sábado, 24 de septiembre de 2016

El Carnitas


Hablar de un personaje como Francisco Artemio Baiza mejor conocido como El Carnitas, no es cosa fácil y tal vez como en muchas otras ocasiones lo mejor será empezar por el principio. El Carnitas llegó a Guerrero Negro junto con el Toto, no sé si Pancho trajo al Toto o al revés, creo que la respuesta depende de a quién le pregunten. El caso es que es uno de los comerciantes fundadores de Guerrero Negro.

Los Baiza siempre han sido muy cercanos a mi familia, Sofía fue mi compañera durante toda la escuela, Rubén (el Panchito) y yo compartimos casa durante varios años en la universidad, mi mamá y Tere son comadres y por supuesto Pancho, el Carnitas siempre ha tenido un lugar especial en nuestra casa. Además la tienda del Carnitas está a un lado de la de mi mamá, así que fui su cliente desde siempre.
Sofía, Rubén, Lety y Carla
El Carnitas y su tienda son personajes inseparables en mi memoria, esa tienda mágica donde no solo había dulces y futbolitos sino cuanta cháchara se puedan ustedes imaginar. Era punto de reunión de mi tío Alfonso, Memito González y muchos otros personajes del pueblo.

Los primeros recuerdos que tengo del Carnitas y su tienda  son de las famosas cartitas de luchadores. ¡Dios, cómo me gustaban esas cosas! Primero comprabas el álbum donde venían espacios para todos los luchadores.
Si lo llenabas lo podías cambiar por alguno de los premios que Pancho tenía pegados en la pared atrás de la caja. Ya visto a la distancia no entiendo por qué alguien cambiaría su álbum todo chingozote por un premio que hasta donde mi memoria alcanza estaban medio chafones; pero en fin, así eran las cosas. Las cartitas de los luchadores venían en unas hojas grandes como de estampillas y te las vendía volteadas cara abajo, así no podías saber qué luchadores te iban a tocar en los 5 pesos de cartitas que comprabas. Por supuesto que te salían muchas repetidas y pues a cambiarlas por las que te faltaran. No recuerdo cuales eran las más difíciles de conseguir, supongo que serían Santo y Blue Demon, la más común por mucho era la del Matemático, de ese canijo cada que compraba de seguro me salía al menos una.



De los futbolitos como tantos otros chamacos también fui un adicto. Se llenaba la tienda de morros haciendo reta: de apuesta, de él que pierda paga, sin parar la pelota, uno contra uno, dos contra dos. Aprendí a jugar más o menos bien y hasta la fecha es raro que pierda un juego contra alguien que no sea de Guerrero Negro. Cuando estábamos en la universidad y compartíamos casa en Ensenada el Rubén y yo nos íbamos a un bar que tenían un futbolito a jugar de apuesta de cerveza. Pagábamos la primera cerveza cuando llegábamos y las siguientes siempre eran cortesía de los incautos que aceptaban jugar contra nosotros.

Pero regresemos a Guerrero Negro. La partida de futbolitos costaba un peso y te salían 5 pelotas, por supuesto que chamacos a fin de cuentas, tratáramos de hacer trampa para jugar más sin pagar. Había tres métodos: El primero era meter la mano rápido por la portería cuando alguien metía gol. El segundo era meter un fleje de metal por encima de la palanca para levantar el seguro y poder presionar sin echarle dinero y el último y más difícil era meter la mano por donde salían las pelotas y levantar el seguro. Yo nunca pude pero un amigo que no voy a nombrar porque ahora es maestro y para que no diga que lo quemo con sus alumnos, era buenísimo para esto, en menos de dos segundos se agachaba metía la mano y pum!, mágicamente salían las pelotas. Existe la leyenda urbana de que podías echarle una moneda amarrada con un hilo pero nunca vi que alguien lo hiciera.

Por supuesto que esto no le hacía gracia a Pancho, que se daba sus vueltas para regañarnos y hacer un poco de coraje. Quihubo quihubo cabrón!, decía cuando descubría a alguien haciendo trampa. Lo cual era cosa de todos los días. Me gusta pensar que se divertía un poco de batallarnos, así me siento menos culpable de los corajes que le hacíamos pasar.

Pancho era muy peludo y le encantaba andar sin camisa. Además no le hacía mucho el frío; cuando estábamos en la secundaria y tomábamos el camión muy temprano en la esquina de la capitanía de puerto seguido veíamos a Pancho acostado encima del cofre de su carro sin camisa esperando que salieran Sofía y Lety para llevarlas a la secundaria y nosotros muertos de frío nomás de verlo. Era tan peludo que una vez se rasuró una cruz en el pecho, y si le preguntabas el por qué te contestaba medio en serio medio en broma Yo no fui, fue un milagro.

Pancho, Sofía y Carla
 Ya en la prepa iba con Pancho por sodas y a platicar un rato, y en las fiestas de navidad y año nuevo siempre iba a la casa a pasar un rato con nosotros. La última vez que lo vi fue en la boda de Sofía y mi negro. Ya está muy grande y no me reconoció. No te preocupes Pancho, yo no te olvido. Un abrazo.

Con cariño para toda la familia Baiza.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Seminario de tecnología de la enseñanza de los santos de los últimos días

En séptimo semestre de la carrera alguien tuvo la mala idea de poner en el plan de estudios una materia llamada Seminario de la tecnología de la enseñanza. Supongo que la lógica de esto debe de haber ido en el tenor de para que de perdida medio sepan dar clases y no se mueran de hambre. Gracias, pero no gracias. El caso es que visto a lo lejos esa materia era una muy mala forma de perder el tiempo, y visto de cerca en aquellos ayeres peor. En séptimo semestre ya medio sabes matemáticas y física y se empieza a poner interesante el asunto; la diferencia entre un objetivo específico y uno particular como que quedaba muy lejos de nuestros intereses.

La maestra llegó a la primera clase bien motivada, poseída de un fervor pedagógico envidiable, hagan de cuenta Juana de Arco dando clases. Nos trató de convencer de las bondades de su curso y con sonrisa de crisiana evangélica hacía castillos en el aire de todas las cosas que íbamos a hacer.

Pero no, no estábamos interesados en comprar el snake oil que vendía y en cuanto nos dio oportunidad de hablar se lo hice saber

Maestra, voy a hablar por mi, pero creo que lo que voy a decir es el sentimiento general de todos. Su materia es una materia de relleno y la mera verdad no nos interesa. Por qué no nos pone 9 a todos y usted cobra su cheque y ya, contentos todos como si no hubiera pasado nada.

¡No mamen!, les juro que le empezó a dar vueltas la cabeza como a la niña del exorcista y parecía que el mismo Belial la hubiera poseído de encabronada que se puso. No recuerdo qué nos dijo, seguro porque ha de haber estado hablando en lenguas. En un momento de respiro que tuvo, Catalina, que era muy bien portada e iba encarrerada por el premio al mérito académico se para y le dice Pues yo no sé maestra, pero yo llevo promedio de 9.6 y no quiero que me lo vayan a bajar por su tarugada. Acto seguido tomó sus libros y se salió del salón ante la mirada atónita de la maestra que no entendía qué estaba sucediendo.

Por supuesto que ese mismo día le fuimos a hacer una grilla para tratar de que nos quitaran esa materia. Con lo que no contábamos es que la maestra era alta ejecutiva de la universidad, así que cuando llegamos con Gloria, a pesar de que nos quería mucho, en cuanto nos empezó a oír dijo
Yo no me voy a pelear con Edna por esto, llevan la materia y sanseacabó, es más, ya no los estoy oyendo, órale cúchale, cúchale. Y sin mayor trámite nos sacó de su cubículo y nos quedó muy claro que el seminario había llegado para quedarse y que tendríamos que resolver esto de otra manera.

En la segunda clase nos dejó de tarea leer un artículo y que le hiciéramos un resumen, y pues sí, se lo hicimos muy al bravazo y eso nos ganó un sermón y un comentario para picarnos el orgullo
Es que los de ciencias naturales no saben leer.
Y nos volvió a dejar de tarea otro artículo para leer y resumir. Dicen que Dios no le da alas a los alacranes, pero a veces sí. Resulta que este otro artículo venía plagado de faltas de ortografía. Y tomé un marcador fosforescente amarillo y subrayé todas las que pude encontrar. La siguiente clase no entregué mi resumen, le dejé su artículo subrayado encima del escritorio con una leyenda que decía
Los de ciencias no sabemos leer, pero los de humanidades no saben escribir. 
Y procedí alegremente a pintearmela.

Y así empezaron a pasar las clases, cada vez más aburridas e irrelevantes hasta que un día llegamos a la conclusión que lo que deberíamos de hacer es un calendario de asistencia. Y justamente eso hicimos. Cada quien tenía asignadas las fechas a las que tenía que entrar a la clase, entregar las tareas de todos, tomar notas y luego repartirlas al resto de los compañeros. Así, entrando a clases cada dos semanas era más llevadera la materia.

Una tarde que me tocaba entrar a clase llegué al salón y la maestra todavía no estaba ahí. Era un día precioso, estaba soleado y un poco calientito. El salón quedaba en un segundo piso y tenía vista al mar, que quedaría a unos escasos 80 metros de distancia. Y a pesar de ser cerca de la una de la tarde las olas estaban rompiendo bien bonito. Y es que esto es raro, por lo regular uno encuentra olas para surfear o muy temprano o por la tarde antes de anochecer. Y yo traía la tabla en el carro. Y el wet suit. Y además por si esto fuera poco, traía dinero para un seiscito. ¿Qué oportunidad tenía la clase de que me quedara?, siendo honestos, ninguna.

Y tomé mis libros y me fui; me encontré a la maestra en los escalones y me preguntó ya resignada al calendario
¿Qué pasó Paredes?, ¿hoy te toca no?
Sí maestra, pero hay olas
¿y qué tiene que haya olas?, en el mar siempre hay olas
Pero no a estas horas maestra, le dejé las tareas en el escritorio, ¡luego la veo!

La siguiente vez que me tocó clase se sentó muy seria y me miró fijamente queriéndome atravesar con la mirada. Pasó un minuto de silencio, luego otro y luego... saqué mi cuaderno y me puse a hacer mi tarea de electrodinámica mientras ella hacía sus panchos. Finalmente habló

No te entiendo Paredes, de veras que no te entiendo
¿Qué cosa no entiende maestra?
¿A qué vienes a la escuela?
Está fácil, a aprender física y matemáticas, si vamos a hablar de eso soy todo oídos maestra, si no, pues... ¿qué quiere que le diga?.

Silencio nuevamente. Terminé un problema de campos magnéticos, y la maestra entre resignada y encabronada empezó con la clase.

El trabajo final del semestre fue muy divertido, se trataba de preparar una clase, con toda la planeación que nos había enseñado y luego darla frente al grupo. Mis compañeros sí le invirtieron tiempo y prepararon clases de temas de su interés: mecánica de fluidos, física de altas energías y cosas así, avanzadas pues. Yo no; Matemáticas I, funciones trigonométricas y vámonos recio, para que dar tantos brincos estando el suelo tan parejo.

Como los temas eran avanzados las clases de mis compañeros no fueron tan fluidas y se atoraron un poco en las preguntas, pero estuvieron interesantes. A mi me tocó el último turno

Bueno, el tema de mi clase es funciones trigonométricas, es un tema de matemáticas I para una escuela de ingeniería o biología. El material que voy a presentar mis compañeros lo conocen a la perfección maestra, entonces no les puedo preguntar nada a ellos, así que por favor ponga mucha atención porque le voy a preguntar a usted.

De veras que esto no lo había planeado así como venganza, simplemente escogí el tema más sencillo que se me ocurrió para pasar la materia bajo el principio de mínimo esfuerzo, si la naturaleza se comporta así, ¿quién soy yo para contradecirla? Ya que estaba ahí pensé que era buena idea hacerla sentir un poco de rigor.

Y empecé a dar la clase y la maestra agarrada con las dos manos a la orilla del pupitre poniendo toda la atención de la que era capaz.

Maestra, de acuerdo a esta gráfica, ¿qué diferencia hay entre el seno y el coseno?
¿Que uno está más a la derecha que el otro?
Que tienen una diferencia de fase de pi/2 maestra, ¡ponga atención por favor!.
 
 Cuando por fin terminó su suplicio me felicitó y me dijo

Muy buena clase, tienes un talento natural para dar clases, deberías ser maestro
Noooo maestra, no gracias, ¿para que me toque un chamaco latoso?, mejor no 
Pues te salió muy bien, te hubiera salido mejor si la hubieras preparado con tiempo
¡Pero si la preparé!
¡Qué la preparaste ni que nada, si de aquí te vi que estabas todo apurado escribiendo en el jacuzzi antes de entrar a la clase!.

El siguiente año no regresó la maestra a dar la clase, sino hasta otro año después. Para ese entonces ya se habían dado cuenta de la bronca y la materia la movieron a primer semestre donde hacía (¿hace?, espero que ya no) menos daño. Y cuando llevaba un poco más de un mes dando la clase a sus pubertos alumnos la maestra decidió sincerarse. No quiero hacer esta historia más larga de lo que ya es, simplemente les contaré que se le salieron las lágrimas de la emoción de lo bien portados que eran sus nuevos alumnos y les contó lo horrible que había sido darnos clases a nosotros. ¿Ve maestra?, yo le dije, nos hubiera puesto nueve a todos y nos dejábamos de mamadas.

Con el paso del tiempo uno se vuelve más paciente y aprende a apreciar las cosas en su justa dimensión. Y creo sinceramente que de todas las materias de la universidad aprendí cosas útiles.

Menos de este seminario. Este, por más vueltas que le doy, no le encuentro nada.

Nada.


 

martes, 13 de septiembre de 2016

Carrillo y Juaritos

Miguel y Francisco son mis amigos. Es bueno tener amigos mayores, se les puede aprender mucho, sobre todo cuando son maestros universitarios; aunque a este par le aprendí principalmente malandrinadas. Esta historia la podría empezar por poner en duda que realmente sean maestros, pero esto es sumamente peligroso y podría salirme el tiro por la culata, porque ellos podrían alegar que sí daban clases y yo era el que no asistía. Así que vamos a llevárnosla tranquilos.
Miguel Carrillo y Francisco Juárez

Primero me dio clases Francisco, de hecho mi primera clase de la universidad me la dio él. Era un grupo numeroso porque la materia la compartíamos con los de computación, total que traíamos un desmadre cuando entró Juaritos, borró el pizarrón y dijo con autoridad A ver siéntense vamos a empezar. Por supuesto que nadie le hizo caso y como insistía, un compañero le gritó Ya siéntate simple, ahorita llega el maestro. Y es que Francisco es bien chaparrito y tragaaños como él solo. En esa ocasión no era maestro titular sino asistente y la clase era Geometría Analítica. La responsabilidad del asistente era calificar tareas y exámenes y una vez a la semana dar una clase de resolución de ejercicios; no recuerdo que haya sido particularmente cabrón, el que sí era bien culero y medio pervertido era el titular de la materia. Lo taggearía pero luego se agüitan mis compas del instituto de nanociencias de la UNAM.

Miguel me dio Química, creo que en tercer semestre; nos la pasamos mucho tiempo en el laboratorio pero el muy cabroncete nunca me quiso enseñar a hacer explosivos, lo cual mató mi pasión por la materia. ¿De qué sirven las clases de química si no vas a hacer explosivos? duh! Sin embargo hay algunas anécdotas de esa clase que vale la pena recordar.

A veces compartíamos el laboratorio con unos morros de biología de primero o segundo semestre, había una pareja de chilanguitos que estaban medio weyes y el Miguel se aventó un troll épico

¡Muchachos, tengan cuidado con eso!, ¿no saben lo que es?
¿Qué es profe?
Es cloruro de sodio y lo tienen que manejar con mucho cuidado. El cloro es un gas muy tóxico y el sodio explota al contacto con el agua. Ahora imagínense si los juntan lo peligroso de la mezcla. No muchachos, tienen que tener mucho cuidado con eso.
Y ahí los ven a los chilanguitos medio asustados agarrando el bote de sal con pinzas y con extremo cuidado mientras el Carrillo disfrutaba su travesura como niño. Ahora bien, déjenme decirles que me parece que esta fue una excelente lección de química, así que algo aprendí en la clase.

Los viernes había cineclub en la facultad y se empalmaba con el laboratorio, si la película estaba buena le decía al Miguel

Miguel pon a hacer algo a estos cabrones y vente a las movies, va a estar bueno hoy.
Nooo, ¿cómo crees? 
Órale!, ¿qué va a pasar?, son buenos estudiantes y no te van a madrear nada
Pinche Poncho no la chingues
Ya, no te la juegues y vámonos, ya va a empezar
Está bueno pues. Ahorita regreso muchachos ya tienen el material de la práctica, les encargo su reporte y que no dejen desmadre. Esto lo decía con un gesto severo para que se viera quién era el maestro y que se tomaba las cosas con la seriedad requerida.
  
Una vez me quedé dormido en clases y cuando me desperté se estaba terminando la clase y el pizarrón estaba lleno de ecuaciones

¿Qué es eso Miguel?
Es la tarea
Órale,  ¿cuántas planas?
Diez me respondió muy serio.

Y para que no dijera que no le hacía caso le hice sus diez planas de ecuaciones. Por supuesto que cuando se las entregué me regañó por andar de mamón, pero yo hice la tarea que me dejó xD.



Francisco hasta donde recuerdo no volvió a darme clases, al menos ninguna a la que asistiera. Sin embargo es uno de los maestros que más contribuyó a que terminara la carrera. Los que lo conocemos bien sabemos de su naturaleza bipolar, por un lado tiene una manera ácida de motivar que raya en el bullying pero por otro se preocupa por ti a nivel personal más como un amigo que como maestro, sospecho que por esto 25 años después lo siguen invitando a las reuniones sus ex alumnos. Así, como me vio que andaba valiendo queso me ofreció un lugar en su cubículo, con escritorio para mi solito y toda la cosa. Y ahí entre la montaña de libros que era su cubo me pasaba las horas estudiando. No siempre lo que debería pero al menos le bajé un poco a la vagancia y Francisco me traía cortito con las tareas y todo eso.
Pura gente fina y Francisco
Me dicen que Francisco todavía da clases, me imagino que estará más ideático que nunca y los libros le pesarán más que antaño.

Miguel ya está viejito y se jubiló, por ahí anda dando lata en un club de historia donde supongo se andará albureando a sus compañeros y poniendo su cara de gente seria a ratos.

Dicen que eran maestros. Dicen; así se forman las leyendas.

martes, 6 de septiembre de 2016

El cine Kugue

El cine Kugue

Yo aprendí a querer las películas de Kung Fu en el cine Kuge. Los sábados salíamos del catecismo y nos íbamos derechito al cine a ver las películas de Kung Fu. Por supuesto que todos adorábamos a Bruce Lee y nos emocionamos cuando proclamaron a Jackie Chan como sucesor legítimo del dragón. Pero no sólo eran estas, sino también todas las películas tradicionales de Kung Fu, con todas sus exageraciones: héroes que de un brinco llegaban al techo de una casa de tres pisos, o caían en la punta de un cerro, heroínas peleando con un trapo contra dos tipos con sables, golpes mágicos y misteriosos que te paralizaban, los japoneses malos, muy malos, gorditos con un mazo, maestros viejitos con agilidad increíble y todo tipo de armas. Pero lo mejor eran las películas del espadachín manco; imagínense un tipo con un solo brazo que pelea usando tres espadas contra 60 enemigos en un puente y los mata a todos. Como además de cine era teatro, abajo de la pantalla tenía una tarima y en el intermedio todos excitados por la película nos subíamos a echar karatazos. Así eran las funciones de matiné todos los sábados en el cine Kugue.
Beto Meza López operando el proyector


Por supuesto que no todo era Kung fu, también recuerdo las películas de aventuras, la emoción de ver a Kaliman en la pantalla y por supuesto ¡las películas de luchadores!. Al salir también era tradición ir por una nieve con Doña Lidia y El Bicho, y si traíamos dinero extra, una malteada. Doña Lidia y el Bicho siempre fueron muy amables conmigo, les encantaba bromear y él no sé de dónde sacó la broma de que comía Rosco y siempre se reía conmigo de que 'según' estaba bien bueno y que me invitaba a comer cuando quisiera.

No sé cuándo se fundó el cine Kugue, pero dice mi amá que en el 72 ya estaba operando, igual cerró no sé que año pero por allá de 1980 cuando iba a la secundaria ya estaba cerrado, y a veces durante esa época íbamos a un cine que estaba en la Loma y que le decíamos el cuatro vientos, porque tenía hoyos por todos lados, incluso uno muy grande en el techo que permitía que se vieran las estrellas. También a veces íbamos al cine de los húngaros, recuerdo que ponían una lona y las funciones eran al aire libre.

Pero no nos desviemos del tema y regresemos al cine Kugue.
Beto afuera del cine
Los fundadores fueron Alfonso y Berta Kugue, quienes además del cine también vendían gasolina. Sus papás, Jesús y Francisca eran dueños de El Nuevo Japón, pero esa es una historia que alguien más anterior que yo tendrá que contar. Me han dicho que Chuy Flores era el encargado de la proyección y que pasaban muy buenas películas de estreno: el Padrino, Tiburón, Superman, vaya, hasta la Naranja Mecánica se vio ahí.

Cuando ya iba a la prepa el cine reabrió sus puertas por un corto tiempo, recuerdo haber ido un par de veces aunque mi memoria puede traicionarme; lo que sí recuerdo perfectamente es que se presentó una obra de teatro que causó gran revuelo en el pueblo porque Margarita Gralia mostraba los pechos desnudos.

Hoy el cine solo es un galerón abandonado, esperando tiempos mejores que espero no tarden mucho en llegar

* Un especial agradecimiento a Beto Meza por permitirme usar sus fotos






sábado, 3 de septiembre de 2016

Rey en un país de homofóbicos


Rey en un país de homofóbicos, así de cabrón estaba. Reza un tuit de @ciervovulnerado que bien podría servir de su epitafio. Certero, directo y que refleja la grandeza de Juan Gabriel.



Estamos dolidos, cierto no todos los mexicanos pero si la mayoría. Sobre todo los mayores de cuarenta que su música ha sido un compañero de vida. La muerte de Juan Gabriel nos tomó desprevenidos y hoy nos tiene unidos en su luto, escarbando recuerdos de fiestas, borracheras, amores y decepciones en las que su música nos dio voz.

La música de Juan Gabriel para muchos es algo personal, íntimo, ligada a momentos importantes, piensen en canciones como La farsante, inocente pobre amiga, amor eterno, Se me olvidó otra vez, yo no nací para amar; canciones con alma, que nos ayudaron a llorar o a sostenernos de pie. Por eso ahora que corrieron al pendejo de Tvunam en vez de pensar en la censura o lo que ustedes gusten y manden lo que se me vino a la mente fue un sencillo A chingar a su madre a otra parte!



 En estos días he visto testimonios de todo tipo de gente, condolencias de personalidades de todo el mundo sin embargo la que me llegó más fue un imitador que muy triste decía Es que nos ha dado de comer a tantos y es que así fue la historia de Juan Gabriel, llena de generosidad y de agradecimiento. Decía mi mamá cuando un artista ya no tiene éxito, rápido un disco de homenaje a Juan Gabriel y de ahí sale para el chivo. Se puede hacer una larga lista de los artistas que le deben su carrera a los éxitos que les compuso y los mariachis y bandas de todo el país todos los fines de semana tocan sus canciones.

La primera de sus canciones de la que tengo memoria es Buenos días señor sol, por supuesto que traigo tatuada en la memoria el noa noa, la frontera, siempre en mi mente y un largo etcétera; debo de haber cantado cientos de veces Querida cuando estaba en la prepa y sin embargo nunca me consideré fan hasta que descubrí que Se me olvido otra vez era de JuanGa y no de José Alfredo. Eso fue una revelación y desde entonces me considero fan irredimible.

Juan Gabriel en Bellas Artes fue todo un suceso en mi casa; mi mamá y mi tía estaban encantadas, yo en ese momento no entendía muy bien la importancia de la toma del palacio por el pueblo, pero disfruté con ellas del concierto y ahora disfruto más de saber que sucedió.

Por allá del 2006 Gabriel nuestro socio nos regaló al Humberto y a mi cuatro boletos de primera fila en el palenque de Tijuana para verlo y llevamos a su mamá y a mi tía. Una noche increíble, estábamos a escasos 3 metros y mi tía como adolescente le gritaba Amor!, Te amo! Juan Gabriel sonreía y el Humberto y yo destapábamos otro bote satisfechos de poderles dar esa alegría. En el escenario Juan Gabriel era un monstruo, cantaba una tras otra, haciendo al público su cómplice, al mariachi bailar y al escenario suyo. Era el puto amo.

Por supuesto que me eché unos tequilas la noche que falleció, ¿qué otra cosa podía hacer?