jueves, 16 de octubre de 2014

20 de Noviembre ¡no se olvida!

Tal vez ustedes no lo recuerdan o no lo hayan vivido pero a principios de los 80 la economía del país empezó a irse al carajo vertiginosamente. Estaba en tercero de secundaria cuando el peso repentinamente se devaluó a cerca de 100 pesos por dolar y las cuentas en dólares de pronto se convirtieron en pesos, al tipo de cambio que al gobierno le dio la gana.

Durante estos días no se hablaba de otra cosa en nuestras casas que de lo difícil que se iba a poner la situación. Nosotros no éramos particularmente activos políticamente e incluso la sociedad de alumnos no era otra cosa que unos voceros al servicio de la dirección, tal y como lo requieren las buenas conciencias.

En medio de todo este ambiente llegaron los preparativos del desfile del 20 de noviembre, no solo con los ensayos sino también con los requerimientos de siempre: Tenis nuevos, pantalón y sudadera blancos y las pendejaditas adicionales para hacer el show.
No sé de quién fue la idea pero empezamos a discutir de lo innecesario de todos estos gastos y que el desfile muy bien se podía llevar a cabo con nuestro uniforme de la secundaria y así nuestros padres no tendrían que hacer esos gastos.

Poco a poco la idea fue tomando forma y decimos recabar firmas y presentar la propuesta en la dirección. Recuerdo que nos la pinteamos Guillermo y Loreto Talamantes, Homero Navarro y Yo y nos fuimos al parque y con una maquinita de escribir hicimos nuestra propuesta.

Los siguientes días fueron de mucha actividad convenciendo a los compañeros de que firmaran. No recuerdo cuantas firmas recabamos pero sí que la gran mayoría de a los que le pedimos firmaron.
Entregamos nuestra propuesta junto con todas las firmas creyendo sinceramente que era algo lógico y que no tendría mayor problema en que lo aceptaran. ¡Oh bendita inocencia!

Al día siguiente nos citaron en la dirección y nos reclamaron que por qué nos estábamos metiendo en cosas de política y que se notaba claramente que el escrito lo había hecho algún adulto que nos estaba manipulando. No sé si realmente estaba muy bien escrito o simplemente es el cliché con el que se pretende descalificar a cualquier movimiento estudiantil y que me ha tocado ver tantas veces repetido a lo largo de mi vida.

La discusión subió de tono y empezaron las amenazas. De nuestro lado que no íbamos a desfilar y del de ellos que si no desfilábamos nos bajarían calificación en matemáticas. Sin más que discutir salimos más bien confundidos. No entendíamos como la vanidad del desfile les impedía escuchar razones.

Años después entendí que la cuestión no era que les importara un carajo el dichoso desfile, sino que se sentían ultrajados por habernos atrevido a cuestionar su autoridad. Esto explica muchas cosas que estamos viviendo estos días.

De los maestros no recibimos mayor muestra de apoyo más que la del Sergio Buelna, maestro de  mecánica, que nos reclamó que no le hubiéramos consultado cómo hacer las cosas.
Ahora tienen que aguantarse como los hombres y no desfilar fue lo último que nos dijo.
No hicimos mayor trabajo de convencimiento con los compañeros para que no desfilaran, pero eso sí, nosotros cuatro no lo hicimos. Y tal y como nos lo habían advertido llegó David el prefecto al salón con un tono amenazador a preguntar quién no había desfilado y el porqué. El Guillermo y el Loreto muy valientes y retadores simplemente respondieron Porque no. El Homero no me acuerdo y a mí se me abrió un poquito la cajuela y dije que había estado enfermo.

Nos aplicaron el dichoso descuento en matemáticas pero no nos importó gran cosa. Ambas partes ahora sabíamos de qué estábamos hechos

sábado, 4 de octubre de 2014

La pluma en forma de cebra

   

Por: Pedro Alfonso Paredes Pérez

Esta es la historia de Frank, un hombre común como muchos, pero inusual como pocos.
Nuestra historia  comienza en el año 1983 A.D.LT.(antes de los titanes), Frank trabajaba en una tienda de autos Volkswagen, no le pagaban mucho pero a él no le importaba el dinero. Él era un hombre feliz con todo lo que tenía.

Frank vivía con su perro Lucho, tenía un Volkswagen que le daba la compañía a cada empleado productivo después de cierto tiempo (no era un auto que digas ¡órale! que rico ha de ser ese hombre, pero un auto es un auto ¿no?). Tenía una hermosa casa en una fea ciudad (seamos realistas no todas las ciudades son limpias, con buen gobierno… creo que ya me expliqué ¿no?), una televisión que abarcaba todas sus necesidades y lo mejor de todo: era el MEJOR en su trabajo, nadie lo hacía con el ánimo de Frank, ¡¡¡hasta el gerente le tenía celos!!!

A Frank le gustaba en las mañanas un buen jugo de naranja con limón y piña (no me juzguen, eso le gusta a Frank y yo solo estoy relatando su historia), cuando se le acababan las frutas que usaba iba al mercado por más, pero ese día decidió tomar una ruta distinta, y vio que un compañero suyo llamado Judrogitón (no me mires así, ese nombre le pusieron sus padres ¿está bien? Yo solo narro la historia) que estaba haciendo una venta de garaje, ahí estaba también el gerente que al igual que Frank pasó por otra ruta y terminó ahí pero no venía con buen humor, él estaba furioso por una venta que no logró hacer y empezó a molestar a Judrogitón tirando cosas de sus mesas solo para irse  1 minuto con 27 segundos después de haber llegado sin siquiera haber saludado. Frank le ayudó a recoger todo y al estar recogiendo se encontró con un artículo muy particular: una pluma con forma de cebra.

Frank se interesó por la pluma y aunque Judrogitón no sabía qué era eso o de dónde lo había sacado Frank dejó que se lo llevara gratis


Llegando a su casa Frank se dirigió a resolver el crucigrama de la semana que venía en el periódico (nunca los hacía pero siempre hay una primera vez para todo y esta era la primera vez que él hacia un crucigrama), recordó la pluma que adquirió ese mismo día y se propuso a terminar el crucigrama con esa nueva pluma

Comenzando el crucigrama se quedó pensando en la primera pregunta: animal de 4 patas, grande, con piel blindada y con un cuerno (probablemente dirás; qué fácil pregunta, la respuesta es rinoceronte), en el mundo de Frank no existía tal cosa como un rinoceronte, es más, eran solo un mito en el espacio (si mundo, ¿ah verdad? ¿Pensaste que la tenías tan fácil?), pero Frank no pensaba si era un rinoceronte, él sabía lo que era exactamente: un ponycornio. Un ponycornio es una especie de pony fusionado con unicornio (si exacto, no me preguntes, solo sigue leyendo).

Frank de chico siempre quiso un ponycornio, ir volando sobre un volcán marino y cosas así. Pero se extinguieron así que no podía obtener uno. Frank escribió la palabra ponycornio en su crucigrama, momentos después la palabra había desaparecido y en su lugar apareció un: gran, blindado y con un cuerno de unicornio blanco, ponycornio. Al principio se asustó y pensó que estaba loco pero se dio cuenta de que no.

Durante un rato Frank siguió apareciendo cosas que necesitaba como una cama nueva, otra casa para Lucho  y  otras cosas más.

Al día siguiente Frank llevó la pluma al trabajo comiendo una que otra galleta de cuando en cuando porque ¿Quién no come galletas mientras trabaja en su oficina? (no cuentan maestros). Por fin le tocó un cliente, dejó sus galletas y cuando agarró su pluma para guardarla tuvo una visión de él en el futuro: era él con ese cliente vendiéndole un auto en específico, el cliente le dio las características de lo que buscaba y Frank lo llevo al auto de la visión. El cliente le sorprendió de lo que hizo Frank: no le dio el auto que pidió sino que le dio justo lo que quería en verdad.

Hizo la venta y el gerente hablo con él, que no lo llevó con el auto que el cliente había especificado y todo eso, pero luego se dio cuenta de lo feliz que estaba el cliente con su nuevo y asombroso auto (tenía radio, siiiii matracaaaa) y tuvo que concederle a Frank la razón.

Frank volvió felizmente a su hogar, sacó a pasear a su perro y su ponycornio (por más que un animal se extinguiera uno tenía la libertad que quisiera de tener a una especie en peligro de extinción) volviendo a su casa vio la televisión un rato y luego se preparaba un cereal cuando tocaron la puerta…

A Frank nunca nadie le había tocado la puerta, agarró la pluma para tener una visión y se vio a él cayendo con un hoyo en el pecho. Frank al ver esto no abrió la puerta pero aun así el hombre misterioso entró y trató de apuñalar a Frank. Frank estaba indefenso ante esta amenaza y estaba seguro que iba a tener una muerte lenta y desesperante. De pronto Judrogitón entró lanzándole una piedra al hombre misterioso aturdiéndolo y dándole tiempo a Frank de escapar. Frank subió al auto de Judrogitón, Lucho subió al auto también, huyeron de ese oscuro lugar: el cielo se oscureció y cayó un rayo cerca de las afueras de la ciudad apareciendo junto con él a muchos monstros.

Frank se dio por vencido, ni con las habilidades del mejor luchador del mundo podría vencerlos a todos, todos los monstruos eran rápidos y se iban hacia Frank con mayor velocidad de la que podía correr. Finalmente uno de ellos lo tacleó, y Frank aterrorizado se lamentó por no poder haber estado más tiempo con Lucho (que estaba persiguiendo  un monstruo), por no haber ido a las carreras con el ponycornio y por no haber completado el crucigrama.

El monstruo saco de su bolsillo una navaja e hizo un hoyo en la camiseta de Frank quitándole la pluma, justo después de esto el cielo se volvió claro y los monstruos desaparecieron al instante.
Resulta que la pluma era un objeto que se le daba a la gente buena para que aprendieran que por más que un objeto les puede facilitar la vida deben vivirla como siempre la han vivido. Judrogitón era solo uno de los que entregaba los objetos a esos elegidos.

Frank aprendió la lección, volvió a su casa con Lucho, prendió la tele y continuó viendo su anime favorito shingeki no kyojin.