domingo, 12 de febrero de 2017

La Prepa y el Rulo

Cuando iba a entrar a la prepa corría el rumor que la iban a cerrar, esto por supuesto que no me hacía ninguna gracia, mis mejores amigos iban a entrar ahí y además quedaba a una cuadra de mi casa. Hubo juntas, presión y afortunádamente la prepa se quedó en el mismo lugar y eso fue lo mejor que me pudo haber pasado.

Para empezar la prepa solo tenía turno vespertino y lo mío nunca han sido las levantadas temprano, entrábamos a las cinco de la tarde y salíamos a las diez quince y eso era formidable. Además las clases eran otro rollo muy diferente a la secundaria y esto me hacía sentirme grande. En primer semestre tuve puros buenos maestros. recuerdo con especial cariño a la maestra Alicia Romero aunque reprobé realmente disfruté su clase. El Raúl Lyle era el director, después me daría clases en segundo semestre pero de eso hablaré más adelante.

El Rulo estaba muy jóven para ser director aunque supongo que no debe de haber sido un puesto muy competido; el sueldo no debe de haber sido atractivo y batallar con una escuela cuya existencia estaba en la cuerda floja me parece que era más un apostolado que un trabajo. Pero así se ha ido construyendo nuestro pueblo, a base de terquedad y sudor de voluntarios.
El Rulo circa 1985


El Rulo era buen director, era raro que hubiera problemas o que los maestros faltaran. Todo estaba limpio y sin grafitti, y aunque parezca un detalle menor, en el baño siempre había papel, algo que rara vez sucedería en mi facultad en la UABC.

En segundo semestre me dio clases, no recuerdo de qué pero debe de haber sido alguna materia de ciencias sociales. Como maestro era regular, ni muy bueno ni muy malo. Lo más memorable era la costumbre que tenía de pararse en la orilla del templete y estarse balanceando durante toda la clase. Pensábamos que tarde o temprano terminaría por darse un chingadazo pero esto por alguna extraña razón nunca sucedió.

Ese semestre me dio por no asistir a clases de matemáticas con el profesor Rojo, esto es tema de otra historia pero por hoy vamos a dejarlo en que después de tres meses sin asistir el Rulo decidió que era momento de notificar en mi casa. Ese día antes de salir me llamó a su oficina y no me sermoneó, simplemente me entregó un sobre y me dijo que no regresara hasta que no viniera mi mamá a hablar con él.

Cuando llegué a la casa leí la nota y pues sí, me había suspendido de la prepa. Por supuesto que no le di la carta a mi mamá, si me iban a correr no iba a ser así de fácil. A la tarde siguiente llegué a la prepa como si no hubiera pasado nada. Para mi mala suerte solo habría dado un par de pasos dentro del edificio cuando me encontré de frente con el Raúl.
Carta de suspensión

- ¿No te había corrido yo a ti? me reclamó serio pero no enojado.
- No seas simple Rulo, ya voy a entrar a clases con Rojo, no la hagas de tos. Le respondí y seguí caminando hacia mi salón sin voltear ni detenerme, en la esperanza de que no me hablara para correrme ahora sí en serio. Entré a mi salón y no volvimos a tocar el tema

Como ya les dije el Rulo era buen director, siempre nos apoyó en cuanto mitote anduviéramos metidos: ajedrez, atletismo, club de teatro, fiestas, grupo musical, futbol y por supuesto al equipo de basket. Sí había que rogarle y negociar pero siempre fue razonable, no lo mareaba estar en una posición de poder como les sucede tan comunmente a los maestros. Cuando algo se podía nos apoyaba sin mayor trámite; cuando no se podía nos lo decía sin mayores ceremonias. Tal vez por esto le teníamos mucho más respeto a su persona que a su posición.

De las actividades de compartía con nosotros creo que sus favoritas eran el ajedrez y el atletismo. El ajedrez obvio le venía de sangre pues Don Ricardo, su papá, era el mero capo del ajedrez en el pueblo. El Raul no era tan bueno pero si lo suficiente para ganarnos la mayoría de las partidas. Pero creo que correr le gustaba más. Un tiempo nos dio por correr diez kilómetros y nos pusimos medio serios con respecto a esto. Nos íbamos el fin de semana a acampar a la laguna Manuela, corríamos un poco antes de que anocheciera, acampábamos y a la mañana siguiente nos levantábamos muy temprano, en el carro el Rulo nos dejaba cerca del entronque y nos íbamos corriendo hasta el campamento en la playa. Subíamos los cerros de dunas, llegábamos al faro y después regresábamos al campamento. Todo iba bien hasta que nos llevamos un tequila para la noche y el Rulo nos descubrió y se acabaron los entrenamientos de fin de semana.

En mi ultimo año de la prepa ya le teníamos mucha confianza al Rulo y en general a la mayoría de los maestros, así que ir a la escuela era un poco como ver a tu familia extendida. Ya habíamos pasado las químicas con Rosalinda, y para mi fortuna ya no llevaba dibujo técnico sino mecanografía con Rosalva Meza, así que no recuerdo alguna materia particularmente difícil sino más bien las noches de trova después de clases, las mañanas de basketball con el gimnasio para nosotros, la rivalidad con el Cet del Mar y los Guerreros, fiestas, y por supuesto los nervios y las discusiones acerca de lo que estudiáriamos. Fueron días hermosos.

Cuando salí de la prepa el Juan Pablo y el Chema se quedaron todavía otro año, habían caído víctimas de las clases de química y se convirtieron en los consentidos del Raul, de esto podrían salir otras historias pero vamos a dejarlas para una mejor ocasión.