lunes, 16 de enero de 2017

Irina

Siempre fui un tipo solitario, más bien tímido, tal vez por eso nunca tuve suerte con las mujeres. Sí bien tuve un par de novias en cuanto las cosas empezaban a ponerse serias algo salía mal y terminábamos. Puede sonar a cliché que las historias siempre tienen dos versiones pero es cierto y en mi caso en cuanto empezaba a sentir que me querían controlar salía huyendo.

En general me sentía tranquilo con mi soledad pero ustedes saben que el cuerpo tiene sus necesidades y a veces en las noches de frío no entiende de razones. Así que un buen día decidí comprarme una robot sexual. Real Doll se había asociado con una compañía nueva de robótica de unos ingenieros jóvenes y muy inteligentes y habían sacado al mercado una nueva serie de muñecas robóticas que ya podían caminar, subir escalones y hablar como si fueran humanas. Transferí dinero a mi cuenta de pay pal y me puse a ver el catálogo. No me costó mucho trabajo elegir una muñeca de tez blanca, ojos verdes, voluptuosa y casi de mi estatura. Hice el pago electrónico y el recibo decía que en dos semanas más estaría recibiendo el paquete en mi casa.

Un sábado por la mañana recibí el paquete, pensé que vendría desarmada pero no, era una gran caja con la muñeca en una sola pieza. Firmé de recibido y con curiosidad y morbo procedí a sacarla de la caja. Como pude la senté en el sillón, pesaba tanto como una mujer normal, sus fabricantes habían hecho todo lo posible para que no pareciera una muñeca sino una mujer verdadera. En la caja venía un pequeño instructivo para activarla. Primero se instalaba una aplicación en el teléfono, se ingresaba el número de serie de la muñeca y algunos detalles de configuración como el idioma, el acento, su nombre y después se pasaba por un proceso de entrenamiento con mi voz para que aprendiera a obedecer solo a su dueño.

Después de unos quince minutos ya estaba lista. Le puse Irina y hablaba español con un acento ruso bastante sexy. Presioné el botón de encendido, se levantó y dio unos pasos torpemente como si se estuviera calibrando, me dijo Hola y caminó hacia mi, ahora si, de forma completamente natural como cualquier persona. La abracé y le di un beso, su piel se sentía casi normal. Me sorprendió que no estuviera fría, hasta esos detalles habían cuidado. Así, impresionado y emocionado procedí a disfrutar de mi recién adquirida compañera.

Irina no era un robot tonto, todo lo contrario, conforme pasaban los días iba evolucionando y cada vez su comportamiento era más complejo y a ratos me descubría teniendo conversaciones con ella sin recordar que era un robot. Y es que la arquitectura de su software era tal que aprendía de su entorno y además cada mes puntualmente recibía actualizaciones. Se sentaba, cerraba los párpados y se quedaba totalmente quieta mientras emitía un sonido electrónico que funcionaba de aviso que estaba siendo actualizada y que no se podía mover.

En diciembre salió a la venta una actualización de software para que hiciera también las labores domésticas. Curioso, nunca pensé en ella como una sirvienta pero la actualización no estaba cara y ciertamente la casa se vería mejor un poco más limpia. Di click al botón de comprar y al día siguiente cuando llegué de trabajar el piso estaba recién trapeado y todos los platos limpios
Irina


Los meses fueron pasando y entre el aprendizaje y las actualizaciones Irina parecía cada vez más humana. En las tardes que regresaba a casa me la encontraba sentada en la sala tranquilamente leyendo un libro. Me parecía muy extraño verla leer pero nunca le pregunté nada; curiosamente a pesar de ser una máquina me parecía una invasión a su privacidad. Platicábamos un buen rato y después me preparaba la cena. A veces jugábamos ajedrez pero no era tan divertido porque no le costaba ningún trabajo ganarme y se aburría un poco.

Un sábado se me ocurrió que no sería tan mala idea salir como si fuéramos una pareja normal. Salimos a caminar a la playa e Irina iba feliz de salir de la casa, se mojó los pies en la playa y hasta corrió un poco. Después fuimos al cine, me sentía un poco incómodo de que alguien notara que era un robot, sin embargo creo que más bien nos miraban porque era raro ver de la mano a una mujer tan guapa con un hombre mucho mayor. Irina no lo notó o no le dio importancia. Nos sentamos a ver la película como cualquier otra pareja. Me gustó esta película dijo tranquilamente al salir como si fuera la cosa más natural del mundo y me abrazó bien fuerte. Debo de confesar que nunca había sido tan feliz.

Teníamos un poco más de un año juntos cuando recibí una llamada de unos amigos de la universidad que vivían en España e iban a estar de visita en mi ciudad. Sin pensarlo les ofrecí hospedaje y ellos aceptaron de inmediato. Eran muchos años sin vernos y teníamos mucho de que platicar. Pero estaba el asunto de Irina, ¿qué iba a hacer con ella?. No tenía ganas de dar explicaciones; además ¿qué les iba a decir?, ¿que vivía con una robot y que fuera del trabajo prácticamente solo hablaba con ella?. Así en un dos por tres decidí apagarla mientras estuvieran mis amigos en casa.

Irina se sorprendió un poco cuando me vio sacar del cuarto de los trebejos su caja, no la había vuelto a ver desde el día que la encendí. Dejé la caja en el piso y con el teléfono en mano voltié a verla. Me miró fijamente con un gesto de tristeza cuando se dió cuenta que la iba a apagar; no pude evitar sentirme culpable pero de todos modos procedí de acuerdo al plan; la puse en su caja, la arrastré al cuarto de los trebejos y la dejé ahí junto con las cajas de adornos de navidad que tenían años sin usarse.

Cuatro días después la volví a encender.
¿Cuántos días me tuviste apagada?
Cuatro, es que estuvieron unos amigos de visita y tenía mucho tiempo sin verlos
¿Y? ¿te avergüenzas de mi?
 No es eso, es que es complicado,
¿Es complicado?, a ver, explícame la complicación
Mira, es que... bueno ya pues, perdóname no pensé que te fuera a molestar
Te perdono pero ni creas que se me va a pasar el enojo así de fácil 

La vida retomó su curso casi normal, pero hubo algunos cambios en el comportamiento de Irina. Empezó a hablarme al trabajo en vez de al celular, como si quisiera asegurarse que estuviera ahí. Si a las ocho no había llegado a la casa invariablemente sonaba mi celular con el consabido ¿a qué horas vas a llegar?, ya es muy tarde para que estés trabajando.

No salía con frecuencia de la ciudad por cuestiones de trabajo, pero esta vez iría a un curso a Canadá y estaba bastante emocionado, no conocía Vancouver y además necesitaba unas vacaciones.
Oye bonita, voy a salir de la ciudad por unos días, voy a Vancouver a un curso
¿Me vas a apagar?
No, ¿por qué, ¿quieres que te apague? pregunté sorprendido
¡Haz lo que quieras! me respondió mientras se daba media vuelta y se metía al cuarto dando un portazo.

A mi regreso de Vancouver su comportamiento se tornó aun más paranoico, ya no pasaba la noche acostada a mi lado sino se quedaba sentada a un lado de la puerta vigilante. Quise desactivar esto mediante la aplicación pero no funcionó.

Al día siguiente durante el desayuno me espetó
Me quisiste cambiar la configuración anoche
Sí, has estado muy intranquila y quise ver si podía mejorar esto 
Pues no me gusta eso y me desactivé esa función  dijo retadora
Tomé aire, reflexioné en silencio cerca de un minuto y le respondí
Ahorita regreso voy por unos cigarros
A Irina esto le pareció un poco raro porque sabía que nunca he fumado. Tal vez si fuera un poco más humana habría entendido.