperándonos. Como la corrida nos servía para calentar aprovechábamos bien el tiempo del entrenamiento. Muchos ejercicios para mejorar nuestra defensa, acondicionamiento y tiempo de reacción. También trabajábamos mucho en los fundamentos. Algunos ejercicios los hacíamos juntos hombres y mujeres, otros nos dividíamos media cancha para cada quien. ¡Deberían de habernos visto! volábamos cuando hacíamos 8s, tres pases y la pelota ya estaba en la canasta del lado contrario. En esos días no sabía el significado de la palabra cansancio, podíamos jugar personal toda la cancha todo el juego sin problemas.

El estilo de juego del profe Benito era simple pero efectivo: Trabajar duro los fundamentos, defensa férrea y hacer que el contrario se equivoque. Sin gritos ni presiones innecesarias íbamos todos los días a entrenar sin faltas ni pretextos. Después del entrenamiento muchos nos íbamos a la biblioteca de la prepa a jugar ajedrez y perder el tiempo.

Para entonces ya habían entrado a la prepa más morros basketboleros: el Pepe, el Tomate, el Güero Maldoso, Jorge Lyle; además ya habíamos crecido y le jugábamos de tú a tú a cualquier equipo, y si se descuidaban, los cansábamos y les ganábamos por treinta puntos.

Los Guerreros
Teníamos dos rivalidades legendarias: con el CET y los Guerreros. Eran rivalidades diferentes, jugar con los Guerreros era un poco más pausado, ya eran trabajadores y supongo no tendrían el mismo tiempo para entrenar, aunque tenían un par de postes fuertes y buenos para jugar: El Pulpo y el Liebre. Además el Murcia era un tirador muy peligroso desde cualquier lado de la cancha y no se cansaba. Lo tenías que corretear por todos lados durante todo el juego, si no, corrías el riesgo de que te metiera 30 puntos con la mano en la cintura.

Con el CET era diferente porque con excepción del Chiri, todos estaban morros como nosotros. Con el CET jugaban: el Pollo, Coco, Chore, Willy, el Calaca, Jaime Higuera, Chiri, Martín Romero, el Eddy y Tony Meza. El profe Graciano era su entrenador. Su mejor jugador, al menos como yo lo recuerdo era mi compa Tony, hasta decíamos en tono de broma que la estrategia de Graciano se resumía a Dénsela al Tony que tire y ustedes entran a rematar.
El CET


Las muchachas también tenían su rivalidad también con el CET y con el Colegio México. Bravas para jugar todas: Lucía Beltrán era bien aguerrida y Raquel Siqueiros era poderosa en los tableros. La Lupita Felix también controlaba bien la tabla y Sofía salía corriendo sin que nadie pudiera detenerla en los rompimientos.

No sé si el gimnasio todavía esté así pero en aquella época tenía gradas a lo largo de ambos lados de la cancha, y sin importar si el juego era contra Guerreros o el CET se llenaba a reventar, e incluso había gente que se quedaba a ver el juego parada porque no había lugar disponible. Calculo que de perdida irían unas 400 personas a vernos. Teníamos nuestros fans indiscutibles, como Paty la hermanita del Pepe, la Johana y el Felipito Omar que ahora entrena chicas. Nosotros y el CET llevábamos porras. De la prepa todo mundo se la pinteaba para ir a ver los juegos, ya era regla no escrita de que los compañeros irían a apoyarnos así que los maestros muchas veces nos acompañaban. Incluso el profe Rojo que nunca tuvo buena química con los alumnos, la primera vez que fue se emocionó tanto que no pudo aguantar la tensión de un juego contra el CET y se salió nervioso a fumarse un cigarro durante los últimos minutos y entró corriendo muy emocionado cuando escuchó que ganamos. Él era subdirector y jamás nos volvió a dar lata por ir a los juegos, todo lo contrario, se volvió fan.

Fueron juegos muy emocionantes y las rivalidades en la cancha se tornaban en amistad fuera de ella y solo hubo un par de incidentes violentos, uno contra Guerreros cuando el Tomate y el Liebre cayeron al piso peleando por un balón y el Liebre amagó con pegarle en la cara al Tomate, que se levantó de un salto, le dio una patada y terminaron expulsados los dos. Y el otro el Everardo iba en un rompimiento y al momento de tirar a la canasta el Pollo lo empujó por la espalda y se estrelló contra la pared. Se calentaron los ánimos, expulsaron al Pollo y el asunto no pasó a mayores. Por ahí luego supe que alguien le había ponchado las llantas al carro de Graciano por este incidente, pero no me consta que esto realmente haya sucedido.

Volvimos a los interprepas cuando ya iba en sexto semestre y el equipo funcionaba como relojito suizo. Entrenamos bien duro durante meses para esto, hasta nos desvelamos menos y los sábados íbamos a correr. Todo iba bien hasta que a Benito no le dieron permiso de acompañarnos y el Raúl que en ese momento estaba a cargo de dos departamentos de exportadora no pudo acompañarnos. Y ahí vamos a la buena de Dios, con un solo adulto en la comitiva, Jimenez Cobián que era parte del equipo de futbol. Así que íbamos el equipo varonil y femenil de basket y el varonil de futbol. De invitados iban el Fausto Murillo que es muy amigo de nosotros, el Josecín Ochoa y el Chuy el hijo de Nemesio que era muy amigo del Güero Maldoso.

Llegamos en la noche a La Paz y el chofer del camión nos dejó en el CREA y nos dijo aquí nos vemos dentro de cuatro días a las 8 de la mañana y se fue y que Dios nos bendiga. No recuerdo si alguien durmió en el CREA; no creo, la mayoría tenía familia o amigos en La Paz. Yo me fui con el Fausto a su departamento junto con el Juan Pablo, el niño Lyle y creo que el Pepe.
Un par de equipos de época

La mañana siguiente nos tocó el primer juego, pero antes nos tocó ver como Constitución destrozaba al CUM. La verdad sea dicha me impresionaron y no pensé que fuéramos capaces de ganarles. No me malentiendan, llevábamos muy buen equipo: El Güero maldoso era un monstruo abajo del aro y el niño Lyle y el Bombo hacían bien su parte. El Everardo era muy rápido y bueno para colarse, el Pepe tenía muy buen tiro de tres, defendíamos bien y traíamos mucha condición. Pero a estos tipos los vi de otro nivel. Jugamos el primer juego contra Loreto y les ganamos caminando. En la tarde nos tocó contra Constitución, curiosamente para cuando estábamos calentando ya se me había pasado la impresión y salimos con el cuchillo en la boca a darles pelea. Fue un juego a cara de perro, nos habían sacado 4 puntos de ventaja y faltando un par de minutos le dimos la vuelta al juego. Quedaban 20 segundos, teníamos el balón y dos puntos de ventaja y nos comimos el reloj sin que pudieran hacer nada. Como la rivalidad entre La Paz y Constitución es muy fuerte las porras estaban a nuestro favor y cuando el árbitro pitó el final la cancha se llenó de gente a abrazarnos y felicitarnos. Nosotros por supuesto estábamos extasiados hasta que el tipo de la mesa dijo.
--Disculpen, conté mal y gana Constitución por un punto
Y ahí empezó la alegata que empezó a subir de tono hasta que le agarré a patadas su mesa. El tipo salió corriendo con las hojas de anotación en la mano y en el calor del encabronamiento le tumbamos un aro a una cancha.

Por supuesto que reclamamos. Si bien es correcto que lo que diga en la hoja de anotaciones es el resultado oficial, por otra parte, si en el tablero pones un marcador incorrecto no permites tomar decisiones informadas; al final en vez de comernos el tiempo hubiéramos atacado. Lo que era muy claro es quién era el pendejo que había generado tal desmadre, el problema era el cómo reclamar y arreglarlo. Alegaban los organizadores que quien presentara la queja no podía ser un jugador de ningún deporte, y no llevábamos entrenadores, así que el encargado de meter la protesta fue el Josecín, que en esa época debe de haber tenido 15 años.

No nos dejaron acercarnos mientras el Josecín presentaba la protesta, a lo lejos solo mirábamos sus gestos de desesperación. Al final, supongo que viendo ya la causa perdida, les quitó sus papeles de la mesa, los tiró al piso y los empezó a pisotear mientras les gritaba en su cara ¡Maldita sea, son unos ladrones! y sí, sí lo eran. Tal vez el resultado de la negociación no fue el deseado, pero nunca me he sentido mejor representado. Josecín, tal vez con 30 años de retraso, muchas gracias.

En ese momento se acabó la ley seca que llevaba meses en vigor mientras nos preparábamos para este torneo. Nos fuimos a una discoteca y en la entrada nos encontramos a los de Constitución, momento tenso, pero se acercaron y nos dijeron que los disculpáramos no era culpa de ellos. Y ciertamente, no lo era. No hubo pleito pero cada quien agarró por su lado, no es como que nos íbamos a convertir en amigos en ese momento. La noche fue larga y tuvo muchas historias, la mía terminó en un pleito, amanecido en una fondita con unos tipos que ya habían puesto como cinco veces seguidas 'yo no nací para amar' y se molestaron porque les desconecté la rockola por enfadosos.

Llegamos a jugar contra el CUM como a las 11, algunos desvelados, otros crudos y otros todavía entonados. Les ganamos sin mucho problema y terminando fui por un par de caguamas. Por la dinámica del torneo ya a lo máximo que podíamos aspirar era al tercer lugar, el cual le ganamos al día siguiente a la prepa Gandhi. Cuando llegó el momento de recoger el trofeo el Everardo pasó por él y se le quedó viendo. Por un momento pensé que lo iba a tirar o a devolver, pero no, con una mirada de resignación se lo trajo.

Regresamos tristes y frustrados pero un par de días después ya estábamos en el gimnasio entrenando. El amor por el balón estaba intacto, ese no lo pudieron manchar.

*Dedicado con todo cariño al Profe Benito, mejor entrenador no pudimos tener. Y a mi compa Pulpo que no deja que la tradición del Basket muera en el pueblo.



sábado, 21 de octubre de 2017

Anécdotas al azar

El niño perdido

A veces la belleza nos toma desprevenidos en lugares o situaciones donde no esperamos encontrarla, tal vez estas ocasiones sirvan para apreciarla en su estado más puro. Al menos así me sucedió una hace meses en mi casa en Tijuana. Suelo ser una persona nocturna, así que no tenía mucho de haberme acostado y apenas estaba quedándome dormido, serían tal vez las 2 de la mañana de una tranquila noche de martes cuando el sonido de una trompeta me sacó de mi incipiente sueño.

Las notas familiares del niño perdido se alzaban magistrales sobre el silencio de la noche que servía de lienzo a un trompetista solitario, no había fiesta alguna ni banda que lo acompañara lo cual hacía más extraño el momento pero al mismo tiempo resaltaban la maestría del músico que era bastante bueno.

Y la trompeta siguió durante varios minutos buscando a su hijo sin que nadie le respondiera hasta que finalmente se perdió entre las calles de Tijuana.

Chanoc en Tijuana

Tuve una pareja de vecinos que se la pasaban peleando, se gritaban insultos muy denigrantes que se escuchaban en toda la privada y no me hubiera sorprendido que hubieran terminado a golpes, lo cual hasta donde sé, nunca sucedió.

Una mañana de verano los gritos empezaron temprano, como a las 8 de la mañana, por supuesto yo todavía estaba acostado y con pocas ganas de levantarme, sin camisa y en calzones. Pensé que qué hueva que se empezaran a pelear tan temprano y más en sábado que podía levantarme tarde. No tenía pensado ponerles mayor atención hasta que la mujer gritó ¡Auxilio!¡ policía! en un tono que se escuchaba verdaderamente angustiado. Sin pensarlo me levanté de un salto, bajé corriendo a la cocina y tomé el cuchillo más grande que pude encontrar. Salí semiencuerado con el cuchillo en mano tratando de localizar de dónde venían los gritos.

No estaba solo, varios vecinos habían salido y se encontraban en la puerta de sus casas tratando de averiguar qué pasaba. En eso se escuchó la voz de una mujer mayor que decía
No mijo, te la tienes que poner, ¡es por tu bien!
Era un pinche chamaco que iban a inyectar y en su angustia se le ocurrió llamar a la policía. Y ahí me tienen como Chanoc en calzones y cuchillo en mano pensando que iban a atacar a alguien. Me regresé a seguir durmiendo un poco apenado y otro poco encabronado.

Días después por la tarde volví a escuchar los gritos del mocoso llamando a la policía y pensé
Chíngueselo doña, para que se aliviane.

Aquí jugando Pokemón

Habíamos decidido que el Manú estudiaría en una prepa pública, después de toda una vida en escuelas privadas nos parecía un cambio necesario y positivo. No tengo nada en contra de las escuelas privadas pero tienden a sobreproteger a sus estudiantes y esto no les ayuda a madurar lo cual es sumamente importante para los muchachos que van a estudiar la universidad fuera de casa.

Como funciona en estos tiempos el proceso de inscripción a prepa, al menos en Baja California, es
que te inscribes en una página del gobierno del estado donde seleccionas tres escuelas a las que podrías asistir en orden de preferencia, metes tus datos y días después te avisan para cuál escuela quedaste preseleccionado. Esto significa que aun tienes que hacer un examen de admisión y si no lo apruebas empieza tu peregrinación buscando alguna prepa donde tengan lugar.

La aplicación nos notificó que tendría que hacer examen para el Cobach Rubén Vizcaíno, que era nuestra segunda opción. En la plática de inducción el subdirector nos hizo saber que 2000 estudiantes harían el examen y solo 700 serían admitidos, así que había que ponerse abusadillo y estudiar. Y eso hicimos, durante un mes renegando y todo, el Manú todas las noches estudiaba al menos una hora así que debía de estar preparado el día del examen.

Para nuestra mala suerte nos tocó hacer el examen de admisión a las 8 de la mañana. El plan era que el Manú tenía que bajar ya cambiado a las 7:15, tomarse su licuado, lavarse los dientes y a las 7:30 salir con rumbo a la escuela para llegar con tiempo.

Yo estaba muy nervioso y casi no pude dormir, a las 7 en punto ya estaba de pie y a las 7:15 ya me había cambiado, preparado los licuados y tomado el mio. A las 7:20 del Manú todavía ni sus luces y fui a ver qué estaba pasando. Entre a su cuarto y me lo encuentro acostado tranquilamente con el nintendo en la mano.
-- ¿Qué estás haciendo?
-- Aquí jugando pokemón me respondió con esa calma que solo un adolescente puede tener
-- Oye y no tendrás algo importante qué hacer?, no sé, como un examen de admisión o algo así
-- Ya voy pues y se levantó renegando

Por supuesto que pensé ponerle una regañada de esas que hacen historia, pero no quería ponerlo nervioso antes de su examen. Llegamos a tiempo y para su buena suerte cuando lo recogí más tarde ya se me había pasado el coraje.

miércoles, 4 de octubre de 2017

La muerte del Obispo

Siempre pensé que Dios me había jugado una mala broma cuando decidió concederme este don. Pero ¿quién soy yo para cuestionar sus designios? Debo de haber tenido unos 10 años cuando empezó a manifestarse, pero fue hasta los 18 que terminó de madurar hasta tomar su forma actual.

Tal vez lo correcto sería llamarla maldición en vez de don pues nunca me había traído otra cosa que desgracia y dolor. Y es que puedo leer los pensamientos de otras personas, pero solamente cuando están pasando por momentos de gran tensión y angustia. Y esta se me contagia, como si el leer sus pensamientos les sirviera de desfogue y su pena fuera menor al compartirla. Pero a mí me deja agotado púes voy por la vida amortiguando penas ajenas sin poder evitarlo.

A Jana la hija de mi vecina la conozco desde pequeñita, siempre ha sido una niña muy linda y estamos muy encariñados. A veces cuando su mamá tiene que salir la deja conmigo y nos divertimos mucho leyendo cuentos o jugando. Estar con ella es un descanso pues siempre está de buen humor y me contagia de alegría, lo cual me ayuda a liberar las tensiones y temores que voy levantando por la calle durante el día.

Jana acaba de cumplir diez años y Helga, su mamá, la empezó a mandar al catecismo como es normal en los niños de esa edad. Helga estaba feliz y orgullosa pues el obispo se había encariñado con Jana y le daba clases especiales cuando los demás niños ya se habían ido. A Jana esto no le parecía tan divertido y con el paso de los días empecé a sentir su angustia. Sin embargo no podía leer sus pensamientos. Esto me tranquilizaba un poco pues suponía que no debía de ser nada grave. Además no estaba seguro de que fuera algo relacionado con el catecismo, tal vez era simple coincidencia y tuviera problemas en la escuela o en su clase de cerámica.

Como no podía leer sus pensamientos y cada vez la sentía más angustiada, intenté que me contara qué le pasaba, pero ella simplemente me miraba fijamente y me abrazaba. Y así fui sintiendo su dolor cada vez más fuerte y más oscuro. Había días en los que me quedaba tirado durante horas después de abrazar a Jana, sin fuerzas y con ganas de llorar sin saber por qué, tan solo estaba seguro de que le estaba pasando algo malo.

Llegaron las vacaciones y Jana se iría a pasarlas a casa de unos tíos en otra ciudad.  Llegó muy contenta a despedirse y antes de abrazarme me dijo, Ahora sí te voy a decir. Y antes de pudiera preguntarle algo me abrazó y le abrió la llave a sus pensamientos. Entonces lo vi todo, en su completa, cruel y terrible inmundicia.

Horrorizado la tomé de los hombros y la vi a los ojos, 
- No te había dicho nada porque te estaba cuidando. No te preocupes, iré de vacaciones y estaré bien.
- Cuando regreses también estarás bien, apenas si atiné a decirle
- Yo sé, me respondió y salió corriendo sonriente, pues Helga le gritaba que se apurara.

Pasé los siguientes dos días encerrado llorando. En cuanto recuperé mis fuerzas salí a la ferretería y compré un marro de construcción, grande y pesado. Esperé a que oscureciera y entré a casa del obispo por el jardín trasero. Para mi fortuna la puerta de la cocina estaba sin llave y se alcanzaba a oír el ruido de la lavadora, supuse que la sirvienta estaría ahí y procurando no hacer ruido procedí a la búsqueda de la habitación del obispo.

Fue sencillo encontrarla, la casa si bien era elegante, no era demasiado grande. Tres recamaras, biblioteca, cuarto de oración, sala, cocina, comedor y cuarto de lavar. Entré al cuarto y me escondí detrás de la cortina a esperar que llegara el obispo. Los minutos corrían lento pero no me iba a desesperar. Que se tardara lo que quisiera, el resultado será el mismo. Finalmente llegó, lo oí desearle las buenas noches a su sirvienta y después cambiarse de ropa para dormir.

Prendió la lámpara de noche, se sentó en la cama y se dispuso a rezar. Lo observé un par de minutos rogar por el perdón de sus pecados. Sigilosamente salí de mi escondite, no me vio venir pues tenía los ojos cerrados y estaba concentrado en su oración, lleno de divino fervor. El primer marrazo se lo di en una rodilla. Cayó al suelo gritando retorciéndose del dolor sin saber todavía que estaba sucediendo. Me di la vuelta y caminé hacia la puerta, era una puerta grande, pesada y vieja, como de hacienda. Corrí el cerrojo y proseguí con mi tarea.

El obispo gritaba como marrano y me preguntaba por qué hacía eso. Yo no tenía humor de hablar con él, levanté de nuevo el marro y le destrocé la otra rodilla. Los marrazos caían sobre sus piernas uno tras otro a un ritmo constante, su terror fue aumentando hasta que pude leer su mente. Supongo que ya se habría dado cuenta que no iba a salir con vida pues lo que vi fue una larga colección de actos terribles que desfilaban a lo largo de la vida de tan infausto personaje.

Cuando dejé de darle en las piernas y los marrazos subieron a su torso el obispo ya no tenía fuerzas para gritar, afuera de la habitación, la sirvienta seguía gritando como loca y me advertía que la policía ya venía en camino y que Dios no me perdonaría lo que estaba haciendo.

Finalmente veinte minutos después llegó la policía; yo ya había terminado con la cabeza y me estaba asegurando de que no le quedara un solo hueso sano.
- ¡Abre la puerta y deja salir al obispo! ladró el policía desde afuera
- El señor obispo ya está con su creador le respondí tranquilamente
- ¡Abre la puerta y sal con las manos en alto o vamos a entrar por ti!  dijo el policía sin mucha convicción.
- Entren si quieren, pero aquí nos vamos a morir todos, y que Dios nos perdone dije tomando el marro con mi mano izquierda mientras con la derecha me santiguaba.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ya vienen

Ve con Bill, me dijeron. Solo iba de paso por este pueblo polvoriento pero no podía regresar con las manos vacías, después de tantos días fuera Nancy no me lo perdonaría.
La tienda de Bill y Martha no era otra cosa que un galerón lleno de chácharas de todo tipo pero ellos se sentían muy orgullosos de ésta. ¿Que cómo lo sé?, sencillo, me gusta platicar con la gente y Bill y Martha resultaron ser un par de viejitos de lo más agradables. Entré a la tienda y les pedí consejo de qué llevarle a mi esposa, sus recomendaciones no me gustaron tanto, pero me enteré que llevaban 40 años de casados, su casa estaba a un lado de la tienda y esta la habían recibido como regalo de bodas. Martha es una señora muy agradable, me invitó una rebanada de pastel de zanahoria y un café antes de dejarme vagar por su tienda.

La tienda tenía varios pasillos y algunas vitrinas, podríamos decir que había algo de orden en el caos. Había una sección de instrumentos musicales, otra de perfumes, una sección de adornos para el hogar de donde tomé un plato pintado a mano que estoy seguro que a Nancy le gustará. Me entretuve un rato viendo los utensilios de pesca y de ahí tomé un casco de plástico naranja del que me enamoré.

Estaba entretenido viendo los libros cuando entró un tipo alto y delgado. Lo vi discutir acaloradamente con Bill. Durante un momento el hombre se calló y Bill le soltó un discurso interminable de lo que significaba la tienda para él y Martha, contarle anécdotas de sus hijos jugando en la tienda, de navidades y cumpleaños ante la mirada impasible del tipo. Después de escucharlo tranquilamente empezó a sacar gruesos fajos de billetes de 100 dólares de su maleta. Ponía un fajo sobre el mostrador y miraba a Martha, esperaba unos cuantos segundos y procedía a sacar otro. Así estuvo hasta que se juntó una gran pila de dinero y Martha no aguantó más y soltó el llanto. En este momento el tipo simplemente dijo Gracias, tomen su dinero y váyanse por favor. Fui testigo de esta escena sin moverme ni decir nada y no estaba seguro que el tipo se hubiera dado cuenta que yo estaba ahí, pero en cuanto Bill y Martha salieron de la tienda volteó hacia mí y me dijo con voz autoritaria Tome lo que quiera y salga, vamos a derribar todo. Metí el plato y el casco en una bolsa, agarré un libro a la pasada y salí de la tienda apresuradamente.

Ni bien había salido cuando un par de pick-ups con 10 hombres con herramientas de construcción se estacionaron fuera de la tienda. El tipo alto salió y les ordenó Empiecen a tirar la tienda, la casa puede esperar, denles tiempo a que saquen sus cosas. Y los trabajadores con marro en mano empezaron a derruir todo.

Ya era tarde y estaba algo cansado, además el asunto este de la tienda había despertado mi curiosidad, me quedé un buen rato viendo como caían uno tras otro los marrazos sobre la tienda, implacablemente sin importarles las historias que estuvieran ahí encerradas, los recuerdos atesorados y la identidad de un pueblito de carretera. Los vecinos se juntaron a ver el espectáculo, nadie decía nada, tan solo los más grandes, sesentones, mostraban alguna expresión en sus rostros y con los ojos vidriosos se despedían callados de sus recuerdos. Pasada una hora decidí que ya había visto lo suficiente y me fui al hotel del pueblo a pasar la noche.

Ya amaneció y es hora de agarrar camino. Desayuné un par de huevos en la cafetería del hotelito. El café está sorprendentemente delicioso y la mesera lo sabe. Me mira con una sonrisa de orgullo mientras yo le daba los primeros sorbos a la taza. No había mucha gente en la cafetería, un par de mesas con comensales desayunando apresuradamente. Se notaban nerviosos y por lo que alcancé a escuchar Bill y Martha habían abandonado el pueblo la noche anterior sin despedirse de nadie y con rumbo desconocido.

Fui a ver qué había pasado con la tienda de Bill antes de tomar carretera y para mi sorpresa ya estaba todo derruido y solo quedaban unos cuantos escombros y su nuevo propietario sentado en una banca. Solo, en silencio.

Me ganó la curiosidad, estacioné mi carro y me dispuse a platicar con el hombre. Buenos días, le dije, el tipo procedió a mirarme por un par de segundos sin responder.
¿Qué pasó? ¿Por qué la urgencia de demolerlo todo? Pregunté sin mayor preámbulo. Esta vez volteó a verme fijamente y con una mirada triste me dijo
¡Ya empezó, ya vienen y no puedo desobedecerlos!
Y acto seguido empezó a sollozar.

sábado, 22 de julio de 2017

Jeremías el Sapo Majadero

Jeremías era un sapo muy malo. Siempre andaba buscando como molestar a las ranas y a los sapos más chiquitos. Como era el sapo más grande de todo el arroyo le gustaba aprovecharse de eso y no dejaba al resto de los sapos y ranitas vivir en paz.

El duende, que a veces se aburría en la escuela y prefería ir a visitar a sus amiguitos, ese día encontró a los sapitos muy tristes porque Jeremías estaba más tremendo que de costumbre y no los quería dejar meterse al arroyo a jugar, y estaba haciendo mucho calor. Cuando el duende escuchó esto se enojó mucho y fue a hablar con Jeremías.

Lo encontró muy contento en medio de un charco bailando y silbando como si no pasara nada, pero cuando vio el ceño fruncido del duende se asustó y dejó inmediatamente de bailar.
--Ven conmigo Jeremías dijo el duende con tal voz de mando que Jeremías no se atrevió a replicar. Empezaron a caminar siguiendo el arroyo. Caminaron en silencio mucho, mucho, mucho, hasta que llegaron a un lugar donde había una poza de agua estancada. Era un sitio solitario y no se miraba ningún otro animalito en los alrededores. Solo unas grandes piedras, algunas palmeras del desierto y un silencio incómodo.

El duende se sentó y se quedó viendo a Jeremías sin decir palabra. Jeremías estaba bastante asustado pues sabía que el duende lo podía golpear ahí y nadie iba a darse cuenta. Además como era un sapo muy majadero lo más probables es que nadie quisiera ayudarle de todos modos.

Después de unos minutos finalmente el duende habló
-- ¿Estás asustado?
-- Sí, ¿por qué me haces esto? 
-- ¿Ahora ves cómo se sienten las ranitas cuando las molestas?

Jeremías no respondió, simplemente se puso muy serio y emprendió el camino de vuelta a casa.
Las ranas no volvieron a quejarse de Jeremías. Ahora cuando el duende iba al arroyo lo miraba jugando solo sin molestar a nadie. Meses después, una tarde particularmente calurosa el duende se encontró a Jeremías en medio de todas las ranitas; se preocupó porque pensó que había empezado a molestarlas de nuevo hasta que una ranita sonriente le gritó

-- Ven! duende, estamos jugando muy a gusto con el agua fresca

Y Jeremías, en medio de todas las ranas, sonriente por tener muchos nuevos amiguitos

sábado, 15 de julio de 2017

Maryam

Supe de la existencia de Maryam Mirzakhaní cuando ganó su medalla Fields. Este no es un logro menor, las medallas Fields son el equivalente al premio Nobel en las matemáticas, con la diferencia de que no se entregan cada año sino cada cuatro y no es solo una sino pueden ser hasta cuatro premiados. A pesar de no ser tan famosas como un Nobel son el máximo galardón al que un matemático puede aspirar.

Hay algo especial en la medalla de Maryam, y es que es la primera medalla otorgada a una mujer en toda la historia de tan prestigioso premio. Además por si fuera poco Maryam es de nacionalidad Iraní. Nacida y criada en Teheran. Dejen reposar esto durante cinco minutos.

No voy a presumir que entiendo la importancia del trabajo de Maryam, si bien estudié física y las matemáticas las tengo muy cerca de mi corazón, estas son una ciencia muy amplia y compleja
como para que un aficionado casual la entienda. Así, si me preguntan si ella es más importante que Paul Erdős no tendría la mínima base para responder.

Tampoco puedo presumir que entiendo lo difícil que debe de haber sido para una mujer en Irán
educarse en matemáticas. Es una sociedad tan cerrada con tantas restricciones y prejuicios que simplemente llegar a la universidad debe de ser un logro por si mismo.

Igual el ambiente de las matemáticas no tiene un piso parejo y tal vez por esto mismo solo una mujer haya ganado la medalla. Igual no puedo decir que entiendo lo que es batallar en una profesión dominada por hombres.

Lo único que medio entiendo, porque sé de las largas horas de trabajo que se requieren para dedicarse a la ciencia, es que debe de haber trabajado mucho. Y debe de haber sido muy brillante y muy comprometida con su trabajo. Tanto que nunca quiso ser la imagen de la mujer en las matemáticas porque esto la distraería de sus investigaciones aunque tal vez esto le hubiera traído más fama y dinero.

Hoy falleció a sus apenas cuarenta años y esto me pone muy triste, porque perdimos alguien que representa nuestros mejores valores. Y porque deja a una hija pequeña que seguro extrañará mucho a su madre


sábado, 1 de julio de 2017

Felipero

Esta historia no empieza por el principio, y es que recordar los días en Rhinocerus es algo intenso, por decir lo menos. Aquello fue caminar en fuego y tocar el cielo a la vez. Una historia así, no es posible escribirla de una sentada y en orden; sus capítulos irán brotando poco a poco y tal vez algún día se unan como retazos de colcha de viejita.

Por aquellos días, 2003 o 2004 tal vez, Tijuana estaba dando sus primeros pasos en la industria del software y CANIETI organizó un gran evento que se llamó IT Americas o algo así rimbombante y de mucho caché. Era una especie de encuentro de negocios al que asistió gente de todo el país. Había un salón grande en el hotel Camino Real con booths de empresas de la región. Telnor y CICESE tenían un par de espacios inmensos y la UABC ocupaba un tercer lugar no muy distante.

También hubo algunas conferencias, de las cuales la principal era la de Felipe Sánchez Romero, director general de Microsoft para Latinoamérica. Felipe era el rockstar del evento, era Bono visitando un ranchito, pues como les digo, la industria de IT en aquella época era prácticamente inexistente en Baja California.

Por una afortunada coincidencia Felipe era amigo de Jorge Sánchez, nuestro socio, y Jorge lo recogió en el aeropuerto y Felipe accedió a platicar unos minutos con nosotros en privado. El hotel sede era el Camino Real, ahí conseguimos una pequeña sala sin proyector ni pantalla, es más, ni Internet tenía. ¿pueden creerlo?, así de avanzado estaba Tijuana. Le mostramos las aplicaciones de escritorio, le platicamos de lo que estábamos haciendo en web y los planes que teníamos para móvil y la integración de servicios. Los 20 minutos que nos había prometido se convirtieron en dos horas, le soltamos toda la visión que traíamos de la integración de móvil y web y como los servicios web con información local cada vez tendrían un papel más preponderante.

Le gustó lo que oyó, nos ofreció su apoyo pero en ese momento no sabíamos que esperar, excepto una palmadita en la espalda. Nos regaló dos años de soporte técnico del que vale caro, y lo usamos unas tres o cuatro veces. Levantábamos el teléfono, dábamos el código que nos regaló y acto seguido nos atendía un ingeniero de Microsoft por el tiempo que fuera necesario sin que jamas nos cobraran un peso.

Sin Internet no había mucho más que mostrarle y Felipe se tenía que ir a cenar con el gobernador y los empresarios más importante de la localidad. Nosotros salimos de ahí muy emocionados por la validación de que íbamos por el camino correcto.

Al día siguiente entramos a su conferencia magistral; en un salón grandote y lleno de gente presentó un video con la visión a futuro de Microsoft. Video lleno de ideas futuristas que hoy nos resultan cotidianas. En un momento de la presentación dijo que le auguraba mucho éxito a la región y volteando hacia nosotros sonriendo dijo que se iba gratamente impresionado con una empresa de la ciudad que le había tocado conocer y que tenía excelente tecnología pero que el reto ahora era que ejecutaran estrategias de marketing de manera correcta. No dijo nuestro nombre, lo cual hubiera estado genial, pero después nos destapó. Se terminó la conferencia y nos fuimos a nuestro booth, que no era otra cosa que una mesita minúscula en el rincón más piojoso de la expo, con un monitorsito flat de 18 pulgadas. Pero con Internet...

A Felipe le dieron el tour de la expo como si fuera Ricky Martin en Miami. Gran comitiva atrás de él y un par de cámaras de televisión filmándolo. Cuando ya iba a llegar con nosotros escuché que le dijo su asistente

-Ya vámonos Felipe, nos va a dejar el avión
- Espérate, deja te muestro una empresa chingona

Y dicho esto se saltó uno o dos booths y llegó con nosotros y me saludó

- Qué tal Alfonso, ¿cómo estás?
- Muy bien Felipe, un gusto saludarlo
- ¿Viste que les eché porras en mi plática?
- Sí, muchas gracias, fue muy emocionante
- ¿Qué me vas a mostrar hoy que sí tienes Internet? 
- Mire, esta es la aplicación web que le decía, en este mapa puede buscar direcciones y le muestra todas las opciones aunque tenga faltas de ortografía, porque, ¿quién sabe escribir Cuauhtémoc? 

Le dije mientras buscaba algo como kuautemoc y le mostraba los resultados.

- Pero apenas empieza lo interesante -añadí- imagínese que necesita un dentista, solo hace la búsqueda y le muestra la ubicación de los dentistas cercanos y sus datos de contacto, ¿ve? aquí estamos y aquí en el mapa están los dentistas de la zona
- ¿Estos datos son reales?
- Sí, levantamos un censo
- ¿Y qué sigue después de esto?, me preguntó para que me luciera, pues de esto ya habíamos hablado
- Sigue llevar esto al teléfono, ahí es donde serán más útiles los mapas
- ¿Ves? le dio a su asistente, Te dije que esta era una empresa chingona

Procedió a despedirse y mientras se alejaba hizo una pausa, se volteó pensativo y me dijo

- Tú vas a ser un hombre muy rico

Se dio la media vuelta y se fue. Y yo ... todavía no pierdo la fe

viernes, 28 de abril de 2017

La Madre Refugio y el Padre Mario

La madre Refugio para mi era la representación de la bondad. Supongo que debe de haber sido mi maestra de preprimaria en el Colegio México. Y les digo supongo porque la verdad no recuerdo, lo que si recuerdo es siempre haber tenido un gran cariño por ella, mirarla era una fiesta, siempre con su sonrisa alegre y siempre muy cariñosa.

Les tengo que pedir disculpas, hay muchas cosas que no recuerdo; creo, pero igual no estoy seguro, que me dio clases en el catecismo, estoy seguro que ella no fue la principal catequista, pero allá a lo lejos la recuerdo hablándonos sobre Jesús.

La primera comunión la hice con el padre Mario Balbiani, de aquellos famosos misioneros Combonianos, igual de él tengo buenos recuerdos. Siempre amable y sonriente con nosotros de niños. Después se fue a Loreto y no entendía en aquella época por qué no regresaba de cuando en cuando a visitarnos si en el pueblo se le apreciaba tanto.

Con el paso de los años ya no miraba tan seguido a la Madre Refugio, solo de cuando en cuando en misa y después, cuando ya estaba estudiando en la universidad a veces en vacaciones iba a visitarla al colegio y siempre me recibió con una sonrisa.


 Nunca se me ocurrió que se fuera a ir del pueblo pero a fin de cuentas era una religiosa y tenía sus reglas que cumplir. Ya estaba grande cuando se fue, supongo que a una casa de retiro donde pudieran cuidarla mejor. Me hubiera gustado ir a verla pero lamentablemente nunca tuve oportunidad. Sin embargo la tengo en mi lista de las personas que hicieron mi infancia muy feliz!

martes, 28 de marzo de 2017

Blanquita y la pesadilla de los trámites

Ya he confesado en repetidas ocasiones que fui uno de los peores estudiantes que la facultad de ciencias de la UABC tenga memoria: estiré el reglamento todo lo que pude, no me extrañaría tener el record del mayor número de exámenes extraordinarios de la facultad, y por supuesto que tuve mi buena dosis de problemas con algunos maestros. De algún modo milagroso terminé la carrera y tengo muchas personas a quienes agradecerle; una de las principales es Blanquita.
Blanca era un gusto adquirido, no era fácil tratar con ella de entrada, tenía un carácter duro y hablaba golpeado, sobre todo a los estudiantes de los primeros semestres que siempre traíamos un desmadre con los trámites y ella era la encargada de resolvernos la vida. Sin embargo, una vez que pasabas la corteza de sus regaños encontrabas una persona empática que se preocupaba por ayudarte. Quiero pensar que yo era de sus consentidos, aunque esto no me eximía de mi buena dosis de reclamos cada que llegaba tarde a inscribirme o algún otro trámite extraordinario.

La burocracia de la universidad siempre ha sido densa e irracional y le estoy muy agradecido de que me haya ayudado a sortearla.

La carta de pasante
Cuando terminé la carrera mi primer empleo fue en el Observatorio Astronómico Nacional, ahí nomás cruzando la calle. Afortunadamente empezaría a trabajar en cuanto terminara la escuela, lo único que necesitaba para firmar contrato eran los documentos de rigor y mi carta de pasante, la cual fui a solicitar en enero en cuanto regresaron de vacaciones los de escolar. Ya tenía un par de días trabajando en el entendido que me pagarían mi sueldo retroactivo en cuanto entregara mi carta de pasante, que en ese momento no tenía idea de cuánto tiempo se podía tomar.
Llegué a escolar y pregunté qué se necesitaba para solicitar la carta de pasante

- De qué escuela vienes?
- De la facultad de ciencias
- Ah, no te preocupes, ya Blanca nos pasó sus datos y ya pedimos las cartas de todos ustedes
- Entonces qué necesito?
- Necesitas traerme: dos fotos tipo título, tu certificado de secundaria, el de preparatoria, tu cárdex, constancia de servicio social y tu último recibo de pago
- Ok, gracias

Fui a tomarme las fotos y cuando me las entregaron regresé a escolar

- Aquí traigo mis fotos y mis documentos, pero el certificado de secundaria no lo encontré, ¿no se habrán quedado ustedes con él?
- Deja checo.  Y se fue a su computadora y muy sonriente me dijo,
- No, nos lo entregaste en tal fecha y te lo devolvimos en tal fecha, aquí tengo una copia digitalizada
- Ah muy bien, entonces ya no lo necesitas verdad?
- Sí, sí lo necesito
- Pero para qué? si tienes registro de que te lo entregué y lo tuviste dos años archivado y tienes la copia en tu computadora
- Es que es requisito
- Pero si te estoy entregando el de la prepa
- Es que es requisito  y empezó a repetir esto como mantra cada vez que le quería objetar algo
- Bueno pues, aquí están los otros papeles, deja veo cómo lo consigo

Avisé en el Observatorio que se iba a demorar mi carta y me dijeron que por ellos no había problema pero que no me iban a poder pagar hasta que la presentara, aunque eso sí, me darían mi chequesote retroactivo.
Le hablé a mi amá y le expliqué la situación; por supuesto en Guerrero Negro no se iba a poder solucionar esto así de fácil, pero le habló a la profesora Ramona a La Paz para que le hiciera el favor de corretear el documento y por fin, dos meses después, recibí mi flamante certificado de secundaria e inmediatamente fui a continuar mi trámite.
- Buenos días
- Sí?, qué se te ofrece
- Hace un par de meses vine a solicitar mi carta de pasante pero no tenía mi certificado de secundaria
- Ah sí, ya me acordé de ti.
- Bueno, aquí lo traigo para que ya por fin la puedas pedir
- A ver pásamelo
me dijo mientras con la mano derecha abría un cajón. Lo tomó con la izquierda y sin apenas verlo lo metió en un folder que acababa de sacar y muy sonriente me lo entregó.
Yo estaba confundido, ¿por qué me acababa de regresar mi certificado?, ¿qué no lo iba a necesitar para pedir mi carta de pasante?, acaso no era un requisito indispensable? Con todas estas preguntas en la cabeza abrí el folder para encontrarme con todos mis documentos incluyendo mi carta de pasante ya sellada.
- Oye qué es esto?
- Pues tu carta de pasante
- Si ya la tenías lista entonces para qué querías mi certificado de secundaria?
- Es que es requisito
- Óyeme, me tuviste dos meses y medio sin cobrar mi sueldo por este papel que realmente no ocupabas para nada?!
- Es que es requisito

Aquí la empecé a insultar. Feo. Y no me arrepiento. Y salió su jefe. Y lo insulté más feo. Y tampoco me arrepiento.

El examen profesional 
Año y medio después estaba terminando mi tesis para titularme. Esto era importante porque el Observatorio me estaba exigiendo que me titulara para renovarme mi contrato así que me tenía que poner pilas. Ya con la tesis terminada, firmada por mis asesores y el valor por delante empecé con los trámites.
Fui con Blanca a que me iluminara y me dio una larga lista de requisitos por cubrir para que me pudiera dar la fecha para el examen. Ahora bien, tenía que apurarme porque el papeleo lo tenía que terminar dos semanas antes de que salieran de vacaciones, si no, no me podrían dar fecha para mi examen hasta que regresaran y esto implicaba no estar titulado para la fecha de mi recontratación en el observatorio así que la iba a pasar un mes desempleado si no me apuraba.
El recibo de no adeudo del almacén de física y el del Dadyr fueron los más fáciles de conseguir. En sorteos me hicieron dar un par de vueltas, pero finalmente no tuve mayor problema.
En biblioteca fue donde empecé a batallar; primero resultó que las tesis no habían sido encuadernadas correctamente y no me las aceptaron. A volver a imprimir y empastar todo. Finalmente llegué con las tesis empastadas como Dios manda, y el diálogo con el responsable fue más o menos así

- Ahora sí ya traigo las tesis bien
- Muy bien, cuándo dices que es tu examen?
- No sé, me dan fecha cuando termine todos los trámites
- Uhh, no te las puedo recibir entonces
- ¿Por qué?
- Es que necesito saber el día de tu examen para poderte recibir las tesis
- Oye pero me están pidiendo el recibo de que ya te entregué las tesis para poderme dar fecha
- Lo siento pero no te las puedo recibir, es un requisito que me des la fecha
- Es en serio?
- Sí, claro que es en serio
- Bueno, a ver cómo le hago

Y lo que hice fue esperarme al turno de la tarde para que me atendiera otra persona

- Buenas tardes, vengo a entregarte mis tesis, ya voy a hacer mi examen
- Felicidades, ¿cuándo es tu examen?
- El 21 de junio, 
mentí sin parpadear
- Ok, aquí tienes tu recibo, mucha suerte
- Gracias!

Ya estaba un paso más cerca de mi objetivo ahora seguía el recibo de no adeudo del almacén de Biología, el cual pensé que no sería mayor problema porque nunca había sacado nada. Kafka soltó una carcajada desde ultratumba.

- ¿Qué ondas compa?, vengo a sacar mi recibo de no adeudo
- órale, ¿cómo te llamas?
- Alfonso Paredes
- Deja te busco, aguántame tantito
- Va

Y ahí lo tienen al muchacho buscando mi nombre en el cajón lleno de libretitas amarillas donde guardaban el registro de cada estudiante.

-Oye no estás aquí en mis libretas
- No porque estudié física y nunca saqué nada de aquí.
- Entonces no te puedo dar el recibo
-  Por qué?, si no te debo nada
- Para poderte dar el recibo necesitas estar en mis libretas
- Ok pues y qué tengo que hacer para estar en las dichosas libretas
- Tienes que traerme dos fotografías tamaño infantil y tu último recibo de pago.

Yo previendo ese tipo de cosas llevaba un paquetito de fotografías en la cartera y el dichoso recibo de inscripción que por alguna extraña razón te lo pedían para todo.
- Aquí está compa
Y ahí tienen al bato este poniendo mi nombre en una libretita nueva cuando de repente

-Oye este recibo de inscripción no te va a servir
-Por qué?
- Es que ya está vencido, ocupo el de este semestre
- Bato yo terminé la escuela hace año y medio, me voy a titular, no puedo darte un recibo de este semestre
- Pues este no te sirve
- Entonces quieres que me vuelva a inscribir?

Se me quedó viendo sin contestarme, estoy seguro que tenía ganas de decirme que sí pero al mismo tiempo sabía que era una pendejada así que solo me miraba sin atinar a decir palabra alguna.
Sin poderlo creer me salí del almacencito tratando de poner en orden mis ideas, y en eso veo pasar al director

-Faustino!, ven hazme un paro
- ¿Qué pasó Poncho?
- Este wey que no me quiere dar un recibo de no adeudo
-Les has de haber roto 3 probetas
- No, no le debo nada
- ¿Y entonces?
- Verás pásale a que te explique
Y desde afuera oí que le decía
-Dale su recibo a este cabrón, si lo que quiero es ya no verlo aquí!

Esto con un tono jocoso, así que voy a suponer que lo decía jugando, el caso es que ya solo me faltaba pagar mi derecho de examen. Inmediatamente fui a pagarlo, pero me salieron con que ocupaban una carta de la facultad.
- Carta de qué
- Eres de ciencias verdad?
- Sí
- Ve con Blanca, ella ya sabe 

Y ahí les voy
- Blanca, oye me dijeron en finanzas que ocupan una carta de la facultad para poderme cobrar lo del examen
- Ven mañana por ella Poncho, a mediodía ya va a estar
- Va, nos vemos mañana

Al día siguiente ahí estaba mi famosa carta ya firmada. La abrí de pura curiosidad para ver de qué se trataba el asunto. Y pues nada, quesque a la facultad le constaba que no le debía nada a la universidad. ¡Ah canijo!, ¿cómo le puede constar eso a la facultad si uno paga en finanzas? pero bueno, allá ellos y sus ondas. De ahí me fui derechito a pagar el examen, pero ya eran más de las 3 de la tarde y ya no atendían en la caja, solo me recibieron la carta y verificaron en un cuadernito scribe que no estuviera ahí mi nombre. Al día siguiente llegué a la una y me recibieron con la novedad de que quien cobraba ya se había ido a hacer no sé qué.

- Y cuando regresa?
- Ya hasta mañana
- Ok, ¿entonces a qué horas lo encuentro?
- Toda la mañana hasta las 2

Y al día siguiente llegué a las 11, mi cálculo era llegar justo a la mitad de su jornada laboral para que no fuera ni muy temprano ni muy tarde.

- Buenos días
- Bueno días joven
- Ahora sí vengo a pagar lo de mi examen
- Fíjese que no vino la muchacha y no hay quien cobre, ahora hasta el lunes
- No
- ¿No qué?
- No es posible, me tienes que cobrar hoy. Hoy es mi último día disponible para hacer este trámite y que me den fecha a tiempo para titularme y que me recontraten, así que me tienes que cobrar hoy si no me voy a quedar desempleado.
- Ya te dije que no vino la muchacha que cobra
- No me importa, a mí me cobras a ver cómo, estoy viniendo en horas laborales y me tienes que cobrar
- Pues yo no te puedo cobrar y no hay nadie aquí que haga eso. Regresa el lunes, si quieres, me respondió en ese todo de perdonavidas que suelen tener los burócratas de la UABC. Ya estaba enojado y eso terminó de encenderme
- ¡Pues me vale madres!, no les estoy pidiendo ningún favor, hagan su trabajo con una rechingada

Ahora sí ya estaba bien encabronado, y en eso salió el jefe del departamento a ver por qué estaba insultando a sus muchachos.

- A ver muchachito, ¿qué trae?, esas no son formas
- Pues tampoco son formas que me traigan como pendejo durante días, y su gente que no quiere hacer su chamba

Y le expliqué como estaba todo, y se encabronó

- Yo le voy a cobrar
- Muchas gracias
- No jefe, espérese, yo le cobro dijo algún acomedido por ahí
- ¿Ahora sí verdad?, ni madres, ahora le cobro yo. Ven para acá para que me ayudes

Y se puso el doño enfrente de la computadora a usar el programa de cajas, probablemente nunca lo había visto antes porque no sabía ni a qué picarle

- ¿Dónde le pico?
- Deje jefe, yo le cobro al muchacho
- Que le voy a cobrar yo ya dije, solo veme diciendo donde picarle

Y batallando y todo el señor me cobró, le temblaban los cachetes de lo encabronado. Cuando terminó me dijo
- Listo joven, mucha suerte en su examen
- Muchas gracias!

Y al ir saliendo escuché que les decía
- ¡Ahora sí me van a oír!

Llegué a la facultad, me dieron mi fecha a tiempo, hice mi examen, lo aprobé y todo, pero no me quedaron ganas de hacer el trámite de mi título.
 

El título
Muchos años después por azares del destino estuve trabajando en Softek en las instalaciones de la universidad y se me ocurrió que tal vez no sería tan mala idea solicitar mi título y ahí les voy a tratar de hacer el trámite. Llegué con la señorita, le expliqué mi situación y le pedí los requisitos. Cuando me dijo que necesitaba la constancia de servicio social fue donde se atoraron las cosas.

- Eso suena a un papel que tal vez no tenga
- Es que es requisito
- Sí, entiendo, pero me lo pediste para darme mi carta de pasante, luego otra vez para el examen profesional y además es un papel que me da la universidad, ustedes lo tienen que tener, ustedes me lo dieron.
- Pues no, no lo tengo
- No le puedes preguntar a tu computadora a ver si lo hice?
- No. 

En este momento ya había decidido que no iba a terminar el trámite así que dinamité la conversación
- Mira, deja te explico para que sirven las computadoras, les mete información adentro para que cuando la necesites la puedas consultar, ese es su propósito. Pero bueno, si no tengo la constancia qué me sugieres que haga
- Pues yo creo que lo vas a tener que volver a hacer
- Que tengas buenos días

Y así hasta la fecha sigo sin título.

Solíamos bromear que el día que Blanca se jubilara la facultad se iba a caer a pedazos porque ella era quien la sostenía. Me da gusto que esto no haya sido así, pero por si las dudas, si van a la facultad no se recarguen muy fuerte en las paredes, no vaya siendo.

martes, 21 de marzo de 2017

Despedida a Francisco Juárez

Querido amigo

Lamento no estar ahí hoy para acompañarte en tu ceremonia de retiro pero tú tienes la culpa. Luchaste tanto por tratar de convertirme en una persona responsable que hoy no puedo cancelar una entrega para estar contigo sin sentir que traiciono tu legado.

Oh Dios sí me gustaría estar ahí; contar algunas anécdotas con los amigos, reirnos a gusto y dejar que nos invada un poco la nostalgia. De todos modos deja aprovecho la ocasión y aunque sea a la distancia permíteme contarte algo.

En una de tantas visitas al auditorio de Tijuana, en una función de lucha libre me tocó ver el homenaje de retiro de un luchador. Fue un evento sencillo, no era un luchador famoso pero sí un hombre que había logrado más de 30 años de carrera sin perder su máscara y esto estoy seguro que para él era un orgullo. Cumplió con su última lucha; ya lento, sin grandes reflejos ni hazañas acrobáticas pero sí con la dignidad de un profesional hasta el último minuto. Después de la lucha el anunciador convocó a todos los luchadores que participaron esa noche. Se llenó el ring; desde los fortachones de la lucha estelar hasta los escuálidos jovencitos de la primera lucha. Estos volteaban al público como tratando de entender lo que estaban sintiendo. Fue un momento muy emotivo, el luchador levantó el reconocimiento que le acababan de entregar por su trayectoria y con la voz entrecortada dio unas palabras de agradecimiento que fueron recibidas con una fuerte ovación. La última.

Y hoy así estarás tú, me imagino con la misma emoción, con la satisfacción del deber cumplido. Andarán tal vez por ahí rondando algunos de tus actuales alumnos quienes, como luchadores de primera lucha, estarán tratando de entender qué se siente estar enfrente del pizarrón por más de 30 años.

Espero que ahora tengas más tiempo para visitar a los amigos, tenemos ganas de verte. Supongo que extrañarás un poco la facultad y que la facultad te extrañará a ti. Pero no te preocupes, ya cumpliste. Formaste a mucha gente de bien.

Por todas la enseñanzas, los consejos, el apoyo y por supuesto también por la carrilla; gracias, muchas gracias.

Un abrazo

El PPP


martes, 14 de marzo de 2017

Tercia de ases

El Chema y el Juan Pablo han sido mis amigos toda la vida y tenemos muchísimas anécdotas que recordar, sin embargo muchas de ellas no estoy tan seguro que sea conveniente que se enteren nuestros hijos; pero rascándole un poco encontré unas que les puedo compartir sin problemas (espero).

La palabra de Dios.

En aquellos tiempos ochenteros se empezaron a popularizar los cassetes y los cartuchos de 8 tracks estaban por desaparecer rápidamente. El problema es que no había manera de pasar la música de tus 8 tracks a los nuevos cassetes y esto no era un inconveniente menor.

Al Prieto Ruiz, papá del Chema, el Panchito su hijo le compró una grabadora y se dispuso a hacer lo que todos hacíamos en esos tiempos, poner las bocinas del estereo cerquita de la grabadora nueva para poder grabar en un cassete la música de los 8 tracks. El problema con este método es que todo ruido exterior también se quedaba grabado, así que había que hacerlo con mucho cuidado y de preferencia cuando la casa estuviera sola. Ese día el Prieto estaba grabando y nos tuvimos que salir espichaditos de la casa del Chema pues si bien el Prieto no era demasiado corajudo cuando se enojaba  se ponía intenso el asunto. Así que el no hacer ruido estaba el mejor de nuestros intereses.

Total que al salir de la casa rumbo al gimnasio nos encontramos a un muchachito testigo de Jehová y por supuesto que nos quería predicar pero el Chema le dijo

Mira, nosotros tenemos un compromiso muy importante pero ahí adentro de la casa está un señor que le interesa mucho la palabra de Dios pero tócale fuerte porque es medio sordo y no te va a oír

Y ahí va el pobre muchachito y nosotros nos quedamos escondidos atrás de un carro para ver la regañada que seguro se avecinaba

Señor, señor! Le traigo la palabra de Dios!

Se oyeron los gritos y diez segundos más tarde el Prieto lo llevaba de las orejas para afuera bien encabronado y nosotros atacados de la risa sin salir de nuestro escondite.


Corte de pelo a traición

Cuando salimos de la secundaria por fin teníamos la libertad de dejarnos crecer el pelo tan largo como quisiéramos y por supuesto decidí dejármelo largo como el Buki. A mi abuela esto no le hizo gracia y diario me presionaba para que me lo cortara, sin mucho éxito pues yo era bastante terco.

Por allá por noviembre le empezó a subir de tono y los reclamos se fueron convirtiendo en amenazas de cortarme el pelo mientras dormía. Una noche sentí que ya era muy en serio el asunto y me puse un sleeping bag como forro para protegerme antes de dormir y el Chema me puso una cobija encima para que no se me notara. Más tarde escuché los pasos de mi abuela que entró espichadita para no despertarme, me empezó a buscar la cabeza pero se topó con el sleeping. No me dijo nada y se salió tal y como había entrado.

Al día siguiente sospeché que iba a regresar con ganas de venganza, así que no solo me puse el sleeping bag, sino que le pedí al Chema que no solo me echara la cobija encima sino que además me amarrara a la cama. Y sí, tal y como lo predije, en medio de la noche llegó mi abuela con las tijeras en la mano, de nuevo me buscó el cabello pero esta vez sí se enojó de a deveras cuando no encontró forma de trasquilarme. Prendió la luz y descubrió el sleeping y me dice
¡Como eres simple, ni que te fuera a hacer algo!
¿Ah sí? ¿y esas tijerotas entonces para que las quieres?  le dije asomándome por un huequito que le había descosido a la orilla del sleeping para poder respirar. Y que se enoja más y me empieza a dar de cintarazos pero con la cobija y el sleeping obvio que no me dolía y nomás me estaba riendo. Y entonces me quiso jalar de los pies, pero el Chema había hecho un buen amarre y no me pudo sacar de mi protección. Así que al día siguiente no le quedó de otra más que llegar a una negociación y a cambio de unos pasteles accedí a cortarme el pelo antes de los quince años de la Adriana.


La última travesura

Con el paso de los años uno deja de hacer diabluras y nosotros ya no estábamos tan chamaquitos, tal vez tendríamos unos 21 o 22 años o quizá un poco más. Los tres estábamos estudiando en el norte y en esas vacaciones de diciembre coincidimos en el pueblo y andábamos de vagos como en los viejos tiempos; caminando, platicando, riéndonos. Felices, como es la vida de estudiantes.

Si bien seguíamos siendo muy amigos la verdad es que en ese tiempo Chema y Juan Pablo se habían distanciado un poco pero esa noche se sentía como los antiguos tiempos en la prepa. Tal vez por eso a alguien, no recuerdo a quién, se le ocurrió que sería buena idea hacer una travesura como las de antes. No hallábamos que hacer, nuestra mente que antes se desbordaba de ideas, ahora estaba más bien atrofiada. Despues de un rato de cavilar sin éxito nos encontramos a un velador dormido en su camioneta y ahí se nos iluminó el cerebro. Rodeamos la camioneta mientras el velador roncaba bien a gusto. Ya se miraba un poco grande el señor pero eso no nos importó, es una travesura inocente pensamos. Contamos hasta tres y al mismo tiempo le empezamos a pegar en las ventanas gritando incoherencias. Imediatamente después salimos corriendo cada quien en diferente dirección para que no se le ocurriera seguirnos, lo cual por supuesto no sucedió, bastante asustado debe de haber quedado el pobre señor.

Nos reunimos afuera del kinder y nos fuimos a dormir riéndonos, felices aunque un poco apenados, eso sí.

domingo, 12 de febrero de 2017

La Prepa y el Rulo

Cuando iba a entrar a la prepa corría el rumor que la iban a cerrar, esto por supuesto que no me hacía ninguna gracia, mis mejores amigos iban a entrar ahí y además quedaba a una cuadra de mi casa. Hubo juntas, presión y afortunadamente la prepa se quedó en el mismo lugar y eso fue lo mejor que me pudo haber pasado.

Para empezar la prepa solo tenía turno vespertino y lo mío nunca han sido las levantadas temprano, entrábamos a las cinco de la tarde y salíamos a las diez quince y eso era formidable. Además las clases eran otro rollo muy diferente a la secundaria y esto me hacía sentirme grande. En primer semestre tuve puros buenos maestros. Recuerdo con especial cariño a la maestra Alicia Romero aunque reprobé realmente disfruté su clase. El Raúl Lyle era el director, después me daría clases en segundo semestre pero de eso hablaré más adelante.

El Rulo estaba muy joven para ser director aunque supongo que no debe de haber sido un puesto muy competido; el sueldo no debe de haber sido atractivo y batallar con una escuela cuya existencia estaba en la cuerda floja me parece que era más un apostolado que un trabajo. Pero así se ha ido construyendo nuestro pueblo, a base de terquedad y sudor de voluntarios.
El Rulo circa 1985


El Rulo era buen director, era raro que hubiera problemas o que los maestros faltaran. Todo estaba limpio y sin grafitti, y aunque parezca un detalle menor, en el baño siempre había papel, algo que rara vez sucedería en mi facultad en la UABC.

En segundo semestre me dio clases, no recuerdo de qué pero debe de haber sido alguna materia de ciencias sociales. Como maestro era regular, ni muy bueno ni muy malo. Lo más memorable era la costumbre que tenía de pararse en la orilla del templete y estarse balanceando durante toda la clase. Pensábamos que tarde o temprano terminaría por darse un chingadazo pero esto por alguna extraña razón nunca sucedió.

Ese semestre me dio por no asistir a clases de matemáticas con el profesor Rojo, esto es tema de otra historia pero por hoy vamos a dejarlo en que después de tres meses sin asistir el Rulo decidió que era momento de notificar en mi casa. Ese día antes de salir me llamó a su oficina y no me sermoneó, simplemente me entregó un sobre y me dijo que no regresara hasta que no viniera mi mamá a hablar con él.

Cuando llegué a la casa leí la nota y pues sí, me había suspendido de la prepa. Por supuesto que no le di la carta a mi mamá, si me iban a correr no iba a ser así de fácil. A la tarde siguiente llegué a la prepa como si no hubiera pasado nada. Para mi mala suerte solo habría dado un par de pasos dentro del edificio cuando me encontré de frente con el Raúl.
Carta de suspensión

- ¿No te había corrido yo a ti? me reclamó serio pero no enojado.
- No seas simple Rulo, ya voy a entrar a clases con Rojo, no la hagas de tos. Le respondí y seguí caminando hacia mi salón sin voltear ni detenerme, en la esperanza de que no me hablara para correrme ahora sí en serio. Entré a mi salón y no volvimos a tocar el tema

Como ya les dije el Rulo era buen director, siempre nos apoyó en cuanto mitote anduviéramos metidos: ajedrez, atletismo, club de teatro, fiestas, grupo musical, futbol y por supuesto al equipo de basket. Sí había que rogarle y negociar pero siempre fue razonable, no lo mareaba estar en una posición de poder como les sucede tan comúnmente a los maestros. Cuando algo se podía nos apoyaba sin mayor trámite; cuando no se podía nos lo decía sin mayores ceremonias. Tal vez por esto le teníamos mucho más respeto a su persona que a su posición.

De las actividades de compartía con nosotros creo que sus favoritas eran el ajedrez y el atletismo. El ajedrez obvio le venía de sangre pues Don Ricardo, su papá, era el mero capo del ajedrez en el pueblo. El Raul no era tan bueno pero si lo suficiente para ganarnos la mayoría de las partidas. Pero creo que correr le gustaba más. Un tiempo nos dio por correr diez kilómetros y nos pusimos medio serios con respecto a esto. Nos íbamos el fin de semana a acampar a la laguna Manuela, corríamos un poco antes de que anocheciera, acampábamos y a la mañana siguiente nos levantábamos muy temprano, en el carro el Rulo nos dejaba cerca del entronque y nos íbamos corriendo hasta el campamento en la playa. Subíamos los cerros de dunas, llegábamos al faro y después regresábamos al campamento. Todo iba bien hasta que nos llevamos un tequila para la noche y el Rulo nos descubrió y se acabaron los entrenamientos de fin de semana.

En mi ultimo año de la prepa ya le teníamos mucha confianza al Rulo y en general a la mayoría de los maestros, así que ir a la escuela era un poco como ver a tu familia extendida. Ya habíamos pasado las químicas con Rosalinda, y para mi fortuna ya no llevaba dibujo técnico sino mecanografía con Rosalva Meza, así que no recuerdo alguna materia particularmente difícil sino más bien las noches de trova después de clases, las mañanas de basketball con el gimnasio para nosotros, la rivalidad con el Cet del Mar y los Guerreros, fiestas, y por supuesto los nervios y las discusiones acerca de lo que estudiaríamos. Fueron días hermosos.

Cuando salí de la prepa el Juan Pablo y el Chema se quedaron todavía otro año, habían caído víctimas de las clases de química y se convirtieron en los consentidos del Raúl, de esto podrían salir otras historias pero vamos a dejarlas para una mejor ocasión.



lunes, 16 de enero de 2017

Irina


Esta historia tiene una segunda parte y la puedes encontrar aquí
https://desiertodesal.blogspot.com/2020/08/irina-me-sigue-amando.html

Irina


Siempre fui un tipo solitario, más bien tímido, tal vez por eso nunca tuve suerte con las mujeres. Sí bien tuve un par de novias, en cuanto las cosas empezaban a ponerse serias algo salía mal y terminábamos. Puede sonar a cliché eso de que las historias siempre tienen dos versiones, pero es cierto, y en mi caso en cuanto empezaba a sentir que me querían controlar salía huyendo.

En general me sentía tranquilo con mi soledad pero ustedes saben que el cuerpo tiene sus necesidades y a veces en las noches de frío no entiende de razones. Así que un buen día decidí comprarme una androide sexual. Real Doll se había asociado con una compañía nueva de robótica de unos ingenieros jóvenes y muy inteligentes, y habían sacado al mercado una nueva serie de muñecas robóticas que ya podían caminar, subir escalones y hablar como si fueran humanas. Transferí dinero a mi cuenta de pay pal y me dispuse a ver el catálogo. No me costó mucho trabajo elegir una muñeca de tez blanca, ojos verdes, voluptuosa y casi de mi estatura. Hice el pago electrónico y el recibo decía que en dos semanas más estaría recibiendo el paquete en mi casa.

Un sábado por la mañana recibí el paquete, pensé que vendría desarmada pero no, era una gran caja con la muñeca en una sola pieza. Firmé de recibido y con curiosidad y morbo procedí a sacarla de la caja. Como pude la senté en el sillón, pesaba casi tanto como una mujer normal, sus fabricantes habían hecho todo lo posible para que no pareciera una muñeca sino una mujer verdadera. En la caja venía un pequeño instructivo para activarla. Primero se instalaba una aplicación en el teléfono, se ingresaba el número de serie de la muñeca y algunos detalles de configuración como el idioma, el acento, su nombre y después se pasaba por un proceso de entrenamiento con mi voz para que aprendiera a obedecer solo a su dueño.

Después de unos quince minutos ya estaba lista. La llamé Irina y hablaba español con un acento ruso bastante sexy. Presioné el botón de encendido, se levantó y dio unos pasos torpemente como si se estuviera calibrando, me dijo Hola y caminó hacia mi, ahora sí, de forma completamente natural como cualquier persona. La abracé y le di un beso, su piel se sentía casi normal. Me sorprendió que no estuviera fría, hasta esos detalles habían cuidado. Así, impresionado y emocionado procedí a disfrutar de mi recién adquirida compañera.

Irina no era un androide tonto, todo lo contrario, conforme pasaban los días iba evolucionando y cada vez su comportamiento era más complejo y a ratos me descubría teniendo conversaciones con ella sin recordar que era un androide. Y es que la arquitectura de su software era tal que aprendía de su entorno y además cada mes puntualmente recibía actualizaciones. Se sentaba, cerraba los párpados y se quedaba totalmente quieta mientras emitía un sonido electrónico que funcionaba de aviso que estaba siendo actualizada y que no se podía mover.

En diciembre salió a la venta una actualización de software para que hiciera también las labores domésticas. Curioso, nunca pensé en ella como una sirvienta pero la actualización no estaba cara y ciertamente la casa se vería mejor un poco más limpia. Di click al botón de comprar y al día siguiente cuando llegué de trabajar el piso estaba recién trapeado y todos los platos limpios
Irina


Los meses fueron pasando y entre el aprendizaje y las actualizaciones Irina parecía cada vez más humana. En las tardes que regresaba a casa me la encontraba sentada en la sala tranquilamente leyendo un libro. Me parecía muy extraño verla leer pero nunca le pregunté nada; curiosamente a pesar de ser una máquina me parecía una invasión a su privacidad. Platicábamos un buen rato y después me preparaba la cena. A veces jugábamos ajedrez pero no era tan divertido porque no le costaba ningún trabajo ganarme y se aburría un poco.

Un sábado se me ocurrió que no sería tan mala idea salir como si fuéramos una pareja normal. Salimos a caminar a la playa e Irina iba feliz de salir de la casa, se mojó los pies en el mar y hasta corrió un poco. Después fuimos al cine, me sentía un poco incómodo de que alguien notara que era un androide, sin embargo creo que más bien nos miraban porque era raro ver de la mano a una mujer tan guapa con un hombre mucho mayor. Irina no lo notó o no le dio importancia. Nos sentamos a ver la película como cualquier otra pareja. Me gustó esta película dijo tranquilamente al salir como si fuera la cosa más natural del mundo y me abrazó bien fuerte. Debo de confesar que nunca había sido tan feliz.

Teníamos un poco más de un año juntos cuando recibí una llamada de unos amigos de la universidad que vivían en España e iban a estar de visita en mi ciudad. Sin pensarlo les ofrecí hospedaje y ellos aceptaron de inmediato. Eran muchos años sin vernos y teníamos mucho de que platicar. Pero estaba el asunto de Irina, ¿qué iba a hacer con ella?. No tenía ganas de dar explicaciones; además ¿qué les iba a decir?, ¿que vivía con una androide y que fuera del trabajo prácticamente solo hablaba con ella?. Así decidí apagarla mientras estuvieran mis amigos en casa.

Irina se sorprendió un poco cuando me vio sacar del cuarto de los trebejos su caja, no la había vuelto a ver desde el día que la encendí. Dejé la caja en el piso y con el teléfono en mano volteé a verla. Cuando se dio cuenta lo que iba a suceder me miró fijamente con un gesto de tristeza ; no pude evitar sentirme culpable pero de todos modos procedí de acuerdo al plan; la puse en su caja, la arrastré al cuarto de los trebejos y la dejé ahí junto con las cajas de adornos de navidad que tenían años sin usarse.

Cuatro días después la volví a encender.
¿Cuántos días me tuviste apagada?
Cuatro, es que estuvieron unos amigos de visita y tenía mucho tiempo sin verlos
¿Y? ¿te avergüenzas de mí?
 No es eso, es que es complicado,
¿Es complicado?, a ver, explícame la complicación
Mira, es que... bueno ya pues, perdóname no pensé que te fuera a molestar
Te perdono pero ni creas que se me va a pasar el enojo así de fácil 

La vida retomó su curso casi normal, pero hubo algunos cambios en el comportamiento de Irina. Empezó a hablarme al trabajo en vez de al celular, como si quisiera asegurarse que estuviera ahí. Si a las ocho no había llegado a la casa invariablemente sonaba mi celular con el consabido ¿a qué horas vas a llegar?, ya es muy tarde para que estés trabajando.

No salía con frecuencia de la ciudad por cuestiones de trabajo, pero esta vez iría a un curso a Canadá y estaba bastante emocionado; no conocía Vancouver y además necesitaba unas vacaciones.
Oye bonita, voy a salir de la ciudad por unos días, voy a Vancouver a un curso
¿Me vas a apagar?
No, ¿por qué, ¿quieres que te apague? pregunté sorprendido
¡Haz lo que quieras! me respondió mientras se daba media vuelta y se metía al cuarto dando un portazo.

A mi regreso de Vancouver su comportamiento se tornó aun más paranoico, ya no pasaba la noche acostada a mi lado sino se quedaba sentada a un lado de la puerta vigilante. Quise desactivar esto mediante la aplicación pero no funcionó.

Al día siguiente durante el desayuno me espetó
Me quisiste cambiar la configuración anoche
Sí, has estado muy intranquila y quise ver si podía mejorar esto 
Pues no me gusta eso y me desactivé esa función  dijo retadora
Tomé aire, reflexioné en silencio cerca de un minuto y le respondí
Ahorita regreso, voy por unos cigarros
A Irina esto le pareció un poco raro porque sabía que nunca he fumado. Tal vez si fuera un poco más humana habría entendido.